Joel Dellinger: Su liberación se acerca (Apoc. 6:15)

El artículo de La Atalaya de donde se toma el comentario de hoy se titula “Su liberación se acerca”.

En ese contexto de la liberación fue que se analizó el texto del día de hoy.

Y estoy seguro de que ustedes, al igual que yo, se alegran muchísimo de tener esa esperanza, la esperanza de la liberación y de recibir bendiciones después de la gran tribulación y de Armagedón.

Y qué alivio es saber que el mundo, que para tantas personas está fuera de control, se acerca a su fin.

El gran final está cerca.

¿Qué tan cerca?

Seguro que todos recuerdan el impactante discurso final de aquella asamblea regional donde se dijo que el fin era inminente.

El día y la hora del juicio de este sistema de cosas ha estado apuntado en el calendario de Jehová por años.

Está fijado.

Y, como lo indica la profecía de Habacuc, la visión está avanzando “rápidamente hacia su final”.

“No llegará tarde”.

¿Qué detalles aporta el texto de hoy, Apocalipsis 6:15, acerca de todo lo que veremos cuando llegue esa gran tribulación que se aproxima?

¿Y cómo nos ayudará esta información sobre el futuro a estar preparados para lo que viene?

Los invito a que abran la Biblia junto conmigo para que leamos el contexto de este versículo de Apocalipsis.

Quiero que leamos del versículo 15 al 17.

Y recuerden lo que ya se comentó: lo que vamos a leer en estos versículos es algo que sucederá justo después del inicio de la gran tribulación, justo después de la destrucción de la religión falsa.

La pregunta es: ¿Cómo va a reaccionar la mayoría de la humanidad a lo que sucederá después, y por qué?

Vamos a leerlo.

Apocalipsis 6:15-17: “Entonces, los reyes de la tierra, los altos funcionarios, los comandantes militares, los ricos, los poderosos, todos los esclavos y todas las personas libres se escondieron en las cuevas y entre las rocas de las montañas.

Y vez tras vez les dicen a las montañas y a las rocas: ‘Caigan sobre nosotros y escóndannos del rostro del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, y ¿quién puede mantenerse en pie?’ ”.

¿Notaron dónde buscará refugio la mayoría de la gente?

Es increíble pensar que, después de que el imperio mundial de la religión falsa haya sido destruido, la mayoría de las personas seguirán poniendo su confianza en organizaciones humanas.

En ese punto tan avanzado, después de que comience la gran tribulación y antes de que venga Armagedón, la Biblia no indica que un gran número de personas vayan a convertirse de repente y salgan corriendo en masa a la montaña de Jehová.

En ese momento, serán los sistemas políticos y comerciales, que seguirán en pie —al menos por un tiempo—, los que parecerán instituciones fuertes, sólidas como roca, como las montañas y las cuevas.

En el versículo 15, podemos encontrar una lista completa con todos aquellos que van a ser engañados por Satanás, el Diablo.

Piénsenlo: todos ellos, incluyendo a los antiguos feligreses de la religión falsa y a quienes nunca hayan sido religiosos, todos intentarán seguir refugiándose y buscando protección y salvación en las organizaciones humanas.

Pero ¿será ese realmente un refugio seguro?

No.

Fíjense en lo que dice el libro Apocalipsis... ¡se acerca su magnífica culminación! sobre este versículo: “Ni cuevas en las montañas literales ni organizaciones políticas y comerciales —que [...] pueden representarse por montañas— suministrarán seguridad financiera ni ninguna otra clase de ayuda.

Nada les servirá de amparo contra la ira de Jehová”.

Así es, vienen tiempos emocionantes pero también preocupantes.

Y ¿cómo es que esta información sobre el futuro, este mensaje inspirado por Dios, nos ayudará a prepararnos para ese momento?

Esta misma Atalaya nos animaba a pensar en los acontecimientos que se avecinan y describió este periodo de tiempo como una época de juicio, de pruebas.

Pero, cuando leí esas palabras sobre lo que pasará en el futuro, me puse a pensar en que ya estamos en un tiempo de prueba.

Más que nunca antes en la historia, nuestros hermanos y hermanas están luchando contra crisis económicas, desastres naturales, problemas de salud, muertes prematuras, guerras, persecuciones...

Todos nuestros hermanos y hermanas se enfrentan hoy a un periodo de pruebas.

¡Hasta las redadas en las sucursales y en los Salones del Reino se han convertido en algo normal!

Y ni siquiera ha comenzado la gran tribulación.

Es muy probable que la vida se vuelva todavía más difícil en el futuro cercano.

