Bienvenidos a JW Broadcasting®.
¡Qué alegría que estén con nosotros!
En el programa de hoy veremos por qué poner a Jehová en primer lugar mejora nuestra vida y nos protege de cosas malas.
A todos nos gusta que valoren y reconozcan nuestros esfuerzos.
Pero, como veremos en una entrevista, lo que nos hace más felices es recibir el reconocimiento de Jehová.
¿Eres joven y estás pensando a qué te vas a dedicar?
Seguro que te gustará escuchar cómo dos jóvenes encontraron un trabajo que les permite servir a Jehová.
Y también veremos cómo pueden trabajar en equipo los matrimonios para que haya más paz y amor en su hogar.
Este es el programa de marzo de 2025 de JW Broadcasting.
El título de este discurso es “Busquemos cosas grandes para Jehová”.
Y se basa en un consejo muy importante que Jehová le dio a un hombre que se llamaba Baruc.
¿Quién fue Baruc?
¿Qué podemos aprender de su ejemplo?
¿Y cómo puede este consejo de Jehová ayudarnos a nosotros hoy en día?
Vamos a verlo.
Baruc era un siervo fiel de Jehová.
La primera vez que aparece en la Biblia es alrededor del año 625 antes de nuestra era.
Y su historia se cuenta en el libro de Jeremías.
Empecemos este viaje leyendo el capítulo 45, versículo 1: Baruc era el secretario personal del profeta Jeremías.
Estos dos hombres trabajaron codo a codo durante unos 18 años, periodo que abarcó hasta después de la destrucción de Jerusalén en el 607.
No hay duda de que se le asignó una labor muy especial en una época muy complicada.
Pero ¿por qué necesitaba un ayudante Jeremías?
Durante unos 23 años, este profeta había estado predicando un mensaje de juicio y de esperanza en Judá.
Al parecer, en el 625, a Jeremías se le había prohibido entrar en la zona del templo en la que tenía que leer el mensaje de Jehová.
En aquel tiempo, Jehová le pidió al profeta Jeremías que escribiera sus advertencias en un rollo.
Ahí es donde entra en escena Baruc, que era escriba o secretario.
Fue él quien escribió en un rollo todas las palabras que Jehová le había dicho al pueblo mediante Jeremías hasta ese momento, ¡23 años de mensajes!
Al año siguiente, cuando llegó el momento de leer en voz alta en el patio del templo todo el mensaje, Jeremías le pidió a Baruc que fuera él a leer el rollo.
Y Baruc de nuevo cumplió con su asignación.
¿Qué pasó después?
Cuando los príncipes de Judá se enteraron de que Baruc había leído el rollo, le pidieron que fuera a leérselo a ellos directamente.
Así que Baruc lo leyó en voz alta por segunda vez.
El relato dice que “en cuanto oyeron todas las palabras, se miraron asustados unos a otros y le dijeron a Baruc: ‘Sin falta tenemos que decirle al rey todas estas palabras’”.
Pero, antes de hablar con el rey, le dijeron: “Vayan y escóndanse, tú y Jeremías; que nadie sepa dónde están”.
¡Al malvado rey Jehoiaquim le hirvió la sangre por la rabia que sintió!
Así que quemó el rollo y ordenó que se arrestara a Jeremías y a Baruc.
Pero paremónos a pensar un poquito.
¿Qué podemos aprender del ejemplo de Baruc, según lo que hemos dicho hasta ahora?
Bueno, lo primero es que era humilde.
Muchos eruditos creen que él pertenecía a una familia de escribas muy importante.
Pero, aun así, cuando se le invitó a ayudar a Jeremías, la Biblia dice que Baruc hizo todo lo que le mandó el profeta.
Al igual que ustedes, queridos hermanos y hermanas, Baruc apoyó de buena gana la obra de Jehová y estuvo dispuesto a hacer todo lo que se le pidió.
Él no permitió que su posición social ni sus preferencias lo distrajeran.
Como Baruc era humilde, lo primero en su vida era hacer la voluntad de Jehová.
Baruc también fue un ejemplo de aguante.
¿Se imaginan cuánto se puede tardar en poner por escrito 23 años de mensajes divinos?
¡Cuánto trabajo!
Y eso que Baruc no tenía los dispositivos que tenemos hoy, como tablets o computadoras.
Era muchísimo trabajo manual.
Ahora piensen en cómo se quedó Baruc cuando el rey Jehoiaquim quemó el primer rollo.
Era el mensaje de Jehová.
¡Y Baruc había escrito todo ese rollo a mano!
Horas de trabajo convertidas en cenizas.
Jeremías 36:32 dice: Como Baruc, también necesitamos aguante para seguir sirviendo a Jehová a pesar de los desafíos.
Otra cualidad de Baruc fue la valentía.
Seguramente estaba al tanto de lo peligroso que era trabajar al lado de Jeremías.
De hecho, el mismo rey que había quemado su rollo había matado con la espada a otro siervo de Jehová, el profeta Uriya.
Pero Baruc no dudó en utilizar sus habilidades y sus contactos en el gobierno para ayudar a su amigo Jeremías.
Se puede aprender mucho de este siervo fiel de Jehová que demostró cualidades como la humildad, el aguante y la valentía.
Jehová le tenía cariño a Baruc, y seguro que usted también.
Por supuesto, al igual que nosotros, también se enfrentó a pensamientos y sentimientos negativos.
En cierta ocasión, esos sentimientos pudieron costarle muy caro.
¿Por qué lo decimos?
Sigamos leyendo Jeremías 45:2, 3.
Fijémonos en lo preocupado que estaba Jehová por los sentimientos de Baruc.
