JW Broadcasting: Febrero de 2026 (reunión anual del 2025, parte 2) [1:53:42]

¡Bienvenidos a JW Broadcasting®!


El mes pasado vimos la primera parte de la reunión anual del 2025.


Esa fue solo la primera mitad de un delicioso banquete espiritual.


Nos alegra presentarles la segunda parte.


Seguro que les gustará.


¿Qué miembro del Cuerpo Gobernante actual lleva más tiempo en el Cuerpo Gobernante?


Si no saben esta respuesta… Sí, es el hermano Gerrit Lösch.


Y estamos muy contentos de que trabaje con nosotros.


El hermano Lösch presentará el discurso titulado “¿De qué templos nos habla la Biblia?”


.


Si buscamos en la obra Perspicacia, en el volumen 2, en la página 1096, se define el templo de Jehová de esta manera.


Cito: “Morada divina, lugar santo o santuario, ya sea físico o espiritual, que se emplea para la adoración.


La palabra hebrea heh·kjál, traducida ‘templo’, también significa ‘palacio’”.


Hoy día hay un templo espiritual en funcionamiento.


Y ahí les va una pregunta.


¿Verdadero o falso?


Como en tiempos bíblicos el templo estaba muy relacionado con los sacerdotes, hoy día solo están en el templo espiritual los cristianos ungidos.


¿Respuesta?


Falso.


Veamos por qué.


Pero antes vamos a analizar algunos significados de la palabra templo en la Biblia.


En primer lugar veremos los templos literales.


1) En la Biblia, la palabra utilizada para “templo” en 1 Samuel 1:9 se refiere al tabernáculo.


Ahí dice: “Elí estaba sentado en el asiento junto a la puerta del templo”.


Pero en realidad se refiere al tabernáculo.


Fue Jehová quien le dijo a Moisés cómo debía construir el tabernáculo y qué características debía tener.


2) El templo de Salomón, que estuvo en pie durante unos 420 años.


3) El templo que construyó Zorobabel después de que los israelitas volvieran de Babilonia y que duró unos 500 años.


En la obra Perspicacia, en el volumen 2, dice que “este segundo templo no tenía el arca del pacto, pues parece ser que esta ya no estaba en el templo de Salomón cuando Nabucodonosor lo saqueó en 607 a.E.C.”


.


4) El templo de Herodes.


Juan 2:20 menciona que “tomó 46 años construir este templo”.


Eso es mucho tiempo.


La palabra templo también puede referirse a otras cosas.


Por ejemplo, 5) “los términos griegos hi·e·rón y na·ós se traducen ‘templo’, y pueden referirse a todo el recinto del templo” construido por Herodes, incluidas las estructuras que lo rodeaban.


6) A veces, la palabra griega para “templo” —“na·ós, que significa ‘santuario’ o ‘morada divina’”— solamente se refiere al edificio central del templo de Herodes en el que se adoraba a Dios.


7) En el templo de Salomón, el edificio central tenía dos habitaciones interiores, el Santo y el Santísimo.


Esto seguía el modelo del tabernáculo, diseñado por Jehová.


Pero, a diferencia del diseño del tabernáculo, en este templo había habitaciones laterales y habitaciones de la azotea.


Estas habitaciones no tienen ningún significado simbólico.


8) En Hebreos, Pablo dice que el tabernáculo que Jehová diseñó representa algo simbólico.


Él dice que es “una sombra de cosas celestiales”.


El Santo representa la condición de hijos de Dios de los cristianos ungidos que han sido “engendrados por espíritu con la vida celestial en mira”.


El volumen 2 de Perspicacia dice que “el Santo y el patio de los sacerdotes, así como sus características, tienen que representar cosas terrestres, cosas relacionadas con Jesucristo durante su ministerio en la Tierra y con sus seguidores que son ‘participantes del llamamiento celestial’”.


El Santísimo representa el cielo.


Hebreos 9:24 dice: “Porque Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos humanas, que es una copia de la realidad, sino en el mismísimo cielo, así que ahora se presenta delante de Dios a favor nuestro”.


Entre el Santo y el Santísimo había una cortina.


¿Qué representaba esa cortina?


El cuerpo humano de Cristo.


Cuando Jesús murió, la cortina del templo de Herodes se rasgó de arriba abajo; eso indicó que Jesús ahora podía entrar en el cielo, que estaba representado por el Santísimo.


Jesús entró en el cielo 40 días después de que resucitara.


¿Entonces qué hemos visto hasta ahora?


Bueno, que el Santísimo de los templos literales representa el cielo.


Y el Santo representa la condición de los ungidos mientras están en la Tierra.


También hemos visto que la palabra templo tiene muchos significados.


Puede referirse al edificio central o santuario, pero también a todo el recinto del templo.


Ahora bien, no todos los patios ni las habitaciones tienen significado simbólico.


Por ejemplo, en el templo de Herodes estaba el Patio de los Gentiles.


Pero en el templo de Salomón y en el de Zorobabel no existía ese patio.


Y en el templo de Herodes cualquiera podía entrar en el Patio de los Gentiles.


La Atalaya del 1 de mayo de 2002, en la página 30, nos da cinco razones por las que no hay “equivalente espiritual, o antitipo, del atrio [o patio] de los gentiles que existía en los días de Jesús”.


Leo la cita: “No todos los aspectos del templo de Herodes se cumplen en el gran templo espiritual de Jehová”.


9) La Biblia también habla de un templo simbólico.


Efesios 2:21, 22 dice lo siguiente: Antes dijimos que la palabra griega para “templo” que se usa en las Escrituras Griegas es naós y que literalmente significa “morada divina”.


Es interesante que aquí la palabra que se traduce como “templo” se refiere a la congregación de cristianos ungidos.


Durante mucho tiempo, hasta 1971, entendíamos que la palabra templo que se usa en Efesios, capítulo 2, se refería al templo espiritual.


Pero lo estábamos entendiendo mal.


Así que en La Atalaya del 15 de julio de 2010, en la página 22, hubo una aclaración sobre este tema.


En ese artículo se explicaba que “alrededor del año 1971” comenzamos a “entender que el templo mencionado en Efesios no podía ser el gran templo espiritual de Jehová.


Si ‘la tienda verdadera’ hubiera estado formada por cristianos ungidos resucitados, no habría podido existir sino hasta ‘la presencia del Señor’, pues durante ese período empezaron a resucitar.


Sin embargo, Pablo indicó lo siguiente sobre el tabernáculo: ‘Esta misma tienda es una ilustración para el tiempo señalado que está aquí [fíjense] ahora’”, es decir, en el primer siglo.


Eso está en Hebreos 9:9.


Y hasta aquí la cita del artículo de La Atalaya.


En el volumen 1 del libro Perspicacia, en la página 735, párrafo 17, dice: “Se compara a la congregación cristiana a un edificio o templo edificado sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, y del que Cristo Jesús es la piedra angular de fundamento”.


Relacionado con esto, Pablo también escribió, cito: “¿No saben que ustedes [es decir, los ungidos] son el templo de Dios y que el espíritu de Dios reside en ustedes?


Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y ustedes son ese templo”.


Pablo también escribió: “El cuerpo de ustedes es el templo [o naós] del espíritu santo, que está en ustedes”.


1 Corintios 6:19.


10) Además del templo simbólico, existe un templo espiritual.


El templo simbólico y el templo espiritual son cosas diferentes.


El templo espiritual es “la tienda verdadera” que se menciona en Hebreos 8:2.


Pablo explicó que Jesús se convirtió en “siervo del lugar santo y de la tienda verdadera que levantó Jehová, y no el hombre”.


El templo espiritual se fundó en el año 29 de nuestra era, cuando Jesús fue ungido y comenzó su ministerio aquí en la Tierra.


Luego, en el Pentecostés del año 33 de nuestra era, cuando se derramó espíritu santo sobre los discípulos y fueron ungidos, ellos también entraron en el Santo del templo espiritual.


¿Entonces qué diferencia hay entre el templo espiritual y el templo simbólico?


Pues que el templo simbólico se refiere a los cristianos ungidos, pero el templo espiritual es el sistema para acercarse a Dios en adoración sobre la base del sacrificio de reconciliación de Jesucristo.


Y llegó a existir en el año 29 de nuestra era, cuando Jesús comenzó su ministerio aquí en la Tierra.


Otra cosa, ¿solamente sirven en el templo espiritual los ungidos?


¿Qué dirían?


No.


La gran muchedumbre también sirve en el templo.


De hecho, en la visión de Apocalipsis 7:15 se ve a las personas que componen esta gran muchedumbre mientras le dan a Jehová “servicio sagrado día y noche [y aclara que lo hacen] en su templo”.


¿Qué significa eso?


Que también forman parte de este sistema de adoración.


Leamos lo que dice literalmente Apocalipsis 7:15: “Por eso están delante del trono de Dios y le dan servicio sagrado día y noche en su templo”.


¿Ven?


Así que la gran muchedumbre está “en” el templo.


Y luego sigue: “Y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos”.


No es necesario que estén en el cielo para poder estar en el templo.


El libro Apocalipsis, capítulo 20, párrafo 14, dice (se lo leo): “Este templo [está hablando del que se menciona en Apocalipsis 7:15] no se refiere al santuario recóndito, el Santísimo.


Más bien, es el patio o atrio terrestre del templo espiritual de Dios.


[…] Hoy esta es una estructura espiritual que abarca tanto el cielo como la Tierra”.


Y les tengo otra cita.


Es La Atalaya del 1 de mayo de 2002, página 31: “Quienes componen la gran muchedumbre no se hallan en el patio interior del gran templo espiritual de Jehová”, y tampoco en el Santo ni en el Santísimo, claro.


Este patio “representa la condición de hijos humanos perfectos y justos que tienen los miembros del ‘sacerdocio santo’ de Jehová mientras están en la Tierra.


Ahora bien, el anciano celestial dijo a Juan que la gran muchedumbre se halla realmente en el templo, no en alguna zona fuera de este que se considere el atrio de los gentiles en sentido espiritual”.


