El texto de hoy está basado en el artículo titulado “Por qué seguimos ‘llevando mucho fruto’ ”.
Y el artículo daba cuatro razones principales por las que tú y yo predicamos hoy día.
La primera razón que daba es porque así glorificamos a Jehová y santificamos su nombre.
La segunda razón es porque amamos profundamente a Jehová y a Jesús.
Y la tercera razón que daba es porque deseamos advertir a la gente.
Pero esta mañana no me voy a centrar en analizar ninguno de estos tres puntos.
Hoy quiero hablarles de la cuarta razón: predicamos porque amamos al prójimo.
En eso nos vamos a centrar.
Y el artículo de estudio de La Atalaya lo explicó muy bien.
Usó una afirmación muy interesante para explicar la relación que existe entre la predicación y el amor al prójimo.
Dijo que el amor “nos motiva a continuar predicando” porque “sabemos que las personas pueden cambiar de actitud cuando sufren un cambio en la vida”.
¿Qué efecto debe tener esto en nosotros?
Nos ayuda a recordar por qué siempre debemos ser positivos y entusiastas cada vez que salimos a predicar.
Cada vez que llamamos a una puerta, no tenemos ni idea de lo que la persona está pensando ese día.
El artículo de estudio también puso un ejemplo.
Habló del carcelero que estaba con Pablo y Silas cuando estaban arrestados en Filipos.
Y, mientras estaban ahí en la cárcel, hubo un terremoto.
Todo se movió de un lado a otro, y el carcelero se dio cuenta de que a los prisioneros se les habían soltado las cadenas y, ahora, eran libres para escaparse.
Luego, el relato de Hechos 16:27 dice lo siguiente, dice que el carcelero “estaba a punto de matarse porque pensaba que los presos se habían escapado.
Pero Pablo gritó con fuerza: ‘¡No te hagas daño!’ ”.
El carcelero, muy angustiado, preguntó: “¿Qué tengo que hacer para salvarme?”.
Pablo y Silas le dijeron que creyera en el Señor Jesús, y así se salvaría.
¿Cuál es la lección para nosotros?
A veces les predicamos a personas que, por las circunstancias que tienen en ese momento, no nos hacen mucho caso.
Pero ¿qué le pasó al carcelero?
A él, al principio, lo único que le preocupaba era asegurarse de que nadie escapara.
Y luego vino el terremoto, y las cosas cambiaron.
Cambió de actitud porque cambiaron sus circunstancias.
Entonces, ¿qué nos enseña esto?
Que las circunstancias de las personas a las que predicamos también cambian.
Y por eso en las reuniones de entre semana tenemos todos esos videos y asignaciones que nos enseñan a predicar y nos ayudan a llegar al corazón de las personas.
Ahora bien, es verdad que muchas personas no aceptaron el mensaje de la Biblia cuando les predicamos en el pasado.
Pero tal vez hayan cambiado y estén buscando ayuda.
Tal vez su vida ha dado un vuelco, como le pasó al carcelero.
Su vida cambió por completo con ese terremoto.
Así que no sabemos cuándo una persona del territorio ha tenido un terremoto en su vida.
Por eso, cuando predicamos, debemos mantener siempre una actitud positiva.
Esto me recuerda una experiencia que escuché hace algún tiempo.
Una hermana había predicado muchas veces en cierta casa del territorio.
Y, cada vez que la hermana volvía, la señora de la casa la trataba muy muy mal.
Pero un día la hermana llamó a la puerta de la casa, y salió la misma señora.
Pero fíjense en lo que le dijo esta vez la mujer: “¡Qué ganas tenía de que volviera!”.
¡Imagínense la cara de la hermana!
La mujer, que siempre había sido muy maleducada con ella, ahora le decía que la extrañaba.
¿Saben lo que dijo la mujer?
Dijo: “El otro día me llamó un familiar que tengo al otro lado del país y me dijo que, si la próxima vez que usted volviera a mi casa, la invitaba a entrar, usted me demostraría con mi Biblia que el infierno no es un lugar donde se tortura a las personas.