Jeremías 45:2, 3 dice: ¿Por qué se sentía así Baruc?
¿Estaba cansado de ser el secretario de Jeremías o quizás de las circunstancias en las que tenía que hacer ese trabajo?
Sigamos leyendo los versículos 4 y 5: Jehová sabía muy bien los motivos por los que Baruc se sentía mal.
Y no era ni por su trabajo como secretario ni por las circunstancias que lo rodeaban.
En el versículo 5, Jehová le dijo: “Tú andas buscando cosas grandes para ti”.
Es decir, Baruc se sentía mal debido a su punto de vista sobre lo que era más importante.
Durante un tiempo, él estuvo “buscando cosas grandes” para sí mismo.
¿Qué “cosas grandes” quizás estaba buscando Baruc?
¿Podría ser la fama o el reconocimiento?
¿Pensaba tal vez que ayudando a Jeremías arriesgaba su posición social o su profesión como escriba?
¿O esas “cosas grandes” eran tal vez tener más dinero o cosas materiales?
No lo sabemos, pero Baruc sí sabía qué cosas eran.
Y el consejo de Jehová fue muy claro: “Deja de buscar esas cosas”.
Parece que Baruc obedeció el consejo de Jehová de corazón.
Me lo imagino pensando y diciendo algo como esto: “Jehová sabe lo que estoy pensando y también cómo me siento.
¿De verdad estoy buscando cosas grandes para mí?
Pues sí.
Jehová nunca se equivoca.
¡He perdido la alegría porque he empezado a centrarme en lo que yo quería!
Pero Jehová me está diciendo con cariño: ‘Baruc, despierta.
Juzgaré a la nación muy pronto.
Y voy a derribar las cosas que parecen estables’.
Las cosas materiales, el dinero, un trabajo prestigioso…, todo eso es pasajero.
Ir tras esas cosas es peligroso.
Jehová quiere que yo me salve de la destrucción y que otras personas también se salven.
Y eso es lo que yo quiero.
¡Tengo que cambiar, tengo que volver a buscar cosas grandes para Jehová!”.
Bueno, esto es solamente una posibilidad de lo que quizás Baruc pensó.
Pero ¿aceptó y puso en práctica el consejo?
¡Sí!
Unos 17 años después, cuando los babilonios estaban asediando Jerusalén, Baruc vuelve a aparecer en la Biblia y lo hace apoyando a Jeremías.
Y, aunque muchas personas murieron en la terrible destrucción que sufrió Jerusalén, Baruc y Jeremías sobrevivieron.
Baruc salvó su vida por aceptar humildemente el consejo de Jehová.
Y, si nosotros reaccionamos de la misma manera a los consejos de Jehová, también podemos salvar nuestras vidas.
Seguro que, si analizamos más en profundidad el ejemplo de Baruc, veremos otras maneras en las que podemos imitarlo.
Pero hablemos brevemente de un desafío en particular que quizás algunos de nosotros estamos afrontando ahora y cómo nos puede ayudar lo que le pasó a Baruc.
¿Cuál es el desafío?
Mantener el equilibrio al satisfacer nuestras necesidades materiales y las de nuestra familia.
En el mundo en el que vivimos, muchísimas personas se dedican a buscar cosas grandes.
Para ellos, lo más importante es conseguir buena educación y tener buenos trabajos.
Creen que la clave para tener éxito en la vida y para que ellos y sus familias sean felices es conseguir mucho dinero y cosas materiales.
Quieren conseguir seguridad o alivio, por así decirlo, en este sistema.
Esa forma de pensar podría afectarnos.
Si usted es cabeza de familia, piense en lo que le pasó a Chibisa.
Este hermano de Malaui estaba sirviendo fielmente a Jehová junto con su esposa y sus siete hijos.
Pero lamentablemente, en cierto momento, empezaron a tener problemas económicos.
Y eran tan graves que a veces no les alcanzaba para comprar la comida.
¡Qué situación tan difícil!
Como mucha gente de su zona, Chibisa decidió irse a Sudáfrica para trabajar.
Claro, fue una decisión personal.
Pero ¿fue una decisión sabia?
Recordando esa época, Chibisa dijo: “Esta decisión me afectó espiritualmente.
Como no sabía el idioma, no podía predicar ni tampoco entendía lo que se decía en las reuniones, y no podía cumplir con mi responsabilidad de ayudar a mi familia espiritualmente estando tan lejos.
Así que la fe de mi familia se debilitó.
Los extrañaba mucho, y ellos a mí.
Me di cuenta de que había cometido un error al irme a otro país.
Me empezó a molestar la conciencia, me sentía muy mal por haberme ido”.
Y ustedes, padres, también deben tomar decisiones personales sobre la educación que recibirán sus hijos.
Claro, quieren que reciban una buena educación.
Pero hay que pensar seriamente en los posibles peligros.
Por ejemplo, en algunos países, los padres envían a sus hijos lejos de casa a internados. La Atalaya del 15 de marzo de 1997 analizó principios bíblicos relacionados con este asunto y relató experiencias que destacaban los peligros.
Un hermano llamado Clement dijo que antes de que lo enviaran al internado amaba la verdad, le encantaba predicar, estudiar la Biblia en familia y asistir a las reuniones.
Él dijo: “Sin embargo, tan pronto como ingresé en el internado, a los 14 años, abandoné la verdad por completo.
Durante los cinco años que permanecí en él, jamás asistí a las reuniones.
Los malos amigos me indujeron a las drogas, el cigarrillo y la bebida”.
Analicemos una situación más.
Ustedes, los jóvenes que se están acercando a la edad adulta, deben tomar decisiones relacionadas con la educación y el empleo.
Puede haber muchas opciones.
