Adoración matutina para el día de la Conmemoración. Gerrit Lösch: Jehová hará que se cumpla su propósito (Gén. 2:15-17)

Este es el día más importante del año 2022.

Hoy, viernes 15 de abril, es el aniversario de la muerte de Jesús.

Me alegra poder dirigirme a los millones de personas que, en este día especial, están viendo este programa, sin importar la hora que sea o el lugar del mundo en el que se encuentren.

Primero, le pedimos al hermano Clive Martin, ayudante del Comité de Redacción, que nos lea el texto de hoy.

“Siempre estaremos con el Señor” (1 Tes. 4:17).

Gracias, hermano Martin.

Hermanos, ¿se dieron cuenta de que dice “estaremos”?

“Siempre estaremos con el Señor”.

¿A quiénes se refiere al decir “estaremos”?

Aunque podríamos decir que, por extensión, esto incluye a todos los siervos fieles de Jehová que tienen la esperanza de recibir vida eterna en el futuro, estas palabras se refieren específicamente a los cristianos ungidos resucitados.

Y fueron escritas por el apóstol Pablo bajo inspiración.

Todos los ungidos esperamos con ilusión recibir nuestra recompensa celestial para poder estar siempre con el Señor.

Sin embargo, la gran mayoría de los que están viendo hoy esta adoración matutina tienen la esperanza de vivir eternamente aquí en la Tierra.

Por eso, quiero dirigirme en especial a ustedes, los que tienen la maravillosa esperanza de vivir para siempre en la Tierra.

Volvamos al tiempo de la creación de Adán.

Génesis 2:15-17 nos da algunos detalles sobre las condiciones que tenía que cumplir Adán para poder seguir viviendo.

Por favor, léanlo conmigo en la pantalla.

Génesis 2, a partir del versículo 15, dice: Así que el propósito original de Jehová no era que los seres humanos murieran.

Eso solo sucedería si Adán, que era perfecto, desobedecía el claro mandato de no comer de aquel árbol del jardín.

Si lo hacía, perdería la perfección.

Y sabemos quién lo tentó, ¿verdad?

El primero que se rebeló fue una criatura espiritual.

Jehová, que es muy sabio, nunca ha querido revelarnos cómo se llama ese espíritu rebelde.

De hecho, Dios decidió no decirnos ni siquiera los nombres descriptivos de este enemigo hasta 2.500 años después de la rebelión en Edén.

Por cierto, solo tres libros de las Escrituras Hebreas mencionan el nombre Satanás, que significa “opositor”.

Ahora lo conocemos como Satanás el Diablo.

Con mucha astucia y una mentira descarada, tentó a Eva para que comiera del único árbol del que Jehová había prohibido comer.

Eva convenció a Adán para que también comiera de él.

Y ¿cuál fue el resultado para toda la humanidad?

La muerte.

En este sistema, todo el mundo acaba muriendo.

Nada indica que, cuando Jehová creó a Adán y Eva en el jardín de Edén, tuviera la intención de que algunos seres humanos dejaran de ser seres físicos y se convirtieran en criaturas espirituales para vivir en el cielo.

Al parecer, eso no era parte de su propósito.

La gran mayoría de ustedes, los que están viendo este programa, tienen la esperanza de vivir para siempre en la Tierra hecha un paraíso.

Y ese era el propósito original de Jehová.

Así que tienen una maravillosa esperanza.

Claro, después de que Adán y Eva pecaran, Jehová inmediatamente decidió lo que haría para acabar con la cruel gobernación de Satanás.

Reveló lo que sucedería en la primera profecía registrada en la Biblia.

Es Génesis 3:15.

Vamos a leer juntos este texto profético que aparecerá en pantalla.

Jehová dijo: Satanás solo pudo causarle a Jesús una herida leve, temporal, cuando al morir entregó su vida humana como sacrificio por la humanidad y más tarde fue resucitado para vivir en el cielo.