Claro, quizás alguien puede decir: “No entiendo esto.


Decimos que estamos en el templo —el sistema para adorar a Jehová—, pero también decimos que los ungidos son el templo.


¿No nos estamos contradiciendo?”


.


No.


El significado de esta palabra depende del contexto.


A veces la palabra templo significa el sistema para adorar a Jehová, en el que se incluye a la gran muchedumbre.


Pero en otras ocasiones se utiliza para hablar de manera simbólica y profética de los cristianos ungidos.


Así pues, la palabra templo tiene diferentes significados dependiendo del contexto.


Por lo tanto, hermanos, todos nosotros estamos en el templo espiritual, sin importar la esperanza que tengamos, y los ungidos se encuentran en el Santo de este templo espiritual.


Sigamos viendo más usos de la palabra templo en la Biblia.


11) Jesús comparó su cuerpo a un templo.


¿Recuerdan sus palabras?


Están registradas en Juan 2:19.


Él dijo: “Derriben este templo y en tres días lo levantaré”.


Los judíos creían que estaba hablando de un edificio, pero en realidad él estaba hablando de su cuerpo.


12) En Isaías 2:1-4 y Miqueas 4:1-4, se dice que “la montaña de la casa de Jehová” —o el templo— se elevaría “en la parte final de los días”.


Aquí no está hablando de una estructura física, sino de que la adoración verdadera sería elevada en las vidas de los que componen el pueblo de Jehová.


13) En la visión de Ezequiel se habla de un templo glorioso.


Jehová describió este templo como —cito— “el lugar de mi trono”.


Encontramos estas palabras en Ezequiel 43:7.


Entonces, ¿qué representa este templo de la visión?


En el libro Adoración pura —que habla del libro de Ezequiel—, si buscan en la página 240, dice: “Lo que Ezequiel vio no fue el templo espiritual —que llegó a existir en el año 29 de nuestra era—, sino una representación de la adoración pura restaurada después del exilio, un modelo perfecto para adorar a Jehová según la Ley mosaica”.


Dicho de forma sencilla, el mensaje de la visión era que la adoración pura sería restaurada.


Por lo tanto, las características de este templo —incluidas las enormes puertas— simbolizan las elevadas normas de Jehová que también debemos seguir para adorarlo hoy en día.


Y ahí va un nuevo uso de la palabra templo.


14) Es Jehová Dios mismo.


Sí, lo explico.


En Apocalipsis 21:22 se habla de la Nueva Jerusalén y se dice que Jehová es “su templo”, en griego naós (si quieren pueden anotarlo, Apocalipsis 21:22).


¿Qué significa esto?


Bueno, como los miembros de la Nueva Jerusalén tendrán acceso directo a Jehová en el cielo, no necesitarán ninguna clase de templo ni ningún intermediario para poder comunicarse con él; podrán adorarlo directamente.


Incluso cuando termine el Milenio, los miembros de la gran muchedumbre tampoco necesitarán ningún templo para adorar; podrán adorar a Jehová directamente.


15) En este mismo versículo, Apocalipsis 21:22, también se dice que Jesús es un “templo”.


Ahí leemos que Jehová, el Dios Todopoderoso, es el “templo” de la Nueva Jerusalén, “así como lo es el Cordero”.


Este Cordero es Jesús.


Bueno, hoy hemos hablado del tabernáculo al que se llamaba templo, de tres templos literales, de un templo simbólico, del templo espiritual, del templo de una visión, de que el cuerpo de Jesús era un templo y de que tanto Jehová como Jesús son un templo.


También vimos que, como Jehová es un templo, después del Reinado de Mil Años —en el nuevo mundo— se adorará a Jehová sin ningún tipo de intermediarios, directamente.


¿Están lo suficientemente confundidos?


Si es así, pueden usar este tema como proyecto de estudio personal y analizar lo que la Biblia dice sobre los templos.


Y ustedes, niños, ¿están con nosotros en el templo?


Claro que sí.


Recuerden que, cuando Jesús tenía 12 años, tanto él como sus hermanos menores fueron con sus padres al templo de Jerusalén.


Lucas lo explicó; dijo que Jesús estaba “sentado en medio de los maestros.


Estaba escuchándolos y haciéndoles preguntas”.


Lucas 2:41-50.


Niños, estamos muy contentos de que estén aquí con nosotros.


Quizás han escuchado cosas que son difíciles de entender, así que hagan preguntas.


Recuerden que, cuando Jesús estaba sentado con los maestros, él también estaba “haciéndoles preguntas”.


Sí.


Y ustedes, hermanos mayores, también están en el templo, tal como Ana y Simeón estaban en el templo literal en los días de Jesús.


De Ana, la Biblia dice lo siguiente: “Era una viuda de 84 años de edad.


Siempre estaba en el templo […].


Se acercó a ellos y empezó a darle gracias a Dios y a hablar acerca del niño a todos los que estaban esperando la liberación de Jerusalén”.


Lucas 2:36-38.


Y, en los versículos 27 y 28, Lucas dijo lo siguiente sobre Simeón: “Entonces, guiado por el espíritu, entró en el templo.


Y, cuando los padres entraron con el pequeño Jesús para hacer por él lo que era costumbre según la Ley, tomó al niño en sus brazos, [y luego] alabó a Dios”.


Queridos hermanos, todos los que estamos aquí presentes hoy —jóvenes y mayores— estamos sirviendo dentro del templo espiritual, no solo los ungidos.


Por eso, resolvámonos a rendirle servicio sagrado a nuestro Dios Jehová para siempre.


Gracias, Gerrit, por ese discurso tan interesante.


Algo que nos encanta del hermano Lösch es que ama profundamente la Biblia y le gusta investigar.


Ahora les pedimos a los acomodadores que nos traigan lo que ustedes escribieron.


Solo fueron 15 preguntas, y los que hayan acertado se pueden quedar.


No, tranquilos; es broma.


Esto solo se lo hacemos a los de Galaad.


Bueno, desde hace poco se han estado publicando algunas de las bandas sonoras de nuestras últimas producciones audiovisuales, como la de la producción “Pon tu camino en manos de Jehová”, con esa hermosa música africana, y también la banda sonora del primer episodio de “Las buenas noticias según Jesús”.


Ahora les presentamos la de los episodios 2 y 3.


Pero nos gustaría advertirles algo a los que tengan más de 30 años.


Por favor, no cierren los ojos durante la siguiente muestra; si no, tendremos que despertarlos para la oración final.


Es una música preciosa y relajante, y vamos a mostrar unas imágenes para ayudarlos a mantener los ojos abiertos.


Estamos seguros de que les gustará este pedacito de la música de los episodios 2 y 3.


Estoy seguro de que todos tenemos muchas ganas de descargar esta música tan bella y relajarnos escuchándola en casa.


¿Quién es el mayor de los miembros del Cuerpo Gobernante?


Sí, es el hermano Samuel Herd, que tiene más de 90.


¿No es impresionante que, hace como una semana, presentó el último informe del Cuerpo Gobernante?


Pues ahora tiene preparado un precioso discurso titulado “Todavía te falta una cosa”.


Muchas gracias, hermano Herd, A muchas personas no les gusta corregir a los demás.


Hay maestros que no quieren usar tinta roja para corregir las tareas porque dicen que el rojo es un color muy agresivo que puede asustar a sus alumnos.


A algunos padres no les gusta corregir a sus hijos y creen que si se concentran en alabar sus cualidades sus defectos desaparecerán.


Hasta algunos ancianos temen corregir a otros; ellos dicen que no quieren dar la impresión de que juzgan a los demás o de que son estrictos.


Hay que admitir que corregir a alguien puede ser difícil, pero dejar que te corrijan puede ser todavía más difícil.


¿Por qué?


Porque duele.


Pero a veces la corrección que más nos duele es también la corrección que más necesitamos.


Veamos un ejemplo de eso.


Abran su Biblia, por favor, en Lucas, capítulo 18.


Aquí vemos que, después de pasar un tiempo con algunos niños, Jesús dijo: “El Reino de Dios es de los que son como ellos”.


Jesús estaba enseñando que cualquier persona que quisiera seguirlo tenía que ser humilde y reconocer que necesitaba guía y corrección.


Y, después de decir eso, pasó algo que demostró lo que Jesús les acababa de enseñar.


En Lucas 18:18, un joven gobernante rico se acerca a Jesús y le pregunta: “Buen Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”


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Fíjense en lo que dijo: “¿Qué tengo que hacer?”


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Hacer, una palabra muy común, pero llena de significado.


Significa, entre otras cosas, “realizar o ejecutar una acción, completar algo, terminar, causar, producir o conseguir una meta”.


Hacer, una palabra de dos sílabas que además rima con beret, que es una especie de gorro redondo, suave y de copa plana, como una boina.


¿Y por qué les cuento esto?


No lo sé.


¿Qué tengo que hacer?


Esa era una pregunta muy normal para un judío del siglo primero.


Pero volvamos al relato.


Recuerden que, bajo la Ley, una persona demostraba que era justa sobre todo por lo que hacía: ofrecer sacrificios, respetar el sábado, pagar el diezmo, etc.


Con razón este hombre le preguntó a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”


.


Y, cuando Jesús le contestó que tenía que obedecer los mandamientos de la Ley…, bueno, eso fue música para sus oídos.


¿Por qué lo decimos?


Por lo que el hombre respondió muy seguro de sí mismo en el 21: “Todo esto lo llevo obedeciendo desde muy joven”.


Quizás el hombre pensó que a Jesús le impresionaría su increíble historial de obediencia.


Y quizás —solo quizás— él esperaba que Jesús le dijera: “Buen trabajo.


Sigue así.


Vas muy bien”.


Si fue así, estaba muy equivocado, porque Jesús no le dio una palmadita en la espalda.


En vez de eso, en el versículo 22, le dice muy directo: “Hay una cosa que todavía te falta”.


