Esta mañana estamos hablando de las astutas estrategias de Satanás, diseñadas para atraer a las personas y alejarlas de Dios.
Así que analicemos dos de ellas: la que usó con la criatura inteligente con menos experiencia en el universo y la que usó con la criatura inteligente con más experiencia en el universo.
Empecemos por la menos experimentada, que, por supuesto, era Eva.
Aprovechándose de su falta de experiencia, Satanás quiso engañarla para que hiciera algo malo.
¿Qué haría para lograrlo?
Como sabemos, usó una serpiente.
No quería que Eva supiera quién era él realmente ni cuál era su objetivo.
Además, las palabras que usó nos enseñan mucho sobre sus estrategias.
Me gustaría leer nuevamente la pregunta que hizo y que podemos encontrar en Génesis capítulo 3, versículo 1: “¿Es realmente el caso que Dios ha dicho que ustedes no deben comer de todo árbol del jardín?”.
¿Qué quería lograr al hacerle esa pregunta?
Bueno, como se mencionó en uno de los comentarios, él quería sembrar una duda en la mente de Eva, dando a entender que Dios le estaba negando algo bueno, como diciendo: “Es demasiado estricto contigo”.
Es interesante lo que dice sobre las preguntas el libro “Benefíciese de la Escuela del Ministerio Teocrático”.
En la página 66 leemos: “Algunas preguntas son como icebergs: lo más sustancial se esconde bajo la superficie.
Con frecuencia, la cuestión de fondo es más relevante que la pregunta en sí”.
Y el problema de Eva fue que no se dio cuenta de lo que Satanás quería lograr con esa pregunta.
Lo sabemos por su respuesta, que encontramos en los versículos 2 y 3.
Ella dijo: “Del fruto de los árboles del jardín podemos comer.
Pero en cuanto a comer del fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios ha dicho: ‘No deben comer de él, no, no deben tocarlo para que no mueran’”.
Eva respondió de forma honesta e inocente.
Pero Satanás tenía a Eva justo donde quería.
Él contaba con que ella actuara de forma egoísta, que su interés en sí misma y en sus necesidades fuera mayor que su amor por Jehová, quien le había dado todo lo que tenía.
Leamos nuevamente las palabras de Satanás en los versículos 4 y 5.
Dijo: “Positivamente no morirán.
Porque Dios sabe que en el mismo día que coman de él tendrán que abrírseles los ojos y tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo”.
Lamentablemente, su jugada funcionó.
Eva no había desarrollado el amor y la gratitud que debería haber desarrollado hacia Jehová.
Entonces, ¿qué podemos aprender de este ejemplo?
Bueno, si a un humano perfecto se le engañó con este tipo de razonamiento, que en realidad era ilógico, a cualquiera de nosotros podría pasarle lo mismo.
Jehová nos creó con libertad de elección.
Eva también la tenía.
Dios no quiere robots.
Quiere que seamos capaces de pensar en las consecuencias de nuestras decisiones, de elegir entre hacer el bien o el mal, de escoger hacer lo correcto.
En cambio, Satanás espera que decidamos mal.
Y ¿qué podemos hacer para contrarrestar los ataques de Satanás?
Bueno, es importante que examinemos nuestro corazón.
En Hebreos 12:15, 16, vemos que el apóstol Pablo advierte a los cristianos sobre el peligro de convertirse en personas que no aprecian las cosas sagradas.
Ese es más o menos el contexto de los versículos 15 y 16.
Pablo les dice que vigilen “cuidadosamente que nadie quede privado de la bondad inmerecida de Dios; que no brote ninguna raíz venenosa y cause perturbación, y que muchos no sean contaminados por ella; que no haya ningún fornicador ni nadie que no aprecie cosas sagradas”.
Así que, como dice el versículo 15, tenemos que vigilar cuidadosamente, vigilar cuidadosamente “que no brote ninguna raíz venenosa” que pueda contaminar la congregación.
La expresión “raíz venenosa” se refiere a personas que podrían estar en la congregación y que critican la manera en que se hacen las cosas o que hasta critican lo que Jehová dice sobre ciertos asuntos, como que el matrimonio es sagrado o que hay que estar limpios en sentido moral.
Por supuesto, nosotros no queremos ser como esas personas.
Pero, pensemos, ¿qué hace falta para que brote una raíz?
Bueno, primero se planta una semilla, luego esta germina y después se transforma en una raíz.
Por eso, tenemos que actuar cuando nuestra debilidad es todavía una semilla.
Debemos aprender a identificar estas semillas malas, por así decirlo.
Y nadie puede hacer esto por nosotros, porque los demás no ven lo que tenemos en el corazón.
Tal vez no hayamos reconocido ante nadie, ni ante nosotros mismos, qué debilidad tenemos, pero quizá está en nuestra mente y en nuestro corazón.
Y tenemos que actuar contra estas debilidades.
De lo contrario, Satanás podría manipular las circunstancias para usar esas debilidades en contra nuestra.
En Santiago 1:14, 15 se describe muy bien el proceso.
Santiago 1:14, 15 dice: “Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo [por su propio deseo].
Entonces el deseo [la semilla], cuando se ha hecho fecundo [cuando empieza a crecer], da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte.” Dice: “cautivado por su propio deseo”.
¿Nos ha pasado alguna vez?
Los deseos pueden ser muy fuertes.
A Eva le pasó algo parecido cuando se dejó dominar por sus deseos egoístas.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Bueno, como dijimos antes, debemos identificar la semilla, o semillas, si es que hay más de una.
No permitamos que germinen, no dejemos que empiecen a crecer.
Eliminemos esos pensamientos.
Y si está empezando a crecer en nosotros una “raíz venenosa”, o ya ha crecido, debemos arrancarla enseguida.
Y tal vez necesitemos ayuda.
Quizá sea imposible eliminar esa “raíz venenosa” por nuestra cuenta.
Ahora hablemos un momento sobre la estrategia que usó Satanás con la criatura inteligente más experimentada en el universo, que, claro, es Jesucristo.
Esta vez no trató de esconderse.
Se dio cuenta de que no le hacía falta.
Jesús sabía exactamente quién era él, y veía sus intenciones.
Así que Satanás fue muy directo y, como sabemos, en el capítulo cuatro de Mateo, le dijo algo así como: “Mira, simplemente arrodíllate y realiza ante mí un solo acto de adoración”.
¿Qué nos enseña esto sobre Satanás?
Que por mucho tiempo ha sentido envidia de la adoración que recibe Jehová, y que hará todo lo posible para que dejemos de adorarlo.
Él quiere corromper nuestra adoración.
Y si tuvo el descaro de tratar de entrampar a Jesús, seguro que hará lo mismo con nosotros.
Y no importa si los demás nos consideran personas muy espirituales; Satanás intentará que dejemos de ser leales a Jehová.
La Biblia deja muy claro que Satanás es malvado y que usa estrategias muy hábiles para intentar alejarnos de Jehová.
Pero nos alegra saber que no tiene que pasarnos lo mismo que a Eva, pues conocemos las estrategias del Diablo.
Que cada uno de nosotros cultive un amor como el que Jesús sentía por Jehová, para que, como él, también podamos mantenernos leales.