Stephen Lett: Nadie salva como Jehová (reunión anual del 2025)

En esta mañana voy a empezar por darles algunos datos interesantes sobre récords mundiales.

De esta manera, estarán preparados la próxima vez que prueben su conocimiento.

En el año 2009, un corredor de Jamaica estableció el récord mundial en la carrera de 100 metros lisos en 9,58 segundos.

En el 2012, un loro llamado Zach logró abrir en tan solo un minuto 35 bebidas en lata, solo con el pico.

Y en este año, 2025, un hombre de Croacia rompió el récord de aguantar la respiración bajo el agua al hacerlo por 29 minutos.

Bueno, ¿les impresionan a ustedes esas proezas?

Puede que sí.

Puede que no.

Pero hay un récord muy impresionante que nunca se va a romper, y es el que tiene Jehová como el mejor Salvador que hay.

Ese es el tema que voy a desarrollar en este discurso.

Primero que nada, una pregunta: ¿qué métodos ha utilizado Jehová a lo largo de la historia con el fin de salvar a su pueblo?

Hablemos de tan solo tres de los métodos que ha usado.

El primero es este: Jehová confunde a sus enemigos.

De esta manera consigue que se maten unos a otros, es decir, que se aniquilen por completo.

Veamos un ejemplo en 2 Crónicas, capítulo 20.

Hombres de Ammón, Moab y Seír habían formado un poderoso ejército y se disponían a atacar al pueblo de Judá.

Jehosafat y su gente están muy atemorizados y le suplican a Dios que los ayude.

Pero Jehová les dice que “no tengan miedo”, porque la batalla no es de ellos, sino de él.

Es más, él añade: “Ustedes no tendrán que pelear esta batalla”.

Tan solo “ocupen sus puestos, estense quietos y vean cómo los salva Jehová”.

Entonces sucede algo increíble: se eligió a un grupo de cantores levitas para que fueran delante del ejército cantándole alabanzas a Jehová.

Pero muchos dirían que esa formación de batalla es algo extraña —tal vez un tanto suicida—, si se ve desde el punto de vista humano.

Pero ellos obedecen a Jehová, ¿y qué sucede en el campo de batalla al final?

Al acercarse, los hombres de Judá se dan cuenta de que Jehová ha sembrado allí la confusión.

Los enemigos se han atacado entre sí y han terminado aniquilándose.

Todo lo que encuentran allí son cadáveres, y enseguida se ponen a saquearlos.

Veamos otro caso en el que Jehová utilizó este método para salvar a su pueblo de los enemigos.

Hace un rato Jody Jedele mencionó el ejemplo de Gedeón y de sus 300 hombres.

Seguro recuerdan lo que dijo.

Un ejército de 135.000 madianitas amenazaba a los israelitas, y para liberarlos Jehová le ordenó a Gedeón —y a sus 300 hombres— que en medio de la noche rodearan el campamento.

Pero no tenían ni una sola espada.

Aun así, rompen el silencio de la noche cuando tocan sus cuernos, quiebran en pedazos las jarras en las que llevan las antorchas encendidas y gritan: “¡La espada de Jehová y de Gedeón!”.

Entonces Jehová hace que allí reine la confusión; se matan.

Y los que quedan huyen.

Comparados con los madianitas, los israelitas llevaban las de perder.

Había 450 por cada uno, pero Jehová los salva de manera espectacular.

Bueno, ya hablamos del primer método, pero ¿cuál es el segundo de ellos?

Otra manera en la que Jehová salva a su pueblo es controlando de forma experta las fuerzas de la naturaleza.

Un caso que todos ustedes conocen es el de las plagas de Egipto.

Es impresionante todo lo que le hizo Jehová a esa potencia mundial para que por fin liberaran a su pueblo.

Pensemos en la cuarta plaga: los tábanos.

¡Fue increíble!

Jehová dijo: “Si no dejas salir a mi pueblo, voy a mandarte tábanos”.

Y les advirtió que los tábanos llenarían las casas, cubrirían el suelo, estarían por dondequiera.

