Paul Gillies: “Felices los que fomentan la paz” (Mat. 5:9) [10:16]


En Mateo 5:9, Jesús dio una razón muy importante por la que debemos esforzarnos por buscar la paz.


Él dijo que los que fomentan la paz son felices.


Y, claro, esto puede parecer fácil, pero la verdad es que hacerlo tiene sus desafíos.


Hoy vamos a centrarnos en uno de ellos.


Lo encontramos en el capítulo 3 de Santiago.


¿Qué les parece si lo leemos juntos?


Santiago 3:5: “La lengua: aunque es una pequeña parte del cuerpo, hace grandes alardes.


¡Y fíjense con qué pequeño fuego se incendia un enorme bosque!”.


Y qué ciertas son las palabras del versículo 8: “Ningún ser humano puede domar la lengua.


Es incontrolable y hace daño; está llena de veneno mortal”.


Ese es el desafío: controlar la lengua.


Es un reto que afrontamos al buscar la paz.


La lengua es un órgano muscular que nos permite comer, respirar y hablar, y Santiago se estaba refiriendo a la función de hablar.


La palabra española lengua viene del latín lingua.


Y de ahí vienen otras palabras que también usamos en español como lingüística y lenguaje.


Y usamos muchas expresiones que hacen referencia a la lengua, como “lengua materna”, “trabalenguas”, “no tener pelos en la lengua”, “morderse la lengua” o “tener una lengua afilada”.


Y Santiago dijo que la lengua es como un fuego, con la capacidad de hacer mucho daño.


Solo basta una pequeña chispa para quemar un bosque entero.


Y, como somos imperfectos, si queremos buscar la paz, tenemos que esforzarnos mucho por controlar la lengua cuando nos ofenden.


Otra cosa que nos permite hacer la lengua es percibir sabores, como el dulce, el salado, el ácido y el amargo.


Con la punta de la lengua sentimos el sabor dulce, mientras que en los laterales tenemos papilas gustativas que nos permiten sentir el ácido y el salado.


Pero el amargo lo sentimos en la parte de atrás de la lengua, cerca de la garganta.


Esa capacidad de saborear también se compara en la Biblia con el habla.


Por ejemplo, Job 34:3 dice: “Porque el oído prueba las palabras así como la lengua saborea la comida”.


Y todos conocemos las palabras de Pablo en Colosenses 4:6, donde dijo lo siguiente: “Que sus palabras sean siempre agradables, sazonadas con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona”.


Así que las palabras de quienes buscan la paz deben ser de buen gusto.


Pero, claro, también son ciertas las palabras de Santiago 3:10.


Ahí dice: “De la misma boca salen bendición y maldición”.


En otras palabras, de nuestra boca pueden salir cosas dulces o amargas.


Tal vez digamos cosas amables cuando estamos en la predicación o en nuestras reuniones, pero en casa o en el trabajo quizá decimos cosas desagradables.


Y sabemos que eso no está bien, ¿pero por qué caemos en este error?


En Mateo 12:34 Jesús dijo algo muy sabio.


Él explicó que lo que decimos es un reflejo de lo que sentimos y pensamos.


Dijo que de lo que abunda en el corazón es de lo que habla la boca.


Como dijimos, el amargo lo sentimos en la parte de atrás de la lengua.


De la misma manera, de atrás, de lo profundo de nuestro corazón, es de donde salen las palabras amargas, que dejan un mal gusto y que revelan lo que sentimos y pensamos.


Por eso, lo que decimos y cómo lo decimos demuestra lo que sentimos por los demás.


Con lo que decimos podemos demostrar si respetamos a otros o no.


Pongamos como ejemplo lo que vemos en esta imagen.


En la parte izquierda vemos a una hermana que está soltando palabras hirientes o amargas contra otra hermana.


Lamentablemente, una vez que hemos dicho algo no podemos borrarlo, no podemos deshacerlo.


Así que, cuando herimos a alguien que queremos con nuestras palabras, tenemos que aprender a decir “lo siento”, pero debe ser de corazón, debemos sentirlo de verdad.


Eso es lo que está haciendo nuestra hermana en la parte derecha de la imagen, después de haber meditado en lo que la Biblia dice sobre el tema.


Ahora leamos juntos lo que dice Proverbios 12:18.


Aquí se nos da una muy buena razón para pensar antes de hablar: “Las palabras dichas sin pensar son como los golpes de una espada, pero la lengua de los sabios cura las heridas”.


La lengua puede causar heridas profundas.


Las palabras hirientes dichas sin pensar pueden dejar cicatrices emocionales que duren mucho tiempo.


