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El 14 de marzo de 2026, los estudiantes de la clase 159 de Galaad terminaron sus cinco meses de estudio de la Biblia.
El programa de graduación los preparó para los cambios que vendrán y para futuras asignaciones.
Los principios que se analizaron también son prácticos para nosotros cuando nos enfrentamos a cambios.
Busquemos maneras de poner en práctica las lecciones que escucharemos.
Bueno, solo queremos darles la bienvenida a todos los que están escuchando y viendo este programa.
También les damos la bienvenida a los estudiantes, que se han esforzado mucho estos cinco meses.
Sabemos que estaban llegando al límite de tanto estudiar, así que nos alegramos de que estén aquí hoy.
Y qué bueno que estén aquí su familia, sus amigos, todos los que están presentes y los miles que están conectados por todo el mundo.
Bueno, ¿lo pueden creer?
Por fin llegó el día, el de su graduación; llevaban mucho tiempo esperándolo.
Lo sé.
Llegó el momento de irse a sus destinos y de poner en práctica todo lo que han aprendido en esta escuela, tantas preciosas perlas, y de trabajar hombro a hombro en paz con sus queridos hermanos.
Y el tema de la paz, ¿te preocupa?
Quizás vas a un lugar nuevo y te preguntes: “¿Lograré mantener la paz?
¿Me llevaré bien con los demás?”.
O a lo mejor vuelves adonde estabas y piensas: “¿Me estarán observando para ver si soy mejor después de Galaad?”.
Es normal que se sientan así.
Por eso, el título de este discurso es el siguiente: “Mantengamos la paz”.
Todos sabemos que mantener la paz no siempre es fácil.
Jesús también lo reconoció en Mateo, capítulo 5.
Vamos a buscarlo, Mateo 5.
Fijémonos en la situación que él describe y en cuál es la lección.
En Mateo 5:23, 24, Jesús les dice a sus discípulos: “Por eso, si estás llevando tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete.
Primero haz las paces con tu hermano, y luego vuelve y presenta tu ofrenda”.
A los que escucharon esto hacer lo que Jesús estaba diciendo podía haberles parecido imposible.
Imagínense: dejar la ofrenda en el altar y ponerse a buscar a alguien en la ciudad durante la época de la fiesta cuando allí había cientos de miles de personas, entre toda esa gente.
Buscar a alguien que, por cierto, tiene algo contra ti.
Hacer las paces con esa persona y volver al templo a tiempo para presentar tu ofrenda.
Así que lo que Jesús nos enseña con todos estos detalles es que mantener la paz a veces es difícil.
Y las preguntas que nosotros debemos hacernos son: “¿Por qué puede ser difícil mantener la paz?
Y ¿qué hay que hacer para mantenerla, aunque sea difícil?”.
Para contestar esas preguntas, vamos a hablar de tres miedos que nos impiden mantener la paz.
Y luego veremos cómo Abrán, o Abrahán, fue capaz de superar esos miedos y mantener la paz con Lot en ocasiones en las que esa paz se puso a prueba.
Empecemos con el primer miedo: el miedo a parecer débiles.
Muchos luchamos con sentimientos de inseguridad, de creer que no valemos nada, y una reacción natural a eso es esforzarnos por parecer mejores que los demás, y eso hace que ellos se sientan inferiores.
Y al final lo que ocurre es que se pierde la paz.
¿Y podría Abrán llegar a superar ese posible miedo?
Busquemos en la Biblia Génesis, capítulo 13.
Este es el famoso relato en el que los ganaderos de Lot y Abrán se peleaban por las tierras, y parece que Abrán vio que aquello podía afectar su relación con Lot.
Veamos lo que pasó en Génesis 13:8, 9: “Así que Abrán le dijo a Lot: ‘Por favor, somos hermanos.
No debería haber peleas entre tú y yo, ni entre tus ganaderos y los míos.
Tienes a tu disposición cualquier parte del país, ¿no es verdad?
Separémonos, por favor.
Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha.
Pero, si tú vas a la derecha, yo iré a la izquierda’”.
¡Guau!
Abrán fue humilde y trató a Lot como si fuera superior; no tuvo miedo de parecer menos importante que Lot.
Pudo haber intentado demostrar que él era el más importante de los dos.
Pudo haber dicho: “Espera.
¿Quién sigue a quién?
Tú eres el que me sigue a mí.
Yo fui el que recibió una misión de parte de Jehová, no tú”.
Podía haberse salido con la suya, pero seguramente no habría mantenido la paz.
No, Abrán no hizo eso.
Aunque tenía inseguridades, como tú y como yo, él no quiso ser más importante.
Cedió y dejó que Lot eligiera.
¿Y qué fue lo que motivó a Abrán a hacer eso?
En pocas palabras, a él le importaba más cómo lo veía Jehová que cómo lo veían los demás.
A Abrán no le importaba en qué parte de la Tierra Prometida viviría: lo importante para él era estar en la Tierra Prometida.
Estar allí significaba que tenía la aprobación de Dios.
¿Y no es esa la lección de Mateo 5:23, 24?
En realidad, Jesús le dijo al que quiso hacer las paces con su hermano: “Vuelve.
Ven, vuelve al altar y dale tu ofrenda a Jehová”.
Abrán quería eso más que cualquier otra cosa: la paz con Dios.
¿Entonces cuál es la lección, la primera lección que aprendemos de Abrán?
Que el miedo a parecer débiles, a que otros no vean la experiencia que tenemos o nuestra posición, o quizás que fuimos a Galaad…, todo eso viene de inseguridades que pueden impedir que mantengamos la paz.
¿Y cómo evitamos tener este miedo?
Bueno, igual que Abrán, estando contentos con lo más valioso que un humano puede tener: la aprobación de nuestro Dios, Jehová.
Otras bendiciones o asignaciones que podamos tener son cosas adicionales.
Ahora bien, Abrán fue humilde con Lot y pudo haber pensado: “Seguro que Lot me tratará de la misma manera”.
Eso habría sido ideal.
Esto nos lleva al segundo miedo: el miedo a que se aprovechen de nosotros.
