El texto del día, tomado de Colosenses 4:6, nos enseña cómo deberíamos hablar siempre.
Dice: “Que sus palabras sean siempre agradables, sazonadas con sal”.
Vamos a contestar tres preguntas.
La primera: ¿qué significa que las palabras sean agradables?
La segunda: ¿por qué es tan importante que hablemos de manera agradable?
Y la tercera: ¿cómo aprendemos a hablar de forma agradable?
Veamos la primera, ¿qué se quiere decir con “agradables”?
El término griego para “agradables” tiene un significado especial.
El apóstol Pablo utilizó esta palabra más de 100 veces en sus cartas inspiradas.
Pero ¿qué tiene de especial esta palabra?
Que es el mismo término que se traduce en la Biblia como “bondad inmerecida”.
Y, en otras ocasiones, también se traduce como “bondadoso regalo”.
Así que el texto podría haber sido: “Que sus palabras sean siempre un bondadoso regalo”.
Podemos comparar esta idea con algo que dijo Pablo en el capítulo 4 de su Carta a los Efesios.
Dice aquí, en Efesios 4:29, y leemos la parte b del versículo: “Que todo lo que digan sirva para edificar a otros según sea necesario y para beneficiar a quienes los escuchan”.
Pero ahora fijémonos en la primera parte del versículo.
Dice: “Que no salgan de su boca palabras corrompidas”.
Esto es un término muy fuerte.
¿Alguna vez se te ha dañado un alimento que tenías en el refrigerador?
A primera vista no se veía mal.
Pero, al abrir el envase, salió un olor a podrido que… ¡uf!
Apartas la cara, lo vuelves a cerrar y te deshaces de él enseguida.
Ahora imagínate que estás conversando con un amigo cercano y, lógicamente, esperas tener una conversación agradable.
Pero, cuando abre la boca, critica, habla mal y dice cosas negativas sobre algún hermano o alguna decisión tomada.
¡Qué decepción!
Esas son palabras corrompidas.
Podría decirse que apestan.
Pero, si le tapas la boca a tu amigo, te arriesgas a que te ponga en su lista negra.
Sencillamente, cerramos esa conversación desagradable y la echamos a un lado.
Pero, siendo sinceros, en algún momento hemos sido nosotros los que hemos hablado pestes.
Pasemos ahora a la segunda pregunta: ¿por qué es tan importante que hablemos de manera agradable?
Analicemos las palabras que encontramos en Santiago, capítulo 3.
Santiago 3:6: “La lengua también es un fuego.
La lengua representa un mundo de injusticia entre los miembros de nuestro cuerpo, porque contamina todo el cuerpo y, encendida por la Gehena, le prende fuego a todo el curso de una vida”.
Quien usa mal la lengua, puede acabar en la Gehena.
Jesús dijo lo mismo.
Leamos sus palabras en el Evangelio de Mateo.
Mateo 12:36.
Aquí dice: “Les digo que en el Día del Juicio la gente tendrá que dar cuenta de cualquier cosa inútil que diga”.
Pero, un momento, ¿se nos va a juzgar por lo que somos en el interior o por lo que decimos?
Noten esto.
Versículo 34.
Leamos la segunda parte de este versículo: “Porque la boca habla de lo que abunda en el corazón”.
Aunque digamos lo primero que se nos cruce por la mente, ¿de dónde salen esas cosas?
De nuestro corazón.
Jehová juzga a las personas por lo que son en el interior, pero también por el impacto que sus palabras tienen en otras personas.
Y Jehová nos ha puesto el mejor ejemplo de cómo hablar de forma bondadosa y agradable.
Vamos a leer las palabras que dijo en Zacarías, capítulo 1.
Leamos este relato sobre un ángel, un ángel que está muy preocupado y le hace una pregunta a Jehová.
Lo que le preocupa a este ángel es que parece que los enemigos de la adoración pura están consiguiendo que los judíos se vayan alejando poco a poco de Jehová.
Leamos su pregunta en el versículo 12: “Oh, Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo les negarás tu misericordia a Jerusalén y a las ciudades de Judá, con las que has estado indignado estos 70 años?”.
Y ahora el versículo 13: “Al ángel que hablaba conmigo, Jehová le respondió con palabras amables y de consuelo”.
No sabemos exactamente lo que le dijo Jehová, pero sí sabemos que Jehová siempre es bueno y bondadoso.
Esto que acabamos de explicar nos lleva a la tercera pregunta: ¿cómo aprendemos a hablar de forma agradable y bondadosa?
Vamos a destacar dos principios, aunque podríamos hablar mucho sobre este tema.
El primer principio que queremos destacar está en Efesios 5:1.
Aquí dice: “Por lo tanto, imiten a Dios”.
¿De qué manera?
“Como hijos amados”.
A los niños les gusta imitar a los padres, y también les encanta hacer regalitos para sus padres y cositas que los hagan felices.
Pensemos en una niña que le hace un regalito a su mamá.
Ese regalo quizás no sea el mejor regalo del mundo, ¿verdad?
Pero para la mamá es muy valioso.
¿Por qué?
Porque la mamá sabe que la está imitando.
Quizás la niña la vio cuando le hacía un regalito a otra persona.
Y, por eso, la mamá se pone muy contenta.
Y así mismo ocurre con Jehová.
Cuando lo imitamos, alegramos su corazón, lo hacemos feliz.
Para imitar a Jehová, hay que valorar lo que él hace.
Y algo que nos ayudará a valorar lo que hace es ser siempre agradecidos, darle las gracias.
Así que, todos los días, agradezcámosle a Jehová todo lo que hace.
Probablemente no nos damos cuenta ni de la mitad de las cosas que hace por nosotros.
Pero, si somos siempre agradecidos y todos los días le damos las gracias por las cosas tan bonitas que hace por nosotros, entonces aprenderemos a valorarlo y sentiremos admiración por él.
Y ¿por qué es esto importante?
Porque cuanto más admiremos a nuestro Padre, Jehová, mayor será nuestro deseo de imitarlo.
Alguien podría decir: “Ay, hermano, es que yo no soy capaz de imitar a Jehová. No puedo”.
Tranquilo, lo único que hay que hacer es esforzarse por ser agradecido.
El segundo principio que queremos resaltar está en el texto que analizamos hoy, que dice que nuestras palabras deben estar “sazonadas con sal”.
En tiempos bíblicos no había refrigeradores.
Así que, para conservar los alimentos, la gente les ponía sal.
Sí, los salaban.
De esta forma no se echaban a perder.
De igual forma, si hablamos con bondad, conservaremos la dignidad de los que nos escuchan, el amor que nos une y tendremos amistades que durarán para siempre.
Busquemos lo bueno en los demás.
Si adoptamos esta buena costumbre, siempre le hablaremos a la gente con bondad.
Y les diremos cosas que sacarán a la luz lo bueno que tienen.
¿No es cierto que les decimos cosas bonitas a los que queremos mucho?
En resumen, sin importar por lo que pasemos o cómo nos sintamos, hablemos de forma agradable, hagamos siempre el bien y seamos amables con los demás.
Esforcémonos y pongámonos la meta de hacer lo que dice el Salmo 19:14: “Que las palabras de mi boca y las reflexiones de mi corazón sean de tu agrado, oh, Jehová, mi Roca y mi Redentor”.