Vamos a jugar otro juego de preguntas bíblicas.
Lo llamaremos “¿Quién lo dijo?”.
¿Listos?
Vamos con la primera cita: “Jehová su Dios es Dios en los cielos arriba y en la tierra abajo”.
¿Quién lo dijo?
Una pista.
¿Qué más dijo esta mujer?
“Hemos oído cómo Jehová secó las aguas del mar Rojo delante de ustedes cuando salieron de Egipto, y lo que ustedes les hicieron a los dos reyes de los amorreos”.
¿Quién lo dijo?
Rahab la prostituta escuchó las cosas extraordinarias que Jehová había hecho por su pueblo.
Sumó dos más dos, y llegó a esta conclusión: “Dios de veras está entre ustedes”.
Vamos con la segunda cita: “Ahora sé que no hay Dios en ninguna otra parte de la tierra excepto en Israel”.
¿Quién lo dijo?
Una pista.
¿Qué había dicho este hombre antes de eso?
“¿No son el Abaná y el Farpar, los ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel?
¿No puedo lavarme en ellos y quedar limpio?”.
¿Quién lo dijo?
Fue Naamán el sirio —el jefe del ejército—, que, después de que Dios lo curó de la lepra, ¿a quién adoró?
Solo a Jehová.
Básicamente admitió que Dios estaba con Israel y con el profeta Eliseo.
Aquí va la tercera cita: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?”.
¿Quién lo dijo?
Una pista.
¿Qué había dicho esta multitud antes de eso?
“Todos estos que están hablando […] son galileos, ¿verdad?
Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros está oyendo su lengua materna?
[…] Los oímos hablar de las cosas magníficas de Dios en nuestros idiomas”.
¿Quiénes lo dijeron?
Unos 3.000 judíos en el Pentecostés del año 33 que vieron el poder del espíritu santo y eso los impulsó a bautizarse como discípulos de Cristo.
Rahab, Naamán y todos esos judíos reconocieron que Jehová estaba con su pueblo y empezaron a adorarlo también.
¡Qué diferencia con el faraón de Egipto, Ben-Hadad de Siria o Caifás, el sumo sacerdote judío!
Ellos también reconocieron el poder del espíritu santo de Dios, pero lucharon contra la adoración pura, endurecieron sus corazones.
Todo eso es del pasado.
Pero ¿qué hay de nuestros días?
¿Qué ha observado la gente en el siglo veinte y en el siglo veintiuno?
¿Qué han dicho sobre los ministros de Dios?
¿Y cómo se les identifica hoy?
Busquen conmigo 2 Corintios, capítulo 6.
Aquí encontraremos algunas palabras interesantes o una serie de expresiones que Jehová utiliza para referirse a sus ministros.
2 Corintios 6:3-6.
Aquí, bajo inspiración, el apóstol Pablo escribió: “No estamos haciendo nada que haga tropezar a otros, para que nadie pueda encontrar defectos en nuestro ministerio.
Más bien, nos recomendamos como ministros de Dios en todo lo que hacemos: aguantando muchas pruebas, sufrimientos, momentos de necesidad, dificultades, golpes, prisiones, revueltas, trabajos pesados, noches sin dormir, ocasiones sin comer; viviendo con pureza, comportándonos con conocimiento, siendo pacientes y bondadosos, dejándonos guiar por el espíritu santo, demostrando amor sin ser hipócritas”.
Estas no son las ideas de un fabricante de tiendas del siglo primero.
Esto fue inspirado por Dios.
Básicamente Jehová está diciendo: “Reconocerán a mis ministros por estas cosas.
Ellos demostrarán que son mis siervos”.
Bueno, ¿pero quiénes son los ministros de Dios?
¿Qué nos dicen los hechos?
Vamos a enfocarnos en dos de las expresiones que usa el apóstol Pablo, y ustedes saquen sus propias conclusiones.
El versículo 5 dice: aguantando “prisiones”.
Pero estar en prisión no necesariamente significa que una persona sea ministra de Dios: la clave está en cómo se portan los que son encarcelados por servir a Dios.
Piensen, por ejemplo, en los hermanos de Alemania que estuvieron en los campos de concentración en los años treinta y cuarenta.
Edgar Kupfer-Koberwitz fue un periodista y poeta alemán que también estuvo encarcelado.