Esto puede ocurrir cuando cedemos en un desacuerdo y entonces nos sentimos vulnerables y tenemos miedo de que, como cedimos, ahora la otra persona va a aprovecharse de nosotros.
¿Qué hizo Abrán?
Volvamos al capítulo 13 de Génesis y sigamos leyendo.
Génesis 13, a partir del versículo 10.
Recordemos lo que pasó.
Abrán fue bueno con Lot, se esforzó por mantener la paz, y el versículo 10 dice: “Entonces Lot levantó la vista y vio todo el distrito del Jordán, hasta Zóar.
Vio que era una región con mucha agua, igual que el jardín de Jehová y que la tierra de Egipto.
Así era antes de que Jehová destruyera Sodoma y Gomorra.
Lot eligió todo el distrito del Jordán y mudó su campamento al este.
De modo que se separaron.
Abrán se fue a vivir a la tierra de Canaán.
En cambio, Lot se fue a vivir cerca de las ciudades del distrito”.
¿Estaba Lot aprovechándose de la humildad que le mostró Abrán?
En realidad, no lo sabemos.
No tenemos todos los detalles de lo que estaba pasando en aquel momento.
Y en el discurso principal de este programa se hablará más de esto.
No se lo pierdan.
Pero ¿y si lo que hizo Lot sorprendió a Abrán?
¿Y si aquello le molestó?
Abrán pudo haber pensado: “¿¡Qué pasa aquí!?
Ser humilde no funciona.
¿De qué me sirve?
Tengo que ser más duro con Lot”.
Podía haber pensado así.
¿Pero se dejó llevar Abrán por ese miedo?
No.
Noten que al final del versículo 11 y al principio del versículo 12 simplemente dice: “De modo que se separaron.
Abrán se fue a vivir a la tierra de Canaán”.
Sin quejarse, sin reclamar sus derechos o decir que era injusto...
Abrán demostró verdadera humildad.
No era una táctica para al final salirse con la suya.
Para Abrán, la paz era más importante que sus gustos personales.
¿Vemos la lección que podemos aprender?
El miedo a que alguien se aproveche de nosotros y se quede con una responsabilidad que queríamos o con el mérito, la alabanza… puede hacer que empecemos a pensar que ser amables, humildes y ceder no nos conviene; y eso acabará con la paz.
No nos dejemos llevar por ese miedo.
En vez de eso, hagamos como Abrán.
Confiemos en que mantener la paz como Jehová quiere siempre es lo mejor, incluso cuando parece que salimos perdiendo.
Puede que las cosas no salgan como nos gustaría, pero tendremos lo más importante: la aprobación de Dios, la paz con él.
Cuando Lot empezó a sufrir las consecuencias de sus decisiones, ¿cómo reaccionó Abrán?
¿Perdonó y olvidó?
¿O tuvo miedo de hacerlo?
Ese es el tercer miedo, y lo analizaremos al final del programa.
Ha llegado el momento de ver De primera mano.
Esta es una parte del programa de graduación de Galaad que cada vez nos gusta más.
Esta vez será interesante, será una buena oportunidad para los que tienen espíritu de misionero.
Les dará ideas de lo que pueden hacer para predicar donde hace falta más ayuda.
El hermano Jeremy Clarke presentará esta edición de De primera mano.
Bienvenidos a De primera mano.
En Mateo 5:6, Jesús dice que felices son los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados en sentido espiritual.
¿Pero cómo satisface Jehová la necesidad espiritual de nuestros jóvenes?
Bueno, les da esa responsabilidad a sus padres.
Pero ¿y si sus padres no son testigos de Jehová?
¿Qué hace él entonces?
En tiempos antiguos, Jehová se valió de otras personas maduras; por ejemplo, el sumo sacerdote Jehoiadá ayudó al rey Jehoás, y Zacarías educó al rey Uzías.
En este episodio de De primera mano, algunos estudiantes nos contarán cómo Jehová los alimentó en sentido espiritual cuando eran jóvenes y cómo esto los llevó a hacer más por Jehová y a disfrutar de su servicio sagrado.
Comencemos.
La primera pareja viene de Estados Unidos, y son Antron y Rebeca Carraway.
Les damos la bienvenida a ambos.
Ustedes llevan algunos años sirviendo en Estados Unidos, pero nos gustaría que nos contaran un poco acerca de su crianza y su juventud.
Claro.
Nací y me crie en Carolina del Sur.
Y mis padres me enseñaron la verdad desde niño.
Mi papá me enseñó a tratar bien a la gente.
Y mi mamá, ella siempre estuvo ahí ayudándome a que me pusiera metas espirituales y a cumplirlas.
Y hubo otros hermanos en la congregación que se interesaron mucho por mí.
Uno de ellos se ofreció a estudiar conmigo y con mi primo el libro de Proverbios.
¿¡El libro de Proverbios!?
Es que éramos adolescentes, y el hermano pensó que, como el libro de Proverbios está lleno de consejos prácticos, sería una buena manera de familiarizarnos con la sabiduría de la Biblia.
También hubo otro hermano que tuvo un impacto en mi vida.
Él estaba en mi congregación y se fue unos años a Betel, pero, cuando regresó, me dijo: “Tienes que pensar en ponerte la meta de ir a Betel”.
Así que eso hice.
También me dijo que debía aprender otro idioma, y le hice caso.
¡Qué bueno que lo escuchaste!
Es animador ver que se interesaron tanto por ti.
Y tus padres, ¿te enseñaron la verdad, Rebeca?
Yo crecí en España y mi familia vivía cerca de la sucursal.
Recuerdo que con frecuencia mis padres invitaban a betelitas a la casa.
¿Qué efecto crees que tuvo eso en ti, que vinieran tantos betelitas a casa?
Pues pude ver que, aunque no tenían mucho en sentido material, realmente no les faltaba nada.
Para mí estaba claro que Jehová cuidaba de ellos en todo sentido.
Y se notaba que eran felices; siempre estaban sonriendo.
Creo que eso siempre se me quedó en el corazón.
Yo también quería sentir esa alegría en mi vida.
¡Qué bien!
¿Y qué más hicieron tus padres para ayudarte en sentido espiritual?
Algo que recuerdo es que mi padre oraba conmigo y mis dos hermanas todas las noches.
