¿Por qué permite Dios el sufrimiento? Una pregunta sencilla, ¿cierto? Esa es de las primeras cosas que nos enseñan cuando aprendemos la verdad. En numerosas ocasiones explicamos con la Biblia que la soberanía de Jehová debe ser vindicada porque el diablo la desafió, y que su nombre debe ser santificado porque Satanás lo manchó. Quienes amamos a Jehová necesitamos ser fieles y mantener nuestra lealtad ante circunstancias difíciles, pues Satanás afirma que no hay quien considere a Jehová y su soberanía más importantes que a su propia vida.
Sí, si hay algo que sabemos hacer bien, gracias a nuestro estudio de la Biblia, es explicar por qué permite Dios el sufrimiento. Sin embargo, cuando somos nosotros los que sufrimos, cuando afrontamos situaciones complicadas, sucede algo increíble. Empezamos a preguntarnos, ¿por qué permite esto Jehová? ¿Lo habré hecho enojar? ¿Acaso perdí su favor? ¿Me estará castigando? En otras palabras, ¿por qué permite Dios que yo sufra? Y todos sabemos la respuesta.
La hemos explicado muchas veces. Pero, como humanos, cuando sufrimos, tendemos a perder el enfoque. Es fácil estar absortos en nuestros problemas al grado de que nuestra mente convierta pequeñas cuestiones en grandes obstáculos, y entonces perdamos la perspectiva.
A pesar de eso, si dejamos de centrarnos en nuestras circunstancias y las vemos en el contexto del propósito de Jehová, es decir, la vindicación de su soberanía, comprendemos todo mejor. Nos sentimos más tranquilos. Incluso estamos más preparados para lidiar con los problemas.
Por eso, si sentimos que estamos pensando demasiado en nosotros mismos, hay algo importante que recordar. Lo que realmente cuenta en el propósito de Jehová es la vindicación de su soberanía. Y demostramos nuestro apoyo a tal propósito cuando somos fieles a pesar de los problemas.
Esto no es nuevo. Es de lo primero que aprendemos al estudiar la Biblia y nos recuerda por qué no debemos esperar que Jehová nos libre hoy de todos los problemas. Como dice la canción 17, el aguerrido soldado del Señor afronta las pruebas con gozo y con valor.
No buscamos comodidades. Ahora es tiempo de defender la soberanía de Jehová con nuestra lealtad. Entonces, además de entender este asunto, ¿qué puede ayudarnos a recordarlo cuando sea necesario? De eso vamos a hablar.
Y lo haremos analizando tres preguntas. Primera, ¿qué relatos bíblicos pueden ayudarnos a situar nuestras circunstancias en el contexto del propósito de Jehová, vindicar su soberanía? Segunda, ¿le importamos poco a Dios por el hecho de que su soberanía es lo que más cuenta? Y tercera, ¿cuál es la mejor forma de apoyar la soberanía de Jehová? Para empezar, analicemos algunos relatos bíblicos. ¿Recuerdan quién dijo estas punzantes palabras? «Venga sobre ti la violencia que se me ha hecho.
Juzgue Jehová entre yo y tú.» ¿Quién las dijo? De seguro lo saben, pero veamos el contexto. Génesis 16, 5 contiene la idea completa. Esta parte dice, «Venga sobre ti la violencia que se me ha hecho.
Yo misma entregué mi sierva en tu seno, y ella se dio cuenta de que estaba encinta, y empecé a ser despreciada a sus ojos. Juzgue Jehová entre yo y tú.» Aquí tenemos a Sarah hablando con Abraham. ¿Sarah? ¿La misma que en su corazón llamaba Abraham, mi señor? Sí, ella.
¿Por qué estaba tan enojada? Bueno, sabemos que Jehová le prometió a Abraham una descendencia, y como Sarah ya había pasado la edad fértil, le ofreció a su esposo una sierva como concubina, agar. La Biblia no dice que esta medida fuera inmoral o evidenciara falta de fe. No debe haber sido nada fácil para Sarah ofrecer a su sierva para que su esposo pudiera tener hijos.
