Imagínese esta mañana que le piden escribir su biografía para La Atalaya.
Después del susto, quizás se plantee por dónde empezar.
Seguramente se habrá fijado en que las biografías de La Atalaya suelen comenzar con un párrafo que narra un momento decisivo en la vida de esa persona.
Por ejemplo, la biografía del hermano Eric Beveridge, que sirve aquí en Betel de Estados Unidos, comienza de esta forma: “‘Sentencio al acusado a seis meses de prisión’.
Con estas palabras resonando en mis oídos, fui a parar a la cárcel [...] en Manchester (Inglaterra). [...] Acababa de enfrentarme a una de las pruebas más duras de mi joven vida: negarme a realizar el servicio militar”.
Otro hermano, Harley Harris, quien fue misionero en el Ecuador por muchos años, empieza hablando del día 2 de septiembre de 1950.
Dice: “Estábamos en una asamblea de circuito [...].
Una turba enardecida nos había rodeado.
El alcalde había mandado a la guardia nacional para que nos protegiese, y los soldados, con las bayonetas caladas en sus fusiles, flanqueaban la calle.
Entre insultos, caminamos hasta nuestros vehículos [...], a fin de continuar con la asamblea.
Fue allí donde me bauticé a los 14 años”.
También, el hermano Don MacLean, que es canadiense pero ahora sirve en el comité de la sucursal de Australasia, comienza así su historia: “Allí estaba yo sentado, hora tras hora, con un miembro de la Real Policía Montada de Canadá a mi lado.
Yo era su prisionero.
Íbamos rumbo al campamento de prisioneros de [...] Ontario, Canadá, y parecía que el viaje de 2.400 kilómetros (1.500 millas) por tren nunca terminaría”.
Está claro que estos fueron momentos decisivos en la vida de esos hermanos.
¿Y usted?
¿Recuerda algún momento que haya sido decisivo en su vida?
Quizás piense: “Bueno, a mí nadie me apuntó con un arma a la cabeza y me dijo: ‘¡Decida ahora si quiere servir a Jehová!’”.
Pero todos hemos vivido momentos que han sido decisivos para nosotros.
Quizás cuando decidimos servir a Jehová, o empezar el servicio de tiempo completo.
Para ello, tal vez tuvimos que vender nuestra casa o un negocio, decidir si queríamos servir en Betel o irnos a vivir a otro país.
También es posible que tuviéramos que pasar por algunas pruebas...
Quizás rechazamos la oportunidad de seguir con nuestros estudios académicos o dijimos que no a un trabajo muy bien pagado.
Pues bien, sea como sea, estoy seguro de que todos recordamos algunos de estos momentos cruciales, decisiones que tomamos que tuvieron buenos resultados.
Pensemos ahora por un momento en un siervo fiel de Jehová: Abrahán.
¿Cuál fue el momento decisivo de su vida?
Bueno, si buscan en la Biblia el capítulo 11 de Hebreos, verán que el apóstol Pablo resume muchos de los momentos decisivos en la vida de algunos siervos fieles del pasado.
En el versículo 8, dice sobre Abrahán: “Por fe Abrahán, cuando fue llamado, obedeció, y salió a un lugar que estaba destinado a recibir como herencia; y salió, aunque no sabía adónde iba”.
Ese fue un momento decisivo en la vida de Abrahán, ¿verdad?
Decidió obedecer a Jehová, irse de Ur y viajar a un país lejano que ni siquiera conocía.
Pero ¿fue eso lo único que tuvo que hacer para recibir su recompensa?
No.
Leamos ahora el versículo 9.
Dice: “Por fe residió como forastero en la tierra de la promesa como en tierra extranjera, y moró en tiendas con Isaac y Jacob, herederos con él de la mismísima promesa”.
Aquí no se destaca un momento decisivo de su vida.
Se destaca la fe que demostró día tras día.
¿Por qué lo decimos?
Bueno, sabemos que, después de un tiempo, Abrahán y su familia cruzaron el río Éufrates y entraron en la Tierra Prometida.
