Anthony Griffin: “¿Quién me tocó?” [11:26]

Anthony Griffin: “¿Quién me tocó?”

¿Se han preguntado alguna vez antes de ir a dormir algo así como “En el día de hoy, ¿quién me tocó?”?

No me refiero a tocarnos literalmente, sino a una manera más importante.

“¿Quién ha dejado huella en mí?

¿Quién me ha recordado algo que había olvidado, sobre ser amable o sobre la fe, o tal vez sobre el amor?”.

Es fácil que en nuestras interacciones con las personas nos olvidemos precisamente de eso mismo, de las personas.

Una conversación en un pasillo, un correo, un comentario de un compañero de trabajo…, puede que estos momentos nos pasen desapercibidos, pero cada uno tiene el potencial de influir en nosotros.

No se trata de si va a haber interacción con las personas, porque eso va a ocurrir.

De hecho, es así en el pueblo de Jehová.

Se trata de si vamos a permitir que esas personas nos toquen y nos dejen huella.

Jesús sabía muy bien que es importante que las personas se relacionen.

Con lo ocupado que estaba y con el peso del mundo encima de sus hombros, Jesús siempre les dedicó tiempo a las personas.

Le dedicó tiempo a un leproso, pero también a un joven que era gobernante.

Les dedicó tiempo a los mayores y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los judíos y a los griegos.

Jesús se esforzó por ver a las personas de la misma forma que las veía Jehová.

Y dedicó tiempo a entender por qué esas personas actuaban como actuaban.

Jesús quería conocer a las personas, verlas de verdad, saber cómo eran.

Quería saber por lo que estaban pasando, sus problemas.

Quería recibir ánimo al ver su fe y también quería entender lo que no decían, sus sentimientos.

Vamos a ver en la Biblia cómo se destaca esto.

Vayamos a Marcos, capítulo 5.

Como todos los días, Jesús estaba rodeado de gente.

Él y sus discípulos acababan de volver de la Decápolis y estaban en la costa noroeste del mar de Galilea.

En la orilla lo estaban esperando una multitud de personas, y entre ellos estaba un hombre llamado Jairo, que era uno de los presidentes de la sinagoga.

Él estaba desesperado por ver a Jesús porque su hija estaba enferma y quería que la sanara.

Mientras Jesús va caminando con Jairo para su casa, ocurre algo que los interrumpe: aparece una mujer que lleva más de 12 años sufriendo.

Leamos, por favor, los versículos 25 y 26 de Marcos 5: “Ahora bien, había allí una mujer que llevaba 12 años con hemorragias.

Había ido a muchos médicos, que solo la habían hecho sufrir.

Se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar estaba peor”.

Qué triste la situación por la que estaba pasando esta pobre mujer, ¿no es cierto?

¡Cuánto dolor le provocaba en sentido físico y emocional!

Cada noche al acostarse sabía que al día siguiente al levantarse aquella enfermedad la estaría esperando de nuevo.

Estaba atrapada, como en una cárcel.

El desgaste de aquella enfermedad crónica podría haberla llevado a la locura.

La mujer estaba sufriendo en sentido físico, emocional, mental e incluso económico.

Pero su fe era tan grande que se acercó a tocar el manto de Jesús y se sanó, tal como mencionan los versículos 27 a 29.

Pero fíjense en la reacción de Jesús cuando ella lo tocó.

Versículos 30 a 33: “Al instante, Jesús sintió en su interior que había salido poder de él.

Entonces se volvió hacia la gente y preguntó: ‘¿Quién me tocó la ropa?’.

Pero sus discípulos le contestaron: ‘Ves que la multitud te está apretando...

¿y preguntas quién te tocó?’.

Con todo, él seguía mirando a su alrededor para ver quién lo había tocado.

La mujer, que sabía lo que le había pasado, estaba temblando de miedo.

Entonces se acercó, cayó a sus pies y le confesó toda la verdad”.

“¿Quién me tocó la ropa?”.

“¿Quién me tocó?”.

Estas preguntas son mucho más profundas de lo que parecen.

Jesús estaba preguntando quién lo había tocado de forma literal, pero en realidad le interesaba algo más que solamente quién lo había tocado.

El versículo 30 explica que, cuando la mujer lo tocó, Jesús “sintió […] que había salido poder de él”.

En esta ocasión, Jesús no había sanado directamente a aquella mujer, como cuando tocó al leproso para sanarlo o como cuando le tocó los ojos al hombre ciego.

Él sabía que esta vez era diferente.

En esta ocasión, Jehová había intervenido directamente.

Jehová había sanado a la mujer, y Jesús quería saber quién era ella, por qué su Padre estaba tan interesado en ella que quiso sanarla él mismo.

Jehová conocía su historia, y Jesús también quería saberla.

Como dice el 33, Jesús escuchó su historia, “toda la verdad”.

Gracias a eso, él pudo comprender por qué su Padre amaba tanto a esa mujer.

¿Cuál era “toda la verdad”?

¿Cómo se llamaba?

¿Cuántos años tenía?

¿Se había casado?

Si era así, ¿la habría abandonado su esposo por la enfermedad, y quizás también sus hijos?

Nosotros solo sabemos lo que aparece en los Evangelios.

Pero, fuera cual fuera la verdad, Jesús permitió que la mujer le contara toda la verdad, toda su historia.

Al conocerla mejor, no la regañó por haber desobedecido una ley; al contrario, se sintió motivado a amarla, a amarla porque ahora sabía quién era ella, quién lo había tocado.