Él escribió sobre una conversación que tuvo en un campo de concentración con un joven judío checo.
Este joven le contó que, cuando los judíos de Dachau llegaban al campo, los otros judíos escondían su comida para no compartirla.
¿Pero qué es lo que hacían los Bibelforschers, los Estudiantes de la Biblia?
El joven judío contó: “Ellos también necesitaban comida; estaban muertos de hambre, como nosotros.
¿Pero qué hacían?
Pues juntaban todo el pan que tenían.
Se quedaban con la mitad y la otra mitad se la daban a sus hermanos, a otros Testigos que llegaban de Dachau.
Antes de comer, ellos oraban, y después todos se veían felices y sonrientes.
Y yo pensaba: ‘Ellos son los cristianos verdaderos.
Así es como me los imaginaba.
¿Por qué no podemos ser como ellos?’”.
En esencia, este joven estaba diciendo sobre los testigos de Jehová: “Dios de veras está entre ustedes”.
¿Y qué pasaba en el campo de concentración de Dachau?
Miren, aquí estaba el barracón 15, donde había muchos Testigos.
Y, aunque las SS les prohibían predicar, los maltrataban y los amenazaban de muerte, nada podía apagar el fuego de su predicación.
Era como echarle agua a un fuego provocado por aceite: se extiende más.
Como no dejaban de predicar, los separaban y ponían a dos o tres Testigos en cada barraca o barracón para que no se pudieran animar.
¿Y qué ocurrió?
Es verdad que no podían estar juntos, pero ya sabemos lo que pasa cuando pones a un testigo de Jehová con otras personas.
¿Cuál fue el resultado?
Pues que algunos prisioneros políticos empezaron a simpatizar con los hermanos, y hasta uno de esos prisioneros le pidió al comandante un triángulo púrpura.
Sí, algunos prisioneros se hicieron testigos de Jehová gracias a lo que vieron y escucharon.
El escritor alemán Erhard Klein escribió: “Algunos prisioneros de los campos se bautizaban en un barril o en una zanja llena de agua”.
Un informe del campo de Neuengamme cuenta: “La persona que se iba a bautizar se resbalaba y se caía dentro del agua.
Entonces un hermano lo hundía, como si estuvieran jugando, mientras los de las SS lo animaban”.
Imagínense bautizarse delante de las narices de los soldados nazis.
Y es irónico que, aunque los nazis querían eliminar a los testigos de Jehová, muchos de ellos reconocían que eran honrados y confiables.
La historiadora Christine Elizabeth King escribió: “Un oficial de las SS comentó que solo confiaban en los testigos de Jehová para que los afeitaran con una navaja barbera.
Sabían que no iban a usar la navaja con fines violentos”.
¡Qué ironía!
Así que ¿demostraron los testigos de Jehová de la Alemania nazi que eran ministros de Dios al aguantar prisiones?
Júzguenlo por ustedes mismos.
Ya ven lo que dicen algunos que no son Testigos.
¿Y qué hay de demostrar “amor sin ser hipócritas”, como dijo Pablo en el versículo 6?
Hablemos de otro país, Ruanda.
El genocidio de 1994 puso a prueba el amor y la unidad de nuestra hermandad cristiana.
¿Qué hicieron los hermanos en esa época tan difícil?
Protegieron y escondieron a hermanos de diferentes etnias arriesgando su propia vida.
Y, tristemente, muchos de nuestros queridos hermanos perdieron la vida por protegerse los unos a los otros.
Sin embargo, durante el genocidio, el amor sincero de nuestros hermanos motivó a otros a aceptar la verdad.
Suzanne, que en aquella época era católica, vio lo que su Iglesia estaba haciendo para apoyar el genocidio.
Pero la conducta de los testigos de Jehová, el amor que existía entre ellos, la impulsó a aceptar la verdad.
Así que dejó la Iglesia católica y se bautizó en 1998.
¿Y qué pasa en Ruanda actualmente?
Bueno, aquí vemos una foto del Estadio Nacional de Kigali en el pasado mes de agosto.
¿Por qué están todas estas personas de diferentes antecedentes y etnias reunidas en paz, amor y unidad?
¿Para ver un partido de fútbol?
No.
Es una reunión de ministros de Dios, la Asamblea Especial “Adoración Pura”.