¡Auch!


¡Eso tuvo que doler!


Tantos años obedeciendo la Ley y haciendo lo que tenía que hacer, y ahora Jesús viene y le dice: “Todavía te falta una cosa”.


No sabemos con qué tono le habló Jesús, pero sí sabemos que no estaba enojado con él.


Lo sabemos porque en el relato de Marcos dice que Jesús sintió “cariño por él”.


Seguro que Jesús vio que este hombre tenía potencial.


De hecho, en el versículo 22 le dijo: “Ven y sé mi seguidor”.


Y, como era rico, le habló de riquezas; le dijo: “Así tendrás un tesoro”, “un tesoro en los cielos”.


Pero Jesús también podía ver su corazón.


Por eso, aunque vio el potencial de este hombre rico, también se dio cuenta de que todavía le faltaba una cosa, una cosa que tenía que corregir.


Jesús sabía que, aunque este hombre era sincero, no iba a poder servir a Jehová con todo su corazón a menos que se deshiciera de la gran distracción que tenía en su vida.


¿Cuál era?


Sus riquezas.


Así que, en el versículo 22, Jesús le dijo lo que tenía que hacer.


Le dijo: “Vende todo lo que tienes y reparte lo que saques entre los pobres”.


Noten que Jesús no suavizó sus palabras, no se anduvo con rodeos ni se fue por las ramas.


Su amor por este hombre lo impulsó a corregirlo con franqueza.


Jesús no le dijo que toda su vida era un desastre.


Tampoco lo llamó hipócrita, como a los escribas y a los fariseos.


Un hipócrita es una persona que finge ser lo que no es.


Como un actor, que lleva una máscara.


Quítasela, y verás quién es realmente esa persona.


¡Solo quítasela!


Jesús corrigió al hombre rico en una sola cosa, una cosa que puso a prueba su generosidad y su fe.


¿Cómo reaccionó el hombre rico?


El versículo 23 dice que “se entristeció muchísimo”.


Y el relato de Marcos dice que “se desanimó y se fue muy triste”.


Y tal vez digamos: “Pues, claro, ¡cómo no se iba a poner triste!


Jesús le pidió que regalara todo lo que tenía.


¡Y eso era mucho pedir!”


.


Pero ¿de verdad era tanto?


Bueno, en el versículo 28 Pedro dice: “Nosotros lo hicimos.


Nosotros lo dejamos todo”.


Para los apóstoles de Jesús, dejar todas sus cosas no fue tan difícil.


Eran como los niños de los que acababa de hablar Jesús que reconocían que necesitaban guía y corrección.


Sin embargo, para este joven gobernante rico, era algo impensable.


Y, por culpa de eso, perdió la gran oportunidad de ser discípulo de Jesús.


Aquí hay una lección muy importante para nosotros.


A todos —tarde o temprano— alguien nos va a decir: “Todavía te falta una cosa”.


Quizás con otras palabras, pero el mensaje será el mismo.


Quizás nos lo diga un anciano o tal vez sea un amigo que nos quiere lo suficiente como para ser sincero con nosotros.


O quizás, mientras leemos la Biblia, en nuestro interior una voz nos diga: “Todavía te falta una cosa”.


Eso es lo que ocurre cuando la Palabra de Dios nos ayuda a ver que hay algo que tenemos que cambiar.


Y no se equivoquen, todos nosotros de vez en cuando necesitamos que nos corrijan.


¿Los ancianos también?


A veces sí.


¿Y los precursores, los superintendentes de circuito y los misioneros también?


Pues a veces sí.


¿Y qué hay de los cristianos ungidos?


Mmm…, a veces sí.


Todos necesitamos que nos corrijan, incluso si decimos, como el hombre rico: “Todo esto lo llevo obedeciendo desde muy joven”.


Aunque pensemos que tenemos un impresionante historial de servicio fiel a Dios, en algún momento necesitaremos que alguien nos corrija porque somos imperfectos.


La pregunta no es si necesitamos que nos corrijan; la pregunta es cómo reaccionaremos cuando nos corrijan.


¿Cómo reaccionarás tú cuando alguien te diga “Hay una cosa que todavía te falta”?


Las personas responden a la corrección de tres maneras.


Algunos son como frágiles tacitas de té que se caen al suelo, se rompen y hacen mucho ruido.


La corrección los destruye.


Y, por eso —como el joven gobernante rico—, se desaniman y se van muy tristes.


Otros son como una taza de plástico.


No se rompen.


Son duros y aguantan lo que sea, pero en su interior se ofenden y se van enojados.


Y otros son como un árbol.


Los árboles necesitan viento para crecer bien.


Cuando sopla el viento, el árbol se inclina.


El movimiento del árbol jala las raíces de un lado y comprime el tronco del otro lado.


Gracias a ese movimiento, las raíces del árbol se expanden, lo estabilizan y lo sujetan con fuerza.


Dejarnos corregir puede ayudarnos a crecer igual que un árbol.


Claro, tal vez sintamos como si nos golpearan vientos huracanados, pero no deberíamos rompernos como una frágil tacita de té.


Más bien, debemos ser flexibles como un árbol para que nuestras raíces puedan crecer y nuestra fe se haga fuerte como un ancla que nos dé estabilidad.


La verdad es que debemos ser como la persona que se describe en Proverbios 17:10.


Vamos a leerlo.


La corrección puede ayudarnos o lastimarnos, todo depende de cómo reaccionemos cuando nos la den.


Proverbios 17:10 dice: “A la persona con entendimiento le deja más huella una sola reprensión que al insensato cien golpes”.


Otra traducción de la Biblia lo dice así: “Aprovecha más un regaño al inteligente que cien golpes al bruto”.


Si nos corrigen una vez, nos dolerá.


Pero no es para tanto, no hagamos un escándalo.


Si tomamos en cuenta ese consejo, no nos van a tener que corregir muchas veces más, lo que sentiríamos —como dice Proverbios— como “cien golpes”.


Aceptar que nos corrijan no es fácil, es cierto.


Pero hay que admitirlo: muchas veces, nosotros mismos ya sabíamos que lo necesitábamos.


En el fondo, lo estábamos esperando.


Y, la verdad, se requiere el triple de energía para rechazar una corrección que para aceptarla.


Así que, cuando alguien nos diga “Todavía te falta una cosa” —ya sea un anciano, un amigo o la Biblia misma cuando la leamos—, no deberíamos rompernos como una frágil tacita de té.


Tampoco deberíamos fingir que aceptamos la corrección y en el fondo sentirnos ofendidos.


Más bien, dejemos que nos corrijan y esforcémonos por cambiar.


Seamos flexibles como un árbol cuando hay viento; así nos haremos más fuertes y seremos mejores discípulos de Jesús.


por ese interesante discurso.


Como se imaginarán, a todos los miembros del Cuerpo Gobernante nos encanta trabajar con el hermano Herd.


A veces, cuando estamos reunidos dándole vueltas a un problema muy difícil, de repente sale el hermano Herd con su humor y nos relaja.


Sam, te queremos mucho.


Bueno, ¿preparados para la siguiente pregunta?


¿Quién trabajó con el hermano Jody Jedele de guardia nocturno en Wallkill a principios de los noventa?


Los dos todavía eran solteros.


Si aún no saben de quién se trata, quizás tengan que mirar… Les damos otra pista: también trabajó 10 años con el hermano Cook en la Oficina de Betel.


Sí, es el otro Jeff, Jeff Winder.


Y ahora Jeff presentará el discurso “La belleza de los principios bíblicos”.


¿En qué creen ustedes que se parecen estas cosas?


Una brújula, un mapa, un radar y un GPS.


Y seguimos con las preguntas.


Bueno, estos son instrumentos que la gente usa para llegar a su destino, para no perderse.


Y los usamos para diferentes situaciones.


Algunos nos ayudan cuando navegamos en el mar, otros cuando estamos en tierra… Quizás los usamos al conducir o cuando damos una caminata por el bosque.


¿Son útiles estas herramientas?


¡Pues sí!


Estos instrumentos nos han ayudado a todos nosotros a no perdernos en algún momento.


¿Pero será que también necesitamos una guía confiable para tomar buenas decisiones en nuestra vida?


Por supuesto, especialmente ahora, que vivimos en los últimos días de este sistema, cuando las normas morales de este mundo nunca han estado tan bajas.


Con tantos avances tecnológicos es imposible mantenerse al día.


Y con el espíritu del mundo afectando más que nunca a las personas.


Entonces, ¿estamos abandonados y sin ninguna guía confiable?


¡Claro que no!


Acompáñenme, por favor, a buscar un versículo de la Biblia, Salmo 119.


Leamos juntos Salmo 119:105.


Dice: “Tu palabra es una lámpara para mi pie y una luz para mi camino”.


Así es, en la Palabra de Dios encontramos principios que nos guían y ayudan en cualquier situación que podamos afrontar.


Si los usamos, podemos tomar sabias decisiones y llegar, por así decirlo, a nuestro destino, es decir, agradar a Jehová y tener la oportunidad de vivir para siempre.


En los últimos años, hemos visto que la organización ha hecho algunos cambios, y el Cuerpo Gobernante, en vez de darnos una larga lista con normas, nos ha dado principios bíblicos que nos guían para tomar buenas decisiones.


Seguro que recuerdan algunos de estos ajustes.


Por ejemplo, los publicadores ya no informan las horas que predican ni las publicaciones que entregan.


Hemos hecho ajustes en la manera en la que tratamos a los que han sido sacados de la congregación.


Ahora un hermano puede decidir si invitará a uno de ellos a asistir a alguna reunión o puede decidir si le dará la bienvenida de forma breve pero con cariño cuando venga al Salón del Reino.


Hemos ajustado la manera de vestirnos y arreglarnos, y ahora nos podemos dejar la barba.


Las hermanas pueden usar pantalones.


No hace falta que los hermanos lleven corbata en toda ocasión.


También está lo de brindar y chocar las copas, o lo que uno elegirá estudiar.


