Geoffrey Jackson: Seamos fieles al usar las riquezas (Luc. 16:9)

Esta mañana hemos estado analizando juntos la historia que Jesús contó sobre el mayordomo injusto.

Como saben, la encontramos en Lucas 16:1-8.

¿Qué era lo que Jesús realmente quiso enseñarnos con este relato?

El problema con esta historia es que algunas personas se distraen con ciertos detalles antes de entender cuál es la lección.

Piensen en esto: cuando leemos en las Escrituras el capítulo 15 de Lucas, nos encontramos con lo que se ha descrito como una de las historias más impactantes que Jesús contó: la historia del hijo perdido que malgastó su herencia.

Y, cuando leemos el capítulo 16, nos encontramos con esta historia, que se ha descrito como una de las historias más desconcertantes, o raras, que Jesús contó.

¿Por qué les resulta extraña esta historia a tantas personas?

Bueno, pues porque sienten que Jesús está aprobando o justificando hasta cierto grado la falta de honradez.

¿Pero es ese realmente el caso?

¿Deberíamos distraernos pensando en por qué Jesús contó un relato como ese?

Bueno, somos estudiantes de la Biblia, así que mejor veamos lo que ella dice.

Vamos a abrirla en el Evangelio de Lucas, en el capítulo 16.

Ahora bien, me gustaría que leyéramos juntos esta parábola que contó Jesús dejando a un lado cualquier idea que nos hayamos hecho sobre ella.

El versículo 1 dice: “Después, él también les dijo a los discípulos: ‘Había un hombre rico que tenía un mayordomo.

A este lo acusaron de malgastar los bienes de su señor’ ”.

Aquí hay algo interesante.

Noten lo siguiente: Jesús en ningún momento dijo que este hombre hubiera hecho algo malo o que fuera culpable de haber hecho algo malo.

No, más bien dijo que “acusaron” al hombre.

De hecho, eso fue lo que dijo La Atalaya. Jesús no especificó si esa acusación era cierta o no; solo dijo que había sido acusado.

Es más, la palabra griega que se traduce con la frase “lo acusaron” puede significar que la acusación era falsa.

¿Y de qué fue que lo acusaron?

Vamos a leer de nuevo la segunda parte del versículo 1: “A este lo acusaron de malgastar los bienes de su señor”.

Así que no lo acusaron de robar algo, más bien lo acusaron de malgastar.

Además, es interesante que la palabra griega que se traduce como “malgastar”, es la misma que Jesús utilizó en el capítulo 15 cuando estaba hablando del hijo perdido.

En el versículo 13, Jesús dijo que había malgastado su herencia.

En la historia, ese hijo, también conocido como el hijo pródigo, o malgastador, no le robó el dinero a su padre, ¿verdad?

Él lo recibió de manera legal.

El punto aquí es que lo malgastó.

Y en esta historia del mayordomo sucede algo muy parecido.

A él se le acusó de malgastar los bienes de su señor.

Veamos ahora qué fue lo que su señor le dijo en el versículo dos: “De modo que el hombre lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es esto que estoy oyendo acerca de ti?

Rinde cuentas de tu administración, porque ya no puedes seguir a cargo de la casa’ ”.

¿Notaron?

¿Qué fue lo que le dijo el hombre al mayordomo?

¿Le dijo que lo iba a llevar ante un tribunal o que acabaría en la cárcel?

No.

De hecho, ni siquiera le quitó el puesto de mayordomo de forma inmediata.

Lo dejó en su puesto.

Lo único que le dijo fue que tenía que rendir cuentas.

En otras palabras, aunque el hombre no sabía realmente lo que el mayordomo estaba haciendo, le dio la oportunidad de rendirle cuentas.

Entonces, cuando analizamos el contexto y vemos qué fue exactamente lo que se dijo, tratando de interpretarlo como lo harían los discípulos de Jesús, podemos llegar a la conclusión de que lo que el mayordomo había hecho, y lo que veremos que hizo después, no era ningún delito o algo ilegal.

Al mayordomo le preocupaba su futuro.

Si él hubiera sabido que al rendir cuentas se habría descubierto que había hecho algo ilegal, seguramente no habría actuado después en la forma en que lo hizo.

Ahora bien, esto hace surgir ciertas preguntas.

Puede que alguien se quede pensando: “Pero el mayordomo redujo las deudas que varias personas tenían con su señor...

¿y eso que hizo no estuvo mal?”.

Para que podamos entender bien este punto, conviene que repasemos lo que vimos en La Atalaya de estudio de noviembre de 2019.

Si vamos aquí, a la sección “¿Lo sabía?”, podremos entender mejor cuáles eran las tareas que desempeñaba un mayordomo en tiempos bíblicos.

En aquella época, un mayordomo estaba a cargo de administrar la propiedad y de supervisar a los trabajadores de su señor.