Pero ¿cuáles les ayudarán a cumplir con la promesa que hicieron al dedicar su vida a Jehová?
Una hermana dijo lo siguiente: “Yo era Testigo bautizada, y había leído y oído sobre los peligros de los estudios universitarios.
Pero no hice caso.
Pensé que esos consejos no eran para mí”.
Bueno, nuestra hermana tomó una decisión personal.
¿Pero fue una decisión sabia?
Ella cuenta: “Mis estudios me exigían tanto tiempo y esfuerzo que estaba muy ocupada para hablar con Jehová en oración como hacía antes; tan agotada que no disfrutaba de hablar de la Biblia en la predicación, y demasiado cansada como para prepararme bien para las reuniones.
Me di cuenta de que estar tan envuelta en los estudios universitarios estaba perjudicando mi amistad con Jehová.
Menos mal que en ese momento entendí que debía dejarlos.
Y así lo hice”.
¿Qué nos recuerdan las situaciones que vivieron estos hermanos?
Que en este mundo controlado por Satanás afrontaremos desafíos que pondrán a prueba nuestra determinación de poner a Jehová en primer lugar en nuestra vida.
Como le pasó a Baruc, nuestros deseos podrían distraernos.
Si eso ocurre, debemos actuar con rapidez para corregir nuestra manera de pensar, como lo hizo Baruc.
¡Qué bueno que Jehová nos ayuda mediante la Biblia y los consejos del esclavo fiel y prudente a tomar buenas decisiones en ámbitos personales de la vida como los relacionados con la educación y el trabajo!
En Salmo 32:8, él nos promete: Seremos sabios si buscamos los consejos de Jehová al investigar, al hablar con cristianos maduros y después al ponerlos en práctica.
Eso fue lo que hizo Chibisa.
Después de mudarse a Sudáfrica, su conciencia empezó a molestarle y recordó el ejemplo de Baruc.
Chibisa cuenta: “Baruc quería tener más cosas materiales, igual que yo, pero recibió ayuda y cambió de actitud.
Así que puse a Jehová primero y dejé de centrarme en las cosas materiales.
Empecé a hacer planes para volver a casa y ayudar a mi familia en sentido espiritual […].
Así que cuando llegué a la frontera de Malaui empecé a sentirme superfeliz, y ahora sigo sintiéndome igual de feliz.
Estudiar la Biblia me ha ayudado muchísimo.
Seguimos teniendo problemas económicos, pero sé que en el mundo de Satanás no hay un lugar en el que no haya problemas […].
Mi familia está mucho más cerca de Jehová.
Mi amistad con Jehová está más fuerte que nunca, por eso me siento muy feliz”.
Qué bueno, ¿verdad?
Como Baruc, nuestro hermano Chibisa fue humilde y valiente.
Y sabemos que ustedes, queridos hermanos y hermanas, también tienen esas cualidades.
Así que cuando Jehová, nuestro Padre amoroso, nos dé un consejo oportuno, como lo hizo con su amigo Baruc, aceptémoslo de corazón.
Hagamos lo que sea necesario para que, junto con nuestra familia, sigamos “buscando primero el Reino y la justicia de Dios”.
Y no olvidemos nunca que, mientras sigamos buscando cosas grandes para Jehová, él seguirá haciendo cosas grandes por nosotros y nuestras familias.
Sin duda, como dice la Biblia, es su bendición “lo que enriquece, y con ella él no trae ningún dolor”.
¿Alguna vez ha sentido que nadie ve lo que hace por Jehová o que se han olvidado de usted porque ya no tiene cierta asignación?
Si es así, le ayudará mucho escuchar cómo el hermano Avinash y la familia Cotterell cambiaron su manera de pensar.
Fíjese en que los hizo más felices buscar el reconocimiento de Jehová en lugar del de los demás.
Trabajaba en una oficina en el centro financiero de la ciudad.
Y la verdad es que me encantaba trabajar allí: ver esos rascacielos todos los días, estar rodeado de empresas grandes y famosas… Me gustaba el tipo de vida que llevaba porque tenía todo lo que quería.
Espiritualmente, no estaba muy bien.
Porque, claro, en un trabajo así tienes que hacerte notar, tienes que destacar.
Y eso cambió mi personalidad.
Al principio no me di cuenta.
Era precursor y decidí llenar la solicitud para entrar en Betel, y me invitaron.
Entonces me asignaron al departamento de limpieza.
Me crie en un entorno donde este tipo de trabajos se consideran humillantes.
No es un trabajo que uno elegiría.
Yo estaba acostumbrado a un trabajo en el que, si hacías las cosas bien, destacabas y te ascendían, te daban reconocimiento.
Y a mí lo que me pasaba era que valoraba mucho cómo me veían los demás: si me veían como alguien especial, con talento…, y que me recompensaran por ello.
Les daba mucha importancia a los elogios, tanto en el trabajo como en la congregación.
Así que me dolió un poco cuando no me trataron de una manera especial en Betel.
Veía que a otros hermanos les daban más reconocimiento, los felicitaban, y eso me empezó a molestar.
Estar en Betel me ha enseñado y me sigue enseñando que las responsabilidades que tengamos no determinan cuánto valemos para Jehová.
Cuando dependes de que los demás te den reconocimiento, nunca estás del todo satisfecho, siempre quieres más.
Vives pendiente de que los demás noten lo que haces, de que te feliciten… Y al final eso no te hace feliz de verdad.
Pero cambié el chip y sentí paz mental cuando empecé a darle más importancia a lo que Jehová pensaba de mí, a tener su reconocimiento.
Y esa paz no es pasajera.