Y, para todos estos cambios, los hermanos no nos dieron una larga lista de reglas, sino más bien principios bíblicos que nos sirven de guía.


Pero ¿y al Cuerpo Gobernante no le preocupa que algunos puedan tomar malas decisiones porque no se han puesto reglas en estos asuntos?


¿Será que ahora alguien predicará menos porque no tiene que entregar un informe a fin de mes?


¿O quizás un hermano pase demasiado tiempo con alguien que ha sido sacado de la congregación?


¿O no podría alguien vestirse de manera muy informal o inmodesta para predicar o para ir a las reuniones, o quizás llevar una barba que distraiga a otros?


¿Y no podría ocurrir que alguien brindara de una manera o en alguna ocasión inapropiada, o que tomara malas decisiones sobre lo que va a estudiar?


Entonces, ¿no sería mejor tener reglas claras?


Así todo el mundo sabría exactamente lo que tiene que hacer, y nadie se equivocaría.


Bueno, es verdad, a veces necesitamos leyes.


Hay cosas que son claramente correctas o incorrectas, y por eso Jehová puso leyes específicas.


Hechos 15: “Absténganse de sangre”.


1 Corintios 10: “Huyan de la idolatría”.


1 Tesalonicenses 4: “Absténganse de la inmoralidad sexual”.


Lo que decidimos sobre estos asuntos es claramente correcto o incorrecto, por eso Jehová nos da leyes específicas.


Pero estos ajustes recientes de los que hablamos no tienen que ver con asuntos que sin duda y siempre son correctos o incorrectos.


Hay que tener en cuenta las circunstancias.


Hay muchas cosas y factores en los que tenemos que pensar.


Si un hermano decide invitar al salón a alguien que ha sido sacado de la congregación, ¿cómo podríamos especificar exactamente lo que debe decirle?


Si hubiera una norma sobre qué pantalones llevar o sobre cómo arreglarse la barba, como con el tiempo los estilos cambian, al final la norma ya no nos serviría.


Las circunstancias pueden influir en si brindamos o no, en lo que decidimos estudiar y otras cosas.


Además, también es posible que obedezcamos una norma o una ley por las razones equivocadas.


Por ejemplo, quizás obedezcamos una norma porque todo el mundo lo hace o porque queremos evitar que nos castiguen.


Bueno, por eso es que valoramos tanto la belleza de los principios bíblicos.


Los principios bíblicos son verdades fundamentales que nunca cambian.


Nos guían para hacer lo correcto en cualquier momento y sin importar cuál sea la situación.


Podríamos verlo así.


Una ley se puede comparar a un único rayo de luz, como el que tiene una linterna.


Una linterna nos da suficiente luz para dar el próximo paso o para ver un camino en particular, pero los principios bíblicos son más como una luz que tenemos por encima —quizás como el Sol— que ilumina toda un área.


Eso nos permite tomar en cuenta todos los detalles de una situación para así poder tomar la mejor decisión.


La razón por la que los principios bíblicos nos dan una guía tan confiable es que, cuando aprendemos a usarlos para razonar, llegamos a estar en sintonía con la manera de pensar de Jehová.


Acompáñenme, por favor, a Romanos, capítulo 12, y veamos cómo se destaca esta idea en Romanos 12:2.


Dice: “Y dejen de amoldarse a este sistema; más bien, transfórmense renovando su mente, para que comprueben por ustedes mismos cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios”.


Aquí se nos está animando a entrenar nuestra mente para que esté en armonía con la “perfecta voluntad” de Jehová, es decir, con su manera de pensar.


Y, mientras más se parezca nuestra manera de pensar a la de Jehová, mejores decisiones tomaremos.


Como pensaremos igual que Jehová, tomaremos decisiones como él, decisiones sabias, dentro de los límites de nuestra imperfección.


¿Verdad que nos anima y nos acerca a Jehová ver todo lo que él confía en nosotros?


En vez de darnos miles y miles de leyes, nos da principios para guiarnos.


Cuando somos niños, necesitamos normas, ¿verdad?


“No corras con las tijeras”.


“No cruces la calle tú solo”.


Pero, cuando nos hacemos mayores, ya no necesitamos esas normas.


Basta con saber que las tijeras están afiladas y que por ahí están pasando muchos autos.


Bueno, Jehová no nos trata como si fuéramos niños.


Nuestro Padre celestial confía en que podemos aprender a guiarnos por principios bíblicos, y así tomar buenas decisiones.


Y eso es una muestra de confianza increíble, ¿verdad?


Porque nuestras decisiones, acciones y conducta influyen en lo que la gente piensa de Jehová.


Jesucristo dejó esto muy claro en Mateo, capítulo 5, en el versículo 16.


Notemos lo que Jesús dijo aquí: “De la misma manera, hagan brillar su luz a la vista de la gente.


Que vean sus buenas obras y así le den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos”.


Jehová sabe que somos imperfectos y que lo que hacemos influye en lo que la gente piensa de él, pero aun así no nos pone miles de normas para asegurarse de que no cometamos ningún error.


Él confía en que podemos usar los principios bíblicos para guiarnos y darle gloria a su nombre; y el Cuerpo Gobernante siente exactamente lo mismo.


Entonces, ¿cómo podemos estar seguros de que merecemos esa confianza y de que podemos complacer a Jehová con las decisiones que tomamos?


Estos últimos cambios nos dan la oportunidad a todos de identificar y aplicar los principios bíblicos.


Por eso, ¿cómo podemos aprender a guiarnos por los principios bíblicos en todo lo que hacemos para así hacer feliz a Jehová?


La Atalaya una vez dijo: “Mientras que las leyes de Dios ponen a prueba nuestra obediencia, sus principios ponen a prueba la profundidad de nuestra espiritualidad y nuestro deseo de agradarle”.


“Sus principios ponen a prueba la profundidad de nuestra espiritualidad y nuestro deseo de agradarle”.


Entonces, ¿qué tenemos que hacer para guiarnos por los principios bíblicos?


Dicho de forma sencilla: hay que fortalecer la espiritualidad.


Hay que hacer lo que dice Hebreos 6:1.


Dice: “Por lo tanto, ya que hemos dejado atrás las enseñanzas básicas acerca del Cristo, avancemos hacia la madurez sin volver a poner los fundamentos, es decir, el arrepentimiento de obras muertas, la fe en Dios”.


Entonces, ¿cómo fortalecemos nuestra espiritualidad para que podamos aprender a guiarnos por los principios bíblicos?


Hay dos maneras principales.


La primera: hay que intensificar el deseo de complacer a Jehová.


Jesús siempre se esforzó por hacer lo que Jehová quería.


¿Qué es lo que deseaba con todo su corazón?


Leamos juntos Hebreos 10:7.


Dice: “Entonces dije: ‘Mira, he venido (en el rollo está escrito acerca de mí) para hacer tu voluntad, oh, Dios’”.


Sin duda, lo más importante para Jesús era hacer la voluntad de Dios y complacerlo.


Esto influyó en sus decisiones y en todo lo que dijo e hizo.


Cuando nuestra amistad con Jehová es muy estrecha, hacer lo que le agrada llega a ser lo más importante para nosotros, más importante que nuestros gustos personales, nuestras opiniones, o que exigir nuestros derechos.


Así que lo primero para fortalecer la espiritualidad es intensificar el deseo de complacer a Jehová.


La segunda manera: hay que dedicar tiempo a estudiar profundamente la Palabra de Dios.


Y la verdad es que esto es lógico, porque estamos hablando de los principios bíblicos.


Así que queremos conocer mejor la Biblia.


Por favor, busquemos juntos Josué, capítulo 1, y veamos cómo el versículo 8 resalta este punto.


Josué 1:8: “Este libro de la Ley no debe apartarse de tu boca, y tienes que leerlo y meditar en él día y noche, a fin de que obedezcas cuidadosamente todo lo que está escrito en él; porque entonces te irá bien en tu camino y entonces actuarás con sabiduría”.


Hay que dedicar tiempo a estudiar profundamente la Biblia.


Si leemos la Palabra de Dios todos los días, meditamos en ella y ponemos en práctica lo que dice, tomaremos buenas decisiones y nos irá bien.


La Atalaya dijo: “Nuestra percepción mejorará si leemos su Palabra diariamente, la estudiamos con asiduidad y meditamos sobre lo que leemos”.


Pongamos un ejemplo: los jugadores de fútbol deben conocer la táctica o estrategia de juego de su equipo para que, cuando el entrenador les diga que hagan cierta jugada, todos sepan exactamente qué hacer.


Los jugadores no saben qué jugada les pedirá el entrenador; dependerá de las circunstancias del partido y de su rival.


De manera similar, mientras más conozcamos la Biblia y sus principios, más preparados estaremos para hacer lo que le gusta a Jehová en todos los aspectos de nuestra vida, en cualquier circunstancia, incluyendo los asuntos donde ha habido cambios recientemente.


Así que haremos todo lo que podamos en la predicación no porque queramos que nuestro informe se vea bien, sino porque amamos a Jehová y porque hay vidas en juego.


Seguiremos respetando lo que dice la Biblia sobre los que han sido sacados de la congregación, pero también les haremos sentir que serán bienvenidos si deciden regresar a la congregación.


También tomaremos buenas decisiones sobre cómo vestirnos y arreglarnos para la predicación y para las reuniones no solo porque queremos vernos bien, sino porque queremos darle gloria a nuestro gran Dios, Jehová.


Queremos ser un buen ejemplo para los demás y evitar que alguien pueda tropezar.


Seremos equilibrados y razonables al tomar decisiones sobre el brindis ahora que tenemos más información y ayudaremos a nuestros hijos para que lo que elijan estudiar no dañe su relación con Jehová, sino que les permita servirle a tiempo completo y prepararse para el futuro.


Si estamos fuertes espiritualmente y confiamos en la ayuda de Jehová, tomaremos decisiones que hagan que Jehová se sienta orgulloso y que tengan un buen efecto en nuestros hermanos.


