Si no queremos que Satanás y su mundo influyan en nuestra forma de pensar, tenemos que evitar respirar el aire o espíritu de este mundo.
Así que hablemos de este tema: “No respiremos el espíritu tóxico de este mundo”.
Todos sabemos que Jehová y Satanás son diametralmente opuestos, totalmente contrarios.
Del mismo modo, el espíritu santo y el espíritu de este mundo van en direcciones opuestas, aunque curiosamente ambos espíritus son fuerzas invisibles que influyen en la gente para que actúe de cierta manera.
Por su parte, el espíritu santo de Jehová las impulsa a que se comporten como él quiere, a que demuestren en su vida el fruto del espíritu: amor, felicidad, paz, paciencia, etc.
Pero, por otra parte, el espíritu del mundo motiva a la gente a actuar como Satanás quiere que actúe, a poner en práctica las obras de la carne: la inmoralidad sexual, la impureza, la conducta descarada y otras.
Pero también es muy interesante que estas dos fuerzas invisibles se pueden comparar al aire que respiramos.
Hablemos del espíritu santo.
Miren lo que dice el libro Perspicacia sobre cómo inspiró Jehová a los escritores bíblicos.
La expresión inspirada por Dios —que aparece en 2 Timoteo 3:16— “traduce la voz griega […], que significa ‘insuflada por Dios’”.
Al insuflar o respirar sobre hombres fieles, Dios hizo que su espíritu o fuerza activa actuara sobre ellos.
El espíritu santo podría compararse con aire que Dios exhala de manera simbólica y que sus siervos fieles de cierta forma inhalan.
¿Y qué hay del espíritu del mundo?
¿En qué se parece este al aire?
Acompáñenme al libro de Efesios, al capítulo 2, y notemos lo que dice aquí el versículo 2.
No, mejor empecemos en el 1.
Aquí Pablo les está hablando a quienes han salido del mundo: “Además, Dios les dio vida a ustedes, aunque estaban muertos debido a las ofensas y pecados que en otro tiempo cometieron siguiendo el sistema de este mundo, [y ahora noten] siguiendo al gobernante que tiene autoridad sobre el aire, sobre el espíritu que ahora actúa en los hijos de la desobediencia”.
Aquí se usa la palabra aire. ¿Y qué es ese “aire”?
Nuestras publicaciones han explicado que se refiere exactamente a lo mismo que 1 Corintios 2:12 llama “el espíritu del mundo”.
¿Quién es la fuente, de dónde sale el espíritu del mundo?
¿Y quién lo controla?
Pues, como leímos, su gobernante: Satanás, el Diablo.
¿Y de qué manera influye en la gente?
Los convierte en hijos de la desobediencia.
¿Por qué?
Porque desobedecen a Jehová.
Y, de manera simbólica, el espíritu del mundo se puede comparar a aire que Satanás exhala y que la gente de este mundo inhala.
Ahora bien, este aire es distinto al de Jehová; son cosas totalmente contrarias.
El de Jehová es como aire fresco, limpio, puro, que da vida.
Y el de Satanás es como veneno, tóxico y mortífero.
De hecho, podríamos comparar al espíritu santo con el oxígeno que nos permite estar vivos, y el espíritu del mundo es como el monóxido de carbono que es capaz de matarnos.
Es más, vamos a ampliar un poco más esta comparación.
Comencemos con las similitudes que hay entre el espíritu del mundo y el monóxido de carbono.
Vamos con la primera similitud: los dos son sumamente tóxicos.
Como sabemos, el monóxido de carbono es un gas muy muy peligroso que producen los motores de combustión interna y algunos sistemas de calefacción.
Y, como ya dijimos, el espíritu del mundo es un aire muy venenoso que proviene de Satanás.
Otra similitud: tanto el espíritu del mundo como el gas pueden afectarnos sin darnos cuenta.
El monóxido de carbono no tiene color, olor ni sabor alguno.
Así que quien lo respira podría quedarse dormido sin saber que está respirando un veneno.
¿Y el espíritu del mundo?
Tampoco podemos usar nuestros sentidos para verlo, olerlo o probarlo.
Así que envenena de forma gradual, imperceptible, sin que la pobre víctima siquiera se dé cuenta de que se está envenenando.
Pasemos a la tercera similitud.
Tiene que ver con cómo pueden quitarle la vida a una persona o con cómo actúan.
El monóxido de carbono mata porque se adhiere a la hemoglobina de la sangre de la persona.