En muchas ocasiones, el dueño dejaba que el mayordomo se encargara de absolutamente todo.

Lo único que le importaba era el resultado: si obtendría una ganancia o no.

Es interesante que en este artículo de La Atalaya se menciona el caso de José.

¿Y qué recordamos de lo que dice Génesis sobre lo que pasó con él?

El capítulo 39 dice que Potifar puso a José a cargo de todo lo que tenía.

Él no se preocupaba de nada, únicamente de lo que quería comer.

Así que, en este caso, el mayordomo es el administrador de toda la propiedad.

El dueño no ha estado al pendiente de todos los detalles que maneja el mayordomo, al menos hasta este punto, y el mayordomo aún conserva la autoridad.

Entonces, ¿qué idea se habrán hecho los discípulos de Jesús cuando escucharon esta historia?

La verdad es que no lo sabemos muy bien, pero tal vez se imaginaron que el mayordomo decidió reducir la tasa de interés o que tal vez redujo la comisión que le correspondía a él por haber hecho negocios con estas personas.

O quizás originalmente se entusiasmó mucho con el negocio y cobró un precio más alto del debido, y ahora les estaba cobrando el precio justo.

En todo caso, un mayordomo en aquel tiempo, igual que un administrador ahora, tenía el derecho de reducir parcialmente o incluso perdonar ciertas deudas.

Entonces, es obvio que, como dice La Atalaya, esta persona, como mayordomo, tenía la autoridad para tomar decisiones sobre la administración de la casa y para hacer los cambios que considerara oportunos.

Ahora volvamos a la pregunta: ¿el mayordomo no fue honrado?

Bueno, ciertas versiones de la Biblia describen al mayordomo como alguien deshonesto o hasta corrupto.

Pintan al hombre como alguien malo.

Pero vamos a ver de nuevo lo que dice realmente la Biblia.

La Traducción del Nuevo Mundo utiliza un término más adecuado en el versículo 8.

“Y el señor alabó al mayordomo porque, aunque era injusto”...

¿Ven?

No dice que fuera deshonesto ni que fuera un ladrón, sino que “aunque era injusto, actuó con sabiduría práctica”.

Lo que nos enseña este versículo es que el mayordomo no hizo lo justo, lo correcto.

Fue injusto, que es un término muy amplio.

¿Qué hubiera sido lo justo?

Velar por los intereses de su señor.

Pero el mayordomo estaba velando por los suyos.

Algunos traductores de la Biblia han logrado capturar esa idea.

Ciertas traducciones dicen algo así: “Cuando el amo supo lo que había hecho el mayordomo, se quedó admirado de su astucia”.

Y algunos comentaristas aclaran que, al reducir las deudas, en realidad el mayordomo estaba protegiendo sus propios intereses.

¿Sabemos exactamente en qué estaba pensando Jesús cuando contó esta historia?

No.

Pero ¿qué aprendemos?

Que no debemos apresurarnos a llegar a conclusiones.

Debemos leer lo que está escrito en el relato y no dejar que los detalles nos impidan ver la hermosa lección que podemos aprender.

¿Y la lección cuál era?

Jesús mismo nos lo dice en el versículo 9.

“También les digo: hagan amigos usando las riquezas injustas para que, cuando estas fallen, sean recibidos en las moradas eternas”.

La lección es: debemos usar nuestros bienes materiales, las cosas que tenemos, para ganarnos la amistad de Jehová y Jesús.

Si lo hacemos, seremos bendecidos.

¿Se dieron cuenta de que en el versículo dice “cuando estas fallen” y no “si estas fallan”?

Y es que todos sabemos que esas riquezas, junto con todo el sistema comercial de este mundo, al final van a fallar.

Sin importar cuánto dinero o cuántas cosas tengamos, como en el caso del mayordomo, no nos pertenecen y muy pronto no las vamos a tener.

Así que seguro que queremos utilizarlas para darle gloria a Jehová y hacernos amigos de él.

¿Y qué bienes tenemos los betelitas?

Bueno, tenemos nuestros bienes personales, aunque sean poquitos.

Pero también utilizamos ciertos bienes que pertenecen a la organización.

Por supuesto, jamás se nos ocurriría utilizar estos bienes de forma deshonesta, pero ¿podríamos tal vez malgastarlos?

Ahora vemos, por qué Jesús dijo en el versículo 10 lo siguiente: “La persona fiel en lo mínimo [la que es fiel al usar sus riquezas o sus bienes] también es fiel en lo mucho, y la persona injusta en lo mínimo también es injusta en lo mucho”.

En resumen, no nos distraigamos con los detalles.

Tratemos de ver el cuadro completo para entender cuál es la lección, que en este caso es que debemos usar nuestros bienes materiales para la gloria de Jehová.



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