Como dice Josué 1:8, nos irá bien y actuaremos con sabiduría.


Ahora que estamos tan adentrados en los últimos días y el fin de este sistema está tan cerca, Jehová ha visto oportuno hacer ajustes en la manera en que manejamos algunas cosas.


Probablemente haya más ajustes en el futuro, pero estamos seguros de que Jehová nos dará su guía y nos ayudará a saber cómo actuar en cada caso y a tomar buenas decisiones.


Jehová sabe que somos hombres y mujeres espirituales, y confía en que podemos poner en práctica los principios bíblicos y seguir su guía.


Estemos todos decididos a trabajar duro para dejar que los principios bíblicos nos sigan guiando.


Si lo hacemos, dirigiremos nuestra vida de una manera que agrade a Jehová y que nos permita recibir sus bendiciones.


Muchas gracias, Jeff, por ese discurso tan bueno sobre lo que hay detrás de las últimas aclaraciones que hemos tenido.


¿Qué miembro del Cuerpo Gobernante fue misionero en África?


Fue a Galaad en 1966 y sirvió en Senegal.


Probablemente lo saben: es David Splane.


Y ahora el hermano Splane nos dará el discurso titulado: “Mi Amigo, mi Padre, mi Dios”.


Pues veamos.


“Mi Amigo, mi Padre, mi Dios”: son tres cosas diferentes, tres funciones distintas de Jehová.


Cuando pensamos en Jehová como nuestro Padre, recordamos lo compasivo y cariñoso que es.


La Biblia dice que un padre les muestra compasión a sus hijos.


Cuando pensamos en Jehová como nuestro Dios, recordamos que él merece nuestro amor, nuestro respeto y nuestra reverencia.


No nos dirigimos a él de cualquier manera.


Jehová merece que lo respetemos.


¡Y qué amigo tan bueno es Jehová!


La Biblia dice que “hay un amigo que se apega más que un hermano”.


Y Jehová, nuestro Dios, es ese amigo.


En las Escrituras Hebreas no se dice muchas veces que Jehová sea un Padre.


Pocas veces, unas 30.


David llama a Jehová “padre de huérfanos y protector de viudas”.


En Isaías leemos: “Oh, Jehová, tú eres nuestro Padre”.


Y, en Malaquías 1:6, Jehová pregunta: “Si yo soy el padre, ¿dónde está la honra que merezco?”


.


Como indica una nota de estudio de la Traducción del Nuevo Mundo, en las Escrituras Hebreas los títulos elevados para Jehová eran más comunes: “Jehová de los ejércitos”, “Señor Soberano Jehová”.


Aun así, los judíos sí estaban familiarizados con el papel de Jehová de Padre, y por supuesto Jehová les había demostrado que les tenía mucho cariño.


Jeremías 31:3: “Te he amado con un amor eterno”.


Oseas 11:4: “Seguí atrayéndolos con las sogas de los hombres, con las cuerdas del amor”.


Así que podríamos decir que las Escrituras Hebreas dibujaron una imagen de nuestro Dios, Jehová: la de un Padre.


¿Pero quién le dio color a esa imagen?


Fue Jesús.


Jesús nos presentó una imagen de Dios a todo color, y en esa bella imagen Jehová es un Padre.


Por ejemplo, piensen en esto: las Escrituras Hebreas llaman a Jehová Padre 30 veces.


Pero, solo en el Sermón del Monte, ¿cuántas veces se dice que Jehová es un Padre?


Diecisiete.


¿Y en los Evangelios?


Ciento sesenta.


Realmente Jesús le dio color a esa imagen.


Podemos aprender mucho acerca de nuestro Dios, Jehová, por medio de las enseñanzas de Jesús y de su ejemplo.


Así que hablemos primero un poco de sus enseñanzas.


Jesús dijo que Jehová se preocupa por nuestro bienestar físico.


Jehová es como un padre cariñoso que está pendiente de que sus hijos estén bien.


No tenemos que preocuparnos por lo que comemos, bebemos o nos ponemos, porque Jesús dijo: “Su Padre sabe las cosas que necesitan”.


Un padre cariñoso muestra interés en cada uno de sus hijos.


¿Y qué hay de Jehová?


Él nos conoce mejor que nadie.


Jesús dijo: “Hasta los cabellos de su cabeza están […] contados”.


¿Por qué dijo algo así?


Porque Jehová nos conoce muy bien.


Una pregunta para los padres aquí presentes, ¿me pueden decir cuántos cabellos tiene cada uno de sus hijos?


¿Podrían?


Jehová se interesa de verdad en sus hijos.


Y, como cualquier padre bueno, Jehová es compasivo.


Él perdona a los pecadores que se arrepienten.


Eso muestra que Jehová no nos ve simplemente como un montón de gente o un grupo de personas: nuestro Dios se interesa en cada uno de nosotros individualmente.


¿Qué dijo Jesús que pasa cuando los pecadores se arrepienten?


Dijo que los ángeles se sienten felices cuando tan solo “un pecador se arrepiente”.


¿Se imaginan la inmensa alegría que ha habido en el cielo en los últimos meses?


Miles y miles de hermanos han vuelto a la organización de Jehová.


Si usted es uno de ellos, ha hecho muy felices a los ángeles; y, por supuesto, a nosotros también.


Jesús nos aseguró que, si perdonamos a otros cuando nos ofenden, Jehová también nos perdonará a nosotros.


¡Cuánto aprendemos de lo que nos enseñó Jesús!


Ahora hablemos de su ejemplo.


Como su Padre, Jesús sintió compasión por los pobres y los oprimidos.


Él se interesó en los huérfanos y en las viudas.


Les dijo: “Vengan a mí, […] y yo los aliviaré”.


Prestó atención a los niños.


Jesús tuvo en cuenta las limitaciones de la gente común.


Les enseñó de manera clara, sencilla y práctica.


Él les aseguró a sus discípulos que el Padre siempre está listo para ayudarlos.


Si estamos pasando por un problema y no sabemos qué hacer, nos consuela mucho saber que todo es posible para Jehová.


Una vez tuve una conversación con una monja; estaba tratando de explicarme por qué los católicos oran a María y usó una comparación (hay monjas que hacen eso).


La comparación era la siguiente: “Imagínate que eres un niño que le quiere pedir algo a su padre y te da miedo, no te atreves a acercarte a él.


Entonces acudes a tu madre y le pides que interceda por ti”.


Bonita comparación.


Pero surge una pregunta, ¿acaso es normal tenerle miedo a tu padre?


Y, peor aún, ¿por qué debería darte miedo pedirle algo a Jehová?


Es sorprendente que podemos orar a Jehová en cualquier momento, presentarnos delante de él sin invitación.


¿Pueden hacerlo los ángeles?


¿Pueden entrar ante la presencia de Jehová en cualquier momento?


¿A qué se refiere la Biblia cuando dice que “llegó el día en que los hijos del Dios verdadero entraron para ocupar su puesto delante de Jehová”?


No sabemos cada cuánto se presentan ellos ante Jehová, pero sabemos que los seres humanos pueden hablar con él en cualquier momento.


Eso es un privilegio, un honor que no podemos dar por sentado.


En la actualidad se ve que muchos hermanos tienen una relación cercana, personal, con Jehová, y lo podemos ver en lo que dicen cuando oran.


A menudo oímos a hermanos que le dicen a Jehová en oración “Te queremos”.


Es precioso escuchar eso.


La verdad es que no lo escuchábamos mucho en el pasado.


El otro día estaba hablando con Geoff Jackson sobre este tema.


Él siempre tiene buenas ideas… Y él me dijo una cosa que me pareció muy interesante sobre por qué sucede esto hoy día más a menudo.


Geoff opina que hace años a muchos hombres les resultaba difícil mirar a sus hijos a los ojos y decirles “Te quiero”.


Así que tampoco se lo decían mucho a Jehová, aunque sí lo amaban.


Pero hoy parece que los hombres se sienten más cómodos expresando lo que sienten a sus hijos, y también se les hace más fácil decirle a Jehová que lo aman.


Y eso es algo muy bonito.


No tenemos a Jesús con nosotros hoy, pero somos afortunados porque estamos rodeados de hombres y mujeres que se esfuerzan por imitarlo.


Supongamos que a alguien le cuesta ver a Jehová como un Padre porque su propio padre no fue un hombre compasivo ni cariñoso.


No tiene que buscar muy lejos: en su propia congregación verá a hombres que tratan con muchísimo amor a sus hijos, y eso le puede dar una idea de lo que significa ser un buen padre.


Pero no olvidemos que, además de ser nuestro Padre, Jehová también es nuestro Dios.


¿Por qué es importante esto?


Bueno, es importante porque un padre humano no puede hacer todo lo que quisiera por sus hijos.


Pero nuestro Dios puede hacer mucho más por nosotros que lo que haría cualquier padre.


Y nadie tiene una relación tan estrecha con Jehová como su querido Hijo.


Con todo, cuanto más cerca se sentía de él Jesús, más respeto le mostraba a su Padre cuando se dirigía a él.


Jesús lo llamó “Padre” y “Padre santo” al orar.


Y en una ocasión utilizó un término cariñoso, Abba, que literalmente significa “oh, padre”.


Los apóstoles siguieron su ejemplo.


Tenían una relación muy estrecha y cercana con Jesús, pero siempre lo trataron con respeto; lo llamaron “Maestro” y “Señor”.


Una vez, Pedro se tomó mucha confianza y se pasó de la raya.


Pensó que tenía autoridad para corregir al Maestro.


Seguro que no se le ocurrió volver a hacerlo.


Hace años, La Atalaya hizo un comentario sobre el respeto a Jehová.


Esto es lo que se dijo en el artículo.


Al orar “al gran Soberano del universo, también tenemos que hacerlo de la manera correcta.


Podemos acercarnos a Dios sólo si lo hacemos con el mayor respeto […] y […] humildad.


