Hermanus van Selm: Jehová cuida a los humildes (Is. 57:15)

Voy a hacerles una pregunta: ¿cómo demuestra Jehová que se preocupa por las personas humildes?

Bueno, la humildad es una cualidad que forma parte de lo que llamamos la persona interior.

Y al igual que otras cualidades, como la bondad, la apacibilidad y la paciencia, la humildad no es algo que pueda verse a simple vista.

Aun así, seguro que hemos dicho alguna vez sobre un hermano o una hermana de la congregación o de Betel: “¡Qué persona tan humilde!

Me cae muy bien”.

¿Qué nos llevó a pensar así?

Bueno, seguro que el hermano no llevaba un cartel encima de la cabeza que dijera “Soy humilde”, ¿verdad?

Pero seguro que vimos algo que nos hizo pensar que ese hermano o esa hermana es humilde.

¿De qué se trata?

Para responder, pongamos un ejemplo.

Imagínese que entra en una tienda y ve que está llena de cajas de chocolates.

Las cajas se ven bonitas, pero no sabe si los chocolates serán buenos.

Entonces el empleado le da uno de los chocolates para que lo pruebe.

Lo prueba y mmm…, ¡está delicioso!

Ahora sabe que lo que hay en las cajas es bueno.

Pues bien, ¿qué aprendemos de este ejemplo?

Pues aprendemos que, igual que al probar un chocolate de la caja sabemos que los demás chocolates también son buenos, cuando vemos que alguien hace algo que demuestra humildad, podremos deducir que esa persona es humilde de corazón.

Al fin y al cabo, si no demostramos humildad con nuestras palabras y acciones, nadie podrá saber que somos humildes.

Ahora bien, contestemos la siguiente pregunta: ¿en qué ocasiones podemos dar a probar, por así decirlo, nuestra humildad?

El artículo de La Atalaya en el que se basa el análisis del texto de hoy menciona tres situaciones en las que tenemos que demostrar si somos humildes de verdad.

Estas son las tres situaciones: cuando recibimos consejos, cuando otros reciben privilegios de servicio y cuando cambian nuestras circunstancias.

El comentario del texto de hoy se centra en la tercera situación, es decir, en el cambio de asignación que han recibido muchos superintendentes viajantes y sus esposas, betelitas, y otros hermanos y hermanas que participaban en diferentes facetas del servicio de tiempo completo, así como los coordinadores de los cuerpos de ancianos.

Ahora, ¿por qué podemos decir que estos hermanos y hermanas dieron una hermosa muestra de humildad al aceptar de buena gana un cambio de asignación?

Para responder, vamos a leer lo que dijo La Atalaya: “A estos hermanos no les resultó fácil hacer dichos cambios.

Como es lógico, estaban encariñados con la labor que hacían.

Muchos de ellos llevaban años en su asignación.

Algunos se sintieron muy tristes, pero con el tiempo se adaptaron”.

Muchos de estos hermanos, en realidad, pasaron por un “periodo de duelo”, por así decirlo, porque perdieron o tuvieron que dejar una asignación que amaban muchísimo.

Por eso es comprensible que se sintieran tan tristes.

Aunque no les fue fácil hacer frente a las nuevas circunstancias, estos hermanos que servían en Betel o como superintendentes viajantes aceptaron los cambios con humildad.

Pues bien, ¿cómo los ayudó Jehová?

Encontramos la respuesta en Isaías 57:15, que es el texto que estamos analizando hoy.

Al principio del texto, está hablando el profeta Isaías.

Y dice esto sobre Jehová: “Porque esto es lo que dice el Alto y Excelso, que vive para siempre y cuyo nombre es santo”.

A continuación, empieza a hablar Jehová.

Confirma lo que dice Isaías, pero además añade una idea interesante.

Jehová dice: “Yo vivo en el lugar alto y santo, pero también con los aplastados y los de espíritu humilde”.

Fíjense ahora en el siguiente detalle.

