Al leer el capítulo 5 de Santiago, podemos ver claramente el gran amor que Jehová nos tiene.
También nos muestra que desea que vivamos para siempre y que disfrutemos de “la vida que realmente es vida” en el nuevo mundo.
Vayamos a la carta que escribió Santiago, al capítulo 5, versículo 11.
Mientras lo leemos, tratemos de entender cuánto nos ama Jehová.
Es más, el libro de Santiago nos hace sentir como si Jehová nos hablara a nosotros; expresa su deseo de que vivamos para siempre y nos dice lo que tenemos que hacer para lograrlo.
Así que leamos Santiago 5:11: “Consideramos felices a los que han aguantado.
Ustedes han oído del aguante de Job y han visto lo que al final Jehová hizo por él, así que saben que Jehová es muy cariñoso y misericordioso”.
¿Qué es el aguante para un cristiano?
Es hacer lo que está bien a pesar de la oposición, la persecución, las tentaciones, las pruebas que tengamos o cualquier cosa que pueda amenazar nuestra integridad.
Nosotros sabemos aguantar.
Hacemos todo lo posible por permanecer leales a Jehová.
Y Jehová nos dice que si aguantamos, seremos felices.
Y seremos felices en parte porque Jehová “recompensa a los que lo buscan con empeño”.
Es como si Jehová nos dijera: “Hazlo. Vale la pena.
No te rindas. Sigue adelante.
Tengo reservado algo muy especial para ti; sé que es algo que te va a hacer muy feliz.
Estoy seguro de que no te vas a arrepentir”.
Pero Jehová no solo nos hace esa promesa.
Fíjense ahí, hacia el final del versículo 11, las cualidades que demuestra.
Ahí dice: “Jehová es muy cariñoso y misericordioso”.
La nota para “cariñoso” dice “o ‘muy compasivo’”, así que se compadece de nosotros, sabe que somos polvo, cuáles son nuestras circunstancias, y nos perdona.
Y no solo eso, también dice que es misericordioso.
Eso significa que Jehová está dispuesto a ayudarnos y nos ayuda.
La misericordia es en realidad eso.
Cuando alguien misericordioso ve que otra persona necesita ayuda, se la da.
Jehová hace eso por nosotros: nos da la ayuda que necesitamos para aguantar.
De hecho, cuando pienso en la misericordia, me acuerdo de la lección 20, Di siempre la verdad, de la serie “Hazte amigo de Jehová”.
En ese video, Caleb está jugando y, sin querer, rompe un florero, un objeto de valor en la casa.
Y, cuando su padre le pregunta qué pasó, Caleb no dice la verdad, dice una mentira.
Pero su padre, con paciencia, razona con él, le explica, lo aconseja… Caleb se disculpa, y su padre lo perdona.
¿Y qué le dice al final?
“Vamos, Caleb.
Recojamos juntos los trocitos”.
¿Y no es eso mismo lo que Jehová hace por nosotros?
Por su misericordia, él nos ayuda, nos consuela y, por decirlo así, repara con nosotros lo que se ha roto en nuestra vida para que sigamos adelante y sigamos sirviéndole.
Pero hay algo más que Jehová nos da, algo que nos ayuda a aguantar.
Vamos a verlo en el versículo 10.
Santiago 5:10: “Hermanos, tomen como ejemplo de aguantar sufrimientos y tener paciencia a los profetas que hablaron en el nombre de Jehová”.
Nos habla de un “ejemplo”, de la “paciencia” y de “los profetas”.
Primero, la paciencia es la cualidad que nos ayuda a sobrellevar situaciones difíciles sin amargarnos y sin perder la alegría.
Y para nosotros como cristianos implica esperar a que Jehová actúe, o sea, aguantar.
Y, segundo, ¿qué es ese ejemplo, el ejemplo de paciencia que nos pusieron los profetas y que todos debemos seguir?
Pues en su Palabra Jehová puso por escrito las historias, las experiencias de sus siervos fieles del pasado, los profetas.
Y su ejemplo de aguante nos ayuda a nosotros a aguantar en los últimos días.
¿Cuáles fueron algunas de las cosas que tuvieron que aguantar los profetas?
A muchos de ellos no los quisieron escuchar.
De hecho, el profeta Isaías predicó por más de cuatro décadas, y casi nadie le prestó atención.
A otros los persiguieron y hasta les dieron golpes.
Y tuvieron asignaciones difíciles.
Ezequiel tuvo que acostarse sobre su lado izquierdo por 390 días y sobre su lado derecho por 40 días.
A Jeremías se le encargó viajar unos 500 kilómetros (o 300 millas) por un terreno accidentado para enterrar un cinturón de lino y recorrió esa distancia tres veces más.
