El texto y el comentario de hoy están sacados de un artículo que tenía como propósito ayudar a los matrimonios que están pasando por problemas.
La idea era que aprendieran a solucionar los problemas y seguir unidos.
Las personas de este mundo piensan de forma muy diferente.
Ellos entran al matrimonio suponiendo que van a tener problemas y dificultades, y hasta tienen un plan de escape para huir cuando no les vaya bien, surjan problemas o, simple y sencillamente, se aburran.
Ellos piensan de esa manera porque no conocen a Jehová, ¿cierto?
Ellos no saben lo que piensa al respecto ni lo mucho que valora el matrimonio.
Para el mundo, el propósito que tiene el matrimonio es muy distinto al propósito que tenía Dios cuando lo creó en el jardín de Edén, cuando casó a la primera pareja, Adán y Eva.
Él no quería que el matrimonio solo fuera un simple contrato entre dos partes que se hiciera por conveniencia o beneficio propio o sencillamente para tener hijos.
Tampoco quería que fuera un martirio.
Si vemos en Génesis 2:24, cuando él formó el primer matrimonio, él no dijo: “El hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su esposa y ellos quedarán atrapados para siempre”.
No se trataba de una condena ni de un castigo.
Y es que, si leemos con atención lo que Jehová dice en este versículo, nos damos cuenta de cuánto quería Jehová —del cariño que le tenía— a esta primera pareja.
Él dijo: “Por esa razón, el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su esposa y ellos serán una sola carne”.
Aquí se ve claramente la principal cualidad de Jehová —que todos sabemos que es el amor— y que él creó a los seres humanos a su imagen, es decir, con la capacidad de demostrar esa cualidad.
Adán y Eva podían sentir tanto amor el uno por el otro que Jehová dijo que iban a adherirse el uno al otro de forma inseparable.
Permanecer unidos es muy importante.
Recordemos que somos imperfectos y vivimos en el tiempo del fin.
Las parejas que no permanezcan unidas no serán capaces de soportar las dificultades que trae el matrimonio ni otras que puedan surgir en la vida.
Así que aprendemos muchas cosas de Jehová al analizar este versículo, ¿no les parece?
Vemos entonces que él es amor y Jehová demuestra ese amor a su pueblo.
De hecho, la Biblia explica que Jehová es, en realidad, el mejor ejemplo de un esposo que se adhirió a su esposa.
¿Cómo es eso?
Pues miren cómo veía Jehová al antiguo Israel, aquí en el libro de Isaías 54:5.
Y dice así: “Y es que tu Gran Creador es como tu esposo —su nombre es Jehová de los ejércitos—”.
Bueno, al igual que con los esposos, entre Jehová y el pueblo de Israel, había un pacto, es decir, un contrato oficial que los unía.
Pero eso no era todo, ¿qué había detrás de ese pacto?
Había amor.
Y, cuando Jehová estableció ese pacto con ellos, se lo dijo claramente.
Les dijo que lo hacía por el amor que les tenía.
Leamos Deuteronomio 7:7, 8.
Y noten aquí lo que Jehová dijo por medio de Moisés.
El texto dice: “Jehová les mostró cariño y los escogió no porque fueran el más numeroso de todos los pueblos; al contrario, eran el más pequeño de todos los pueblos.
Más bien, fue por el amor que Jehová les tuvo y por cumplir el juramento que les había hecho a sus antepasados”.
Sí, fue por amor.
El amor fue lo que motivó a Jehová a hacer un pacto con Abrahán, con Isaac y luego con Jacob; también con otros siervos fieles, como David.
Y es que a todos estos hombres Jehová los amaba muchísimo.
Imagínense: compartían su misma forma de pensar.
Junto a ellos podía cumplir lo que se había propuesto para el bien de toda la humanidad.
Jehová siempre les dio lo mejor de sí.
Nunca los abandonó.
Y los cuidó con cariño.
¡Cuánto debió dolerle cuando ese pueblo, que él escogió, con el que hizo un pacto —su esposa, por así decirlo—, le fue infiel vez tras vez, lo abandonó!
Los sentimientos de Jehová son más profundos.
Piensen en cuán intenso fue el dolor que sintió.
Fue una cuchillada al corazón.
Y Jehová quería que su pueblo entendiera cómo se sentía él, en especial el reino de las 10 tribus, que espiritualmente estaba tan mal y actuaba de manera tan descarada, sin pensar en lo que Jehová opinaba de ellos.
Así que Jehová estaba decidido a juzgarlos.
Pero él no iba a hacerlo sin que ellos antes supieran cómo se sentía él por esa terrible traición.
