Hablemos de la paciencia.
El comentario de hoy dice “Tengan paciencia”.
Pero, como ya se comentó antes, por más que queramos ser pacientes, no siempre es fácil tener paciencia.
Una vez, una escritora dijo lo siguiente: “Habla, enseña y dirige con la bondad y paciencia que te hizo falta mostrar ayer”.
¿Porque verdad que a veces decimos “Pude haber sido más paciente”?
Bueno, todos sabemos que Jehová es el mayor ejemplo de paciencia.
Por eso primero vamos a ver qué aprendemos de la forma en la que Jehová muestra paciencia y después cómo nos enseña eso a saber cuándo mostrar paciencia y cuándo actuar.
Noten lo que dice la obra Perspicacia sobre la paciencia de Jehová: Entonces, ¿qué nos enseña Jehová sobre cómo mostrar paciencia?
Jehová muestra paciencia cuando hay razones que justifican hacerlo.
Pero, cuando no hay esperanza de cambio, la justicia y la rectitud exigen que actúe.
Jesús —que refleja a la perfección la personalidad de su Padre— imitó a Jehová muy bien en este sentido.
A veces tuvo paciencia, y a veces tuvo que actuar.
Veamos un ejemplo.
Vayamos al Evangelio de Lucas, al capítulo 22.
Lucas 22:24.
El versículo dice lo siguiente: “Entonces también surgió una fuerte discusión entre los discípulos sobre quién de ellos era considerado el mayor”.
¿Cuántas veces tuvo que tratar Jesús este mismo asunto con sus discípulos?
¡Y aquí vienen con el mismo cuento otra vez cuando a Jesús ya le quedan pocas horas de vida!
Bueno, ¿qué hizo Jesús en esta ocasión?
¿Era el momento de actuar y rechazar a los 12 apóstoles y luego formar un nuevo grupo?
Por supuesto que no.
Lo que hicieron los apóstoles no era una violación grave de las normas y principios de Jehová que obligara a Jesús a hacer algo drástico.
Él sabía que ellos eran imperfectos, por eso les mostró paciencia y los ayudó a mejorar.
Y qué bueno que fue así de paciente, porque después de su resurrección no se menciona en la Biblia que ellos volvieran a discutir por ese asunto.
Como Jesús los ayudó con paciencia, ellos —como dice Perspicacia— enderezaron su camino.
No obstante, más o menos por esos mismos días, ocurrió una situación en la que Jesús actuó de forma distinta.
Vayamos a Lucas 19.
Y leemos los versículos 45 y 46.
Ahí dice: “Entonces entró en el templo y se puso a echar de allí a los que estaban vendiendo.
Les decía: ‘Está escrito “Mi casa será una casa de oración”, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones’”.
Aquí Jesús defendió lo que es justo con valor y mucha firmeza.
¿Por qué no fue paciente?
Porque ese no era el momento de ser pacientes.
Lo que esas personas estaban haciendo allí era una clara violación de los justos principios de Jehová.
Recordemos que el templo de Jerusalén representaba la presencia de Dios, por eso la gente iba allí a orar.
¿Pero con qué se encontraban al llegar?
Pues con personas haciendo negocios, encima negocios fraudulentos, y eso manchaba la reputación de Jehová.
Por eso Jesús tuvo que actuar con firmeza.
Así que tanto Jehová como Jesús nos enseñan que tenemos que ser pacientes siempre que se pueda, pero tomar acción cuando sea necesario.
Pero ¿cómo sabemos nosotros cuándo es momento para ser pacientes y cuándo es momento para actuar?
Eclesiastés 3:7 nos recuerda que hay “un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar”.
¿Pero cómo sabemos cuándo?
Es cierto que cada situación es diferente, pero de nuevo el ejemplo de Jehová nos puede ayudar.
Al igual que él, pensemos en lo siguiente: ¿Mejorará la situación si somos pacientes?
¿Le daremos así a la persona la oportunidad para que haga los cambios que tenga que hacer?
¿O hará falta que nosotros hagamos algo más para que haya algún cambio positivo?
Tal vez en ocasiones la justicia y la rectitud exijan que actuemos con firmeza, como lo hace Jehová.
Claro, en la gran mayoría de los casos, vamos a mostrarles paciencia a nuestros hermanos.
¿Por qué?
Porque somos imperfectos.