Pero no solo eso: él también quería escuchar nuestras propias oraciones.
Así él podía ver si Jehová era alguien real para nosotras.
Y mi madre, por su parte, nos animaba a pasar el mayor tiempo posible con los precursores de la congregación.
Y, gracias a que hicimos eso, las tres llegamos a amar la predicación desde jovencitas.
Pues se nota que ambos aprendieron mucho de lo que les enseñaron sus padres.
Eso les dio fe y entusiasmo, y los motivó a hacer más por Jehová.
¿Se les presentó esa oportunidad de hacer más?
Pues sí.
Cuando Antron y yo nos estábamos conociendo, él ya era betelita en Nueva York.
Pero poco después recibió una invitación para servir en la sucursal de Uganda.
¡Guau!
Sí, para mí también fue una sorpresa, pero tenía muchas ganas de ir a Uganda.
Rebeca y yo nos seguimos conociendo, la boda fue en Madrid, y pocos días después de casarnos Rebeca viajó a Uganda para comenzar su servicio en Betel.
Y ahí están los dos en Uganda, ¿no?
Sí, es en la sucursal.
¿Y cómo les fue?
La verdad es que fue una experiencia inolvidable.
Pero tengo que reconocer que al principio me costó, porque eran muchas cosas nuevas a la vez.
Tenía que acostumbrarme a la vida de casada y a la vida en Betel.
Y no solo eso, también a la cultura, el idioma, la comida y hasta la forma de pensar.
Te sirve para conocerte a ti mismo.
Te das cuenta de cómo piensas, cómo piensan los demás, y eso te ayuda a madurar.
Te deben haber venido muy bien los proverbios que aprendiste de joven.
Sí, sí.
Por ejemplo, ahora en las clases repasamos Proverbios 19:11, que dice que “es un gesto hermoso” pasar por alto la ofensa.
Es impresionante que Jehová —quien ha creado tantas cosas hermosas— nos diga en este versículo que pasar por alto una ofensa, eso es hermoso.
Eso nos hizo pensar que, cuando estuvimos en Uganda, hicimos cosas que tal vez ofendieron a los hermanos.
Pero nunca nos dijeron nada.
Tuvieron el hermoso gesto de pasar por alto nuestras ofensas.
Sí, los hermanos de Uganda llegaron a ser como nuestra familia.
Aprendimos que, cuando de verdad amas a los hermanos, ellos también te van a querer.
Y nos ayudaron mucho, sobre todo cuando nos entraba la nostalgia.
Por ejemplo, había una pareja de misioneros que estaban muy pendientes de nosotros y de cómo nos sentíamos.
Nos prestaban mucha atención y pasaban tiempo con nosotros.
Veíamos todo su amor y cariño como una expresión del amor y cariño que Jehová mismo siente por nosotros.
¿Y cuánto tiempo estuvieron en Uganda?
Estuvimos 10 años allí.
¿Fue duro irse?
Sí.
Fue muy duro.
Lloramos muchísimo cuando nos tuvimos que ir.
Sí, lloramos a más no poder.
Sí.
Pero lo bueno es que seguimos en contacto con los hermanos de Uganda, en particular con las muchas amigas que hice allí.
Ellos tenían el don de hacer sentir al extranjero como alguien nacido allí.
Es más, cuando nos fuimos, nos regalaron una cabrita y un terreno por si nos da por volver.
Excelente.
Ustedes han puesto en práctica todo lo que aprendieron en su niñez y ahora están listos para satisfacer las necesidades espirituales de otros.
Antron y Rebeca, les agradecemos mucho que hayan compartido con nosotros su historia.
Algunos en esta clase tienen a uno solo de sus padres en la verdad.
Una de ellos es la hermana Jiahui Lin, de Taiwán.
¡Démosle la bienvenida!
Nos alegra tenerte aquí, Jiahui.
Gracias.
¿Nos puedes contar un poquito de tu crianza también?
Claro.
Nací y crecí en Taiwán.
Y tenía 10 años cuando mi mamá aprendió la verdad y se bautizó.
Bien.
¿Y tu papá?
Él todavía no es Testigo, pero no se opone y nos apoya.
Fue mi mamá la que nos enseñó a mi hermano menor y a mí a amar tanto a Jehová como la predicación.
Esta eres tú con tu mamá… Sí, en el Salón.
— … y con tu hermano.
— Mmm… Qué bonita foto.
¿Qué hizo tu mamá para que aprendieras a amar a Jehová?
Mi mamá empezó el precursorado cuando éramos pequeños y tenía un trabajo de jornada completa.
Pero no era precursora solo por un sentido de compromiso; le encantaba predicar.
Todavía recuerdo lo contenta que se veía cuando llegaba a casa de predicar.
Siempre nos contaba todas las experiencias bonitas que había tenido ese día en la predicación.
¿Se le hacía fácil a tu mamá predicar en ese territorio?
Bueno, es verdad que en Taiwán el estilo de vida de muchas personas se centra en las cosas materiales y no les interesa o no tienen tiempo para la Biblia.
Pero mi mamá siempre encontraba gente que la escuchaba.
Creo que atraía a las personas por su entusiasmo y por el amor sincero que les mostraba.
Empezaba conversaciones con facilidad usando la sección “Introducción a la Palabra de Dios” que está al principio de la Biblia.
Se nota que era una precursora muy entusiasta.
¿Y cómo es para los demás hermanos predicar en un territorio donde la gente está tan cómoda en sentido material?
Pues no les va mal.
De hecho, tengo un video que me gustaría mucho mostrarles a todos.
¡Vamos a verlo!
Los portugueses llamaron a Taiwán Ilha Formosa, que quiere decir “Isla Hermosa”.
La belleza de este paraíso del Pacífico va desde la cima de sus montañas hasta sus playas costeras.
Pero, como sucede en todas partes del mundo, lo más bonito de Taiwán es su gente.
En 1948, el hermano Stanley Jones —que se había graduado de la octava clase de Galaad— visitó Taiwán.
Atravesó toda la isla para llegar a una asamblea donde se bautizaron 300 personas.
Las semillas de la verdad que se sembraron en aquel entonces han dado fruto, y hoy hay más de 11.000 publicadores en Taiwán.