Y eso sin mencionar que después, agar usó su embarazo para humillar a Sarah. Todo esto acarreó tensión e intranquilidad a las vidas de Abraham y Sarah, a su hogar, así como otros problemas con los que tuvieron que lidiar durante algún tiempo. ¿Qué creen que fue más difícil para Abraham y Sarah, vivir en tiendas de campaña o soportar esto? Fue toda una prueba.
Pero pensemos. ¿No podría haberle dicho Jehová a Abraham que la descendencia prometida vendría de Sarah y así evitarles a él y su esposa aquellos problemas? ¿Verdad que sí? ¿Cuántas veces ya había hablado Jehová con Abraham sobre dicha descendencia? Y aún así, no le mencionó que Sarah sería la madre de la descendencia, sino hasta que Ismael ya era casi un adolescente. ¿Por qué? ¿No podría haber intervenido Jehová cuando Sarah le dijo a Abraham que tomara a Agar como concubina? ¿Por qué no lo hizo? Bueno, la Biblia no lo explica.
Pero cuando recordamos que lo importante es ver el cuadro completo del propósito de Jehová, ¿qué observamos? Nos damos cuenta de que esas conversaciones que Jehová tuvo con Abraham no eran para librarlo de los problemas familiares o de otra índole. No, la razón por la que Jehová hablaba con Abraham tenía que ver con el desarrollo de su propósito. Aparte de eso, la vida de Abraham y Sarah fue muy parecida a la de otros siervos de Dios.
Tuvieron que afrontar dificultades, así como vivir con los resultados de sus decisiones. En otras palabras, el papel de Abraham en el propósito de Jehová no evitó que sufriera. Al contrario, Abraham y Sarah tuvieron que permanecer fieles a Jehová a pesar de sus problemas.
Ellos adoraron fielmente a Dios aun en medio de dificultades y Jehová valoró tanto su integridad que llamó a Abraham mi amigo. Este es el punto. El relato de Abraham y Sarah nos recuerda que la cuestión primordial en el propósito de Jehová es vindicar su soberanía, a lo cual sólo podremos contribuir si nos mantenemos fieles, incluso en circunstancias adversas.
Quizás, al igual que Abraham, alguien está sufriendo las consecuencias de una decisión del pasado. No necesariamente fue una mala decisión, aunque pudo haber sido el caso pues todos somos imperfectos. Pudiera haber sido una decisión de buena fe.
Quien la tomó quizás hasta oró sobre el asunto. Pero ahora, al ver los resultados, siente que si hubiera sabido todo lo que su decisión causaría, habría actuado diferente. Así que le ora a Jehová y le pide que alivie su situación, pero no ve la respuesta.
¿Por qué permite esto Jehová? ¿Porque su siervo lo desagradó? ¿Porque perdió su favor? No, no. Su siervo está apoyando la soberanía divina al mantenerse fiel incluso en situaciones difíciles y Jehová valora su integridad. Ahora, el siguiente relato bíblico es acerca de un siervo de Jehová que sufría por una situación que no era real, que solo estaba en su mente.
Leamos sobre esto en Génesis capítulo 37. Aquí se habla de cuando le avisaron a Jacob que José, su hijo favorito, había muerto. Veamos cómo reaccionó en Génesis 37, 34 y 35.
Dice, Con eso, Jacob rasgó sus mantos y se puso saco sobre las caderas y se dio al duelo de su hijo por muchos días. Y todos sus hijos y todas sus hijas siguieron levantándose para consolarlo. Pero él siguió rehusando recibir consuelo y diciendo, Porque en duelo bajaré a donde mi hijo, al Seol.
Y su padre continuó llorándolo. Así es. Como cualquier padre, Jacob estaba sumamente afectado por la aparente muerte de su hijo.