Pasar por esta situación me ha ayudado a ver que, sin importar las circunstancias, puedo ser feliz.
Ha sido un buen entrenamiento, sí.
Sandy y yo nos casamos en el año 2003.
Ella servía como precursora, y yo estaba muy contento apoyándola.
Pero después nos enteramos de que íbamos a ser padres.
Estábamos muy entusiasmados.
Yo pensaba que, después de tener al bebé, tal vez podría continuar con el precursorado.
Bueno, al menos eso era lo que esperábamos.
Nosotros decíamos: “Vamos a criarlo y ayudarlo a que sirva a Jehová, que sirva en Betel...”.
Lo típico que los padres quieren para sus hijos.
Pero, casi al final del embarazo, recibí una llamada de Sandy.
Me dijo que tuvo que ir de urgencia al hospital y que le iban a hacer una cesárea.
En ese momento cambió todo.
Estamos muy felices y agradecidos de que al final pudiera nacer y de que podamos tenerlo con nosotros.
Tiempo después, nos dijeron que su cerebro había sufrido graves daños.
Tuvimos que aprender a usar aparatos médicos, a poner inyecciones… Tuvimos que aprender a hacer tantas cosas que nunca nos habíamos imaginado que tendríamos que hacer.
A veces me preguntaba que por qué en nuestro camino hacia el nuevo mundo había más dificultades que en el de otros hermanos.
Yo me sentía tan sola… porque pensaba que nadie entendía por lo que yo estaba pasando o cómo me sentía.
No conocía a nadie que estuviera viviendo la misma situación.
Las asambleas siempre nos han gustado mucho.
Nos gustaba sentarnos bien adelante, ¿verdad?
—Claro, para escuchar mejor.
—No nos perdíamos nada del programa, pero, claro, cuando nació Eden, todo cambió.
¡Y ahora estamos bien atrás, —en la última fila!
—Es verdad, sí.
Fue muy difícil de aceptar que, aunque quería hacer muchas cosas por Jehová, eso no iba a ser posible, ya no iba a ocurrir.
Porque estaba en una situación completamente diferente.
Ahora Eden tiene una hermanita —se llama Angel— y también ha sido un regalo de Jehová.
Es verdad que nuestras metas en la vida han cambiado y ya no podemos hacer tanto como antes, pero sabemos que Jehová valora cada cosa que hacemos.
Y nos hemos puesto la meta de salir a predicar todos juntos, en familia, al menos una vez al mes.
Requiere mucho tiempo y esfuerzo preparar a Eden.
Además, también hay que preparar muchas medicinas.
Hay muchas cosas que hacemos que los hermanos no saben.
Estamos seguros de que Jehová ve cuando pasamos noches difíciles, cuando no podemos dormir.
Jehová nos ayuda a seguir adelante y nos hace sentir felices con cosas pequeñas.
No lo hago siempre, pero trato de poner por escrito todas las cosas que Jehová hace por mí, cosas por las que me siento agradecida.
Esto me hace darme cuenta de todo lo que Jehová me ayuda y me motiva a orarle para darle gracias por todas esas cosas y por lo que sigue haciendo por mí.
Jehová reconoce y valora el esfuerzo de nuestra familia.
¿Verdad que nos anima saber que Jehová valora mucho todo lo que hacemos por él, aunque nos parezca que otros no lo hacen?
Muchos tenemos que trabajar para mantenernos, pero encontrar un trabajo que nos permita servir a Jehová con toda el alma puede ser un reto.
Veamos cómo los principios bíblicos ayudaron a dos jóvenes a elegir su camino en la vida.
En mi familia, la mayoría tiene títulos universitarios; algunos son abogados, ingenieros, contadores… Entonces, esperaban que yo también fuera a la universidad.
Me dijeron: “Aún no tenemos un médico en la familia.
Así que deberías de estudiar Medicina”.
A los 16 años, estaba por terminar la escuela secundaria.
Muchos de mis compañeros estaban haciendo planes para ir a la universidad, como “Yo quiero ir a esta.
¿A cuál irás tú?”.
Me presionaron mucho para que fuera a la universidad.
Mis maestros me dijeron que tenía que continuar con mis estudios si de verdad quería llegar a tener dinero.
Yo quería ser maestra, pero sentía muchísima presión de parte de mi familia para que estudiara algo que me permitiera tener un mejor salario.
A veces me sentía abrumado por la presión.
Incluso después de graduarme, un maestro me contactó para asegurarse de que yo estuviera planeando ir a la universidad o, como me dijo, “llegar a ser alguien en este mundo”.
Empecé a estudiar la carrera de Psicología en la universidad, que tomaría seis años.
Y, al mismo tiempo, empecé a estudiar los fines de semana para poder certificarme como maestra.
Y, encima de todo eso, también trabajaba medio tiempo.
Estaba tratando de lograrlo todo.
Hablé con mi mamá acerca de qué debía hacer.
Ella me ayudó a pensar en algunos de los peligros a los que me iba a exponer en la universidad, cosas que serían un peligro para mi espiritualidad.
Después de unos dos años, se me hizo claro que no podía seguir con ese ritmo.
Tenía que hacer un cambio.
Recuerdo el consejo que me dio un amigo.
En su juventud, él había estudiado para ser contador, pero ahora vende chiles.
Bromeando, me dijo, “Así que ahora soy contador de chiles.
Se podría decir que estoy trabajando de lo que estudié”.
Me explicó que muchas personas trabajan en algo que no tiene nada que ver con su carrera universitaria.
El texto de Filipenses 1:10 me ayudó.
Ahí dice que debemos asegurarnos “de qué cosas son las más importantes”.
Yo sabía que encontrar un trabajo era importante, pero era aún más importante que tuviera tiempo para Jehová.
