Los animales nos fascinan, nos asombra su velocidad, su agilidad y su fuerza, es un placer admirar su belleza y su comportamiento. Al igual que nosotros, ellos también juegan y algunos incluso bailan. Los animales son trabajadores, las presas que construyen los castores pueden tener cientos de metros de largo, algunas hasta se pueden ver desde el espacio.
Al observar a los animales, aprendemos más del creador. La sabiduría instintiva que tienen, refleja la sabiduría de Dios. Él es cariñoso y generoso, es un Dios feliz.
Los animales nos fascinan porque estamos hechos a la imagen de Dios y nos hacen felices las mismas cosas que a él, como nuestro planeta y los apasionantes animales. Son un regalo que él nos ha dado. Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza, y que tenga autoridad sobre los peces del mar, los animales voladores de los cielos y los animales domésticos, sobre toda la tierra.