Taiwán es uno de los países con mayor densidad de población del mundo.
Solo en la ciudad de Taipéi viven más de dos millones de personas.
En este lugar hay oportunidades para hacer dinero por dondequiera.
Pero nuestros hermanos y hermanas siguen el ejemplo de los primeros misioneros y apoyan de todo corazón la obra de predicar el mensaje del Reino.
Mis padres siempre discutían por asuntos de dinero.
Por eso me propuse que de mayor tendría mucho dinero; quería que mi familia estuviera contenta.
Pero a los 17 empecé a estudiar la Biblia y aprendí una importante verdad: Jehová quiere que vivamos para siempre en el Paraíso.
También aprendí que somos felices si estamos satisfechos con lo que tenemos.
Me bauticé en 1999.
Después de casarnos, teníamos la meta de servir como precursores en un lugar de necesidad.
Pero en aquel entonces mi padre ya llevaba ocho años sufriendo las secuelas de un infarto.
A medida que pasaba el tiempo, mi trabajo me gustaba cada vez más.
Además, me hacía sentir importante y valioso.
Ahora creo que, en el fondo, aunque decía que estaba proveyendo para mi familia, en realidad me encantaba mi estilo de vida.
Pero, cada vez que alguien nos decía que iba a ir a la Escuela para Evangelizadores o que quería expandir su servicio, se nos despertaba el deseo de hacer más y de hacer cambios en nuestro estilo de vida.
Tiempo después, cuando mi papá falleció, vimos que teníamos la oportunidad de simplificar nuestras vidas.
Poco después, los dos renunciamos a nuestros trabajos, nos mudamos a una zona donde había más necesidad de publicadores y empezamos el precursorado allí.
Cuando mi jefe supo que yo iba a renunciar, estaba muy decepcionado, no lo podía creer.
Y me preguntó: “Yi Hong, ¿estás loco?
¿En qué estás pensando?
¿Qué va a ser de tu futuro?
¿Qué va a ser de tu familia?”.
Pero no me iba a hacer cambiar de opinión; estaba decidido.
Jehová nos bendijo muchísimo.
Enseguida me enamoré de mi nueva vida.
Pasábamos muchísimo tiempo con todos los hermanos de la congregación y también pudimos ayudar a muchos estudiantes de la Biblia a acercarse a Jehová y conocerlo mejor.
Ahora pienso que el mundo de Satanás es puro engaño.
Te ofrece muchas cosas que parecen muy atractivas, pero nada de eso tiene ningún valor si lo comparas con tener una buena relación con Jehová.
Él te ofrece vida eterna en el Paraíso y la oportunidad de servirle para siempre.
Me arrepiento de no haber tenido el valor de renunciar a todo antes a fin de poder servirle mejor a Jehová.
He aprendido lo ciertas que son las palabras de Proverbios 10:22: “La bendición de Jehová es lo que enriquece”.
Está claro que los primeros misioneros que llegaron a Taiwán hicieron un magnífico trabajo.
Su ejemplo ha inspirado a miles de publicadores a hacer sacrificios para apoyar la predicación aquí en esta zona.
¡Cuánto nos anima ver a los hermanos trabajando duro y ayudando a otros a conocer a Jehová!
Sí.
Y, Jiahui, además de tu mamá, ¿hubo otros hermanos que te ayudaran a progresar?
Pues hubo una época en la que estuve más débil espiritualmente; faltaba a las reuniones.
Pero había una pareja de misioneros en mi congregación que de verdad se preocuparon mucho por mí.
Siempre que faltaba a una reunión la hermana me preguntaba si yo estaba bien.
Tenemos aquí una foto de ellos contigo, tu mamá y tu hermano.
Ajá.
¿Ya habían ido a Galaad?
Sí.
De hecho, ellos salen en el video Hasta los cabos de la Tierra.
Me encantaba estar con ellos, pero más adelante fueron enviados a otra ciudad, y me puse triste.
Lo bueno es que Jehová me bendijo con otra amiga, una hermanita de Japón que se mudó a Taiwán para ayudar.
Ella siempre me invitaba a predicar, a hacer revisitas, a dar clases de la Biblia… ¡Qué bueno que esa hermana hizo eso!
¿De qué otras formas te ayudó?
Recuerdo que, cuando salió el primer video de la serie “Los jóvenes preguntan”, que se titula ¿Cómo conseguir amigos verdaderos?, ella me invitó a su casa para que lo viéramos juntas.
Mientras lo veía, me di cuenta de que lo que estaba haciendo la precursora por la joven del video era esencialmente lo mismo que estaba haciendo la hermana de Japón por mí.
Hasta ese momento, yo sabía que esta era la verdad.
Era algo lógico para mí.
Pero, cuando yo pude ver lo mucho que esa hermana me quería, también pude ver lo mucho que Jehová me quería a mí personalmente.
Desde entonces lo vi como un amigo y quise estar mucho más cerca de él.
Qué hermoso.
¿Qué efecto tuvo en tu progreso espiritual la ayuda que te dieron tu mamá y otros hermanos?
Comencé el precursorado regular y luego me mudé a una congregación de habla inglesa.
Es muy bonito ayudar a otras personas a ver cuánto las quiere Jehová.
Y ver todo lo que los hermanos sacrifican para servir a Jehová y mudarse a Taiwán desde distintas partes del mundo es algo que siempre me ha animado mucho.
Sí, nos da mucha alegría ayudar a otros a conocer a Jehová y enseñarles la verdad acerca de él.
Gracias, Jiahui.
Esperamos que Jehová te bendiga a ti y a los demás hermanos de Taiwán.
Nos encantó tu historia.
Gracias.
A muchos de nuestros hermanos no les enseñaron la verdad sus padres.
Conozcamos a uno.
Su nombre es Doug Terrell, de Estados Unidos.
Bienvenido, Doug.
Cuéntanos, por favor, cómo conociste a Jehová.
Pues tenía 18 años, y mi vida era un desastre.
¿Por qué dices eso?
Mis hermanos y yo nos criamos con mi mamá, que no era Testigo.
Y, aunque hizo un excelente trabajo, yo tomé muy malas decisiones cuando era adolescente.