Pero hizo una excepción: donde vivían los israelitas, allí no habría tábanos.

¡Imagínense eso!

Claro, el faraón no lo escuchó, y pasó exactamente lo que Jehová había dicho.

Pero traten de visualizar la escena: una nube de enormes moscardones —que quizá pican y chupan la sangre de animales y personas— invade la tierra de Egipto y los vuelve locos, pero ni una sola mosca vuela sobre la zona donde está el pueblo de Jehová.

Un control total sobre los insectos.

Claro, no tenemos tiempo para hablar de las otras nueve plagas, pero son un buen ejemplo del control que tiene Jehová sobre el agua, el sol, el clima, las enfermedades, los animales y mucho más.

Y, después de las 10 plagas, por fin el terco faraón deja ir al pueblo de Israel.

Pero, cuando se van, ¿qué va y hace?

¡Se pone a perseguirlos!

Qué tonto el faraón, ¿verdad?

O sea, acaba de ver que Jehová envía 10 poderosas plagas para salvar a su pueblo.

Es obvio que el Todopoderoso está con ellos, pero aun así decide perseguirlos.

Creo que en las escuelas de Egipto siempre debe haber habido un estudiante un poco más lento que los demás.

Debe haber sido el faraón.

También podemos decir que el faraón no era el camello más despierto de la caravana.

Y tampoco la barca más veloz del río Nilo.

Así que el muy tonto va tras el pueblo de Jehová.

¿Lo pueden creer?

Pues para detener su avance Jehová usó una columna de nube.

Después dividió el mar Rojo para abrirle camino a su pueblo.

Y, para hacérselo más difícil al faraón y a su ejército, les quita las ruedas a sus carruajes.

Y eso es algo muy sencillo para él, quien creó la Vía Láctea.

Sacarle las rueditas a un carruaje no es nada.

Y así detiene al faraón.

Pero, para entonces, ya el pueblo había salido del lecho del mar, y ahora Jehová cierra el mar Rojo y ahoga al orgulloso faraón junto con su insignificante ejército.

Pues esos son solo algunos ejemplos de cómo utiliza Jehová las fuerzas de la naturaleza para salvar a su pueblo.

Pero hablemos de uno más.

Jehová tiene el poder de controlar el tiempo.

¿Y por qué podemos decir eso?

Porque en Josué 10:13 leemos que, para conseguir la victoria completa sobre los cananeos, Jehová pospone la puesta del sol por casi un día entero.

El libro Perspicacia dice que esto pudo haberse conseguido deteniendo la rotación de la Tierra, pero también por otros medios.

Por ejemplo, una refracción de los rayos solares y lunares pudo haber logrado el mismo efecto.

Pero, sea como sea, el poder que tiene Jehová para controlar las fuerzas de la naturaleza nos deja boquiabiertos.

¿Y cuál es el tercer método que utiliza Jehová?

Los ángeles.

¿Pero cuántos ángeles hay?

Apocalipsis 5:11 explica que son “miríadas de miríadas”.

Eso también se puede traducir por diez mil veces decenas de miles.

O sea, cientos de millones.

Y, si decimos cientos (en plural) de millones, tienen que ser 200 millones mínimo.

¿Y cuánto poder tienen los ángeles?

2 Reyes 19:35 habla de uno.

Con el propósito de salvar a los israelitas del ejército asirio que los estaba amenazando, un ángel mató a 185.000 soldados enemigos en una noche.

Y no sabemos si el ángel tuvo que trabajar toda la noche ni a qué hora llegó a casa.

Pero en una noche mató a 185.000.

Ahora hagamos un ejercicio.

Teniendo esto en mente, ¿a cuántas personas podrían matar 200 millones de ángeles en una sola noche?

Doscientos millones por 185.000.

A ver, ¿cuánto da eso?, vamos.

Hace falta una calculadora, ¿verdad?

Pues eso da 37 billones.

Son 4.500 veces el total de habitantes que hay en toda la Tierra.

Así que no hay duda de que estos ángeles pueden cumplir perfectamente con la voluntad de Jehová.

