¿Cómo te sentirías tú si Jehová te pidiera cuidar de algo que considera muy valioso?
Sí, que te pidiera cuidarlo por él.
Sería un gran honor, ¿no te parece?
Claro, aunque eso sería un gran honor, tampoco podemos negar que hacerlo implicaría una responsabilidad enorme.
Eso es lo que sentimos los ancianos y superintendentes como pastores de la congregación.
Jehová nos ha encargado que cuidemos de su pueblo, es decir, de su familia, sus siervos, todos los que le sirven y lo aman aquí, en la Tierra.
Y es por eso que a los ancianos y superintendentes nos interesa muchísimo el texto de hoy.
Jehová dice: “Yo mismo buscaré a mis ovejas y las cuidaré”.
Así que está claro que no es que Jehová esté evitando su responsabilidad.
¿Pero qué lo impulsa a decir eso: “Yo lo haré”?
En Ezequiel 34:2 encontramos la respuesta a esa pregunta.
Abramos la Biblia allí y leamos juntos el versículo 2, en la parte b.
Fíjense en lo que dice Jehová: “Ay de los pastores de Israel”.
¿Quiénes son “los pastores de Israel”?
Bueno, en los días de Ezequiel, Jehová les había encargado a ciertas personas la responsabilidad de cuidar de su rebaño, sus ovejas.
Y aquí Jehová les está diciendo a estos hombres “Ay de ustedes”.
¿Por qué?
En el versículo 4 dice: “No han fortalecido a las ovejas débiles ni han curado a las enfermas ni han vendado a las heridas ni han traído de vuelta a las descarriadas ni han buscado a las perdidas; en vez de eso, las han dominado con dureza y tiranía”.
Ningún pastor de la congregación se alegraría con estas palabras.
El problema fue que esos pastores se olvidaron de que estaban tratando con ovejas que no eran suyas: eran de Jehová.
El papá de una hermana que conozco criaba ovejas.
Hace unos años ella me dijo: “Seth, las ovejas dan mucho trabajo”.
¿A qué se refería?
A que no pueden defenderse solas, sino que dependen por completo de que el pastor las proteja.
A veces tienen hambre.
Conocen la voz del pastor, pero no siempre lo escuchan.
Se distraen, se alejan del resto, quedan atrapadas, se pierden y necesitan ayuda.
Dependen del pastor.
Así que, si un pastor no cuidara de sus ovejas —si las tratara con dureza— el resultado sería un auténtico desastre.
El pueblo de Jehová se parece mucho a un rebaño de ovejas porque necesita que lo cuiden.
Jehová se preocupa mucho por el bienestar de sus siervos, y él les ha encargado a los ancianos, estos pastores espirituales, que cuiden del rebaño por el que él ha pagado un precio muy alto.
Por eso debemos tener mucho cuidado al tratar con las ovejas, porque Jehová las ama y se preocupa mucho por ellas; son su rebaño.
Abramos la Biblia.
Vamos a leer lo que les dijo Jehová a los pastores de los días de Ezequiel.
Leamos el versículo 10.
Hacia el final del 10, Jehová dice: “Estoy en contra de los pastores; les pediré cuentas por mis ovejas”.
¡Qué palabras!
Así que Jehová se fija en cómo tratamos a sus ovejas, su rebaño.
Ustedes, jóvenes, siervos ministeriales que desean seguir progresando, es importante que entiendan bien lo que Jehová está diciendo aquí.
Jehová es el Pastor supremo.
¿Qué podemos aprender de su personalidad para cuidar mejor del rebaño que nos ha encargado?
Hablemos de tres cualidades.
En primer lugar, Jehová es accesible: hablar con él y tratar con él es muy fácil.
En Hechos 17:27, el apóstol Pablo dice que Jehová “no está muy lejos de cada uno de nosotros”.
¡Qué palabras tan lindas!
Jehová no es distante ni frío, nunca ha querido poner una barrera que separe a sus siervos de él.
Al contrario, nos quiere cerca a todos.
Él está muy interesado en ti y quiere que te vaya bien.
Es importantísimo que los pastores de la congregación sientan lo mismo por las ovejas.
En 1985 era voluntario en Brooklyn.
Esa fue una experiencia hermosa; aprendí muchísimo.
Y una de las lecciones más valiosas que me llevé de allí la encontré en una nota colgada en un tablero que había en el lugar donde yo trabajaba.
Estaba dirigida a todos los hermanos que servían como superintendentes en Betel.
Aquella nota decía algo así como: “Si un hermano se les acerca porque necesita hablar, dedíquenle el tiempo que necesite”.
Aprendí que los ancianos son pastores las 24 horas del día.
Eso me impactó muchísimo.
Para entonces ya hacía más o menos un año que era anciano.
Me tomé muy en serio ese consejo; siento que me ayudó a ser un mejor anciano, un mejor pastor.
En Betel y en las congregaciones tenemos excelentes ejemplos de pastores que nos demuestran lo que significa ser accesibles.
Y es que queremos ser accesibles siempre.
La segunda cualidad de Jehová, el Pastor supremo, es: saber escuchar.
Es muy bueno escuchando.
El Salmo 65:2 lo describe como “el que escucha las oraciones”.
Jehová nos invita a que le hablemos.
Y, si lo pensamos, es maravilloso poder contarle a nuestro Padre cualquier cosa, sea lo que sea que nos preocupe.
A veces, cuando oramos, puede que hablemos sin pensar.
Por supuesto, no diríamos nada irrespetuoso.
Pero, si nos sentimos frustrados, enojados, sabemos que podemos contarle a Jehová cómo nos sentimos.
Y hasta le confesamos abiertamente nuestros pecados, seguros de que nos va a perdonar.
Así que, en Betel, si somos superintendentes, podríamos preguntarnos: “¿Escucho con atención cuando los hermanos me hablan?
¿Se sienten cómodos hablando conmigo, contándome algún problema que tengan, tal vez personal o en la congregación, o en su trabajo aquí en Betel?
¿Se atreven a venir a contarme algún error que cometieron?”.
Si somos buenos escuchando, no habrá ninguna barrera en la comunicación.
En tercer lugar, Jehová es compasivo.
¿Y cómo lo demuestra?
Él enseguida se da cuenta de cuando otros sufren y hace lo necesario para ayudarlos.
¿Cómo podemos imitarlo?
Dándonos tiempo para conocer a cada ovejita: cómo es, cuáles son sus problemas, sus preocupaciones, a qué se enfrenta.
Es entonces cuando podemos imitar a Jehová y ser compasivos.
En 2 Crónicas 36:15 se dice que Jehová siente “compasión por su pueblo”.
Esforcémonos por ser compasivos como él al tratar a las ovejas.
Hace 30 años, La Atalaya dijo algo muy interesante: “Los ancianos no juzgan todo el tiempo.
[…] Son pastores todo el tiempo […].
Su responsabilidad primordial es velar por las ovejas y protegerlas, mantenerlas dentro del rebaño”.
¡Más claro, imposible!
Que todos los que tenemos el honor y la responsabilidad de ser superintendentes, ancianos y pastores lo tengamos bien presente.
Debemos ser como el Pastor supremo: ser accesibles, buenos para escuchar y compasivos.
Si así lo hacemos, seguro nos bendecirá, y estaremos cumpliendo con lo que nos pide el Pastor supremo y superintendente de nuestras almas, Jehová.
