Jehová es la persona más generosa del universo.
“Todos los regalos buenos y todos los dones perfectos” vienen de él.
Y estoy seguro de que ustedes, estudiantes de Galaad, le han dado las gracias a Jehová muchas veces por los regalos espirituales que han recibido estos cinco meses.
Recuerdo que, cuando uno de ustedes se presentó, dijo: “Galaad es un regalo inmerecido”.
Pero ahora me gustaría preguntarles si en estos cinco meses han podido disfrutar del “regalo de Dios” del que se habla en Eclesiastés 3:12, 13.
Vamos a leerlo juntos.
Eclesiastés 3:12, 13: “He llegado a la conclusión de que no hay nada mejor para ellos que alegrarse y hacer el bien durante su vida, y también que todos coman y beban, y disfruten de todo su duro trabajo.
Eso es un regalo de Dios”.
Este texto ofrece una receta muy sencilla para disfrutar de la vida si tenemos buena salud.
No hay nada mejor que comer y beber, y disfrutar de nuestro duro trabajo.
¿Y por qué?
Pues porque “eso es un regalo de Dios”.
Como se explica en el versículo 12, el trabajo que produce felicidad y satisfacción es —fíjense— “hacer el bien”, es decir, hacer cosas buenas por los demás.
Como dijo nuestro Señor Jesucristo, “Hay más felicidad en dar que la que hay en recibir”.
Además, Proverbios 8:30 dice que, cuando trabajó “como un obrero experto”, Jesús se sintió feliz, o como transmite el hebreo original, se divirtió, se la pasó muy bien.
Sí, Jesús disfrutó muchísimo los millones de años que pasó con su Padre creando el universo.
Claro, nosotros estamos muy lejos de ser obreros expertos como Jesús, pero sí podemos sentir la satisfacción de hacer un buen trabajo en el servicio a Jehová.
¿Y no creen que ese sentimiento ya es de por sí un regalo de Dios?
Para explicar mejor esta idea, vamos a ver lo que dice Eclesiastés 5:18, 19.
El versículo 18 dice: “Esto es lo que yo he visto que es bueno y apropiado: que una persona coma y beba, y disfrute de todo el duro trabajo en el que tanto se esfuerza bajo el sol durante los pocos días de vida que el Dios verdadero le ha dado, pues esa es su recompensa.
Además, cuando el Dios verdadero le da a un hombre riquezas y posesiones, y también la capacidad de disfrutarlas, este debe aceptar su recompensa y disfrutar de su duro trabajo.
Eso es un regalo de Dios”.
En otras palabras, el escritor bíblico nos da estos dos sabios consejos: 1) trabajar duro todos los días y 2) disfrutar de lo que tenemos en este momento.
Cuando reconocemos que lo que tenemos es un regalo de Dios, es cuando realmente somos capaces de disfrutar de lo que tenemos.
Y fíjense que en estos versículos se dice dos veces que este regalo es una “recompensa” que nos da Jehová.
¡Qué bonito es pensar que Jehová decide recompensarnos por nuestro duro trabajo!
Estoy seguro de que gracias a esta escuela han acumulado aún más tesoros espirituales.
En los próximos años, algo que les pasará más de una vez y que seguro les dará mucha alegría es recordar lo que aprendieron sobre algún versículo durante su estudio personal o algo que les explicó alguno de sus instructores en clase.
Podemos comparar eso a los lindos recuerditos que nos traemos cuando vamos de viaje.
Vamos a ver ahora lo que dice el versículo 20 de Eclesiastés 5.
Este versículo explica cómo “el regalo de Dios” puede influir en la forma en que vemos la vida.
Ahí dice: “Porque no pensará mucho en la brevedad de su vida [o, como dice la nota, “apenas se acordará de los días de su vida”], ya que el Dios verdadero lo mantiene concentrado en la alegría de su corazón”.
“El tiempo vuela” es algo que decimos mucho aquí en Betel, ¿verdad?
¿Y no es cierto que cuando disfrutamos de nuestro trabajo parece que los días, las semanas, los años e incluso la vida misma se nos pasa volando?
De ahí el consejo: “Disfruta el momento”.
Una cita famosa dice: “El ayer es el pasado; el mañana es el futuro; pero el hoy es un regalo, por eso se le llama presente”.
Estar ocupado tiene sus ventajas.
El “regalo de Dios” nos ayuda a cuidar nuestra salud mental.
Cuando estamos muy ocupados haciendo algo interesante, no nos preocupamos excesivamente por la brevedad de nuestra vida, por los problemas o por las cosas que nos puedan pasar.
Como nos sentimos tan felices haciendo cosas buenas —como Jesús, que disfrutaba de lo que hacía—, no dejamos que los aspectos negativos de la vida controlen nuestra mente.