Hace unos 15 años, estaba en una clase con superintendentes presidentes, como se llamaban entonces, y me fijé en un hermano que estaba delante.

Él nunca contestaba, nunca levantaba la mano.

Estaba como desconectado.

Y miraba directo a la pizarra.

Así que me dije: “¿En qué estará pensando?

Qué triste me parece.

Creo que se está perdiendo esta enseñanza tan buena”.

Luego el instructor hizo esta pregunta: “¿Cuántos de ustedes afrontaron algún reto para venir?”.

¡Quién lo iba a decir, él levantó la mano!

El instructor le dio el comentario.

Y todos, pendientes de lo que iba a decir.

Él dijo lo siguiente: “Hermanos, tengo una enfermedad cerebral.

Me quedan pocos meses de vida.

Le pedí a Jehová que me dejara vivir lo suficiente para venir a esta clase.

Me resulta difícil concentrarme.

Pero estoy aquí, y lo agradezco.

Hoy es jueves, y, si muero hoy, seré el hombre más feliz del mundo”.

¡Qué mal lo juzgué!

Me pareció que no mostraba interés, que estaba desconectado.

Pero luchaba por mantenerse vivo.

Aquel hermano me tocó, me tocó de una forma que jamás olvidaré.

Cada hermano o hermana que pasa por sus vidas es como un libro que cuenta una hermosa historia.

Dedíquenles tiempo, háganles preguntas para conocerlos, abran ese libro y recorran las páginas de su historia.

Puede que se sorprendan al saber todo lo que han vivido.

Si hacen eso, entenderán mejor por qué Jehová los ama tanto, y entonces ustedes se sentirán motivados a amarlos más.

Pero recuerden que no todos somos iguales.

Algunos les contarán toda su historia, una historia que parece que no tiene fin.

Otros tal vez les cuenten muy poco porque son reservados con sus cosas.

Pero eso está bien.

Cada uno nos toca a su manera.

Esforcémonos por conocerlos y estemos contentos con lo que sea que ellos quieran compartir con nosotros.

Volvamos a Marcos, capítulo 5.

Después de que esta mujer tocara a Jesús con su historia, fíjense en lo que Jesús hizo para él tocarla a ella.

Versículo 34: “Él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha curado.

Vete en paz y queda sana de tu angustiosa enfermedad’”.

Jesús no solo sanó el cuerpo de esta mujer.

Sus palabras cariñosas también sanaron su mente y su corazón.

La ayudaron a recuperar su dignidad.

Lo que le dijo la hizo sentir bien consigo misma.

Querida clase 157, esfuércense por hacer que quienes los rodean se sientan valorados, que ellos sientan que ustedes los quieren y los respetan.

Háganlos sentir valiosos, importantes.

Escuchen toda su historia.

Al escuchar lo que han vivido, pónganse en su lugar.

Fortalézcanse con sus ejemplos de fe.

Que sus historias los ayuden a ver que todos estamos luchando por ser leales.

Eso es lo que hacía Jesús.

Y podemos imitarlo.

Cuando este día termine y estén preparándose para dormir, tómense un momento.

Piensen en alguien con quien hayan conversado hoy.

¿Cómo los tocó?

Y hay una pregunta que es todavía más importante que se hagan.

Cuando se vayan y lleguen a su lugar de destino, ¿la vida de quién se van a esforzar por tocar?




Tal vez te interesen estas entradas

Entrada destacada

David Iannelli: Nunca olviden lo que Jehová recuerda [10:38]

Lección 10: Aprende a compartir ¡Caleb, Sofía, les tengo unos regalos! ¿De veras? ¿Qué es? ¡Súp…

Entradas Populares

JW Broadcasting: Abril de 2025

JW Broadcasting: Abril de 2025

¡Bienvenidos a JW Broadcasting®! Los testigos de Jehová vem…

JW Broadcasting: Marzo de 2025

JW Broadcasting: Marzo de 2025

Bienvenidos a JW Broadcasting®. ¡Qué alegría que estén con …

JW Broadcasting: Julio de 2025

JW Broadcasting: Julio de 2025

¡Bienvenidos a un nuevo programa de JW Broadcasting®! Este …

Guzel Gainanshina: El mundo no puede darte lo que no tiene

Guzel Gainanshina: El mundo no puede darte lo que no tiene

Crecí en una zona de Rusia, entre preciosos árboles y bajo …

Enlaces de Videos 2025

Enlaces de Videos 2025

A partir del año 2025, todos los videos tendrán sus enlaces…

JW Broadcasting: Agosto de 2025

JW Broadcasting: Agosto de 2025

¡Les damos la bienvenida a todos ustedes a JW Broadcasting®…

George Aljian: Cómo sobrellevar la plaga de tu propio corazón

George Aljian: Cómo sobrellevar la plaga de tu propio corazón

Imagina que vas a salir de viaje. Te han regalado los bolet…

Robert Ciranko: “Serán una sola carne” (Gén. 2:24)

Robert Ciranko: “Serán una sola carne” (Gén. 2:24)

Génesis 2:24 dice que, cuando un hombre y una mujer se casa…

JW Broadcasting: Noviembre de 2024 (graduación de la clase 156 de la Escuela de Galaad)

JW Broadcasting: Noviembre de 2024 (graduación de la clase 156 de la Escuela de Galaad)

Bienvenidos al programa JW Broadcasting® de noviembre de 20…