Así que demuéstremelo”.
La hermana no solo se lo demostró; también comenzó un curso bíblico con la señora.
¿Y qué más podría cambiar la actitud de alguien?
¿Qué podría hacer que ahora nos escuchara?
Bueno, a lo mejor les han diagnosticado una enfermedad grave.
O puede que estén muy tristes y desconsolados porque se ha muerto un familiar suyo o alguien a quien querían mucho.
Cuando les pasan cosas como estas, las personas se sienten muy mal y empiezan a hacerse preguntas sobre el sentido de la vida.
Quizás antes no le dedicaban tiempo a pensar en estas cosas.
Pero ahora llamamos a su puerta.
O quizás es un compañero de trabajo, alguien con quien estamos trabajando cuando le pasa esto, cuando en su vida hay un terremoto como el que experimentó el carcelero.
¿Y qué hacemos por amor?
Cuando vemos que han cambiado de actitud y ahora están más receptivas, que están dispuestas a escucharnos, nos esforzamos por aprovechar esas ocasiones para darles el mensaje.
Y justo el artículo que hoy estamos repasando habla de un precursor, que lo ha sido por unos 34 años, y que dijo algo muy interesante que se relaciona con esto, algo que encaja muy bien con la idea de esta mañana.
Noten lo que dijo: “Nunca antes ha habido tantas personas hundidas emocionalmente”.
Por eso es que nos esforzamos por seguir predicando.
Jehová nos ayuda a seguir dando fruto, y nosotros somos colaboradores de Dios y de los ángeles.
Le di énfasis a esta idea porque siempre debemos recordar esto: cuando predicamos, nunca estamos solos.
Jehová se interesa por estas personas.
Los ángeles se fijan en ellas, saben cosas sobre ellas que nosotros no sabemos.
Las personas no los pueden ver a ellos, pero ellos sí las ven y se interesan por lo que les pasa.
Así que repetimos esta idea: Jehová nos ayuda a dar fruto, y nosotros colaboramos con él y con sus ángeles.
Robert, que ha sido precursor durante más de 30 años, dijo lo siguiente: “Es emocionante colaborar con los ángeles, que saben lo que ocurre en la vida de las personas”.
¡Qué interesante!
¿Lo has pensado alguna vez?
¿Que cuando vas predicando los ángeles van contigo?
Los ángeles salen a predicar… contigo.
Y ellos saben muy bien lo que está pasando.
En el año 2008, en la revista ¡Despertad! se publicó el artículo “¿Tiene solución el problema de la delincuencia?”.
Eso fue en febrero, en febrero del año 2008.
Allí se citó de un libro, La mente criminal. Este libro fue escrito por el doctor Stanton Samenow.
Y este artículo de ¡Despertad! citó el ejemplo de una mujer que sufrió abusos sexuales de pequeña; que se hizo adicta a las drogas, al alcohol, también al tabaco, y que, en el momento en que se escribió este artículo, se encontraba en prisión condenada a cadena perpetua.
Bueno, allí comenzó un curso de la Biblia.
¿Vieron?
Estar en prisión cambió por completo su manera de ver las cosas.
Ahora estaba estudiando la Biblia y tomaba en serio lo que aprendía.
Y el artículo añade que “ya no es esclava de los vicios ni de los pensamientos destructivos.
Uno de sus textos favoritos es 2 Corintios 3:17”, que dice: “Jehová es el Espíritu, y donde está el espíritu de Jehová hay libertad”.
Así que, en resumen, amamos a las personas, y por eso no dejamos de predicar.
Por eso es que, en la reunión de entre semana, se nos anima a seguir predicando y a mantener una actitud positiva.
No tiramos la toalla porque queremos de corazón ayudarlas.
Recuerda: no sabes quién está detrás de cada puerta, no sabes quién te va a abrir.
Así que no nos olvidemos de mantener una actitud positiva.