¿Estás preparado?
¿Verdad que es más probable que nos preparemos para algo cuando sabemos que va a ocurrir pronto?
Quizás te preguntes qué probabilidades hay de que me persigan.
El texto de hoy, 2 Timoteo 3:12, dice: “Todos los que desean vivir con devoción a Dios en unión con Cristo Jesús también serán perseguidos”.
Así que no solo es probable que pase: seguro que ocurrirá.
¿Cómo te han perseguido?
Todos nos acordamos de alguna vez en la que se nos trató muy mal en la predicación; y seguramente también recordemos cómo Jehová nos ayudó.
Pero, antes de que nos persigan, ¿nos prepara Jehová?
No es casualidad que el comentario de hoy también mencione lo que se dice en la Primera Carta de Pedro.
Pedro escribió esta carta entre el 62 y el 64 de nuestra era, solo unos meses antes de que Pablo escribiera 2 Timoteo.
Pedro escribió a cristianos que estaban pasando por muchos problemas, y la situación se iba a poner mucho peor.
Como los cristianos no le hacían sacrificios al emperador ni participaban en ceremonias paganas, en aquel tiempo, en el primer siglo, la gente confundía a nuestros hermanos con los judíos zelotes, que finalmente se rebelaron contra Roma.
Entonces, en el año 64, un gran incendio arrasó una cuarta parte de Roma, y corrió el rumor de que el césar Nerón era el responsable.
Así que, para proteger su reputación, Nerón culpó a los cristianos.
Y eso probablemente provocó una gran ola de persecución violenta.
Además, recuerden que solo unos meses después Cestio Galo sitió Jerusalén en el año 66.
Así que estas dos cartas inspiradas, la 1 Pedro y la 2 Timoteo, llegaron justo a tiempo y prepararon a los hermanos para lo que iba a venir.
De nosotros también dicen mentiras y malinterpretan nuestra conducta y nuestro mensaje.
Nosotros también vivimos al final de un sistema.
Ciento cincuenta y cinco de nuestros hermanos y hermanas de al menos siete países están en prisión.
¿Qué podría ayudarnos a aguantar ese tipo de persecución como lo hacen ellos?
Vamos a hablar de tres cosas que aprendemos en la Primera Carta de Pedro: 1) no temas lo que temen los que no sirven a Dios (1 Pedro 3:14); 2) tienes el espíritu santo de Jehová, apóyate en él (1 Pedro 4:14), y 3) confía en tus hermanos leales y valóralos (1 Pedro 5:9-14).
Para acordarse de estos versículos, recuerden que en los tres casos es el 14.
Veamos qué dice 1 Pedro 3:14: “Pero, aun si sufren por causa de la justicia, [noten] son felices.
Sin embargo, no teman lo que ellos temen ni se inquieten”.
El temor.
El comentario de hoy dice que el temor es un arma poderosa que usa nuestro enemigo, el Diablo.
La usa para que nos echemos para atrás y dejemos de servir a Jehová.
Pero 1 Pedro 3:14 dice: “No teman lo que ellos temen”.
Pensemos, ¿quiénes son “ellos”?
Son los que nos persiguen, y también las personas que se dejan influir por ellos.
¿Y qué es lo que “temen”?
Humillación, derrota, muerte.
Esto nos recuerda el relato de David y Goliat que encontramos en 1 Samuel, capítulo 17.
Goliat confiaba en su fuerza.
Era un gigante; tenía jabalina, lanza, espada, armadura…, y tenía escudo.
Y a Saúl le impresionaban también ese tipo de cosas.
Todo su ejército —que tenía miles de soldados— estuvo aterrorizado por Goliat por más de un mes.
Cuando Saúl aceptó por fin que David peleara, le puso su propia armadura, que era parecida a la de Goliat.
Así que Saúl se refugiaba en lo mismo que Goliat, ¿verdad?
Fuerza, armadura, físico, armas, es decir, el poder normal.
Habría sido muy fácil —pan comido— para un guerrero de 3 metros (9 pies) derrotar a un soldado inexperto, como lo era David, ya sea que llevara armadura o no.
Con razón David no quiso usar la armadura de Saúl.
David no le tenía miedo a lo que temían tanto Goliat como Saúl.
David confiaba en Jehová, en “el poder que va más allá de lo normal”, y eso es lo que tenemos que hacer.