El hecho de que la Palabra de Dios nos dice que podemos acudir a Dios con ‘franqueza de expresión’ no quiere decir que podemos tratar al gran Creador con demasiada confianza”.


Las reuniones del Cuerpo Gobernante siempre empiezan y terminan con oración.


Y no deja de sorprenderme que, aunque tienen una relación muy cercana con Jehová, los miembros del Cuerpo Gobernante siempre se dirigen a él con respeto y mucha humildad.


Recordando lo que dijo el hermano Winder en su discurso, no ponemos reglas en cuanto a lo que se puede decir o no en una oración.


Pero cada uno de nosotros debería hacerse un autoexamen, debería reflexionar para asegurarse de que le muestra a Jehová el respeto que él merece.


Y una pregunta, ¿se puede ser cercano y a la vez respetuoso?


Piensen en la canción que cantamos al comienzo del programa, Demos gloria a Jehová.


Es como una oración, ¿verdad?


“Mi Dios, Jehová, el Rey universal, ¡no hay nadie como tú!


Mi Dios, Jehová, mi Padre celestial, ¡dime quién es como tú!”


.


En realidad es…, es una oración.


¿Es cercana?


Totalmente.


¿Cómo se sintieron cuando la cantaron?


¿Es respetuosa?


Por supuesto.


Es posible hablarle a Jehová con cariño y a la vez con respeto.


Bueno, y, si no pudiéramos ver a Jehová como un Padre, ¿podríamos intentar verlo como un buen amigo, un amigo íntimo a quien queremos y respetamos mucho?


¿Qué esperamos de un amigo?


Un buen amigo se preocupa por ti.


Te quiere tal como eres.


Confías en él y no tienes dudas de contarle lo que sientes.


Pero, aunque sea muy cercano, hay una línea que no cruzas; no te tomas libertades.


Por ejemplo, aunque nuestro amigo sea hospitalario y generoso, no le decimos cómo tiene que usar su dinero, no le pedimos que nos invite a cenar o que nos compre algo.


¿Por qué no?


Porque no queremos arruinar la bonita amistad que nos une.


Cuando pensamos en amigos de Dios, el primero que viene a la mente es Abrahán.


Jehová quería mucho a Abrahán, a pesar de que era imperfecto, como lo somos todos nosotros.


Cuando Abrahán y Sara viajaron a Egipto, Abrahán tenía miedo de que los egipcios supieran que ellos estaban casados, porque quizá tratarían de matarlo para poder quedarse con Sara.


Así que le pidió a ella que dijera que era su hermana.


Y no era mentira, Sara era su medio hermana.


De hecho, si hubiera existido la Ley de Moisés en aquel tiempo, el matrimonio de Abrahán y Sara habría estado prohibido: los medio hermanos no se podían casar.


Pero, bueno… Abrahán temió por su vida.


Abrahán temió por su vida.


En realidad mostró un poco de falta de fe, ¿verdad?


¿Por qué?


Porque Jehová ya le había dicho que él llegaría a ser padre de muchas naciones.


Para aquel momento Abrahán todavía no tenía hijos, así que no podían matarlo, ¿no es cierto?


¿Acaso pensó que el propósito de Dios no se iba a cumplir o que su amigo no lo iba a proteger, no iba a impedir que le pasara algo malo?


¿Qué es lo que hizo Jehová?


No regañó a su amigo por esta falta de fe puntual.


De hecho, hizo algo para protegerlos a los dos.


Con el tiempo, la fe de Abrahán se hizo más fuerte, y su amistad con Jehová también se fortaleció.


Hermanos, ¡qué bonita bendición tener a Jehová, un Padre compasivo y cariñoso, un Dios poderoso a quien respetamos y un amigo leal!


Tratemos de imitarlo: seamos compasivos, respetuosos y leales con las personas que nos rodean.


Muchas gracias, David, por ese magnífico discurso.


Estoy seguro de que cada vez que cantemos esta canción nos vamos a acordar de estos puntos que mencionaste.


Y esa es una de las razones por las que todos los miembros del Cuerpo Gobernante disfrutamos de trabajar contigo, por esa manera que tienes de darle vida a la Biblia.


El único detalle es que ahora la Sección de Investigación va a tener que corroborar la veracidad de algunas de las citas que dijiste.


Ahora llegó el momento de presentarles algo nuevo.


Durante los últimos años, hemos tenido episodios más largos de Caleb y Sofía.


Ahora veremos otro de estos, de la serie “Hazte amigo de Jehová”.


Este lleva el título: Jehová es real.


Que lo disfruten.


¡Hey, ven aquí!


¡Ven!


¿Dónde está?


¡Guau!


¡Mira!


¿Quieres?


¡Rueda!


¡Muy bien!


¡Niños!


¿Están listos?


Agarren sus cosas y vámonos.


¡Sofía, vamos!


¡Ya voy!


Papi, ¿Jehová también come?


No.


Pero hizo comida rica para nosotros.


Mmm… ¿Jehová duerme?


Él no duerme, pero sí quiere que tú duermas bien por la noche.


¿Jehová se divierte?


¡Claro que sí!


Jehová inventó la diversión.


Papá, ¿cómo es Jehová?


¿Cómo se ve?


Él es un espíritu, o sea, que es invisible, como los ángeles.


Pero, cuando los ángeles miran a Jehová, ¿qué es lo que ven?


Tienes preguntas muy buenas, Caleb.


No sé lo que ellos ven.


¿Pero sabes lo que sí podemos ver nosotros?


Vamos a leer Romanos 1:20.


Sofi, ¿lo podrías leer, por favor?


¡Claro!


“Porque sus cualidades invisibles —su poder eterno y divinidad— se ven claramente desde la creación del mundo, pues se perciben por las cosas creadas”.


Entonces, cuando vemos la creación, ¿es como ver a Jehová?


¡Sí!


Cuando vemos las cosas tan maravillosas que hizo, conocemos la personalidad de Jehová.


¡Mira cómo brillan!


Eso se llama bioluminiscencia.


Jehová es un gran artista.


Todo lo que hizo es muy bonito.


¡Guau!


¿Qué es lo que más te gusta de lo que Jehová hizo?


Lo que más me gusta..., ¡el espacio!


¡Guau!


Esas son nubes gigantes de polvo y gas.


¡Aquí nacen las estrellas!


¡Cuántas estrellas!


Brillan tanto porque producen mucha energía.


¡Jehová las hizo muy bonitas!


¡Sí!


Y hasta les puso nombre a cada una de ellas.


¡Jehová es muy poderoso!


—¿Y eso?


—¿Ah?


¡Guau!


¿Y a ti, Sofía, qué es lo que más te gusta de lo que Jehová hizo?


¡El cerebro!


A mí también.


Estas son las células del cerebro; se llaman neuronas.


¡Hace cosquillas!


Eso es información pasando por las neuronas de Caleb.


¡Y hay muchísimas!


¡Qué increíble!


¡Jehová sabe mucho!


¡Oh!


Jehová no nos hizo como si fuéramos robots, sino que nos deja pensar y tomar decisiones.


Jehová creó el cerebro para que fuéramos felices con todo lo que hizo.


¡Y porque nos quiere!


¡Eso es!


Da igual si son cosas pequeñas o cosas grandes, vemos las cualidades de Jehová en todo lo que hizo.


Eso es lo que él nos enseña en Romanos 1:20.


¡Qué bueno que hizo las manzanas!


Papá, ¿y a ti qué es lo que más te gusta de lo que hizo Jehová?


¿Saben qué es lo que me gusta?


Cuando Jehová nos creó, nos hizo “a su imagen”.


Es decir, con cualidades buenas, como las de él.


Así que, cuando perdonamos o hacemos cosas buenas por otros o demostramos amor, vemos cómo es Jehová.


Pero, papi, yo quiero ver a Jehová, no solo saber cómo es.


Se nota que quieres conocer a Jehová.


En la Biblia, Jehová nos pone muchos ejemplos, como si nos pintara imágenes para ver cómo es y cómo nos ayuda a todos nosotros.


Así es como Jehová quiere que tú lo veas.


Solo tienes que mirar bien.


Estoy mirando...


¡Fíjate bien!


¿Puedes ver a Jehová?


♪♪ Si miro arriba al cielo, ¿qué veo allí?


Un millón de estrellas brillando para mí.


¿Será que está ahí?


¿Puede verme a mí?


Dios dice que me enseña a hacer las cosas bien.


Me guía y me moldea.


Me ayuda a obedecer.


¿Pero cómo es?


No lo puedo ver.


Cuando estuve enfermo, en cama y sin salir, se preocupó por mí.


Sé que estuvo ahí.


¡Jehová es real!


Es un Dios genial.


Creó por amor la Tierra y el Sol.


Lo puedo sentir muy cerca de mí.


Mi amigo es Jehová; es de verdad.


Hay niños en la escuela que hacen cosas mal.


Y, cuando me molestan, yo hablo con Jehová.


Sé que Dios me escucha.


Le pido fuerzas, y él me las da.


Cuando estoy muy triste, con ganas de llorar, me agarra de la mano y me vuelve a levantar.


¡Jehová es real!


Es un Dios genial.


Creó por amor la Tierra y el Sol.


Lo puedo sentir muy cerca de mí.


¡Te quiero, Jehová!


¡Eres real!


¡Te quiero, Jehová!


¡Eres real!


♪♪ —Amén.


—Amén.


Buenas noches, Caleb.


Te quiero, Jehová.


Te quiero, Caleb.


Valoramos mucho el gran trabajo que hacen nuestros hermanos para producir estos videos.


Y también le damos gracias a Jehová por estas bonitas herramientas para ayudar a los jovencitos.


¿Qué miembro del Cuerpo Gobernante es graduado de la clase 132 de Galaad?


Desde esa clase, Galaad hizo un cambio y se empezó a invitar a hermanos y hermanas para que fortalecieran y estabilizaran la obra en otros países.


Fue instructor de la Escuela para Evangelizadores y miembro del Comité de Sucursal del Ecuador.