Mis amigos no eran los mejores; estaba siempre enojado, deprimido, ansioso… Y un día mi mamá tuvo que hablar seriamente conmigo.
Hasta ese momento, yo había visitado distintas iglesias porque quería saber más acerca de Dios.
Fui a la católica, a la pentecostal, la metodista… ¿Y qué te parecieron?
No veía mucha sinceridad, nada me llegó al corazón.
Así que, cuando mamá tuvo aquella conversación conmigo, terminé arrodillándome ante Dios y rogándole con lágrimas en los ojos que me ayudara a conocerlo bien y a encontrar respuestas a mis preguntas.
¿Cuáles eran esas preguntas que tenías?
Quería saber si Dios tenía un nombre, por qué tiene que sufrir la gente buena y por qué hay tanta hipocresía en la religión.
Hay muchas personas que se hacen esas mismas preguntas.
¿Y luego qué pasó?
Dos semanas después de esa oración, vinieron los testigos de Jehová.
Y en casa nunca les abríamos.
OK.
¿Y por qué les abriste esa vez?
Esta vez fue distinto.
Eran dos hermanas, y una de ellas había sido mi maestra en la escuela.
Todavía recordaba lo amable que había sido esa maestra conmigo.
Así que, al verla, abrí la puerta.
Entonces ella me hizo una pregunta: “¿Sabes cuál es el nombre de Dios?”.
Y me leyó Salmo 83:18.
Más tarde leyó 1 Juan 5:19 para destacar que “el mundo entero está bajo el poder del Maligno”.
Y conocer estas verdades me hizo sentir una alegría que nunca antes había experimentado.
¡Qué bien!
Y, aparte de ella, ¿hubo alguien más que te ayudara a aprender de la Biblia y a progresar espiritualmente?
Sí.
Ya cuando estaba estudiando la Biblia, fui a Atlanta (Georgia).
En ese viaje conocí a mi mejor amigo.
Cuéntanos sobre él.
Pues llevaba como un año estudiando la Biblia, pero se me hacía difícil poner en práctica lo que había aprendido.
Pero este hermano me quiso ayudar.
Él era un precursor muy bueno y se preocupaba mucho por mí.
Por eso, decidí mudarme a Atlanta y seguir estudiando la Biblia con él.
Al final compartimos casa por siete años.
¡Guau, qué bien!
El hermano se interesó por ti y también por tus necesidades espirituales.
¿Qué pasó después?
Un día mi amigo invitó al superintendente de circuito al curso de la Biblia, y el hermano me trató con mucho cariño.
Así que, después de hablar con él, decidí hacerle una oración a Jehová y pedirle que me ayudara a ponerme metas espirituales.
Nos trajiste una foto.
¿Quiénes están aquí?
Este es el día en que me bauticé.
A la derecha está la hermana que había sido mi maestra y que tocó a mi puerta, y a la izquierda está mi mejor amigo.
OK.
Ese amigo te puso en contacto con el superintendente de circuito.
¿Cómo te ayudó eso?
Para ese entonces, estaba tratando de lidiar con los efectos de todo lo que pasó antes de que me hiciera testigo de Jehová.
Y el superintendente de circuito me ayudó mucho con eso.
Me enseñó a mejorar en el ministerio.
También me enseñó a ser un buen maestro y pastor en la congregación, y a manejar mejor algunas de mis emociones.
Y, poco después, pasé a ser superintendente de circuito.
¡Qué impresionante!
Y ahora, al recordar a todas las personas que te ayudaron en sentido espiritual, ¿cómo te sientes?
Pues creo que me siento un poco como Onésimo.
Antes de ser cristiano, él había huido de su amo.
Y un esclavo valía poco, era una simple posesión.
Pero, cuando se hizo cristiano, Pablo lo ayudó a ser una parte importante de la congregación.
Creo que antes de ser Testigo yo me sentía también como Onésimo.
Me parecía que mi vida no tenía valor, no tenía futuro.
Pero, igual que Jehová usó a Pablo para ayudar a Onésimo, también usó a mi maestra, a mi mejor amigo y al superintendente de circuito para que yo me diera cuenta del potencial que tenía.
Nos alegra que hayas alcanzado tus metas, Doug.
Eso nos enseña la importancia de dedicarles tiempo y atención a los jóvenes y ayudarlos a amar a Jehová.
Gracias por habernos acompañado.
Cuando alguien satisface nuestra necesidad espiritual, nos sentimos impulsados a hacer más por Jehová.
Veamos ahora la historia de una pareja que sirve en Tailandia.
Son Andy y Julia Alton.
Bienvenidos.
Ambos son del Reino Unido, pero sirven en Tailandia.
Cuéntennos cómo llegaron allá.
Pues, por mucho tiempo, nosotros lo que queríamos era servir en el Betel de nuestro país.
Rellenamos la solicitud, y nada.
Así que estábamos bastante desanimados y no sabíamos muy bien qué hacer.
Es verdad que a veces nos ponemos metas y nos desanimamos si no las alcanzamos cuando nosotros queremos.
¿Qué los ayudó a ustedes?
En ese entonces, pues orarle a Jehová.
Pero luego se nos presentó la oportunidad de servir en Tailandia.
¿Ah, sí?
¿Y cómo?
Resulta que mi hermana y su esposo ya se habían ido a servir allí y nos invitaron para que lo probáramos.
Y en Mánchester ya estábamos sirviendo en un grupo tailandés que se había formado allí.
Eso nos hizo mucho más fácil la decisión de ir a ver qué tal nos iba.
¿Y cómo les fue?
Sí, ¡genial!
Lo que pasa es que, más o menos cada seis meses, teníamos que volver al Reino Unido para trabajar.
Mientras tanto, otros hermanos tenían que hacer las revisitas y dirigir los cursos bíblicos que habíamos conseguido.
Y, cada vez que volvíamos, teníamos que volver a empezar.
Y todavía teníamos la esperanza de recibir aquella invitación para servir en Betel.
Pero pronto nos dimos cuenta de que teníamos que tomar una decisión: o nos quedábamos de una vez por todas en Tailandia, o regresábamos a casa y servíamos de precursores.