Siempre me ha encantado la promesa de Jehová en Mateo 6:33, donde dice que él se encargará de que recibamos las cosas materiales que necesitamos si seguimos “buscando primero el Reino y la justicia de Dios”.
En mi vida, ya había visto esa promesa hacerse realidad, así que confiaba en que Jehová seguiría cuidándome.
Yo sabía que, si iba a la universidad, estaría perdiendo tiempo valioso durante mi juventud, tiempo que podría usar para Jehová.
A veces tenemos muchas opciones frente a nosotros; quizás sabemos que necesitamos cambiar de rumbo, y es ahí cuando podemos usar los principios bíblicos para tomar el camino correcto.
Mi papá tiene una barbería y se ofreció a enseñarme a ser barbero.
Mis padres me dijeron: “La gente siempre va a necesitar un corte de pelo”.
Aunque sabía que no me haría millonario como barbero, sería un trabajo que siempre tendría demanda.
Decidí dejar la universidad cuando iba por la mitad de mi carrera y buscar un trabajo de maestra a medio tiempo.
Le oré muchísimo a Jehová durante ese tiempo.
Le pedía que bendijera mi decisión.
Soy mi propio jefe.
Trabajo en la barbería y también a domicilio.
Tengo la libertad para decidir qué días trabajo y por cuánto tiempo.
Jehová contestó mis oraciones.
Encontré un trabajo a medio tiempo como maestra en una escuela, lo que me permite servir como ministra de tiempo completo junto con mi esposo.
Gracias a mi horario flexible, puedo aprovechar las oportunidades de colaborar en proyectos de construcción de la organización.
He visto claramente que, como me concentré en lo que es más importante, Jehová me ha bendecido.
Sigo viendo cómo se cumple la promesa de Mateo 6:33 en mi vida.
Jehová siempre me ha dado lo necesario.
Si te cuesta decidir a qué te vas a dedicar, pregúntales a otros qué les ayudó a escoger un empleo que les permitiera servir plenamente a Jehová.
Y lo que es más importante: ora a Jehová y cuéntale cómo te sientes.
Háblale de tus necesidades, metas y preferencias.
Recuerda, nadie está más interesado en darte lo que necesitas en sentido físico y espiritual que Jehová.
Algunos de los que se benefician de confiar en Jehová y buscar su guía son los misioneros.
El siguiente episodio de “Del pasado al presente” muestra cómo Jehová ha utilizado a muchos misioneros abnegados para llevar las buenas noticias “hasta la parte más lejana de la tierra”.
“Serán mis testigos […] hasta la parte más lejana de la tierra”.
Hace unos 2.000 años, Jesús dio comienzo al trabajo que harían los misioneros.
Desde entonces, muchos han continuado con esa labor.
¿Cómo lo han hecho?
Ese es el tema de este episodio de “Del pasado al presente”.
En el siglo primero, Pablo, Bernabé, Marcos y otros viajaron a muchos lugares para llevarles las buenas noticias a las personas, y se pusieron muy contentos al ver la respuesta de la gente.
Y el pueblo de Jehová ha seguido haciendo esa obra con el mismo entusiasmo, esfuerzo y alegría.
El hermano Russell y el hermano Rutherford también fueron misioneros.
Los dos viajaron largas distancias para llegar a lugares como Filipinas, Francia, Grecia, Egipto, Israel y la India.
Su objetivo era hablar con la mayor cantidad de personas posible sobre el maravilloso mensaje del Reino.
El buen ejemplo que ellos pusieron impulsó a otros a hacer lo mismo.
En 1922, el hermano William Brown —que había estado predicando por el Caribe— le escribió al hermano Rutherford: “He dado testimonio en la mayoría de las islas del Caribe […].
¿Debo volver a visitarlas?”.
El hermano Rutherford le respondió: “Vaya a Sierra Leona, África Occidental”.
Y eso hizo.
El hermano Brown y su familia predicaron en África Occidental durante 27 años.
Y, como al enseñar él le daba tanta importancia a la Biblia, se ganó el apodo de Brown el de la Biblia.
¿Cómo se sintió el hermano Brown después de servir fielmente a Jehová durante tantas décadas?
Él dijo: “¡Qué gozo es ver a hombres y mujeres llegar a ser obedientes a las buenas nuevas del Reino de Dios!
[...] Es uno de los privilegios más altos que se le pueden ofrecer a una criatura humana, ¡ser un embajador de Jehová!”.
En julio de 1926, George Wright y Edwin Skinner viajaron en barco desde Londres hasta Bombay, conocida oficialmente como Mumbái, en la India.
Allí establecieron una pequeña sucursal para supervisar la predicación.
Para llevar el mensaje a más personas, estos dos hermanos se separaron.
Uno se fue al interior del país, y el otro se quedó en Bombay para encargarse de la sucursal.
Para 1938, se había predicado por toda la India.
Ya había 24 congregaciones, se habían traducido y distribuido publicaciones, se habían organizado reuniones e incluso se había usado la radio para predicar las buenas noticias.
Pero luego llegó la Segunda Guerra Mundial, y la obra de los testigos de Jehová se restringió en más de 50 países.
Parecía que ya no sería posible seguir mandando misioneros a muchas partes del mundo.
Desde un punto de vista humano, lo más lógico era detener esta labor por un tiempo.
Pero Jehová veía las cosas de otra forma.
En septiembre de 1942, el hermano Nathan Knorr, mostrando una gran fe, sugirió que se creara una escuela para capacitar a nuevos misioneros.
En un día de invierno de 1943 en el estado de Nueva York, comenzaron las clases del Colegio Superior Bíblico de la Watchtower de Galaad.