Todos los días nos equivocamos en las cosas que decimos, en las cosas que hacemos al tratar con otros.
Por eso todos los días nos esforzamos por poner en práctica lo que dice Colosenses 3:13: “Sigan soportándose unos a otros”.
Así que, cuando estamos con nuestra pareja, nuestros amigos, compañeros de trabajo u otros ancianos, no vamos a hacer un problemón de cualquier cosita que hagan o que digan.
Al contrario, vamos a mostrarles paciencia, porque estamos convencidos de que aman a Jehová y de que se están esforzando por mejorar.
E, igual que nosotros somos pacientes, esperamos que ellos sean pacientes con nosotros también.
Por otro lado, hay situaciones en las que no nos podemos quedar callados, y tenemos que actuar.
Por lo general se trata de situaciones que son mucho más graves.
Y en esos casos la justicia y la rectitud exigen que actuemos.
Por ejemplo, si sabemos que un hermano o una hermana de la congregación ha cometido un pecado grave —algo que tiene que ser atendido por los ancianos—, no podemos quedarnos de brazos cruzados.
Tenemos que actuar.
Por eso hablamos con ese hermano que cometió el pecado para que hable con los ancianos y reciba ayuda.
Y, si después de un tiempo razonable no lo hace, seremos nosotros los que hablemos con los ancianos para que ese asunto se atienda.
Pero hay muchas otras circunstancias en las que tendremos que decidir si vamos a ser pacientes o si vamos a actuar.
Hablemos de una de esas circunstancias en particular y veamos cómo aplicar estos principios.
Se trata de cuando se nos asigna trabajar con otros hermanos en un grupito.
Puede ser un equipo de construcción, un departamento, tal vez el Comité de Sucursal o el cuerpo de ancianos.
Cada vez que se junta un grupo de personas para trabajar, existe la posibilidad de que haya algunos roces.
Tenemos nuestras imperfecciones, costumbres, maneras de expresarnos, distintas formas de hacer las cosas, distintas personalidades, etc.
Todo esto puede hacer que sea difícil hacer bien nuestro trabajo y mantener la paz, la alegría y la unidad dentro del grupo.
Y, en situaciones así, a menudo tendremos que decidir si vamos a mostrarle paciencia a un hermano o vamos a hacer algo para que la situación mejore.
Claro, como dijimos antes, la mayoría de las veces vamos a ser pacientes con nuestros hermanos.
Porque, si nos ponemos a corregir cualquier cosita que nos moleste, al final no vamos a contribuir a la paz del grupo; todo lo contrario.
Por eso es bueno ser pacientes y poner en práctica lo que dice 1 Pedro 4:8.
Ahí se nos recuerda: “Ante todo, sientan amor intenso unos por otros, porque el amor cubre una multitud de pecados”.
Pero, por otro lado, si tenemos la tendencia a quedarnos callados cuando hay que decir algo y sencillamente dejamos pasar las cosas, los problemas podrían hacerse más graves.
Por supuesto, todo va a depender de la seriedad de la situación.
Por ejemplo, si alguien del departamento o dentro del cuerpo de ancianos hace lo que quiere o quizás no sigue las instrucciones que se le dan, o trata a los demás con dureza y no hace más que criticar, eso ya no es solo porque es alguien imperfecto.
Todas esas son situaciones mucho más serias, y, si no se corrigen, la persona podría hacerles daño a los demás.
Así que con valor —pero con tacto y amor, en el lugar y el momento debidos y siguiendo el orden establecido por la organización— haremos algo.
De esta forma no permitimos que alguien siga haciendo algo que les está causando daño a los demás.
Bueno, hemos visto que queremos imitar a Jehová y ser pacientes con nuestros hermanos cada vez que podamos, porque sabemos que ellos aman a Jehová y se están esforzando por hacer las cosas lo mejor que pueden.
También hemos visto que no podemos quedarnos de brazos cruzados cuando hay que actuar, porque nos podríamos perder la oportunidad de ayudar a otros y hacer lo que es correcto.
Jehová y Jesús nos han dado el ejemplo perfecto de mostrar paciencia cuando hay razones para hacerlo y de actuar cuando es necesario.
Si nos esforzamos por imitarlos, seremos más pacientes, tendremos el valor de actuar y sabremos qué decisión es la más adecuada de acuerdo a la situación de la que se trate.
