¿Lo diseñó alguien? La ecolocalización
Muchos animales usan principalmente su vista para saber lo que hay a su alrededor.
¿Pero qué pasa si no basta con usar sus ojos o si no se ve casi nada?
Algunos usan la ecolocalización, es decir, la capacidad de usar el sonido para “ver” o reconocer su entorno.
La mayoría de los murciélagos pueden hacer eso.
¿Pero cómo es posible, si viven en lugares abarrotados?
Los murciélagos tienen que comprobar constantemente lo que está pasando en su entorno.
Lo logran al contraer ciertos músculos de forma increíblemente rápida para lanzar ráfagas de sonido.
Luego escuchan el eco que se produce y lo analizan.
Lo que tardan en escuchar el eco les permite ubicar los objetos que hay a su alrededor.
Algunos, como el murciélago pardo grande, captan las diferencias entre objetos que están a menos de un milímetro entre sí.
El sonido de un murciélago sale de su garganta o su lengua, pero el de un cachalote se genera dentro de su enorme cabeza.
Antes de sumergirse, llena de aire sus pulmones y usa parte de ese aire para producir sonidos bajo el agua que han alcanzado los 230 decibelios...
¡Más fuerte que un avión despegando!
Esta ballena empuja el aire a través de los labios fónicos, haciendo que produzcan una serie de clics.
Pero el sonido no va hacia el frente, sino que primero rebota en un saco de aire y va hacia atrás, a través del órgano de espermaceti.
Allí rebota en otro saco de aire y va hacia delante a través de un tejido llamado melón.
Todo esto genera un flujo de sonido que el cachalote dirige como si fuera una linterna.
Este animal de 40 toneladas no puede frenar de repente.
Por eso estos clics tan potentes lo ayudan a evitar peligros, como chocar contra el fondo del océano.
Y, más hacia la superficie, los delfines también usan la ecolocalización.
Al igual que otros cetáceos con dientes, los delfines no tienen oídos externos, así que escuchan los ecos a través de su mandíbula, donde unos tejidos grasos llevan el sonido directamente a su oído interno.
Y algunos delfines perciben objetos a más de 650 metros.
En el mar abierto, en las aguas más profundas y en oscuridad total, algunos animales pueden “ver” con una precisión increíble gracias al sonido.
¿Es esta impresionante capacidad producto de la evolución, o la diseñó alguien?