Y Betel seguía sin darles ninguna respuesta.
¿Qué decidieron hacer?
Bueno, pues, después de orar y orar, nos quedamos en Tailandia.
¿Qué fue lo que los convenció?
Después de sopesar todos los factores, lo que nos convenció es la gran necesidad que hay en Tailandia.
Hay tanto trabajo que hacer...
Eso tuvo más peso que nuestra preferencia personal.
Así que en eso nos enfocamos.
Además, irnos a Tailandia era lo que más miedo nos daba.
¿Y se fueron a Tailandia aunque era lo que más miedo les daba?
Pues sí, porque queríamos salir de nuestra zona de confort.
Solo cuando sales de tu zona de confort, empiezas a confiar completamente en Jehová.
Luego pasó algo maravilloso: nos sentimos mucho más cerca de Jehová.
Les damos las gracias por tener el valor de hacer lo que más miedo les daba.
¿Cómo es la predicación en Tailandia?
Oh, es buenísima.
Aquí estamos Julia y yo, un día que salimos a predicar en Bangkok.
Encontramos muchísimas personas que querían saber más de la Biblia.
Como muchos de ustedes sabrán, en Bangkok y en Tailandia la mayoría de la gente es budista; sin embargo, hay muchas personas —en especial las más jóvenes— que están buscando algo mejor.
Y esa es una buena oportunidad.
Trajimos un video sobre eso.
¡Pues vamos a verlo!
¡Bienvenidos a Tailandia!
Este es un país muy colorido.
El aire está impregnado de deliciosos aromas, y dondequiera que vayas te topas con una sonrisa.
Aquí la hospitalidad no es un deber; es una forma de vida, porque la familia y los amigos son muy importantes.
Y, aunque son felices, muchos están buscando algo mejor.
Quieren darle propósito a su vida y sentir verdadera paz.
Conozcamos a Narumon y a Kanitta.
En la zona donde me crie, había monjes, y ellos se supone que tenían que ser buenos ejemplos.
Pero la realidad era que no ponían en práctica sus propias enseñanzas.
Y yo me preguntaba: “Si ellos no hacen lo que deberían, ¿por qué la gente los sigue y los respeta tanto?”.
Siempre recibía la misma respuesta: “Es un monje; tienes que respetarlo”.
Esa respuesta para mí no tenía mucho sentido.
Mi papá era un hombre muy bueno y cariñoso, pero tenía un problema: se había hecho adicto al alcohol.
Los budistas enseñan que, si alguien bebe mucho y tiene una adicción al alcohol, podría ir al infierno.
Pero yo no quería que mi papá terminara en el infierno; por eso fui al templo, para saber qué podía hacer para ayudar a mi papá y salvarlo.
Ellos me dijeron que no había nada que hacer, que las obras buenas nunca van a borrar las malas.
Lo que me sugirieron fue que hiciera donaciones al templo, porque eso le podría ayudar a mi padre cuando fuera al infierno.
Eso no me convenció, y ahí fue que empecé a buscar otras respuestas.
Quería saber qué enseñaban otras religiones sobre este asunto.
Me habían enseñado a creer sin cuestionar nada.
Tenías que creer ¡y punto!
Pero yo quería más, necesitaba respuestas que tuvieran sentido.
Empecé a buscar en las redes sociales grupos que hablaran de cambiar de religión.
Y me di cuenta de que había mucha gente que no estaba contenta con la religión que tenía.
Algunos me invitaban a su iglesia.
Y me llamaba la atención, pero me daba miedo ir.
En cierto lugar vi una Biblia.
Y pensé: “Tal vez aquí están las respuestas que estoy buscando”.
La pedí prestada para leerla en casa.
Pero me dijeron que no me la podía llevar, que tenía que comprarla.
¡Y costaba 1.000 bats!
(Como 31 dólares).
Yo pensé: “Debe haber una Biblia en internet que se pueda leer gratis”.
Fui a Google, puse “Biblia” y le di al primer resultado, jw.org.
Seguí explorando la página y vi que ofrecían un curso de la Biblia gratis.
Pero yo tenía mis dudas.
Me preguntaba: “¿Será gratis de verdad?”.
Decidí hacer una prueba.
Puse mis datos y me dije: “Si al final me dicen que tengo que pagar, les voy a decir que no”.
A los dos días me llamó una hermana.
Y yo le pregunté varias veces: “Dígame, ¿en verdad es gratis el curso?”.
“Sí, es gratis”, dijo.
Resulta que un día comí con mi jefa.
Cuando nos trajeron la comida, vi que cerraba los ojos; y me llamó la atención, no sabía lo que estaba haciendo.
Cuando los abrió, le pregunté por qué había hecho eso.
Ella me explicó que era cristiana y que estaba haciendo una oración a Dios para darle las gracias por la comida.
Enseguida le dije: “Oh, pues yo quiero cambiarme de religión.
¿Qué crees que debería hacer?”.
Ella me contestó: “Pues yo doy clases de la Biblia gratis”.
Y yo le dije: “Pues yo quiero”.
Mi papá falleció en el 2019.
Para mí fue muy duro, pero ya no tenía el mismo temor de antes, porque ahora estoy segura de que en el futuro lo volveré a ver.
Sé que va a resucitar; tengo muchas ganas de volver a hablar con él.
La lección 27 del libro Disfrute de la vida me impresionó mucho.
Cuando la estudié, mi maestra me ayudó a darme cuenta de cuánto nos quieren Jehová y Jesús.
Jesús no solo nos dijo que nos amaba; lo demostró con acciones, porque sacrificó su vida por nosotros.
Aprendí que sí vale la pena seguir a Jehová y a Jesús porque ellos nos aman y se sacrifican por nosotros.
¡Nos alegra muchísimo que Narumon y Kanitta hayan aceptado la verdad!
Por eso seguimos buscando a más personas, para que puedan aceptar la verdad y cambiar por completo sus vidas.
¿Conocen a esas dos hermanas?
Sí, sí.
Cuando llegamos a Tailandia, Narumon estaba estudiando la Biblia y ella iba a la misma congregación a la que íbamos nosotros.
Ya veo por qué les gusta tanto predicar allí.