¡Qué aguante!
No fue una tarea fácil.
Tuvieron que soportar el rechazo, la traición de sus compañeros, oposición, la muerte de seres queridos y sentir que Jehová tardaba demasiado en cumplir las promesas que había hecho al pueblo.
Muchos estaban cansados de escuchar tantas malas noticias y de ver tantas injusticias.
Bueno, ¿y no son esas las mismas circunstancias que nos toca vivir a nosotros en nuestros días?
Entonces, ¿qué hicieron para aguantar?
¿Y de qué formas nos beneficia seguir su ejemplo?
Algunos profetas pusieron por escrito sus sentimientos.
Al analizar sus palabras veremos que se repite una misma idea.
Veamos el caso de Jonás.
En el capítulo 2 lo encontramos allí, dentro del pez, sabiendo perfectamente lo que había hecho, pero sin saber si alguna vez Jehová lo iba a perdonar.
Versículo 9.
Allí dice: “Pero yo, con expresiones de gratitud, te haré sacrificios a ti.
Los votos que he hecho, los cumpliré”.
Sus palabras nos demuestran que, a pesar de lo que había sucedido, Jonás estaba decidido a servir a Jehová de todo corazón.
Eso lo ayudó a aguantar.
Vayamos a Joel 1:19.
Hubo algunos que intentaron que Joel se rindiera, que dejara de servir a Jehová, porque no valía la pena.
Él dice: “A ti, oh, Jehová, te llamaré”.
“A ti, oh, Jehová, te llamaré”.
Él había tomado su propia decisión: “Sin importar lo que otros hagan, yo serviré a Jehová”.
Hablemos de Amós.
A él le dijeron que su labor no era necesaria y que no estaba capacitado para ser profeta.
¿Eso lo detuvo?
En Amós 3:8 dice: “¡El Señor Soberano Jehová ha hablado!
¿Quién no profetizará?”.
Él había tomado su decisión: sin importar lo que otros le dijeran que tenía que hacer o lo que otros hicieran, él seguiría obedeciendo a Jehová.
Seguiría siendo fiel, íntegro y leal.
Otro ejemplo, Miqueas 7:7.
Él dice: “Pero yo, yo siempre estaré pendiente de Jehová”.
Pendiente de él en su vida personal y pendiente de las promesas que quedaban por cumplirse.
Él dice: “Esperaré pacientemente al Dios de mi salvación”.
¿Vemos qué idea se repite en las expresiones de estos profetas?
Todos ellos tenían circunstancias difíciles, pero le dijeron a Jehová cómo se sentían y también tomaron la firme decisión de no rendirse nunca.
Siempre confiarían en Jehová.
Esta misma idea la podemos ver en el caso de Habacuc.
Vamos a leer algunos versículos del capítulo 3 de Habacuc.
Sabemos lo que le pasó.
Se preguntaba cuándo vendría el fin, le parecía que nunca llegaría, estaba cansado de tantas malas noticias y de tantas injusticias.
Veamos el buen ejemplo que nos dejó.
Habacuc, capítulo 3.
En los versículos 16 y 17 habla de todas las cosas tristes y desanimadoras que veía a su alrededor.
Y aquí está su decisión, versículo 18: “Aun así, estaré muy alegre gracias a Jehová, estaré feliz gracias al Dios de mi salvación.
El Señor Soberano Jehová es mi fuerza; él hará que mis pies sean como los de una cierva y me hará pisar lugares altos”.
Con respecto a este versículo 18, La Atalaya de noviembre de 2018 dice que, según los expertos, las palabras de este versículo “significan que Habacuc saltaría y daría vueltas de alegría por causa de su Dios”.
¿Qué hizo que Habacuc se sintiera tan feliz si hacía un momento había mencionado una larga lista de cosas tristes y desanimadoras?
¿Recuerdan el versículo 18?
Comienza diciendo: “Estaré muy alegre”.
Iba a confiar en Jehová, lo había decidido con toda su mente y todo su corazón.
Él tenía claro que iba a aguantar.
Y eso le ayudó a tener una actitud positiva.
Todo seguía igual.
Jehová no cambió la fecha y las circunstancias eran las mismas, pero lo que sí cambió fue su actitud.
Y eso lo fortaleció.
¿Qué hemos aprendido, queridos hermanos?
Pues, primero, que Jehová quiere que aguantemos, porque son muchas las bendiciones que nos esperan.
En segundo lugar, también vimos que Jehová nos ayuda a aguantar porque nos consuela, nos da fuerzas y nos perdona.
Y finalmente aprendimos del ejemplo de los profetas: igual que ellos, podemos decidir mantenernos leales a Jehová y no rendirnos pase lo que pase.