¡Y fue justo en el mejor momento!
Al acabar la Segunda Guerra Mundial, las condiciones del mundo cambiaron, y de nuevo fue posible mandar misioneros a muchos países.
Con el paso del tiempo, hemos visto que Galaad ha tenido mucho que ver con el crecimiento de la obra en todo el mundo.
Por ejemplo, en 1949, en Japón había menos de 10 publicadores.
Poco después, en 1950, cinco hermanas graduadas de la clase 11 de Galaad llegaron a Japón.
Una de estas hermanas misioneras fue Lois Dyer.
Durante los siguientes 30 años, Lois viajó por todo Japón para llevarles la verdad de la Biblia a quienes querían aprender más de Dios.
Al finalizar ese periodo, en 1980, pudo ver cuánto había crecido el número de publicadores, que pasó de 12 a 52.000.
¡Qué gran alegría!
Y, para el 2024, el número de publicadores en Japón llegó a 214.000.
En Galaad se ha capacitado a más de 9.500 hermanos que han sido enviados a más de 200 países y territorios.
Hoy día, hay más oportunidades que nunca para ser misioneros.
Por ejemplo, a muchos graduados de la Escuela para Evangelizadores del Reino se los envía de misioneros.
Jehová sigue invitando a su pueblo a servir en esta faceta de la predicación.
Todos los años se celebran cientos de escuelas.
¿Ha pensado usted en llenar una solicitud?
En la actualidad, muchos se animan a imitar al misionero más grande que ha existido: Jesucristo.
Y por eso se ofrecen como voluntarios para esta labor tan emocionante.
¡Nos vemos en el siguiente episodio de “Del pasado al presente”!
¿Le gustaría a usted seguir el ejemplo de estos misioneros?
Si es así, hable del tema con un anciano de su congregación, empiece el precursorado y luego solicite la Escuela para Evangelizadores del Reino si cumple los requisitos.
No solo adoramos a Jehová al predicar, sino también por nuestra manera de vivir, especialmente en nuestro hogar.
Si está casado, fíjese en cómo usted y su pareja pueden trabajar juntos como un equipo para tener un matrimonio feliz.
Hay tanto que hacer durante el día…, ¡y todos los días!
Para los matrimonios, trabajar en equipo puede ser todo un reto.
A veces es difícil ponerse de acuerdo sobre qué hacer y cómo hacerlo.
Para ser realmente “una sola carne”, el esposo y la esposa deben trabajar en equipo.
Y todo buen equipo debe tener una meta.
Su meta no solo debe ser tener un matrimonio para toda la vida, sino un matrimonio lleno de amor.
Cuando la pareja no trabaja en equipo, los desacuerdos pueden acabar en discusiones.
Pongamos un ejemplo.
Cuando un matrimonio discute es como si fueran dos rivales jugando tenis.
Solo uno puede ganar.
Pero, si en vez de pensar “¿Qué es lo que yo quiero?”, cambian el chip y piensan “¿Qué es lo que nosotros queremos?”, estarán jugando en el mismo equipo y ganarán juntos.
Pero ¿qué cosas pueden hacer para trabajar unidos como equipo?
Pídanle a Jehová que los guíe y los ayude a trabajar juntos para resolver los problemas.
Cuando oren, díganle a Jehová que los dos quieren tener un matrimonio más feliz.
Comuníquense.
Hablen de sus puntos fuertes y de sus puntos débiles, y piensen en cómo pueden ayudar más a su pareja.
Pónganse una meta y hagan un plan para que puedan alcanzarla juntos.
Si piensan “¿Qué es lo que nosotros queremos?” en vez de “¿Qué es lo que yo quiero?”, si oran juntos, se reparten las tareas y hacen un buen plan, tendrán un matrimonio feliz que sabe trabajar en equipo.
Ahora pausen un momento el video y háganse estas tres preguntas el uno al otro.
Recuerden: sean sinceros y expresen abiertamente lo que sienten.
Podemos estar seguros de que cuando hacemos las cosas como a Jehová le gusta los resultados siempre son los mejores.
Aunque todos queremos apoyar el propósito de Jehová, ¿podríamos llegar a ser un obstáculo?
En esta adoración matutina, el hermano Splane nos dirá cómo podría pasar eso.
Hoy me gustaría centrarme en las primeras palabras del texto del día.
Dice: “La palabra de Dios está viva y actúa con poder”.
“La palabra de Dios está viva”.
No hay duda de que este versículo es aplicable a la Palabra escrita de Dios, la Biblia.
Pero la palabra de Dios ya existía mucho antes de que los seres humanos inventaran la escritura.
¿Cuánto tiempo antes?
No sabemos.
Como mínimo desde que Jesús comenzó a vivir.
Claro, antes de que Jesús existiera, Jehová no tenía a nadie con quién hablar.
Pero, al crear a Jesús, él y su Hijo se pudieron comunicar.
¿Y qué es la palabra de Dios?
Pues se ha dicho que es su “propósito revelado”.
Eso significa que cuando él dice que hará algo se puede dar por hecho, y nada ni nadie puede impedirlo.
Pero a veces, con las mejores intenciones, podríamos estar interfiriendo en un proyecto o en una decisión que Jehová aprueba.
Y tenemos un ejemplo de esto en algo que pasó en la historia de Esaú y Jacob.
¿Quién estaba interfiriendo con el propósito de Dios?
Pues fue un hombre fiel, Isaac.
Después de 20 años de matrimonio, Isaac y Rebeca tuvieron dos hijos, Esaú y Jacob.
Y sabemos que Esaú fue el primogénito.