Una obra de referencia dice que el verbo vivir o residir que se menciona en la primera parte de esa oración también podría usarse para la segunda parte.

Es decir, podríamos leer la oración de la siguiente manera: “Yo vivo en el lugar alto y santo, pero también vivo con los aplastados y los de espíritu humilde”.

¿Se dieron cuenta de lo que dice Jehová?

¿No les parece sorprendente y conmovedor?

Fíjense en qué combinación de cualidades tan bonita.

Él es “alto” y “santo”, pero también cercano y humilde.

Es sumamente poderoso y a la vez se preocupa por los humildes y los trata con ternura.

Como lo habrán notado, Jehová no dice: “Veo a los que son humildes”.

Tampoco dice: “Escucho a los que son humildes”, sino que dice: “Yo vivo con los que son humildes”.

Para entender mejor este versículo responderemos varias preguntas.

Primera, ¿qué significa la palabra hebrea que aquí se traduce “vivir”?

Bueno, un diccionario bíblico dice que esta palabra también se puede traducir como “quedarse”.

Ahora bien, ¿qué les viene a la mente cuando escuchan la palabra quedarse?

¿Les da la idea de alguien que viene a visitarlos y se va rápidamente?

No.

Seguro que más bien piensan en alguien que llega y se sienta tranquila y cómodamente en una silla, y se queda un buen rato con usted.

Pues eso es lo que hace Jehová: él vive o se queda con nosotros mediante su espíritu santo.

Segunda pregunta: ¿qué hace Jehová cuando vive o se queda con nosotros?

Observen lo que dice la última parte del versículo.

Ahí aparece otra palabra dos veces.

Dice: “Para revivir el espíritu de los humildes y para revivir el corazón de los aplastados”.

Aquí revivir significa “levantarles el ánimo a los que están deprimidos y desanimados”.

Así que, en este precioso versículo, Jehová les promete a sus siervos humildes que estará con ellos cuando se sientan desanimados o incluso aplastados.

¿Y por qué se queda Jehová con nosotros cuando estamos desanimados?

Porque quiere ayudarnos a recuperar la paz interior y las fuerzas que tanto necesitamos para hacer frente a los cambios de circunstancias y seguir sirviéndole con alegría.

Esta es la manera en la que Jehová Dios cuida de todos sus humildes siervos y también es la forma en la que ha ayudado a muchos hermanos y hermanas que han aceptado humildemente un cambio de asignación.

Jehová los ha ayudado con cariño a dejar poco a poco a un lado sus sentimientos de tristeza y a disfrutar de las cosas buenas que les ofrece su nueva asignación.

Un matrimonio que recibió un cambio de asignación cuenta que hubo un ejemplo que los ayudó a recordar que Jehová los seguía queriendo, que eso no había cambiado.

Ellos dicen: “Pensamos en unos padres y en sus hijos.

Puede que los padres decidan cambiar a uno de sus hijos de una habitación a otra, pero el niño sigue viviendo en la misma casa y recibiendo el mismo cariño y atención de sus padres”.

Luego añaden: “Igual que estos padres, Jehová a veces decide cambiar a sus siervos de una faceta del servicio de tiempo completo a otra, pero siguen viviendo en la misma casa, por así decirlo, y siguen recibiendo el mismo amor y protección de Jehová”.

Efectivamente, como dijo este matrimonio, nuestras asignaciones pueden cambiar, pero el amor que siente Jehová por nosotros nunca cambia.

De hecho, si demostramos humildad, el tierno cariño que nos tiene Jehová aumentará todavía más.

Entonces, ¿qué hemos aprendido?

Que Jehová se preocupa por sus siervos humildes y los cuida.

Cuando nos sintamos aplastados por la tristeza, recordemos que Jehová promete quedarse con nosotros para levantarnos el ánimo.

Y los hermanos que humildemente han aceptado un cambio de asignación han visto cómo Jehová los ha ayudado a superar los sentimientos de decepción que quizás tuvieron al principio.



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