Si respondieron Jacob Rumph, acertaron.


El título del discurso de Jake es bastante sencillo, “No se compliquen”.


Bueno, ya han pasado dos años desde que recibimos el folleto Hacer discípulos: una obra de amor.


¡Y cómo ha cambiado nuestra forma de predicar!


¿Qué han demostrado los resultados?


Informes de todas partes del mundo confirman que estamos hablando más con la gente: en la predicación pública, también en la predicación informal… Incluso en esos momentos cuando vamos caminando de una casa a otra y podemos conversar con alguien, como cuando alguien riega las plantas, pasea con su perro o limpia las ventanas.


Hablamos en todo momento.


¡Maravilloso!


Pero para algunos no es fácil poner en práctica estos principios en esta situación: al ir de casa en casa cuando tocamos, la persona sale a la puerta y está esperando que digamos algo.


¿Qué hacemos?


En el siguiente video veremos distintos obstáculos a los que se enfrentan hermanos de todo el mundo.


Me sentí aterrorizada.


Porque lo que hacía antes era memorizarme presentaciones, así que tan solo pensar en dejar eso atrás me paralizó.


Sí.


Sentía la angustia de poder ver de qué le iba a hablar a la persona.


Siempre me intimidaba eso.


Recuerdo que para mí fue un momento de pánico.


Yo ya sabía qué versículo leer, qué pregunta dejar pendiente… Así que, cuando ya no pudimos usar eso, me sentí un poco perdida y desorientada.


Llego a una puerta y me digo a mí misma: “Muy bien, tengo que mostrar amor”.


Entonces me dicen: “¿Y tú qué estás haciendo?


¿Por qué estás aquí?”


.


Sí, en Nueva York la gente pone cara de: “Al grano.


¿Quién es?


¿Qué quiere?”


.


Pero yo creo que eso pasa en todos lados.


Es que a veces a uno le cuesta saber qué decir cuando está predicando.


Porque lo que queremos es mostrar interés.


Entonces uno se pone a ver qué decir, y pues… al final la gente se incomoda.


Si antes íbamos con una pregunta y tan solo se oía “cricrí, cricrí”, ahora con este método, ¿qué voy a hacer?


¿Qué voy a decir?


A mí lo peor que me ha pasado hasta ahora fue cuando un hombre abrió la puerta y yo empecé a hacerle varias preguntas; pero él no decía nada.


Como le hice más preguntas, él me miró de arriba abajo y dijo: “¿Pero usted qué es?


¿La policía o qué?”


.


Se ve que hice demasiadas preguntas.


Bueno, yo soy una persona que me encanta hablar.


Un día en una casa doy unas palmadas y digo “Buenos días”.


Y oigo “Buenos días”.


Y yo: “Hola.


Soy Eli.


Quería hablar con usted y leerle un texto de la Biblia”.


Y me pongo a predicarle.


Y de repente: “¿Quién es?”


.


Aquí hay algo raro; y escucho: “¿Quién es?


¿Quién es?


Gua, gua”.


Y ahí fue que..., “Oh, no.


Es un papagayo”.


¡Qué vergüenza!


Si hubiera prestado atención, si hubiera escuchado más y hablado menos, no le habría predicado a un papagayo.


¿Nos sentimos identificados?


Pues yo sí.


¿Y cuál es la solución?


¿Cómo podemos poner en práctica los principios del folleto Una obra de amor en la predicación de casa en casa?


La respuesta es que no te compliques.


Cuando Jesús estuvo en la Tierra, nos dio una serie de principios muy sencillos y que son muy útiles hoy en la predicación.


En este discurso vamos a hablar de cuatro de esos principios, todos basados en el amor.


Veamos el primero de esos principios.


Está en Mateo 10:12, y es algo muy obvio que hacemos cada vez que vamos de casa en casa y tocamos a la puerta.


Este es el principio 1), lo primero que hacemos cuando la persona de la casa abre la puerta: “Al entrar en una casa, saluden a los que estén en ella”.


Eso no es tan difícil.


¿Qué aprendemos?


Pues que hay que presentarse, decir quiénes somos.


¿Por qué dio Jesús esa instrucción?


¿Porque verdad que es cierto que, cuando saludamos a la persona de la casa, nos presentamos y le decimos quiénes somos, como que, por lo general, la persona se calma y se siente más tranquila?


Porque, cuando nos identificamos con amabilidad, ya no hay tanta desconfianza por parte de la persona y está más dispuesta a escucharnos.


Notemos que Jesús no nos pide que memoricemos ninguna frase; lo que digamos va a depender de la situación.


¿A qué nos referimos?


Pensemos, por ejemplo, en las costumbres del lugar.


Preguntémonos: “¿Cómo se saluda la gente normalmente en el lugar donde vivimos?


¿Qué esperan las personas que digamos al llegar a la puerta sobre quiénes somos y por qué estamos ahí?


¿Vivimos en un pueblito donde es normal que conversemos un rato antes de ir al grano?


¿O vivimos en una ciudad como Nueva York donde, como vimos en el video, hay que ir al grano enseguida?”


.


Obviamente, lo que digamos va a depender en gran parte de en dónde vivimos.


Segundo principio, Mateo 10:6.


Tratemos de pensar en qué ventaja hay en estas palabras de Jesús.


Él les dijo a sus discípulos: “Vayan vez tras vez a buscar a las ovejas perdidas de la nación de Israel”.


O sea, Jesús quería que los discípulos solo les predicaran a los judíos.


¿Qué ventaja tenía esto?


Pues que era un territorio que ya conocían bien.


Entonces, ¿cuál es el principio que queremos destacar aquí?


Hay que conocer bien a las personas del territorio.


¿De qué nos sirve esto?


Esto nos ayudará a entenderlas; y, si las entendemos, podremos conectar con ellas.


Eso era lo que Jesús quería que hiciéramos.


Por eso, hagámonos preguntas como estas: “¿Qué cosas les preocupan en general a las personas de mi territorio?”


.


Y, al hablar con alguien en concreto, hagámosle preguntas para tratar de ver qué cree y escuchémosle con atención, porque queremos saber qué cosas son las que le preocupan.


Pasemos al tercer principio; está en Mateo 10:7.


Ahora Jesús les da la siguiente instrucción.


Fijémonos en lo que dice: “Vayan predicando ‘El Reino de los cielos se ha acercado’”.


El mensaje del Reino era de suma importancia para los judíos.


Les encantaba este tema.


¿Qué aprendemos?


Hay que tener claro nuestro mensaje.


Esto es algo fundamental.


¿Por qué es importante?


Porque estamos ahí para dar un mensaje.


No hemos ido solamente para charlar y pasar el rato.


Lo que queremos es ayudarlos, porque los amamos.


Y, con el mensaje animador que les llevamos, satisfacemos su necesidad espiritual.


Así que preguntémonos: “¿Qué aspecto del mensaje del Reino necesita escuchar esta persona en este momento?”


.


Para esto hay que estar preparados, pero hay que ser flexibles.


¿Qué le preocupa a la persona?


Adaptemos el mensaje a sus necesidades.


Tal vez podemos usar un versículo del apéndice A del folleto Una obra de amor.


Pero quizás alguien diga: “En el apéndice no hay un versículo que sirva para mi territorio.


¿Qué hago?”


.


¿Y aquí?


Podemos usar cualquier versículo.


El apéndice es solamente una herramienta que nos ayuda a conversar con las personas.


¿Qué hemos aprendido hasta ahora?


Hemos hablado de tres principios que resumen lo que solemos hacer cuando predicamos de casa en casa.


Repasémoslos.


1) Hay que presentarse, 2) hay que saber lo que necesita la persona y 3) hay que satisfacer su necesidad con el mensaje.


El cuarto principio del que vamos a hablar en este discurso tiene mucho que ver con cuánta alegría podemos sentir en el ministerio.


¿A qué nos estamos refiriendo?


Bueno, ¿recuerdan la ocasión en la que el apóstol Pedro estaba demasiado pendiente de lo que iba a hacer Juan?


En Juan, capítulo 21, Pedro le pregunta a Jesús: “Señor, ¿y qué va a ser de este?”


.


En el versículo 22 leemos la firme respuesta de Jesús.


Le dijo (a Pedro): “¿Qué te importa eso a ti?


Tú continúa siguiéndome”.


Sí, eso le dijo.


Pero ¿por qué se lo dijo?


Porque Pedro estaba pendiente de lo que hacían los demás.


¿Cuál es la lección para nosotros?


Que no hay que compararse.


Ese es el cuarto principio.


No te compares.


Simplemente, sé tú mismo cuando salgas a predicar, y deja que los demás sean ellos mismos.


Entonces, pregúntate: “¿Cómo puedo ser yo mismo?


¿Qué estilo funciona para mí?


¿Qué va con mi personalidad?”


.


Algunos somos tímidos, y otros no tanto; algunos hablan mucho, y otros no.


Unos lo tienen todo pensado, y otros improvisan más.


No te compares.


Jehová usa a toda clase de personas para atraer a toda clase de gente a su organización.


Y aceptar y valorar esa gran variedad es una muestra de amor.


En el video que se presentará a continuación veremos que los mismos publicadores de antes nos cuentan cómo pusieron en práctica estos principios.


Lo que pasa es que predicar de casa en casa no es como otras formas de predicación; tienes que tener una idea de lo que vas a decir.


Escojo un tema y me voy familiarizando poco a poco con él.


No me lo memorizo, pero estoy listo.


Si no te has preparado, claro, te pondrás más nervioso.


Pues mi territorio es muy variado y hay que adaptar lo que vas a decir según la persona con la que hables, porque hay gente de todo tipo.


Me gusta este método porque te da flexibilidad, te permite adaptarte a las personas.


Esta forma de predicar me ayuda a concentrarme en las personas y a verlas tal y como las ve Jehová, en vez de pensar “Ya, próxima casa”.


Porque cada persona es diferente.