Como explicó La Atalaya esta semana, en tiempos de los patriarcas, después de la muerte del padre, el hijo primogénito se encargaba de la familia.
Era el que dirigía su adoración a Dios.
Era una especie de sacerdote.
Por esa razón, la Biblia dice que había sacerdotes presentes en el monte Sinaí antes de que se instaurara el sacerdocio levítico.
Pero Jehová le había dicho a Rebeca que Jacob ocuparía el puesto de primogénito.
No sabemos si se lo dijo a Isaac, pero sí se lo dijo a Rebeca.
Le dijo que Jacob ocuparía esa posición.
Esa era “la palabra de Dios”.
Jehová había revelado su propósito: Jacob estaría por encima de Esaú.
¿Podría alguien impedirlo?
Y, si pensamos en el propósito de Dios, ¿verdad que Jacob era la mejor opción?
Porque ¿cuál era el propósito de Jehová?
Era formar una nación que lo adorara a él, un pueblo que adorara a Jehová.
Y, entre Jacob y Esaú, ¿a quién te imaginas dirigiendo la adoración en familia, adorando a Dios con sus hijos?
Sin duda, a Jacob.
Probablemente, durante los primeros 15 años de sus vidas, Esaú y Jacob escucharon a Abrahán hablar de lo que Jehová le había prometido: que todas las familias de la Tierra serían bendecidas mediante su descendencia.
Y seguro que Jacob pensó que sería un gran honor participar en el cumplimiento del propósito de Dios.
Rebeca quería más al que Jehová quería más, a Jacob.
Pero Isaac quería más a Esaú, y eso que se había casado con dos mujeres que no adoraban a Dios.
Algunos en el servicio de tiempo completo tienen un hermano o una hermana que no está muy bien en la verdad, y resulta que es el favorito.
Parece mentira.
Pero hay padres Testigos que no quieren más al hijo que Jehová quiere más.
Bueno, un día Isaac tuvo una conversación muy interesante con Esaú.
Vayamos a Génesis 27:1-4.
De este relato vamos a sacar un par de lecciones.
Génesis 27:1-4.
Dice: “Cuando Isaac era viejo y sus ojos estaban tan débiles que no podía ver, llamó a su hijo mayor Esaú y le dijo: ‘¡Hijo mío!’.
Y él contestó: ‘¡Aquí estoy!’.
Entonces Isaac le dijo: ‘Me he hecho viejo y no sé cuánto tiempo me queda de vida.
Así que, por favor, toma ahora mismo tus armas, tus flechas y tu arco, y vete al campo y caza algo para mí.
Luego prepárame una comida sabrosa de las que me gustan, tráemela y me la comeré.
Entonces, antes de mi muerte, te bendeciré’”.
“Antes de mi muerte”.
Entonces, ¿estaba a punto de morir Isaac?
Pues no.
Si hacemos cuentas, vemos que Isaac vivió 43 años más después de esa última comida.
Pero podemos entender por qué creía que estaba en las últimas.
Estaba ciego.
Ya no podía hacer lo que hacía antes; tal vez por eso pensó que le quedaba poco.
Y eso le puede pasar a cualquiera.
Si tenemos mucho dolor y nos cuesta movernos, puede que pensemos que no vale la pena vivir.
Esta es la lección: sin importar qué limitaciones tengas, no te rindas.
Piensa en lo que sí puedes hacer y céntrate en eso.
“Los muertos no alaban a Jah”, pero tú sí, porque estás vivo.
Y, si llegas al punto en el que lo único que puedes hacer es ser íntegro y alabar a Jehová, hazlo.
No te rindas.
Pero volvamos al punto que mencionamos antes, y era que, aunque tengamos buenas intenciones, podríamos interferir en el propósito de Dios.
Isaac estaba decidido a bendecir a Esaú y que Jacob fuera su siervo.
Isaac estaba interfiriendo.
Estaba siendo un obstáculo para el propósito de Jehová.
Parece que con el tiempo él se dio cuenta de que estaba equivocado porque, cuando Jacob se fue a buscar esposa, Isaac le dijo: “El Dios Todopoderoso […] te dará la bendición de Abrahán”.
¡Qué bonitas palabras!
“El Dios Todopoderoso te dará la bendición de Abrahán”.
Podemos ver la clase de hombre que era Isaac.
Él era un hombre espiritual.
¿Que quería más a Esaú que a Jacob?
Sí.
¿Y que quería bendecir a Esaú?
Sí.
Pero, cuando Jehová dejó claro su propósito, Isaac lo aceptó.
El apóstol Pablo escribió: “Por la fe, Isaac bendijo a Esaú y a Jacob”.
¿Y cuál es la lección?
¿Podríamos sin darnos cuenta ser un obstáculo cuando Jehová decide hacer algo o cuando él aprueba un proyecto con el que quizá no estamos de acuerdo?
Puede pasar.
Supongamos que la organización sugiere una nueva forma de predicar.
Y les decimos a los hermanos: “Eso no va a funcionar aquí.
Quizás en otro país, pero aquí no.
Aquí somos diferentes”.
¿Qué hay de los proyectos de construcción?
“¿Ramapo?
¿Para qué necesitamos Ramapo?
Si Armagedón está ahí, no más”.
En los años cuarenta, cuando se tomó la decisión de ampliar la central mundial de la calle Columbia Heights, algunos hermanos no lo vieron con buenos ojos.
“¿Por qué gastar tiempo y dinero tan cerca del fin?”.
En 1953, en la reunión financiera de la Sociedad Watchtower, el hermano Knorr leyó la carta de una hermana.
Para ponernos en contexto, es 1953.
Y en esa época, como ya sabemos, algunos pensaban que Armagedón iba a llegar 40 años después de 1914.