En nuestro sitio web podemos leer lo que dijo el hermano Vitali Ílinij sobre su detención y encarcelamiento: “Mientras más difíciles se ponen las cosas en esta vida, más cerca te sientes de Jehová.
Él es el alfarero...
Si él permite que yo esté ‘bajo fuego’, […] que pase por una prueba, también me ayudará a aguantarla […].
Y, si siento que ya no puedo más, […] entonces es momento de rogarle a Jehová que me dé ‘el poder que va más allá de lo normal’”.
Los que nos persiguen no pueden impedir que Jehová nos ayude, nos recuerde o nos recompense.
Si somos leales a Jehová, él nos premiará dándonos honra, victoria y vida eterna, por eso no tememos lo que la gente sin fe teme.
Como dice la canción, “si tienes fe, el miedo se te va”.
Y esto nos recuerda lo que dice 1 Pedro 4:14: “Si los están insultando por el nombre de Cristo, [¿qué dice?] son felices, porque el espíritu de gloria, sí, el espíritu de Dios, descansa sobre ustedes”.
Si se nos insulta por el nombre de Jesús, es prueba de que tenemos el espíritu de Dios; y necesitamos el espíritu de Dios para seguir aguantando.
Como escribió recientemente nuestro hermano Antón Ostápenko: “[En la prisión] Jehová me mostró la clase de Dios que es.
¿Y saben qué?
Fue algo muy muy especial.
Jehová llegó a ser para mí no solo el Dios Todopoderoso, sino un Padre cariñoso que de verdad te entiende y te ayuda de maneras que nunca hubieras imaginado justo en el momento preciso”.
Así es, “con los ojos de la fe, si miras, puedes ver la potente mano de Jehová”.
También debemos hacer lo que se menciona en 1 Pedro 5:9-14: valoremos a nuestros hermanos leales.
Cuando estuvo en prisión, Anatoli Vilitkévich anotó ejemplos de personajes bíblicos que también sufrieron persecución.
Él dijo: “Recordé que Jehová no los protegió de las dificultades, pero al mismo tiempo no los abandonó.
[Y] eso me fortaleció mucho”.
Las cartas de su esposa también lo animaron.
Él dijo: “En una de sus primeras cartas, Aliona me envió varias fotos con nuestros amigos y nuestros seres queridos.
Todas las tardes las miraba y trataba de recordar algo interesante que hubiera vivido con cada uno”.
Luego añade: “Era como si los tuviera a mi lado”.
A él le dio fuerzas pensar en siervos fieles, del pasado y del presente.
¿Verdad que somos una gran familia?
Y todos, tarde o temprano, seremos perseguidos.
Hagamos lo mismo que Dimitri Gólik, que dijo lo siguiente: “Aunque fue bueno prepararme de forma práctica para la persecución, fue mucho mejor prepararme en sentido espiritual.
En esos momentos, lo importante no es lo listo que seas ni si sabes esconderte de quienes te persiguen.
Lo importante es tu lealtad a Dios.
Jesús también pudo haberse escondido de sus enemigos para que nunca lo encontraran, pero ese no era su objetivo.
Como somos sus discípulos, nuestro objetivo no es esquivar los problemas, sino afrontarlos con dignidad”.
Entonces, ¿cómo nos preparamos para la persecución?
Cuando leemos las experiencias de estos hermanos que han sido perseguidos, nos damos cuenta de que para ellos la adoración a Jehová no es una simple rutina, sino que hacen todo lo posible por acercarse a Jehová, meditando en lo que él nos enseña, valorándolo y poniéndolo en práctica.
Y, cuando se enfrentan a los problemas, su fe se fortalece.
Por eso no temen a lo que temen los que no sirven a Dios.
Se apoyan en el espíritu santo de Dios para todo, y también valoran a sus hermanos y confían en ellos.
Si nosotros hacemos lo mismo que ellos, estaremos preparados.
Estaremos listos para enfrentar las pruebas que vendrán.
Sí, en el caso de Judá, Jehová le concedió el gran honor de convertirse en antepasado del Mesías.
¡Qué maravillosa recompensa recibió por haberse arrepentido!
¿Y qué hay de nosotros?
Todos cometemos errores y todos necesitamos que Jehová nos perdone.