El que tuviera más hijos no le quitaba este dolor. Pero la cuestión era que José no estaba muerto, sino vivo. Sólo que Jacob no lo sabía.
Él pensaba que José realmente había fallecido. Así que pasó por todas las etapas de duelo que resultan de una pérdida. Aquí surge la pregunta, ¿Acaso no hubiera podido Jehová evitarle todo aquel sufrimiento a Jacob si se le hubiera aparecido en un sueño, como en otras ocasiones, para decirle, No sufras, Jacob.
José está vivo. ¿Por qué no lo hizo? De nuevo, la Biblia no lo explica. Pero cuando recordamos que debemos ver el relato en el contexto del propósito de Jehová, ¿qué observamos? Que Jehová no se comunicaba con Jacob para impedir que éste sufriera.
El papel de Jacob en el propósito de Dios no lo eximía de sufrir problemas. Más bien, se esperaba que Jacob sirviera a Jehová a pesar de las dificultades. De lo que Jehová y Jacob hablaban era del propósito divino en el que a Jacob le correspondía mantenerse fiel a toda costa.
Y así lo hizo. Jacob no se alejó de Jehová. Jamás pensó, Si Jehová no pudo proteger a mi hijo, entonces no es más poderoso que los dioses de otras naciones.
No, Jacob siguió sirviendo a Jehová incluso con lágrimas. Y Jehová valoró que fuera leal. Siglos después, Jehová seguía identificándose como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
El punto es, mediante este relato se nos hace un importante recordatorio. Lo más relevante en el propósito de Jehová es que se vindique su soberanía. Y sólo podremos apoyar dicho propósito si nos mantenemos fieles a costa de todo.
Tal vez, al igual que Jacob, estemos pasando por situaciones que nos obligan a servir a Jehová con lágrimas. Puede ser debido a la pérdida de un ser querido, o porque alguien a quien amamos dejó la verdad, o incluso por un problema que existe sólo en nuestra mente, como la depresión. ¿Por qué permite Jehová esto? ¿Me está castigando? ¿Hice algo mal? ¿Le desobedecí? No.
Mientras sigamos defendiendo la soberanía de Jehová, siendo fieles con todo y nuestros problemas, Jehová valorará nuestro esfuerzo. El tercer relato del que hablaremos es un poco distinto. Presenta a un hombre que tal vez experimente la mayor prueba de lealtad en el Nuevo Mundo.
Hablamos de Urias, quien inevitablemente se enterará de que David tuvo relaciones con Batseba y se casó con ella. Y también se enterará de otro detalle, uno que le hará ver la crueldad con la que fue traicionado. Mientras analizamos el relato en 2 Samuel capítulo 11, imaginemos a Urias en el paraíso leyendo por primera vez estas palabras.
Es 2 Samuel 11, 14 y 15. Dice, Y por la mañana aconteció que David procedió a escribir una carta a Joab y a enviarla por mano de Urias. De modo que escribió en la carta diciendo, Pongan a Urias en frente de los ataques más pesados de la batalla y tienen que retirarse de detrás de él y él tiene que ser derribado y morir.
Así es. Urias se enterará de que la carta que él personalmente le llevó a Joab, carta que por supuesto ni siquiera pensó en leer, contenía la orden directa de David de asesinarlo. Perdonar a Urias a David podría ser una gran prueba para él, ¿cierto? Pero quizás ese no sea el mayor reto para Urias.
¿Qué hay del hecho de aceptar que Jehová permitió que aquellas cosas le sucedieran y después hasta perdonó a David y lo conservó como rey? ¿Cómo se sentirá Urias al respecto? ¿Qué pensará de que Jehová considerara a David uno de los individuos más honorables de toda la Biblia? Parece que todos los reyes después de él fueron considerados buenos solo si se parecían a David. ¿Y qué dirá Urias de que Jehová designara a Salomón, un hijo de David y Batseba, como heredero al trono y escritor de algunos libros de la Biblia? ¿Qué dirá Urias? Si Jehová es esa clase de Dios, si ese es su concepto de la justicia, yo no quiero saber nada de él. Adoptará una actitud crítica y pensará, para Jehová, si eres judío como David, puedes hacer lo que quieras y no pasa nada.