¿Y hubo alguien que los ayudara a adaptarse a la vida en Tailandia?
Sí, muchos hermanos nos ayudaron.
En particular, una pareja de misioneros que había ido a Galaad.
Nos recordaron que, aunque teníamos que esforzarnos, también teníamos que ser equilibrados, porque nos estábamos adaptando.
Nos dieron muchas buenas ideas para que nos sintiéramos a gusto en nuestra casa, para que fuera un lugar en el que pudiéramos descansar y renovar nuestras fuerzas para seguir predicando.
Los misioneros son siempre un buen ejemplo, y qué ayuda tan práctica les dieron.
Y, díganme una cosa: ¿qué fue exactamente lo que hizo que naciera en ustedes ese deseo de hacer más por Jehová?
En mi caso, diría que fueron mis padres.
Los dos aman mucho a Jehová.
Además, son muy amables y generosos con todos los hermanos.
Mi papá también ayudaba mucho en la construcción de Salones del Reino cuando yo era joven y nos gustaba mucho hacer ese trabajo juntos.
Además, había dos ancianos en mi congregación con los que trabajaba seglarmente y también en la construcción de Salones del Reino.
Gracias a mis padres y a ellos, llegué a amar a Jehová y a ponerme metas en su servicio.
¿Ese eres tú?
Sí, soy yo con mis padres.
Lindo.
Y yo diría que en mi caso también fueron mis padres.
Mi mamá se bautizó cuando yo era pequeña y mi papá lo hizo unos años después.
Desde ese momento en adelante, siempre tuvimos una buena rutina espiritual, cosa que no es fácil cuando hay siete niños en casa.
Pasara lo que pasara, siempre íbamos a predicar y no nos perdíamos las reuniones.
Eso no se discutía.
Recuerdo con cariño llegar a casa de la escuela y ver a mi mamá en la mesa de la cocina estudiando.
Y por las mañanas, cuando me levantaba, veía a mi papá leyendo La Atalaya.
Yo quería ser como ellos y tener una relación con Jehová así de fuerte.
¿Y esa niña rubia de las fotos eres tú?
Sí, en una foto estoy con mi mamá y en la otra con mi papá.
Ambos nos han mostrado cómo los padres, los misioneros y otros hermanos pueden ayudar a los más jóvenes a amar a Jehová, a confiar en él y a sentirse impulsados a ampliar su servicio y hacer más.
Fue muy lindo tenerlos a ambos aquí con nosotros.
Jehová puede usar a cualquier hermano para satisfacer nuestras necesidades espirituales.
¿Te has visto reflejado en estos ejemplos?
¿Te está usando Jehová para satisfacer la necesidad espiritual de alguien más?
Si eres padre, te felicitamos por los esfuerzos que haces por ayudar a tus hijos a amar a Jehová y darle lo mejor.
Aun si estás criando a tus hijos solo, puedes tener éxito.
Y si eres alguien mayor, un precursor, un misionero o un anciano, recuerda que puedes tener una gran influencia en la vida de los jóvenes.
Puedes hacer mucho por ayudarlos a que den lo mejor a Jehová y ellos a su vez satisfarán las necesidades de otros.
Esperamos que hayan disfrutado de todas estas entrevistas.
Nos veremos de nuevo en otro episodio de De primera mano.
Muy bien.
Gracias, hermano Clarke, y a todos los participantes; fue muy animador escucharles.
Es muy conmovedor saber que ahí afuera todavía podemos encontrar a mucha gente de buen corazón.
No sé ustedes, pero yo sentí muchas ganas de volver a ser misionero.
Bueno, total, no tengo elección.
Bueno, cuando hablamos al principio del programa sobre lo que pasó entre Abrahán y su sobrino Lot, ¿qué fue lo que pensaste de Lot?
¿Te pareció que es el malo de la película?
Pues el hermano David Splane del Cuerpo Gobernante hablará de Lot desde otro punto de vista muy interesante.
Su discurso se titula “Denles el beneficio de la duda”.
Pues, estaba pensando que el mes que viene se cumplen 60 años desde que llegué al 107 de Columbia Heights para asistir a la Escuela de Galaad.
¡Qué buenos recuerdos!
Y, claro, cinco meses después tuvimos la graduación.
Así que creo que tengo una idea de cómo deben sentirse ustedes ahora.
Este es un día especial para los que están a punto de graduarse.
Y queremos decirles que estamos orgullosos de ustedes.
Se han esforzado mucho, y Jehová los ha bendecido.
Y sabemos que se han esforzado con buenos motivos, no para impresionar a los demás con todo lo que saben, sino para acercarse más a Jehová y también a sus hermanos.
Y de esta última idea hablaré en este discurso: cómo debemos ver a nuestros hermanos y hermanas.
Bueno, sabemos que Jehová lo sabe todo sobre cada uno de nosotros.
Y por eso nos sentimos tranquilos y seguros de que, cuando llegue el día, se nos juzgará con justicia.
Jehová lo sabe absolutamente todo.
A él no se le escapará ningún detalle, no se va a olvidar de nada.
No hay ninguna duda de que Jehová tomará en cuenta todos los factores.
Por otro lado, como Dios le dijo a Samuel, el hombre solo “ve lo que tiene ante los ojos”.
No tenemos la capacidad de saber toda la información necesaria para juzgar bien a otra persona.
Y, como dijo Jake, vamos a seguir analizando el ejemplo de Lot.
La pregunta es: ¿qué aprendemos del ejemplo de Lot sobre darles a los demás el beneficio de la duda?
Y, por si lo estaban pensando, Jake y yo nos pusimos de acuerdo para esto.
¡Nos aliamos!
Bueno, Pedro tenía algo que decir sobre Lot.
Veamos lo que él escribió, 2 Pedro, capítulo 2, y leeremos los versículos 7 y 8.
Aquí tenemos una descripción de Lot.
¿Les doy un momento?
Si tienen artritis en los dedos como yo, sé que les costará un poco encontrarlo.
2 Pedro 2:7, 8.
Hablando de Jehová, dice: “También rescató al justo Lot, que estaba muy angustiado por la conducta descarada de los malvados, porque día tras día aquel hombre justo tenía su justa alma atormentada por las cosas malas que veía y oía mientras vivía entre ellos”.