¡Cuánto nos consuela que Jehová esté dispuesto a perdonarnos con generosidad si de veras nos arrepentimos, reconociendo nuestros errores y esforzándonos por dejarlos atrás y cambiar!
Cuando llegaron, él y su esposa, Yelena, recibieron una cariñosa bienvenida.
Para el 16 de marzo, había 280 hermanos y hermanas por todo el mundo encarcelados por su fe.
Entre ellos, los 181 de Rusia.
Por lo menos 35 de ellos tienen alguna discapacidad o problemas serios de salud.
Seguimos orando por estos siervos fieles de Jehová, por sus familias y sus congregaciones.
El regalo de la vida nos lo dio Jehová, y él quiere que mostremos agradecimiento y respeto por ese regalo.
Una manera en la que demostramos respeto por la vida es obedeciendo sus mandatos sobre el tema de la sangre.
Jehová les dio a Noé y a sus descendientes un mandato que nunca cambiará: Y a los cristianos les mandó que se abstuvieran de animales estrangulados y de sangre.
Por eso los testigos de Jehová obedecemos fielmente este mandato.
Y esto también influye en las decisiones que tomamos sobre los tratamientos médicos en los que se usa sangre.
Además, al tomar este tipo de decisiones, durante años nos hemos guiado por lo que decía la Ley mosaica y que aparece en Levítico 17:13: Ahora bien, ¿debemos obedecer este mandato los cristianos?
Dicho sencillamente: no.
Para empezar, los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica.
Es como dijo el apóstol Pablo en Colosenses 2:13, 14: Por lo tanto, los cristianos no tenemos que obedecer el mandato de derramar la sangre y cubrirla con polvo.
Además, la Biblia no dice nada sobre el uso de la sangre de la propia persona al recibir atención médica y quirúrgica.
En la revista La Atalaya del 15 de octubre del año 2000, ya se explicaba cuál era nuestra postura sobre el uso de la sangre de la propia persona.
Ahí dice: Por eso, muchos cristianos aceptan procedimientos sencillos, como los análisis de sangre, y procedimientos más complejos en los que también se usa su propia sangre, como los que utilizan una máquina de circulación extracorpórea o la de recuperación de sangre y tratamientos de diálisis renal.
Y la verdad es que cada vez hay más tratamientos disponibles.
En vista de todo esto, después de orar mucho y analizar lo que dice la Biblia, el Cuerpo Gobernante ha decidido anunciar un cambio en nuestra postura sobre el uso de la sangre del propio paciente al recibir atención médica y quirúrgica.
El cambio o aclaración es que cada cristiano debe decidir cómo se usará su propia sangre en cualquier tratamiento o procedimiento médico y quirúrgico.
Esto incluye si uno permite o no que se le extraiga sangre, que se almacene y luego se la vuelvan a introducir.
¿Esto qué significa?
Que algunos cristianos quizás decidan dejar que se almacene su sangre y luego se la vuelvan a introducir.
Pero otros decidirán que no.
Cada cristiano debe tomar su propia decisión en cualquier asunto que implique el uso de su propia sangre al recibir atención médica o quirúrgica.
En resumen, los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica, pero sí seguimos el mandato del libro de Hechos de abstenernos de sangre.
Y, como vimos, la Biblia no dice nada sobre el uso de nuestra propia sangre al recibir atención médica y quirúrgica.
Por lo tanto, igual que con otras decisiones sobre el cuidado de la salud, cada cristiano debe tomar su decisión sobre cómo se usará su propia sangre en cualquier tratamiento o procedimiento médico y quirúrgico.
En este informe hemos visto algunas noticias positivas sobre el proyecto de construcción de la sucursal de Italia y sobre nuestros hermanos de Rusia.
También vimos cómo ayuda Jehová a su pueblo cuando hay desastres naturales.
¿Y verdad que agradecemos mucho la aclaración sobre el uso de nuestra propia sangre al recibir atención médica o quirúrgica?
Todo esto nos confirma que Jehová está cuidando de sus siervos, ya sea a través de su organización o dándoles las fuerzas que necesitan para aguantar las pruebas.
Durante la época de la Conmemoración, sigamos acercándonos a Jehová y recordemos que nuestro Dios nunca se olvida de los que le son leales.
¡Los queremos mucho a todos!
Desde la central mundial de los testigos de Jehová, esto es JW Broadcasting®.