¿Qué otro ejemplo tenemos de cómo usó Jehová a los ángeles?

En Daniel, capítulo 3, tenemos el de los tres hebreos.

Ellos se negaron a inclinarse ante la estatua de oro de Nabucodonosor.

Y eso hizo que el rey se enfureciera.

Entonces ordena que calienten el horno siete veces más de lo normal y manda atar a los tres hebreos para que los arrojen al horno ardiente y mueran.

Así que Jehová envió a un ángel para que los cuidara y los protegiera.

Y pensemos en esto: el ángel tuvo que empezar a trabajar antes de que los echaran al horno.

Porque recuerden que los hombres que los arrojaron al horno murieron del calor que se sentía afuera.

Por eso el ángel debió haber estado allí para protegerlos desde antes de que los arrojaran.

Pero, bueno, ¿qué pasó después de que los echaran en el horno?

Vamos a Daniel 3:24: “Entonces el rey Nabucodonosor, asustado, se levantó rápidamente y les preguntó a sus altos funcionarios: ‘¿No atamos y arrojamos en el fuego a tres hombres?’.

Ellos le respondieron […]: ‘Sí, oh, rey’.

Él dijo: ‘¡Miren!

Veo a cuatro hombres que se pasean libremente en medio del fuego sin sufrir ningún daño, y el cuarto parece un hijo de los dioses’”.

Obviamente el cuarto hombre era el ángel.

Y, cuando salieron del horno, la Biblia dice que “no se les había chamuscado ni un solo pelo de la cabeza, sus mantos estaban igual que antes y ni siquiera olían a humo”.

Seguro que a todos nos ha pasado que hemos ido a la casa de alguien que fuma, tal vez al predicar de casa en casa.

E incluso si la persona no está fumando, salimos de la casa con la peste del humo.

Eso nos muestra lo bien que protegió el ángel a los tres hebreos, porque los libró del fuego y hasta de la peste del humo.

Es increíble, ¿verdad?

Hay otro ejemplo en Daniel, capítulo 6.

Como el profeta Daniel siguió orándole a Jehová y desobedeció al rey, lo lanzaron al foso de los leones para que se lo comieran.

Pensemos por un momento en esos leones.

Por lo visto, los mantenían hambrientos todo el tiempo.

¿Por qué decimos eso?

Porque recuerden que, cuando a Daniel lo sacaron del foso sin daño alguno, ¿a quién echaron allí?

A los hombres que lo acusaron.

Y la Biblia dice que “antes de que llegaran al fondo del foso, los leones los atacaron y trituraron […] sus huesos”.

Eso demuestra que a esos leones los mantenían hambrientos, mucho tiempo sin comer nada, porque así mataban a sus víctimas de forma muy rápida y feroz.

Esa fue la situación que enfrentó Daniel.

¿Pero qué fue lo que él dijo?

Recuerden que aquellos leones se estaban muriendo de hambre.

Pero él dijo: “Mi Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones, y […] no me hicieron […] daño”.

Sin duda Daniel habría parecido un filete sabroso y jugoso a los ojos de aquellos leones, pero no podían abrir la boca.

El ángel selló sus bocas con algo más fuerte que el mejor pegamento industrial.

Por eso no pudieron darle ni un solo mordisco.

Además, notemos que el ángel llegó justo en el momento debido, porque no le dijo: “Ay, Daniel, perdón, que llegué tarde y, ay... ya traes un par de mordiscos, pero ya llegué.

Ya te cuido”.

No.

No, los ángeles de Jehová son responsables y confiables.

Pues esos son solo algunos ejemplos de cómo Jehová utiliza a los ángeles.

En este discurso hemos visto pruebas de que Jehová es el mejor Salvador que hay.

Él nos salva sembrando la confusión entre sus enemigos y haciendo que se maten unos a otros, controlando totalmente y de forma experta las fuerzas de la naturaleza y valiéndose de sus poderosísimos ángeles.



Wed, 6 Mar 2026 15:38:28 +0000





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