David Schafer: Miqueas esperó en Jehová (Miq. 7:4)

“El mejor de ellos es como un abrojo, el más recto de ellos es peor que un seto de espinos”.

Esta es una de las numerosas metáforas relacionadas con la agricultura que figuran en el libro de Miqueas.

¿De quién estaba hablando el profeta?

¿Por qué dijo esas palabras?

¿Y qué lección nos enseña el texto de hoy?

Para conocer el trasfondo histórico, podemos ir a la tabla de los libros de la Biblia en la página 1662 de la revisión en inglés de 2013 de la Traducción del Nuevo Mundo.

Pero si están utilizando la aplicación JW Library en inglés, hay que hacer lo siguiente.

Primero abran la aplicación y seleccionen el icono “Biblia”.

Luego, arriba a la izquierda, pulsen “Introducción”.

Aparecerá un listado, y en la parte inferior verán un enlace para los nombres y el orden en que aparecen los libros de la Biblia.

Púlsenlo.

No se desanimen si no ven más que eso.

Ahora vayan hasta el final de la lista, donde encontrarán el enlace “Tabla de los libros de la Biblia”.

Púlsenlo.

Pueden poner un marcador para llegar directamente allí la próxima vez.

Ahora busquen abajo el libro de Miqueas.

¿Qué información encontramos sobre el texto de hoy?

Que Miqueas fue el escritor, lo cual ya sabemos.

¿Dónde estaba?

En Judá.

¿Cuándo escribió la profecía?

En algún momento previo al año 717 antes de nuestra era.

¿Qué período abarca su libro?

Desde el año 777 hasta el 717 —60 años—.

¿Qué ocurrió durante ese período?

En el apéndice A6, hay una tabla sobre eso.

De nuevo, si están usando JW Library en inglés, vayan a la parte superior izquierda y pulsen en la opción para nombres y orden de los libros; en otras palabras, regrésense.

Al final de la lista verán el Apéndice A; o abajo pueden pulsar el icono “Biblia” y elegir el Apéndice A; está arriba.

Dentro del Apéndice A verán la tabla A6, sobre profetas y reyes de Judá e Israel.

Deseamos saber cómo fue la vida de la gente durante esos 60 años, del 777 al 717 antes de nuestra era.

En la parte b encontraremos la respuesta.

Pulsen allí para encontrar esta hermosa tabla.

¿Qué nos revela?

Que Miqueas fue contemporáneo de Isaías y Oseas, y que sirvió de profeta en Judá durante los 16 años del reinado de Jotán, los 16 años de la gobernación del malvado rey Acaz y durante la mayor parte de los 29 años del reinado de Ezequías.

Mientras tanto, ¿qué ocurría en el reino norteño de 10 tribus?

En el extremo derecho nos ubicamos en el año 777.

Le quedaban 19 años al reinado de Péqah y 9 años a la gobernación de Hosea; en este punto las cosas empezaron a cambiar.

La monarquía asiria se empeñó en someter a Israel.

Finalmente, la historia del reino norteño de 10 tribus llegó a su fin en el año 740 antes de la era común.

¿Afectaron todos aquellos sucesos al reino sureño?

Desde luego, pues se avivaron las llamas de la altivez de los asirios, quienes creyeron que podrían conquistar Judá con las mismas tretas.

Pero ¿qué sabemos sobre Jotán, Acaz y Ezequías?

Bueno, durante el reinado de Jotán, Judá comenzó a sufrir ataques militares debido a que el rey Péqah se había aliado con el rey Rezín de Siria.

Esa alianza acabaría debilitando las defensas de Judá, dejándola expuesta a brutales enfrentamientos con los edomitas en el sureste y con los filisteos, que venían del oeste.

Pero ni eso alcanzó para que el malvado rey Acaz se humillara.

Llevó una vida de excesos, buscó el apoyo de gobernantes paganos, sirvió a sus dioses e incluso sacrificó a sus propios hijos en el fuego, en el valle de Hinón.