Para hacerlo, le dio una asignación a Oseas.
Y esta no era una asignación fácil.
Veámoslo en el libro de Oseas, capítulo 1, y noten lo que Oseas tenía que hacer.
Capítulo 1, versículo 2. Dice: “Cuando Jehová comenzó a comunicar sus palabras mediante Oseas, Jehová le dijo a Oseas: ‘Ve y cásate con una mujer que se prostituirá y ten hijos de su prostitución, porque por la prostitución el país ha dejado por completo de seguir a Jehová’ ”.
Pónganse en el lugar de Oseas.
Ahí está usted, un soltero que nunca se ha casado antes, y le dicen que se case con alguien que usted sabe que le va a ser infiel.
Jehová hizo eso.
Jehová quería darle un ejemplo claro a este pueblo malo y terco.
Así el pueblo podía entender todo el dolor que ellos le habían causado por su comportamiento.
Esto era real, no era una simple representación dramática.
Imagínense lo que pensaba la gente del vecindario de Oseas.
Él era el profeta de Dios, y su esposa se iba con otros y lo trataba con total desprecio.
Cualquiera con una pizca de espiritualidad se hubiese sentido indignado.
Y era a esas personas a las que Jehová les quería llegar cuando les dijo que iban a destruir sus tierras, serían llevados al exilio…, pero él los rescataría.
Oseas 3:1 dice: “Entonces Jehová me dijo: ‘Ve de nuevo, ama a la mujer que es amada por otro hombre y que está cometiendo adulterio, así como Jehová ama al pueblo de Israel mientras ellos siguen a otros dioses y aman las tortas de pasas’ ”.
Sí, Jehová los amaba.
Y los que lo amaban a él regresaron del exilio, volvieron a Jerusalén y pudieron adorarlo una vez más allí.
Si analizamos la historia de Israel, vemos que Jehová tenía el derecho legal de romper su relación con ellos —abandonarlos—, pero no lo hizo.
¿Por qué?
Porque tuvo en cuenta otros factores muy importantes. Otras cosas dependían de esta relación entre Jehová y su pueblo.
Por ejemplo, el propósito de Dios para la humanidad.
De esa nación saldría el Mesías prometido.
Entonces, a pesar de tanta inmoralidad que el pueblo cometió al irse a adorar a los dioses de otras naciones y cosas por el estilo, a pesar de todo eso, Jehová dijo: “No los abandonaré.
Les daré otra oportunidad”.
Sin embargo, la paciencia de Jehová tenía límites.
Cuando Jesús vino a la Tierra, la paciencia de Jehová ya se había agotado por completo, sobre todo porque decidieron asesinar a su querido hijo.
Pero podemos ver el dolor tan grande que sintió Jehová en su corazón al leer las palabras que dirigió Jesús al pueblo.
Aquí, en Lucas 19:41, 42.
Dice: “Cuando llegó cerca de la ciudad [es decir, de Jerusalén] y la vio, lloró por ella diciendo: ‘Si tú, tú misma, hubieras percibido en este día las cosas que tienen que ver con la paz...
Pero ya han sido escondidas de tus ojos’ ”.
Demasiado tarde; no había vuelta atrás.
Esa relación, que Jehová comparó a un matrimonio, iba a terminar.
Y saberlo le dolía.
Pues bien, el hecho de que Jehová comparara la relación con su pueblo con la relación que existe en un matrimonio nos ayuda a entenderlo mejor.
Nos ayuda a entender lo mucho que quiere a la humanidad.
Sí, nos valora y valora el propósito que siempre ha tenido de ayudar a las personas buenas.
Sabemos que él quiere a los que están pasando por dificultades en su matrimonio.
Él quiere a los que han sufrido una infidelidad, porque los entiende.
Él sabe todo lo que pueden llegar a sentir estas personas.
Él está pendiente para ayudarlas siempre que lo necesiten.
Las ayuda a seguir adelante, dándoles la sabiduría para tomar buenas decisiones.
A menudo vemos cómo Jehová ayuda a estos hermanos y hermanas.
Les da bonitas asignaciones.
En ocasiones, les permite conocer a alguien que sí ama a Jehová y con el que pueden continuar en su servicio, sanando así su dolor.
Todo esto que hemos aprendido sobre el amor de Jehová nos ayudará a entenderlo mejor y a imitarlo en nuestro matrimonio.
Jehová no quiere que veamos el matrimonio o alguna otra responsabilidad como un castigo, un martirio o un problema.
Antes bien, él quiere que cultivemos amor.
Así disfrutaremos del matrimonio, o de cualquier otra responsabilidad, y seremos personas realmente felices.