Cada cual tiene su propio punto o inquietudes que tenemos que ayudarle.


Entonces, si surge alguno de esos temas, directamente, si no me acuerdo del texto, el apéndice me ayuda a tenerlo rápido para explicárselo.


Me encanta usar el apéndice A.


Cuando estoy predicando de casa en casa, casi siempre lo tengo abierto y escojo el tema más apropiado para la ocasión.


Así me es más fácil presentarlo de forma lógica.


Y hasta puedo dejar una pregunta pendiente.


Es como una herramienta multiusos.


Siento que hace que todo sea más fácil para mí, porque ya no tengo la presión de tener que aprenderme absolutamente todo de memoria y de recordar el texto que tengo que decir.


Siempre pienso, ¿de qué están hablando las noticias?


¿De qué están hablando los vecinos?


Si tienes muy en cuenta lo que está pasando en el vecindario, puedes empezar una conversación y ver adónde te lleva.


Con el tiempo, lo que me ayudó a tener mucha más confianza fue sin duda la oración.


Le pedí a Jehová de forma específica que me ayudara a entender cómo poner en práctica estas sugerencias en mi territorio.


Pues yo, cuando pongo en práctica algunos de estos consejos, siento que mi fe se hace más fuerte, porque creo que estábamos estancados con la forma de predicar anterior, como en una zona de confort.


Y ahora hay que pasar a la zona de la fe.


Jehová está tratando de atraer a las personas, mostrarles que somos diferentes porque nos interesamos por ellas y las queremos.


A veces tú haces tu parte y no ves resultados.


Pero eso no quiere decir que te has equivocado o que tienes algún problema.


Y puede ser que en el futuro, hasta en la gran tribulación, esa persona se acuerde de que un testigo de Jehová mostró interés por ella.


No hay ningún tipo de regla.


Lo importante es que nos sintamos cómodos: eso nos dará más confianza, seremos nosotros mismos y las personas se sentirán atraídas al mensaje.


¿Qué lección sacamos de todo esto?


Pues, para empezar, el nuevo folleto no se publicó para poner reglas.


Su propósito es que predicar sea más fácil y agradable para nosotros.


¿Y cómo se logra?


Se logra centrándonos en lo que es más importante para Jehová, en lo que hay detrás de todos estos principios, es decir, lo que nos impulsa a hacer todo lo que hemos mencionado en este discurso: el amor.


¡Porque amamos a Jehová!


Nos duele ver cómo Satanás ha manchado el nombre y la reputación de Jehová.


Y el amor que sentimos por él nos mueve a actuar, a defenderlo ante los demás.


Y, como Jehová, amamos a la gente.


Pero algunos se han preguntado: “¿De verdad es tan urgente estar predicando tanto ahora?


Si las personas pueden aceptar la verdad hasta en el último momento, hasta en la gran tribulación, ¿de veras vale la pena esforzarse tanto por predicar desde ahora?”


.


¡Por supuesto que sí!


Y la razón es porque sentimos por las personas lo mismo que siente Jehová.


A él le duele muchísimo ver a las personas sufriendo.


Y cada día que pasa sin que las personas conozcan a Jehová van a seguir sufriendo.


Jesús también amaba a las personas.


Veamos un ejemplo de esto en el capítulo 13 de Lucas.


Notemos que la compasión y el sentido de urgencia motivaron a Jesús a actuar.


En Lucas 13:10 nos dice que era sábado.


Y, cada vez que Jesús curaba a alguien en sábado, siempre había un problema.


Pero es que no podía quedarse de brazos cruzados.


Versículo 11: “Y resulta que había allí una mujer que llevaba 18 años con un espíritu de debilidad.


Estaba muy encorvada y no se podía enderezar”.


¿Se imaginan el dolor?


Jesús sintió su dolor, por eso no perdió ni un momento.


Versículo 12: “Cuando la vio, Jesús se dirigió a ella y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu debilidad’”.


Jesús mostró compasión y actuó rápido.


Podía haber esperado un día más; ella ya llevaba 18 años enferma, y un día más no importaba.


Pero para Jesús sí importaba.


Él no soportaba verla en esa condición ni un segundo más.


Nosotros sentimos lo mismo que Jesús por la gente.


El amor nos motiva a predicar con urgencia y a ayudarles.


Hagamos un pequeño resumen de lo que hemos visto en este discurso.


Hemos hablado de algunos principios que podemos poner en práctica en la predicación.


La idea es que seamos flexibles.


Unos lo haremos de una forma, y otros un poco diferente a nosotros.


Y está bien.


No hay que complicarse.


Centrémonos en lo que de verdad importa: el amor.


Eso es lo que motivará a las personas a actuar.


Aunque no reaccionen bien al mensaje ahora mismo, puede que recuerden el amor que les mostramos.


Y quién sabe, quizás eso sea lo que los motive a actuar en el futuro.


Y lo más importante: podemos estar seguros de que, cada vez que salimos a predicar de casa en casa y lo hacemos motivados por amor a las personas y a Jehová, él estará feliz.


Muchas gracias, Jake, por ayudarnos a no complicarnos.


¡Qué idea tan bonita!


Tenemos que dejar huella en las personas, que recuerden el amor que les mostramos.


Aquí veo en mis notas que ahora viene una sorpresa.


¿Y esto qué será?


¿Quizás un video?


La serie “Las buenas noticias según Jesús” nos ha tocado el corazón a todos.


Ver estos relatos cobrar vida nos acerca más a nuestro Padre celestial y a su Hijo.


Porque Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo unigénito para que nadie que demuestre tener fe en él sea destruido, sino que tenga vida eterna.


Gracias por sus oraciones y por todo lo que han hecho para apoyar esta emocionante serie.


Muchos hermanos de todo el mundo nos han escrito diciéndonos que agradecen muchísimo la serie “Las buenas noticias según Jesús”.


Nuestra fe se fortalece al ver cómo Jehová bendice este proyecto de tantas maneras.


¿Pueden creerlo?


Esta serie ya casi va por la mitad.


El equipo está grabando ahora el episodio 8 y en los siguientes seis meses continuarán con los episodios 9 y 10.


Pero el carro de Jehová siempre está en movimiento.


A través de su organización, Jehová se encargará de que se cumplan por completo las palabras de Isaías 11:9: “La tierra de seguro estará llena del conocimiento de Jehová”.


Así que tal vez se pregunten: “¿Qué sigue?”


.


Pues no nos quedan dudas de que se van a usar muy bien las nuevas instalaciones de Ramapo.


Antes de irnos, veamos la videopostal de este mes; viene de Escocia.


Escocia es la zona más al norte de las cuatro regiones que componen el Reino Unido.


¿Qué les viene a la mente cuando piensan en Escocia?


¿Telas de cuadros de distintos colores o el sonido de gaitas melodiosas?


Enclavada entre el océano Atlántico y el mar del Norte, Escocia es una tierra de clima muy variable.


Los inviernos de viento y lluvia dan lugar a veranos con vegetación exuberante.


Los glaciares moldearon el espectacular perfil de esta tierra llena de impresionantes lagos, fiordos y majestuosas montañas escarpadas.


La mayoría de los lugares en Escocia se encuentran a menos de 80 kilómetros (o 50 millas) del mar, por eso los escoceses a menudo se dan el lujo de tener marisco fresco en su mesa, como las preciadas cigalas.


Una comida típica es el haggis, un plato sabroso hecho a base de hígado, corazón y pulmones triturados que se meten dentro del estómago de una oveja y se cuecen.


El haggis muchas veces se acompaña con papas y nabos, que casi siempre se sirven en forma de puré.


Charles Taze Russell visitó muchas veces Escocia.


La primera visita la hizo en 1891.


Algunos años después, Sarah Ferrie, que estaba suscrita a la revista que conocemos hoy como La Atalaya, le escribió a Russell y le preguntó si podía ayudar a repartir algunos tratados.


¡Imagínense su sorpresa cuando recibió 30.000 tratados en su pequeña tienda de Glasgow!


De inmediato, Sarah y sus amigos se pusieron a entregar los tratados.


Sus familiares pensaron que se había vuelto loca y le pidieron al doctor John Edgar que la examinara.


Lo que menos se esperaban era que el doctor dijera que estaba cuerda y que más tarde él mismo aceptara la verdad.


Tiempo después, John Edgar escribió el folleto Where Are the Dead?


(¿Dónde están los muertos?).


Un ejemplar del folleto llegó a la ciudad de Cincinnati, en Ohio, Estados Unidos.


Allí, un estudiante universitario, Frederick Franz, lo leyó y dijo: “Esta es la verdad”.


Más adelante él llegó a ser un miembro del Cuerpo Gobernante.


Décadas después, la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de estallar.


El patriotismo estaba en auge, y eso desencadenó la persecución.


Sin embargo, nuestros hermanos no se acobardaron; más bien, se esforzaron por predicar más.


En una ocasión en Glasgow, un grupo de unas 2.000 personas atacó a un pequeño grupo de solo 12 Testigos.


Pero, a pesar de la persecución, el número de publicadores en Escocia casi se duplicó durante los años de la guerra.


En la actualidad y con ese mismo celo, nuestros hermanos van a las calles, puertos y de casa en casa tanto en la ciudad como en el campo para buscar a las personas que son como ovejas y les hablan sobre el Reino.


Es más, en los últimos 10 años, ¡la cantidad de precursores regulares se ha duplicado!


Terminamos nuestra videopostal con la congregación más al norte de Escocia.


Es la única congregación de Shetland, un grupo de unas 100 islas conocido por sus ponis y sus adorables frailecillos.


La congregación Lerwick tiene 36 publicadores.


Y, aunque es pequeñita, entre todos dirigen 21 cursos de la Biblia.


Los hermanos de la congregación Lerwick, en Shetland, les envían todo su amor y cariño.


Y nosotros también lo hacemos.


Desde la central mundial de los testigos de Jehová, esto es JW Broadcasting.


Mon, 02 Feb 2026 16:19:44 +0000





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