Leonard Myers: Seamos razonables en la familia (Col. 3:18-20)

El comentario del texto de hoy destaca lo siguiente sobre los esposos: dice que, aunque no siempre puedan hacer lo que sus esposas les piden, preguntarles su opinión les permite tomar mejores decisiones.

Los que somos esposos sabemos que esas palabras son muy ciertas, ¿verdad?

Este consejo quizás nos haga pensar en varias cualidades, y una de ellas es ser personas razonables.

Todos debemos demostrar esa cualidad.

Ahora bien, ¿cómo es una persona razonable?

¿Cómo han demostrado Jehová y Jesús que son razonables?

¿Y qué podemos aprender de su ejemplo?

Primero, ¿cómo es alguien razonable?

En nuestras publicaciones se ha descrito a una persona razonable como alguien paciente, bondadoso y amable consigo mismo y con los demás.

Toma en cuenta las limitaciones y las circunstancias de otros.

Quien tiene la reputación de ser razonable se adapta a las circunstancias.

Es como lo que mencionamos sobre los esposos: son razonables cuando consultan con su esposa, escuchan su opinión y, si es apropiado, hacen lo que ella sugiere.

Ahora leamos las palabras inspiradas de Filipenses 4:5, que hablan de esta cualidad de ser razonables.

Vayamos por favor a Filipenses 4 y notemos lo que dice el versículo 5, parte a: “Que todos sepan que ustedes son personas razonables”.

Así que otros deberían ver que demostramos esa cualidad.

O como dice otra traducción: “Permitan que todos vean cuán razonables [...] son ustedes”.

Por lo tanto, no se trata de cómo nos vemos a nosotros mismos o de si nos parece que somos razonables, sino de cómo nos ven los demás.

¿Se nos conoce por ser personas razonables?

Sin duda, la persona razonable nos atrae, mientras que la que no es razonable suele repelernos.

Ahora que sabemos cómo es alguien razonable, ¿cómo han demostrado Jehová y Jesús que también lo son?

Analicemos primero el ejemplo de Jehová.

Abran sus Biblias en Levítico, capítulo 5, y veamos un ejemplo de cómo Jehová fue razonable con la nación de Israel.

Empecemos desde el versículo 5.

Dice lo siguiente sobre alguien que ha pecado: “Si alguien se hace culpable de alguna de estas cosas, entonces tiene que confesar de qué manera ha pecado”.

Versículo 6: “También le llevará a Jehová su ofrenda por la culpa debido al pecado que cometió, es decir, una hembra del rebaño, ya sea una cordera o una cabrita, como ofrenda por el pecado”.

Estaba muy claro.

Pero fíjense en lo razonable que fue Jehová en el versículo 7: “Si él no tiene lo suficiente para ofrecer una oveja, tiene que llevarle a Jehová dos tórtolas o dos pichones de paloma como su ofrenda por la culpa debido al pecado que ha cometido”.

¡Qué razonable fue Jehová!

Pero no se quedó ahí.

Vean el versículo 11: “Si él no tiene lo suficiente para ofrecer dos tórtolas o dos pichones de paloma, entonces tiene que llevar como ofrenda por el pecado que ha cometido la décima parte de un efá de harina fina”.

¿Vieron?

Jehová fue razonable en lo que pedía y tomó en cuenta la situación económica de cada israelita.

Quizás algunos se preguntaron: “¿Y cuánto es la décima parte de un efá?”.

Bueno, la nota nos ayuda.

¿Notaron lo que dice?

“Equivalía a 2,2 L (o 2 dry qt)”.

Fijémonos en esta imagen de una mujer israelita.

Es muy pobre y tiene en sus manos una ofrenda por el pecado de 2,2 litros de harina, quizás para dársela al sacerdote.

No era mucho, ¿verdad?

Es como si Jehová le estuviera diciendo: “Si no tienes suficiente dinero para una cordera o una cabrita, no hay problema.

Si tampoco te alcanza para dos pajaritos, no te preocupes.

Con un par de litros de harina es suficiente”.

Imagínense lo feliz que estaría un israelita pobre como esta mujer al ver que Jehová valoraba su pequeña ofrenda igual que las ofrendas más costosas presentadas por sus vecinos más ricos.

¿Notaron un detalle importante sobre la harina en el versículo 11?