La muerte de Adán no tenía ningún valor, él merecía morir por haber pecado.

Por otro lado, la muerte de Jesús tenía muchísimo valor, porque, como murió sin haber pecado, pudo recuperar lo que Adán había perdido, y así benefició a toda la humanidad.

Jehová pudo aceptar el valor del sacrificio de la vida perfecta de Jesús como rescate a favor de los descendientes de Adán que fueran obedientes.

El valor del sacrificio de Jesús no solo cubre los pecados que hayamos cometido en el pasado.

Salmo 51:5 dice: Así que como nacemos siendo pecadores, vamos a seguir cometiendo errores.

Sin embargo, el sacrificio de Jesús nos pone por delante un maravilloso futuro.

Ayudará a quienes sean leales a conseguir la vida perfecta que Jehová quería que los descendientes de Adán y Eva tuvieran.

La Atalaya una vez comparó a Adán con un padre que al morir les deja a sus hijos una deuda tan grande —o sea, el pecado— que para ellos es imposible pagarla por sí solos.

En contraste, a Jesús se le compara con un buen padre que al morir nos deja a todos una gran herencia.

Esta herencia no solo nos libera de la enorme deuda del pecado de Adán, sino que también nos da lo necesario para que podamos vivir eternamente.

La muerte de Jesús no solamente cubre los pecados que hayamos cometido, sino que también nos da una esperanza maravillosa para el futuro.

De acuerdo con lo que dice Juan 3:16, gracias a la muerte de Jesús, todos los que demuestren tener fe en él podrán ser liberados del pecado, las enfermedades, la vejez, la imperfección y hasta la muerte.

Jesús, por el gran amor que nos tiene, estuvo dispuesto a morir por nosotros, y eso es lo que recordaremos esta noche.

¿Se dio cuenta de que Génesis 3:15 dice que habría “enemistad” entre Satanás y la organización celestial de Jehová?

Durante ese periodo de enemistad, Jehová fue dando poco a poco detalles de lo que haría para cumplir su propósito original para la Tierra.

Esa información era muy valiosa.

Los siervos de Dios del pasado entendieron que vendría un mesías, que resultó ser Jesús.

Jesús vino a la Tierra como hombre perfecto para morir y darles la oportunidad a los descendientes de Adán de tener vida eterna.

Además, Jehová reveló un detalle inesperado en el siglo primero.

Dejó claro que ungiría a 144.000 seres humanos, mencionados en Apocalipsis 14, para que vivieran en el cielo, formaran parte de su organización celestial y gobernaran como reyes con Jesús.

Todo esto es lo que recordaremos esta noche, siguiendo las instrucciones que Jesús les dio a sus 11 apóstoles fieles.

La Conmemoración nos ayudará a tener presente lo valiosas que son tanto la esperanza de vivir en el cielo como la de vivir en la Tierra.

En el 2021, tuvimos un máximo de asistencia a la Conmemoración, aunque se celebró por videoconferencia.

Todavía tenemos tiempo suficiente para enviarles un mensaje o llamar a quienes mostraron interés cuando los invitamos.

Recuérdeles que esta es una ocasión especial, y asegúrese de que saben lo que tienen que hacer para poder asistir a esta reunión en su localidad.

Ahora le pedimos al hermano Martin que nos lea el comentario de La Atalaya.

Hoy día, los cristianos ungidos que terminan su vida en la Tierra resucitan de inmediato en el cielo.

¿Cómo lo sabemos?

Por las palabras del apóstol Pablo de 1 Corintios 15:51, 52.

Una vez que resuciten, estos hermanos de Cristo tendrán felicidad completa.

La Biblia explica qué harán en el cielo los que son cambiados “en un abrir y cerrar de ojos”.

Jesús les dice: “Al que venza y se mantenga en mis caminos hasta el fin le daré autoridad sobre las naciones, así como yo he recibido autoridad de mi Padre.

Y él pastoreará a la gente con vara de hierro, de modo que serán hechos pedazos como vasijas de barro”.