El máximo de asistencia el domingo fue de 43.228.
¿Y cuántas personas se bautizaron como testigos de Jehová?
Bueno, no fueron 3.000 —como el día del Pentecostés—, pero hubo un total de 927.
¿Extraordinario?
Desde luego.
¿Animador?
Por supuesto.
¿Demuestra que el espíritu de Jehová está con su pueblo?
Sin duda.
Después de la asamblea, tres periodistas estaban hablando en la radio de lo bien organizados que estaban los testigos de Jehová y de su buena conducta.
Y, en un momento de la conversación, uno de ellos dijo un poco escéptico… Él dijo: “¿Qué pasaría si todas las personas del mundo se hicieran testigos de Jehová?
¿Quién defendería entonces su país?”.
Otro de los periodistas contestó: “Si eso pasara, no habría ningún conflicto.
¿Para qué íbamos a necesitar soldados?”.
Y añadió: “Si todo el mundo fuera testigo de Jehová, no habría ninguna guerra”.
En esa misma asamblea un alto cargo de la policía dijo, entre otras cosas: “Tengo que reconocerlo.
Ustedes son los únicos que adoran al Dios verdadero.
Ningún otro grupo puede entrar en un estadio como este sin que reine el caos.
Solo ustedes”.
De nuevo, personas que no son Testigos lo reconocen abiertamente: “Dios de veras está entre ustedes”.
Sí, más de nueve millones de testigos de Jehová demuestran que son ministros de Dios.
¡Qué gran privilegio tenemos de formar parte de este maravilloso grupo!
¿Pero cuál es nuestra responsabilidad personal?
Esto nos lleva a la última cita de nuestro juego “¿Quién lo dijo?”.
“Dios de veras está entre ustedes”.
¿Quién lo dijo?
Encontramos la respuesta en 1 Corintios 14:23-25: “Si toda la congregación se reúne en un lugar y todos hablan en lenguas y entonces entran personas comunes o no creyentes, ¿no dirán que ustedes están locos?
Pero, si todos ustedes están profetizando y entra un no creyente o un hombre común, él se sentirá censurado y examinado detenidamente por todos.
Como los secretos de su corazón saldrán a la luz, él caerá rostro a tierra y adorará a Dios diciendo: ‘Dios de veras está entre ustedes’”.
¿Quién lo dijo?
Un no creyente que asistió a una reunión cristiana y vio el poder del espíritu santo en acción.
¿Y qué ven las personas cuando van a una reunión o una asamblea de los testigos de Jehová?
¿Qué han vivido ustedes aquí, en esta reunión anual?
Desde luego no ven personas hablando lenguas misteriosas, diciendo cosas sin sentido.
Jehová no usa eso para convencer a la gente de que esta es su organización.
No. Usa verdades que llegan a su corazón y las impulsan a arrepentirse y a practicar lo que aprenden.
¿Y qué es lo que identifica a los cristianos verdaderos?
¿Qué dijo Jesús?
“De este modo todos sabrán que ustedes son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros”.
Sí, el amor sin hipocresía.
En un mundo cada vez más dividido y lleno de odio, nosotros demostramos amor y unidad, y eso es una prueba de que tenemos el espíritu santo de Jehová.
Es más que evidente; no se puede negar.
Y los que no son Testigos observan esta paz y unidad, nuestro amor, y dicen: “Dios de veras está entre ustedes”.
Por desgracia, todavía vivimos en el mundo de Satanás.
Y, aunque algunos reconocen que Dios está entre nosotros, endurecen su corazón y se oponen a Jehová.
Hay personas que siempre encontrarán pretextos para odiarnos, ridiculizarnos o perseguirnos hasta que Jehová finalmente diga “¡Basta!”.
Así que, queridos hermanos que están sufriendo persecución o burlas, los que están bajo arresto domiciliario o en la cárcel, sabemos por lo que están pasando y los queremos mucho.
Jehová también lo sabe y los ama mucho.
Tienen la victoria garantizada.
¿Por qué?
Porque cuentan con el espíritu santo del Dios que creó el universo.
Cuando los persiguen, ustedes demuestran que son ministros de Dios.
Y, cuando ya nadie recuerde a sus perseguidores, ustedes estarán vivos porque “Dios de veras está entre ustedes”.
