¡Gol! ¿Es tuya? Sí, gracias. Eres Lily, ¿cierto? Sí, y tú eres Shawn. Sí, te he visto jugando a básquetbol.
Eres buena. Gracias, tú también. ¿Y si salimos un día? Claro. ¡Gracias!
Mi nombre es Lily, y tengo un pequeño problema. Hay un chico llamado Shawn que se mudó a mi escuela recientemente. Sé que no debería atraerme nadie que no sirva a Jehová.
El problema es que él sí es testigo. Shawn y su familia llegaron a nuestra congregación. Y cuanto más lo veía, más me gustaba.
Sus fuerzas se han agotado de tanto suspirar. Ojalá supiera dónde encontrar a Dios. Entonces iría a su lugar de residencia y presentaría mi canción.
Como dije, tengo un problema. Todos los días veo parejitas en la escuela. Parecen tan felices.
Para ser sincera, yo también quería sentirme así. Mis padres se dieron cuenta de la situación y hablaron de ello esa noche. Pronto dejé de sentirme sola.
Al día siguiente, mi madre me invitó a ir de compras. Después, fuimos a tomar un café. Me preguntó cómo estaba.
Al principio, no quería hablar, pero me hizo sentir muy cómoda. Así que le conté lo que sentía por Shawn. Pensé que se molestaría, pero no lo hizo.
Lo que sientes es natural, Lily. Recuerdo que yo sentía lo mismo cuando tenía tu edad. ¿De verdad? ¡Claro! Así nos creó Jehová, cariño.
Y porque él nos creó, sabe cómo podemos ser realmente felices. Eso es todo lo que quiere para nosotros. Y eso es también lo que tu padre y yo queremos para ti.
Mamá no me regañó, ni me hizo sentir avergonzada. Y, sobre todo, no parecía tener prisa. Pero ella no fue la única que me ayudó.
Papá también se estaba preparando para hacerlo. Aquella tarde, tuvimos la adoración en familia. Y una vez más, dejaron que me expresara.
Me dijeron que hablara con toda libertad. Y así lo hice. Simplemente no sé qué hacer.
Lily, gracias por decirnos cómo te sientes. Déjame preguntarte algo. ¿Por qué crees que Jehová nos creó con estos sentimientos hacia alguien del sexo opuesto? Para que un día un hombre y una mujer puedan casarse.
Correcto. De hecho, un buen matrimonio es como dos patinadores sobre el hielo. Su hermosa rutina pudiera parecer fácil, pero ¿lo será? No.
Nadie pudiera siquiera intentarlo sin practicar, sin un compañero hábil o sin un buen entrenador, ¿cierto? Sí. Pues ocurre lo mismo con un buen matrimonio, cariño. No se da por casualidad.
También depende de un buen compañero. Del esfuerzo coordinado. Y, sobre todo, de la sabia guía de Jehová.
De hecho, ¿puedes por favor buscar conmigo Salmo 32: 8 y leerlo? Claro. Dice... Te haré perspicaz y te enseñaré el camino por el que debes ir. Te aconsejaré con mis ojos puestos en ti.
Lily, Jehová nos ama muchísimo. Y si lo escuchamos, tomaremos buenas decisiones en la vida. Decisiones que no tendremos que lamentar luego.
Hablamos un poco más y luego me dieron una tarea. Papá me dio algunos artículos que imprimió para que los leyera. Y lo hice.
Mientras leía y meditaba, me di cuenta de algo. Al esperar un poco antes de tener una cita, no me estoy perdiendo de nada. Más bien, me estoy preparando.
Ahora puedo utilizar el tiempo para ocuparme de algo mucho más importante. Mi relación con Jehová. También puedo cultivar cualidades cristianas y adquirir experiencia.
Eso me servirá si después decido casarme.