Eso fue en el año 1943 antes de nuestra era.
Pero aún tuvo que esperar veinticinco años para que naciera su hijo Isaac, y otros sesenta para que nacieran sus nietos Esaú y Jacob.
Y murió después de haber vivido como extranjero en la Tierra Prometida por unos cien años.
Entonces, ¿qué aprendemos?
Aunque Abrahán tomó una decisión clave en un momento crucial de su vida, respaldó esa decisión, tal como menciona el versículo 9, sirviendo a Jehová fielmente día tras día.
Así que la lección que aprendemos es que no son solo esos momentos decisivos en la vida los que definen quiénes somos en realidad.
Más bien, esos momentos y las decisiones que tomemos tienen que ir acompañados de un historial de fidelidad.
Para ser sinceros, puede que muchas de las biografías que leemos en La Atalaya comiencen de forma muy emocionante: “Sí, me pusieron un arma en la cabeza.
‘¡Decídete!
¿Morirás?
¿Estás dispuesto a morir por Jehová?’”.
Pero luego, cuando uno sigue leyendo, siento decirlo, se da cuenta de que no pasó nada espectacular en la vida de esas personas.
Y eso incluye también mi biografía.
¿Por qué digo eso?
Porque, por lo general, nuestra vida no está llena de momentos decisivos o experiencias emocionantes.
Sencillamente consiste en seguir siendo fieles a Jehová.
Por lo tanto, no podemos confiarnos y decir: “Bueno, yo ya tomé la decisión de servir a Jehová.
Pasé la prueba.
Así que a partir de ahora siempre seré fiel”.
¡No!
Debemos seguir respaldando esas decisiones con un historial de fidelidad.
Recuerde que en la Biblia se habla de muchos siervos de Dios que vivieron momentos decisivos.
Por ejemplo, Salomón.
¿Recuerda cuando le pidió a Jehová sabiduría y no riquezas, y Él lo alabó por ello?
Ese fue un momento decisivo, ¿verdad?
Pero luego no respaldó aquella decisión con una vida de lealtad.
De hecho, aquel momento decisivo de su vida perdió su valor porque no siguió siendo fiel a Jehová.
¿Y qué pasó con Judas Iscariote?
¿Hubo momentos decisivos en su vida?
¡Claro que sí!
Recuerde que en cierto momento decidió hacerse seguidor de Jesús.
Y no hay duda de que mientras siguió fielmente a su Maestro vivió cosas interesantes y emocionantes.
Pero, de nuevo, aquellas buenas decisiones perdieron su valor porque no siguió siendo fiel.
Esto nos ayuda a entender por qué el apóstol Pablo mencionó algunas ideas muy interesantes justo antes de hacer la lista del capítulo 11 de Hebreos.
Volvamos a Hebreos, esta vez al capítulo 10.
Hebreos 10:35-39.
Fíjese, aquí está la lección que queremos aprender.
Comenzando en el versículo 35, Pablo dice: “Por lo tanto, no desechen su franqueza de expresión, la cual tiene un gran galardón que se le ha de pagar.
Porque ustedes tienen necesidad de aguante”.
Y esto nos recuerda las palabras de Jesús: “El que haya aguantado hasta el fin es el que será salvo”.
Pablo sigue: “Para que, después que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban el cumplimiento de la promesa.
Porque aún ‘un poquito de tiempo’, y ‘el que viene llegará y no tardará’.
‘Pero mi justo vivirá a causa de la fe’, y, ‘si se retrae, mi alma no se complace en él’.
Ahora bien, nosotros no somos de la clase que se retrae para destrucción, sino de la clase que tiene fe que resulta en conservar viva el alma”.
¡Qué palabras tan animadoras!
Por eso, cuando reflexione sobre su vida, no se desanime si sus momentos decisivos no fueron espectaculares.
Y recuerde: las decisiones que tomamos a lo largo de la vida son importantes, pero aún es más importante que le seamos fieles a Jehová día tras día.