Pero ¿quién afirmaba que Lot era “justo”?
¿Acaso se trata de la opinión personal de Pedro?
Pues no, porque esta es la segunda carta inspirada de Pedro.
Así que el espíritu santo impulsó a Pedro a elegir ese adjetivo para Lot.
Fue el espíritu santo el que hizo que Pedro dijera en tres ocasiones que Lot era “justo”.
Ahora bien, ¿quién usaba el espíritu santo?
Jehová.
En realidad, cuando leemos tres veces que Lot era un “hombre justo”, es el propio Jehová el que nos está dando su opinión de Lot.
Cuando piensas en Lot, ¿es así como lo ves, un hombre justo y bueno?
¿O a veces lo ves como un hombre que cometió muchos errores?
Bueno, alguien podría decir que, cuando su tío Abrahán le dio a elegir en qué parte de Canaán quería vivir, Lot eligió la mejor zona cuando debió haber insistido en que el mayor se la quedara.
¿No demuestra eso que era egoísta?
Bueno, cuando uno lee este relato, cuando uno lee la poca información que se da en este relato, podría llegar a esa conclusión, y quizá sea la correcta.
Pero ¿de verdad era Lot egoísta?
¿O habrá detalles que no conocemos y que nos ayudarían a entender la situación y cambiar la opinión que tenemos de Lot?
Supongamos lo siguiente.
Aunque Lot era el sobrino de Abrahán, quizás era mayor que Abrahán, incluso mucho mayor.
¿Cambiarías entonces de opinión?
Si eres betelita, deberías: antigüedad.
Aquí en Betel, cuando algunas habitaciones se quedan vacías, tenemos una manera curiosa de decidir para quiénes son.
No se reparten al azar.
No se decide a cara o cruz.
No jugamos a piedra, papel o tijeras.
No se la lleva el más rápido.
¿Entonces qué hacemos?
Bueno, a los que les interesen las habitaciones pueden ir a verlas y, cuando alguien ve una que le gusta, se lo puede informar a la Oficina de Betel.
¿Pero qué pasa si dos betelitas quieren la misma?
Bueno, la habitación se le da al que tenga más antigüedad, es decir, el que lleva más años en el servicio de tiempo completo.
La persona que no consiguió la habitación no va y le dice al que se la dieron: “Eres un egoísta.
Yo quería esa habitación.
¡Deberías dármela a mí!”.
No.
El betelita con más antigüedad se la queda.
Así es como funciona.
Supongamos que Lot era mayor que su tío, quizás lo suficiente como para ser su padre.
No podemos asegurarlo, porque en el relato de Génesis no se dan todos los detalles.
Pero sí tenemos algunos datos interesantes.
Abrahán tenía dos hermanos, Harán y Nacor, y es muy probable que Abrahán fuera el menor de los tres.
¿Y por qué decimos eso?
Bueno, ¿qué edad tenía el padre de Abrahán cuando Abrahán nació?
¿Tenía 60 años?
No.
¿Tenía 100 años?
No.
El padre de Abrahán tenía alrededor de 130 años cuando Abrahán nació.
¡Qué irónico!
Porque Abrahán pensaba que era demasiado viejo para tener un hijo a los 100 años cuando su padre lo había tenido a él con 130.
En cualquier caso, esto significa que Abrahán tenía hermanos mayores.
Y sabemos por las Escrituras —si hacemos cuentas—, sabemos que el hermano mayor de Abrahán tenía 60 años cuando Abrahán nació.
Y puede que fuera el padre de Lot, porque fue el primero de los tres en morir.
En aquella época, lo normal era tener hijos a los 30.
Así que, si el padre de Lot tenía 60 cuando Abrahán nació, es muy probable que Lot fuera un adolescente o incluso un adulto cuando su tío nació.
Si ese es el caso, Abrahán simplemente le estaba dando a elegir dónde vivir en la Tierra Prometida a aquel que tenía más antigüedad.
Si alguna vez te ha tocado una habitación por antigüedad, estarás de acuerdo en que Lot no hizo nada mal.
Alguien podría decirme: “Bueno, eso está muy bien, pero no puedes demostrar que Lot fuera mayor que Abrahán, porque la Biblia no dice que lo fuera”.
Me estás dando la razón, porque tampoco puedes demostrar lo contrario.
Este discurso no es para demostrar nada.
No es sobre Lot.
Lot es solo un ejemplo.
La idea de este discurso es que debemos darles el beneficio de la duda a los demás cuando no tenemos todos los datos, y en este caso no tenemos todos los datos.
Está bien, pero y si alguien dice: “Lot ya no quería vivir en tiendas.
Quería una vida más cómoda, por eso se mudó a Sodoma.
¿No demuestra eso que era materialista?”.
Bueno, es una posibilidad.
Pero insisto, ¿tenemos todos los datos?
¿De verdad sabemos la razón por la que Lot quería vivir en Sodoma?
¿Era porque deseaba una vida más cómoda?
¿O era porque quería proteger a su familia?
Recuerden que a Lot lo secuestraron.
Si a ti te hubieran secuestrado, ¿te arriesgarías a vivir con tu familia en una tienda en el campo, o preferirías la protección de una ciudad amurallada?
Recuerden que muchos de nuestros hermanos viven en barrios peligrosos.
Y no es porque les guste, no es porque quieran vivir cómodos en una gran ciudad: es porque no tienen otra alternativa.
El apóstol Pedro sabía sobre Lot lo mismo que nosotros.
Aun así, dijo que era un “hombre justo”, no un hombre egoísta ni materialista.
Un “hombre justo”.
A Lot no se le considera justo por haber dejado Sodoma.
Se le ayudó a huir de la ciudad de Sodoma porque había sido justo.
Había hecho cosas que para Jehová eran buenas.
Bueno, puede que Lot fuera egoísta cuando aceptó la mejor parte de la tierra y puede que haya sido materialista cuando se mudó con su familia a Sodoma.
Pero, si es así, entonces Lot tuvo que haber hecho otras cosas —muchas otras cosas buenas— para que Jehová dijera que era un “hombre justo”.