Así que es bueno que pensemos en dónde buscamos nosotros refugio: “¿Llego a cifrar mi confianza, aunque sea un poquito, en cosas materiales, en los bienes y ahorros que he acumulado en este sistema?

¿Revelan mis actos —la forma en como reacciono ante los problemas ahora, aun antes de la gran tribulación— que Jehová es mi refugio, y no las instituciones humanas?”.

Tristemente, ha habido hermanos y hermanas que han llegado a creerse el cuento falso de que las posesiones materiales pueden darnos seguridad.

En el año 2013 salió en La Atalaya la historia de un anciano llamado Alex que contó lo siguiente.

Y creo que los siervos de tiempo completo nos identificaremos.

Dijo: “Suelo ser muy ahorrativo.

Si al apretar el bote de champú sale más del necesario, vuelvo a meter el poquito que sobra”.

Sin embargo, este anciano se envolvió más y más en invertir en la bolsa de valores, creyendo que así podría dejar de trabajar pronto y dedicarse a ser precursor.

Su intención era buena.

Pero Alex dedicaba cada vez más tiempo y esfuerzo a estudiar el mercado y los informes financieros.

Y usó sus ahorros y dinero que le prestaron los agentes de bolsa para comprar acciones que, según los analistas y expertos, iban a subir en valor rápidamente.

Pero, en vez de eso, cayeron en picada.

¿Qué hizo Alex?

Dijo: “Estaba decidido a recuperar mi dinero.

Creía que si esperaba lo suficiente, las acciones volverían a subir”.

¿Pueden imaginarse cómo afectó eso emocionalmente a Alex?

Esperó varios meses para ver si las acciones recuperaban su valor.

A Alex le costaba concentrarse en asuntos espirituales y hasta perdió el sueño.

Y, como se imaginarán, las acciones jamás volvieron a subir.

Como resultado, Alex perdió sus ahorros y tuvo que vender la casa.

Y admitió: “Le hice mucho daño a mi familia”.

Y noten la importante lección que aprendió Alex después de esta experiencia que nos relató.

Dijo: “Ahora sé que quien pone su confianza en el sistema de Satanás queda muy decepcionado”.

¡Qué buen recordatorio!, ¿verdad?

Nada en este sistema —ninguna organización humana, de cualquier clase que sea: política, comercial o educativa (colegios y universidades)— puede darnos salvación ni ahora ni tampoco en el futuro.

Y fíjense en cómo encaja Proverbios 11:28 con la conclusión a la que llegó Alex.

Proverbios 11:28 dice: “El que confía en sus riquezas caerá, pero el justo florecerá como la frondosa vegetación”.

¿Cuál es el punto?

Confiar —aunque sea solo un poco— o refugiarnos en nuestros ahorros, o tal vez en nuestras inversiones o en nuestra habilidad para ganar dinero en este sistema equivale a confiar o a refugiarnos en Satanás, el Diablo.

Y ese es un refugio que no es para nada seguro.

Con razón el esclavo fiel nos ha animado a todos, incluyendo a quienes estamos sirviendo a tiempo completo y hemos sacrificado tantas cosas para poner primero el Reino, a meditar seriamente en la pregunta: “¿Estoy dispuesto a dejar atrás mis posesiones?”.

Fijarnos en adónde buscamos refugio hoy, incluso cuando no tenemos grandes dificultades o problemas serios, nos da una idea de adónde buscaremos refugio cuando las cosas sean más difíciles en el futuro.

Y, claro, Jehová no quiere que le tengamos miedo al futuro.

Él quiere que miremos hacia el futuro llenos de confianza.

Y es posible.

Todo lo que sabemos sobre lo que sucederá en el futuro: los detalles de los acontecimientos que veremos durante la gran tribulación, la inestabilidad actual de este sistema… Todo eso nos convence de que en realidad no existe un refugio seguro en este sistema.

El único refugio seguro es el que Jehová nos da si confiamos en él día tras día.

Ojalá que estos recordatorios nos animen a seguir haciendo todo el esfuerzo posible por acumular tesoros en el cielo, tesoros que nunca perderemos, tesoros que conservaremos durante la gran tribulación y hasta después de Armagedón, y que llegarán junto con nosotros al nuevo mundo.

Es como lo que el apóstol Pablo le escribió por inspiración a Timoteo: nunca debemos poner nuestra “esperanza en las riquezas inseguras, sino en Dios, que nos suministra abundantemente todo lo que disfrutamos” ahora y por siempre, incluso durante la gran tribulación.

Si lo hacemos, seguiremos convencidos de que nuestra liberación se acerca y de que no hay nada que temer.

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