Gracias, hermano Martin.

Esta semana hemos estado leyendo los relatos de la Biblia que corresponden a los días anteriores a la muerte de Jesús.

Los invitamos a seguir la lectura asignada para hoy.

En la pantalla se indicarán los versículos que se van a leer.

Por favor, trate de imaginar lo que se describe en la lectura.

“El primer día de la Fiesta de los Panes Sin Levadura, los discípulos de Jesús vinieron a preguntarle: ‘¿Dónde quieres que hagamos los preparativos para que comas la Pascua?’.

Él les contestó: ‘Vayan a la ciudad, busquen a Fulano y díganle: “El Maestro dice: ‘Se acerca mi hora.

Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’”’.

Los discípulos hicieron lo que Jesús les ordenó y lo prepararon todo para la Pascua”.

“Ahora bien, el primer día de la Fiesta de los Panes Sin Levadura, cuando tenían la costumbre de ofrecer el sacrificio de la Pascua, sus discípulos le preguntaron: ‘¿Adónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas la Pascua?’.

Entonces, él envió a dos de sus discípulos con este encargo: ‘Vayan a la ciudad.

Allí se encontrará con ustedes un hombre que lleva una vasija de barro con agua.

Síganlo y, donde sea que él entre, díganle al señor de la casa: “El Maestro dice: ‘¿Dónde está el cuarto de invitados, para que yo coma la Pascua con mis discípulos?’”.

Y él les mostrará en la parte alta una habitación grande, amueblada y lista.

Hagan allí los preparativos para nosotros’.

Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad y lo encontraron todo tal como él les había dicho; entonces hicieron los preparativos para la Pascua”.

“Entonces llegó el día de la Fiesta de los Panes Sin Levadura, en el que hay que ofrecer el sacrificio de la Pascua.

Así que Jesús envió a Pedro y a Juan con estas instrucciones: ‘Vayan y preparen la Pascua para que la comamos’.

Ellos le preguntaron: ‘¿Dónde quieres que la preparemos?’.

Él les dijo: ‘Miren, cuando entren en la ciudad, se encontrará con ustedes un hombre que lleva una vasija de barro con agua.

Síganlo y entren en la casa en la que él entre.

Y díganle al dueño de la casa: “El Maestro te dice: ‘¿Dónde está el cuarto de invitados, para que yo coma la Pascua con mis discípulos?’”.

Y ese hombre les mostrará en la parte alta una habitación grande amueblada.

Preparen la Pascua allí’.

Ellos se fueron y lo encontraron todo tal como él les había dicho; entonces hicieron los preparativos para la Pascua”.

“Ahora bien, antes de la fiesta de la Pascua, Jesús sabía que le había llegado la hora de irse de este mundo para volver con el Padre.

Por eso, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el final.

Estaban en plena cena y el Diablo ya había metido en el corazón de Judas Iscariote, el hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús.

Así que Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que él había venido de Dios y volvería con Dios, se levantó de la mesa, puso su manto a un lado, tomó una toalla y se la ató a la cintura.

Luego echó agua en una palangana y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba atada a la cintura”.

“Que no se les angustie el corazón.

Demuestren fe en Dios, y demuestren fe en mí también.

En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir.

Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, ya que me voy para prepararles un lugar.

Además, cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los recibiré en casa, a mi lado, para que donde yo esté también estén ustedes”.

Estos sucesos ocurrieron poco antes de la mayor muestra de amor de toda la historia.

Jehová y Jesús trabajaron juntos con el fin de eliminar los terribles efectos de las acciones de Satanás, Adán y Eva.

Seamos ungidos o de las otras ovejas, deseamos que llegue el momento en el que todos reconozcan lo que hicieron tanto Jehová como Jesús para rescatarnos del pecado y la muerte.

Le pedimos a Jehová que todos puedan beneficiarse de estar en la Conmemoración de la muerte de Cristo.

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