En esa época nos gustaban los números.
La hermana decía en su carta: “¿Por qué están gastando todo ese dinero en construcción si Armagedón puede llegar en 1954?”.
Si le hubiéramos hecho caso a ella y a otros como ella, ¿dónde estaríamos ahora?
Pues todavía en la calle Columbia Heights.
Hablando de los proyectos de construcción, una vez el hermano Knorr dijo una frase profunda; sencilla, pero profunda.
Él dijo: “Vamos a seguir construyendo.
Dejemos que Jehová lo detenga si no está de acuerdo”.
¿Creen que él podría?
Sí, ¿verdad?
A veces, cuando un cuerpo de ancianos tiene que tomar una decisión, puede que haya diferencias de opinión.
Por ejemplo, si construir o no un Salón.
Quizás tengamos nuestras reservas o algo nos preocupe.
Y está bien mencionarlo.
Pero, si varios ancianos —hombres que se dejan guiar por el espíritu de Dios— están muy a favor, es muy probable que Jehová lo esté también.
No queremos ser un estorbo.
No queremos ser de los que siempre llevan la contraria.
A veces, cuando estamos en un proyecto de construcción, tenemos problemas con los permisos, porque no nos los dan tan rápido como quisiéramos.
O quizás llega un inspector de construcción y nos pone un montón de peros.
No queremos ser el tipo de persona que dice: “Bueno, este proyecto no debe tener la bendición de Jehová porque, si la tuviera, todo marcharía sobre ruedas”.
Dile eso a Nehemías, y a los judíos de su tiempo.
Tuvieron un problema tras otro.
Pero eso no quería decir que no tuvieran la bendición de Jehová.
“La palabra de Dios está viva y actúa con poder”.
Cuando Jehová se propone algo, pensemos en qué podemos hacer para apoyarlo.
Y, si no podemos hacer nada, oremos, pero no seamos un estorbo.
¡Cómo fortalece nuestra fe ver que nada puede impedir que Jehová cumpla su propósito y que nos dé lo que tiene preparado para nosotros!
El video musical de este mes trata de algo que esperamos con mucha ilusión: la vida eterna en el Paraíso.
Se titula Se cumplirá. ♪♪ Me muevo despacio, con dificultad, mi pelo ya es blanco, son cosas de la edad, pero sé que se cumplirá...
Pasan los años y duele perder a seres amados que no olvidaré, pero sé que se cumplirá...
Muy pronto el Reino vendrá y Cristo gobernará.
No habrá más vejez ni dolor otra vez.
Yo lo sé, ¡pronto ya se cumplirá!
Los que duermen resucitarán, las tristezas ya no existirán.
Yo lo sé, la voluntad de Jehová muy pronto ya se cumplirá.
Este mundo va mal, cada día peor, se acerca el final, pero no hay temor, porque sé que se cumplirá...
¿Y qué puedo hacer?
¡Servir a mi Dios!
Dar cuanto pueda en la congregación, porque sé que se cumplirá...
Muy pronto el Reino vendrá y Cristo gobernará.
No habrá más vejez ni dolor otra vez.
Yo lo sé, ¡pronto ya se cumplirá!
Los que duermen resucitarán, las tristezas ya no existirán.
Yo lo sé, la voluntad de Jehová muy pronto ya se cumplirá.
Y, si me tuviera que dormir por el tictac del reloj, sé que volveré a vivir, porque Dios lo prometió.
Muy pronto despertaré y Cristo gobernará.
No habrá más vejez ni dolor otra vez.
Yo lo sé, ¡pronto ya se cumplirá!
Los que duermen resucitarán, las tristezas ya no existirán.
Yo lo sé, y tengo fe, no tardará, la voluntad de Jehová muy pronto ya se cumplirá. ♪♪ En el programa de este mes, el ejemplo de Baruc nos enseó que poner a Jehová en primer lugar mejora nuestra vida y nos protege de cosas malas.
También vimos que recibir el reconocimiento de Jehová es lo que nos hace felices, que los jóvenes pueden tomar buenas decisiones al elegir a qué se van a dedicar y que los matrimonios pueden disfrutar de paz en el hogar si trabajan en equipo.
La videopostal de este mes viene de Liberia.
Este país se encuentra en la costa oeste de África y tiene paisajes espectaculares, hermosas playas, increíbles colinas y selvas exuberantes.
El inglés es el idioma oficial, pero también se hablan más de 20 lenguas indígenas.
Liberia significa “Tierra de los Libres”.
En 1821, se convirtió en un refugio para los esclavos liberados que venían de Estados Unidos.
Más de 60 años después, la verdad llegó al país gracias al trabajo de los misioneros, y en 1948 se formó la primera congregación.
De 1989 a 2003, Liberia sufrió terribles guerras civiles que afectaron a miles de personas, incluyendo a nuestros hermanos.
Pero, a pesar de todo, mantuvieron una actitud positiva.
Un hermano que tuvo que huir de su casa tres veces dijo: “Estas son las cosas de las que hablamos en la predicación; estamos en los últimos días”.
Hoy en día, la labor de los testigos de Jehová sigue dando excelentes resultados.
Por ejemplo, la congregación Ganta Este —que tiene solo 103 publicadores— tuvo en el 2024 una asistencia a la Conmemoración de 964 personas.
Tuvieron que reunirse en cinco lugares diferentes para que todos pudieran asistir.
En Robertsport, las personas respetan mucho la Biblia, y es común que las familias se reúnan para escuchar el mensaje del Reino.
La congregación de Robertsport envía su amor y saludos a todos los hermanos del mundo.
Desde la central mundial de los testigos de Jehová, esto es JW Broadcasting.