El israelita pobre no debía ofrecer cualquier tipo de harina.

Fíjense en lo que dice el versículo: Tenía que ser harina fina, como la que se usaba para preparar una comida para un invitado importante.

Así que, aunque no pudiera dar tanto como los demás, lo poquito que le ofreciera a Jehová tenía que ser lo mejor.

Es como si Jehová le dijera: “Veo que no puedes dar mucho, pero sé, sé que me vas a dar lo mejor”.

¿Qué aprendemos de esto?

Que Jehová es razonable y toma en cuenta nuestras limitaciones y circunstancias.

Algunos hermanos pueden darle a Jehová el equivalente a una cordera o una cabrita.

Otros le pueden dar el equivalente a dos pajaritos.

Quizás en el pasado podíamos hacer mucho en nuestro servicio a Jehová.

Pero puede que ahora, debido a nuestras circunstancias o limitaciones, no podamos hacer tanto.

Pero ¿cómo lo ve Jehová?

Él es bondadoso y razonable y acepta lo mejor que tengamos para darle, aunque sea equivalente a un par de litros de harina fina.

¡Qué Dios tan razonable tenemos!

¡Y qué buen ejemplo nos ha puesto de ser razonables y no compararnos con los demás ni exigir demasiado de nuestros hermanos!

¿Y qué podemos aprender de Jesús?

Él puso el ejemplo de ser razonable al ser paciente y bondadoso con sus discípulos a pesar de sus errores.

Veamos un ejemplo.

Vayamos a Lucas, capítulo 22, y fijémonos en cuán razonable fue Jesús.

Lucas 22.

Quedan pocas horas para que Jesús muera y él sabe que Pedro pronto lo va a negar tres veces.

¿Y qué hace Jesús?

Anima a Pedro.

Leamos el versículo 32.

Jesús dijo: “Pero yo he rogado por ti para que tu fe no decaiga.

Y tú, cuando vuelvas, fortalece a tus hermanos”.

¿Vieron cómo lo animó?

Jesús le dijo: “He rogado por ti”.

En otras palabras, Jesús oró por Pedro para que su fe no decayera.

Y luego le dijo: “Cuando vuelvas, fortalece a tus hermanos”.

Jesús confiaba en que Pedro, después de negarlo, volvería a servir fielmente a Dios y fortalecería a sus hermanos.

Jesús le dijo aquello a pesar de que, como menciona el versículo 34, Pedro lo iba a negar tres veces.

¿Cómo nos muestra este relato que Jesús fue razonable?

Bueno, quizás recordemos lo que Jesús había dicho tiempo antes, que se menciona en Mateo 10:33: “Si alguien me rechaza delante de la gente, yo también lo rechazaré”.

Era una advertencia muy seria, y Jesús se la pudo haber aplicado a Pedro.

Pero demostró que era razonable y no lo rechazó.

¿Por qué?

Porque Jesús sabía que había circunstancias atenuantes.

Estuvo dispuesto a perdonar al apóstol arrepentido y confiaba en que Pedro seguiría sirviendo a Dios.

¿Cuál es la lección?

Debemos fijarnos en las cosas buenas de nuestros hermanos.

El hermano Splane lo explicó el sábado, ¿verdad?

Aunque son imperfectos, debemos confiar y tener fe en nuestros hermanos.

Seamos razonables en lo que esperamos de los demás.

¿Quién sabe?

Quizás tengan problemas que no sabemos o que no entendemos bien.

Una “Atalaya” dijo: “Es muchísimo mejor encomiar a los hermanos por lo que hacen que andar juzgándolos por lo que dejan de hacer”.

Como Jesús, seamos razonables, mostremos amor y tengamos en cuenta las circunstancias.

Bueno, ¿qué hemos visto hoy?

Que alguien razonable es paciente, bondadoso y amable consigo mismo y con los demás.

Y toma en cuenta las limitaciones y las circunstancias de otros.

Quien es razonable, nos atrae.

Y quien no es razonable, suele repelernos.

¡Y qué excelente ejemplo nos ponen Jehová y Jesús!

Recuerden la harina fina, y que tenemos que buscar lo bueno en los demás y confiar en ellos.

Así que, en nuestro día a día, busquemos oportunidades de demostrar que somos razonables.

 

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