Ay, qué mal lo hice.
Debería haberle dicho otra cosa.
No, lo hiciste superbién.
En serio.
Siempre pienso que lo hago todo mal.
Y eso fortalecerá nuestra fe.
Por eso, si… Bueno, ya está.
A veces, esos sentimientos negativos me daban tanta ansiedad que hasta hacer las cosas de cada día me parecía imposible.
¿Y por qué crees que tienes esos sentimientos?
No sé, creo que he estado pensando mucho en la Escuela para Evangelizadores.
Creo que, si pudiera ir, todo se arreglaría.
Entiendo.
¿Quieres que leamos un texto?
Creo que te ayudará.
Bueno.
No me dijeron que no enviara la solicitud.
Pero sí que me aconsejaron que primero intentara controlar un poquito mejor mi ansiedad.
Y eso traté de hacer.
Estaba segura de que, si me centraba en mi meta y cuidaba mi salud, podría ir a la escuela.
Pero quizá estaba demasiado centrada en mi meta.
Gracias. Chao.
¿Y cómo te fue?
Bueno, tienen razón.
Ir a la escuela ahora sería mucho para mí.
Lo siento… Pero ya lo lograrás.
Ya no sé qué hacer para sentirme mejor.
¿Qué me pasa?
Nada, solo que algunas cosas toman tiempo.
Sí… Oye, mañana estudio la Biblia con Lilly.
Me vendría bien tu ayuda.
OK.
Yo quiero bautizarme, pero no sé.
Ustedes hacen tanto… No sé si algún día podré...
Creo que sé cómo te sientes.
¿Te puedo mostrar un texto?
Es Miqueas 6:8.
¿Lo puedes leer, porfa?
“Él te ha dicho, oh, hombre, lo que es bueno.
¿Y qué es lo que Jehová espera de ti?
¡Solo que practiques la justicia, ames la lealtad y andes con modestia junto a tu Dios!”.
En la última parte habla de andar “con modestia”.
Esto significa reconocer nuestras limitaciones.
Así que, ¿qué te pide Jehová que hagas?
¿Más de lo que puedes?
¿O solo te pide lo que puedes hacer?
Solo lo que puedo hacer.
Entonces, ¿por qué tendríamos que exigirnos más?
Resulta que al final le estaba dando a Lilly el mismo consejo que me habían dado los ancianos.
Pero ahora me tocaba a mí ponerlo en práctica.
Tenía que reconocerlo: mi problema era que me exigía demasiado.
Llevaba tanto tiempo haciéndolo que no iba a poder cambiar de un día para otro.
Pero eso no quería decir que tuviera que olvidarme de mis metas.
Lo que hice fue concentrarme en lo que sí podía hacer en ese momento, como esforzarme más por comprender a las personas que se sienten como yo y ayudarlas a ver lo mucho que las quiere Jehová.
Podríamos contarle a un estudiante cómo… superamos nosotros un problema, y eso podría ayudarle a progresar… La verdad es que puedo hacer mucho por Jehová si soy razonable conmigo misma.