Nuestro corazón rebosa de alegría.
Nos sentimos tan bien… Y eso es un regalo de Dios.
Durante las últimas 20 semanas han tenido que trabajar mucho, ¿verdad?
Han exprimido su cerebro.
Pero ¿verdad que ha pasado el tiempo volando desde aquel 6 de noviembre del año pasado en el que nos conocimos?
Bueno, ahora relájense, coman y beban —pero no se pasen— con su familia y amigos, y reflexionen en lo que ha sido su paso por Galaad.
Este es el momento de saborear la recompensa que Jehová les da.
El mismo escritor también dijo que debe haber un equilibrio entre el trabajo y el descanso.
En Eclesiastés 4:6 dijo: “Es mejor un puñado de descanso que dos puñados de trabajo duro”.
Piensen en esto.
A un adicto al trabajo ya no le quedan ni tiempo ni energías para hacer otras cosas que pudieran ayudarle a despejarse o recuperar las fuerzas.
Por eso tenemos que ser equilibrados, especialmente si nos encanta nuestro trabajo.
La Biblia nos anima a trabajar duro, pero también a disfrutar de las recompensas de nuestro trabajo.
Aunque disfrutemos de lo que hacemos, debemos recordar que lo disfrutaremos mucho más si nos tomamos tiempo para descansar y reflexionar en todo lo que hemos logrado.
Es probable que a muchos de ustedes les encarguen nuevas tareas o responsabilidades, y que por eso tengan más carga de trabajo.
Así que este consejo de la Biblia es muy oportuno, ¿verdad?
Busquemos ahora 2 Timoteo 1:6.
Vamos a leerlo.
Este versículo menciona otro aspecto positivo relacionado con el “regalo de Dios” —o “don de Dios”— que les ayudará en sus futuras asignaciones.
Ahí dice: “Por esta razón, te recuerdo que avives como un fuego el don de Dios que tienes desde que te impuse las manos”.
En la Biblia en inglés hay una nota aquí que dice: “El don del que habla Pablo aquí probablemente fue un don del espíritu santo.
Este don quizás le daba a Timoteo alguna habilidad especial que lo ayudaba a cumplir con su asignación”.
Obviamente, Jehová no les ha dado un don milagroso para que sean alumnos brillantes de Galaad.
Como uno de ustedes dijo en su presentación: “Solo somos betelitas comunes y corrientes viviendo una experiencia extraordinaria”.
Bueno, puede que eso sea cierto.
Sin embargo, la Escuela de Galaad seguramente los ha ayudado a descubrir habilidades que ustedes ni siquiera sabían que tenían, ¿cierto?
Y, si ustedes no las descubrieron, sus instructores sí.
Los que tenemos una asignación especial en el servicio a Jehová, como Timoteo, tenemos que verla como “un regalo de Dios”.
Todas esas asignaciones son una muestra de la bondad inmerecida de Jehová, no un premio por meses de estudio.
De hecho, nuestra energía, nuestras habilidades y nuestros talentos pueden considerarse regalos de Jehová.
Y deberíamos usarlos para hacer cosas buenas por los demás.
Si los usamos con ese fin y los vemos como regalos, entonces disfrutaremos de nuestras asignaciones.
En este versículo Pablo también le recuerda a Timoteo que avive “como un fuego el don de Dios” que tiene, el regalo que Dios le dio.
Seguro que ustedes sienten ese fuego en su interior y están listos para trabajar duro en sus asignaciones.
Otra nota de estudio para este versículo explica que “avivar como un fuego implica un esfuerzo constante”.
O, como sugiere un experto, “mantener el fuego ardiendo al máximo”.
Así que pongamos todo nuestro corazón y energías en nuestras asignaciones.
Mantengamos viva la llama, pero sin quemarnos.
Conservaremos el fuego bien encendido si recordamos mantener el equilibrio entre el trabajo y el descanso.
Es cierto, nuestra vida pasa volando.
Esta es nuestra realidad, al menos por ahora.
Pero en el nuevo mundo disfrutaremos de verdad del trabajo.
Nuestra vida será cada vez más feliz, especialmente cuando tengamos salud perfecta.
También será un placer comer y beber alimentos que no estén contaminados.
Así que disfruten de la vida.
Disfruten de la vida con su familia y amigos.
Disfruten de todo lo que tienen ahora.
Disfruten de sus asignaciones.
Den lo mejor de sí mismos, pero sean equilibrados.
Podremos usar la sencilla receta de Eclesiastés durante millones y millones de años, o para siempre.
“Coman y beban, y disfruten de todo su duro trabajo” porque “eso es un regalo de Dios”.