Como saben, la hemoglobina se encarga de transportar el oxígeno por todo el cuerpo.
Pero el monóxido de carbono poco a poco va desplazando el oxígeno a medida que se adhiere a la hemoglobina, y entonces la hemoglobina pierde su capacidad de transportar oxígeno al corazón y a otras partes del cuerpo.
Y, cuando no hay oxígeno, en poco tiempo la persona muere.
¿Cómo actúa el espíritu del mundo?
De forma gradual, puede hacer que una persona se comporte de tal modo que vaya perdiendo el espíritu de Jehová, que es como el oxígeno.
Todo esto asfixia espiritualmente a una persona y puede causarle la muerte.
La cuarta similitud tiene que ver con los síntomas.
Quien se envenena con monóxido de carbono padece dolor de cabeza, debilidad, mareo, náusea, desmayo, pulso débil…, y finalmente entra en coma.
¿Y cuáles son los síntomas del espíritu del mundo?
Bueno, los síntomas más graves, como ya dijimos, son las terribles obras de la carne.
¿Y cuáles son los menos graves, tal vez los primeros síntomas?
Pues ¿saben que en el libro Razonamiento hay una lista de algunos de ellos?
Me gustaría compartir tres con ustedes: “manifestar una actitud de rebeldía para con la autoridad”, “permitir que el deseo de poseer lo que se ve domine la vida”, “hacer alarde de las posesiones y de los supuestos logros”.
Ahora veamos una similitud más; tiene que ver con el tratamiento.
El tratamiento para la intoxicación por monóxido de carbono consiste en respirar oxígeno, en ocasiones en una cámara a presión.
En la página web de la Clínica Mayo dice que en la sala de emergencias la persona respira oxígeno puro a través de una mascarilla sobre la nariz y la boca.
Si no puede respirar por sí misma, se le pone una máquina que respira por ella.
Pero la página también explica que en ocasiones el paciente necesita oxigenoterapia hiperbárica.
Eso es cuando se le pone en una cámara donde respira oxígeno puro, pero la presión de aire es dos o tres veces más alta que la habitual.
Eso ayuda a reemplazar el monóxido de carbono con oxígeno.
¿Y cómo tratamos la intoxicación por espíritu del mundo?
Pues también hay que recibir terapia con oxígeno.
Hay que esforzarse aún más por recibir espíritu santo, que es como oxígeno.
¿Y cómo?
Bueno, primero, hay que evitar cualquier cosa que pudiera entristecer el espíritu de Dios, como el entretenimiento malsano o los pensamientos sucios.
Pero también hay que esforzarse por participar al máximo en actividades en las que recibimos espíritu santo, como pudieran ser predicar, orar y pedir espíritu santo, leer y meditar en la Palabra de Dios y pasar más tiempo con quienes también han recibido el espíritu santo.
Hoy hemos visto cinco similitudes entre el espíritu del mundo y el monóxido de carbono.
En resumen: 1) ambos son tóxicos, 2) ambos nos afectan sin darnos cuenta, 3) ambos nos matan asfixiándonos poco a poco pues nos quitan el oxígeno literal o simbólico, 4) ambos tienen síntomas graves y menos graves y 5) para ambos el tratamiento es recibir oxígeno, sea literal o simbólico.
Abramos la Biblia en 1 Juan, capítulo 2.
¡Cuánto anhelamos que se cumplan estas palabras!
1 Juan 2:17: “Además, el mundo se está yendo, y [también] sus deseos […], pero el que hace la voluntad de Dios vive para siempre”.
Así que noten que no solo el mundo se irá, sino también su deseo, es decir, el deseo de la gente de desobedecer a Jehová.
¿Y por qué se irá ese deseo?
Porque ya no habrá espíritu del mundo y ya nada despertará en la gente el deseo de rebelarse contra su Padre, Jehová.
¿Y por qué no habrá espíritu del mundo?
Porque la fuente de ese espíritu, Satanás el Diablo, estará confinado en el abismo en un estado de inactividad.
Y de ese abismo no se escapa nada.
No podrá exhalar ese aire desde allí.
La única fuerza invisible que motivará e influirá en los seres humanos será el espíritu santo, un aire puro que todos vamos a respirar para la gloria de Jehová.
Pero, hasta ese maravilloso día, cada uno de nosotros debe hacer todo lo posible por no inhalar el aire tóxico de este mundo, que es como el monóxido de carbono y que viene de Satanás.