Y, cuando estamos desanimados, puede que recordemos esas palabras.


¿Les ha pasado eso, que, cuando están desanimados, comienzan a pensar en algo hiriente que alguien les dijo hace mucho tiempo?


Pero las palabras pueden curar si hablamos con sabiduría y promovemos la paz.


Veamos un ejemplo de la Biblia que nos ayuda a entender este punto.


Cuando pensamos en Job, solemos pensar en sus heridas físicas, pero parece que las palabras le causaron tanto dolor como su enfermedad.


En Job 19:2 leemos lo que se ve en esta imagen.


Aquí vemos a Job y a sus tres supuestos amigos.


En el versículo 2 Job explica cómo lo hizo sentir lo que le dijo Bildad.


Él dice: “¿Hasta cuándo seguirán ustedes irritando mi alma, aplastándome con palabras?”.


Si se fijan, él dijo que lo estaban aplastando; no dijo simplemente que lo habían hecho sentir mal, sino que lo estaban aplastando con sus palabras.


¡Imagínense!


Hay casi nueve capítulos completos del libro de Job llenos de las palabras que dijeron estos hombres, que supuestamente querían consolarlo.


Pero en realidad le causaron mucho dolor.


Y qué mal debe haberse sentido de que ni siquiera usaran su nombre.


Seguro que nosotros nos habríamos sentido igual de mal.


Job tenía dos opciones.


Con lo mal que se sentía con lo que estos hombres le habían dicho, él podría haber pensado en su interior: “Si algún día salgo de esta, me voy a vengar de estos tres ‘amigos’”.


Pero no hizo eso; más bien, fomentó la paz.


Veamos cómo lo hizo en Job 42:8.


La imagen que vemos en pantalla nos ayuda a imaginarnos lo que pasó.


Más o menos en la mitad del versículo, vemos que Jehová dice sobre Job: “Mi siervo Job orará por ustedes”.


En cierto sentido, con estas palabras Jehová le estaba haciendo ver a Job que, para hacer las paces con estos supuestos amigos y no guardarles resentimiento, tenía que orar por ellos.


Y es muy interesante que Jehová le pidiera esto a Job, porque una de las cosas más difíciles que tiene que hacer quien busca la paz es orar por quien le ha hecho daño.


Como vemos en el versículo 10, solo después de que él orara por sus amigos, “Jehová acabó con el sufrimiento de Job y le devolvió la prosperidad que había perdido”.


Hacer esto le permitió a Job dejar atrás el resentimiento y seguir con su vida.


Ahora podía concentrarse en el futuro.


Por lo que leemos en la Biblia, al parecer vivió feliz el resto de su vida.


Pero lo más importante es que actuar así le permitió estar en paz con Jehová.


Así que somos felices de verdad cuando nos esforzamos por fomentar la paz y perdonarnos en vez de buscar venganza.


Pero ahora vamos a hablar de otra forma en la que podemos fomentar la paz.


¿Qué debemos hacer cuando vemos que un amigo está hiriendo a otros?


¿Lo pasamos por alto o tratamos de promover la paz?


Fijémonos en lo que dijo el rey David aquí en Salmo 141:5.


Vamos a concentrarnos en la primera parte del versículo.


Salmo 141:5 dice: “Si me golpeara alguien justo, sería un gesto de amor”.


Golpear a un amigo no suena como que estemos buscando la paz, ¿cierto?


De hecho, muchas veces evitamos corregir a un amigo porque tenemos miedo de que se lo tome mal y que eso afecte o incluso dañe nuestra amistad con él.


Es curioso que las personas que suelen hacer o decir cosas que ofenden a otros son las que normalmente se enojan más rápido cuando se las corrige.


Pero, si somos buenos amigos, le daremos a esa persona el consejo que necesita.


Pensemos en cómo se cura una herida.


Quizás tengamos que ponernos algo que al principio nos duela.


De la misma manera, puede que a un amigo al principio le duela lo que le digamos.


Pero lo bueno es que, si nuestro amigo pone en práctica el consejo, su relación con los demás va a mejorar y nosotros nos sentiremos contentos de haber fomentado la paz.


Algunos dicen que el perro es el mejor amigo del hombre porque mueve mucho su cola y no tanto su lengua.


Por otro lado, hoy nosotros moveremos mucho la lengua porque vamos a conversar bastante.


Pero recordemos que, si queremos fomentar la paz, tenemos que esforzarnos por que nuestras palabras siempre estén “sazonadas con sal”.


Fri, 24 Apr 2026 20:22:41 +0000





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