No sorprende que Miqueas escribiera las palabras del texto de hoy.

Volvamos a la Biblia y leamos Miqueas 7:2-4: “El leal ha perecido de la tierra, y entre la humanidad no hay ninguno recto.

Todos ellos, para derramamiento de sangre acechan.

Cazan, cada uno a su propio hermano, con una red barredera.

Sus manos están sobre lo que es malo, para hacer esto bien; el príncipe está pidiendo algo, y el que está juzgando lo hace por la recompensa, y el grande habla del deseo vehemente de su alma, el suyo mismo; y lo entretejen.

El mejor de ellos es como un abrojo, el más recto de ellos es peor que un seto de espinos”.

¿Qué significa esta metáfora?

El término real: los israelitas infieles.

El término imaginario: los abrojos y un seto de espinos.

El punto de comparación: tal como enredarse entre abrojos o un seto de espinos lastimaría a cualquiera, los israelitas corruptos lastimaban a cualquiera a quien tuvieran cerca.

Pero ¿quiénes eran corruptos?

El versículo 2 dice que “todos ellos”.

Nadie hacía lo bueno.

Según el versículo 3, la maldad había infectado a las altas esferas de la sociedad.

Los prominentes expresaban sus caprichos, los jueces se vendían para complacerlos...

todos estaban involucrados.

Era trabajo en equipo.

Ahora bien, el versículo 3 indica que el príncipe estaba implicado.

¿Quién habrá sido el príncipe en los días del rey Acaz?

¿Ezequías?

¿O habrá escrito Miqueas estas palabras cuando Ezequías ya era rey?

Si fue así, ¿cómo habrá reaccionado Ezequías?

¿Qué no era un buen rey?

¿Habrá dicho: “Un momento, profeta.

¡Estás en un error!”?

¿Se habrá sentido ofendido?

¿Metería a Miqueas a la cárcel por sedición?

Hay un detalle muy revelador en cierta conversación que tuvo lugar un siglo más tarde, la cual Jeremías registró en el libro que lleva su nombre, en el capítulo 26.

Vean lo que dice Jeremías 26:18, 19: “Miqueas de Moréset mismo se hallaba profetizando en los días de Ezequías el rey de Judá y pasó a decir a todo el pueblo de Judá: ‘Esto es lo que ha dicho Jehová de los ejércitos’”, y entonces cita de Miqueas 3:12.

Ahora leamos el 19: “¿Acaso Ezequías el rey de Judá y todos los de Judá le dieron muerte de manera alguna?

¿No temió él a Jehová y procedió a ablandar el rostro de Jehová, de modo que Jehová llegó a sentir pesar por la calamidad que había hablado contra ellos?”.

Ezequías se arrepintió al oír el mensaje de Miqueas.

¡Qué pasaje tan fascinante!

¿Habrá persuadido Miqueas al joven Ezequías a ser un mejor estudiante de la ley de Jehová?

¿Habrá sido entonces cuando Ezequías, en calidad de príncipe, compuso el Salmo 119, que concluye con las célebres palabras: “He andado errante como una oveja perdida.

Oh busca a tu siervo, porque no he olvidado tus propios mandamientos”?

Aunque no estamos seguros, es posible que fuera así.

Lo que sí sabemos es que Ezequías tomó muy a pecho el consejo de Miqueas gracias a que este profeta fue muy paciente.

Miqueas se aferró a su comisión.

Él escribió las palabras del texto de hoy, pero jamás dejó de confiar en que Jehová puede mover corazones y hacer que la gente cambie de actitud.

La paciencia de Miqueas rindió fruto.

Esperó en Jehová.

Vio excelentes resultados incluso durante su propia vida.

De manera similar, hoy nosotros nos esforzamos por ser leales en un mundo sumamente desleal.

¿Qué efecto llegará a tener en otros nuestra paciencia y aguante?

 

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