Pero si eres de otra nación, como yo, unitita, no vales nada. O más bien, hará lo que dice Primera de Pedro 5.6. Humíllense bajo la poderosa mano de Dios para que él os ensalce al tiempo debido. ¿Sí? ¿Será Urias lo suficientemente humilde para situar lo que pasó en el contexto del propósito divino y apoyarlo? Bueno, ni siquiera estamos seguros de que esto será un problema para Urias.
La Biblia no da detalles. El punto es que, cuando leemos este relato desde la perspectiva de Urias, ¿qué es lo que nos viene a la mente? ¿Qué queda claro? Que Urias fue traicionado con crueldad. Fue víctima de una tremenda injusticia.
Pero cuando recordamos que hay que ver este relato en el contexto del propósito de Jehová, ¿qué observamos? Que lo importante no era Urias, ni su vida, ni su esposa. Lo era el propósito de Jehová, el cual garantiza que, a su debido tiempo, Dios compensará todas las injusticias sufridas en este mundo. Este relato sobre Urias nos recuerda que la cuestión principal en el propósito de Jehová es la vindicación de su soberanía, y servimos a dicho propósito solo si seguimos fieles hasta en los peores momentos.
A veces pudiéramos sentirnos como Urias. Quizás hayamos sido víctimas de ciertos maltratos o malentendidos, o no se nos haya tomado en cuenta como quisiéramos. Pero no dejamos que eso nos aleje de Jehová y su organización.
En lugar de eso, confiamos en que Jehová resolverá los asuntos a su debido tiempo y a su manera. Sí, de estos tres relatos bíblicos y de muchos otros que por falta de tiempo no podemos analizar, aprendemos que lo más importante es el propósito de Jehová. Es verdad, hay ciertos casos en los que, sí, Jehová protegió a sus siervos y les ahorró sufrimientos en situaciones que no se relacionaban directamente con su voluntad.
Pero esos casos parecen ser la excepción, no la regla. En general, los siervos de Jehová de la Antigüedad tuvieron que afrontar injusticias, oposición, problemas en casa o de salud, así como otras angustias y decepciones. Y tal como ellos aguantaron, hoy nos toca hacer lo mismo.
Y no esperamos que Jehová nos proteja de todo lo malo que pasa. Más bien, nos mantenemos fieles a pesar de los problemas. Algo importante que recordamos es que lo que vale más es el propósito de Jehová.
Todo lo demás es secundario. Incluso, nuestra salvación importa menos que la vindicación de la soberanía de Jehová. Que su nombre sea santificado está por encima de todo, incluso de la vida eterna.
Y esto no es algo nuevo. Es de las primeras cosas que aprendemos cuando empezamos a conocer la verdad. Pero es algo importante que siempre debemos recordar, pues es la clave para contestar por qué permite Dios que suframos.
¿Y por qué lo hace? No es porque esté disgustado con nosotros o porque hayamos perdido su favor, sino porque, al ser leales, apoyamos la soberanía divina, cosa que Él valora muchísimo. Ahora pasemos a la segunda pregunta. Si lo que más cuenta es la soberanía de Jehová, ¿entonces le interesamos poco a Él? ¿Quiere decir que no le importan nuestros sufrimientos o lo que sentimos? Por supuesto que no.
Jehová se interesó por los sentimientos de Abraham. De hecho, fue por él que bendijo a Ismael. Jehová también estuvo al tanto de los sentimientos de Sara.
La amaba, de ahí que le diera el honor de ser la madre de la descendencia prometida. ¿Y cuánto cariño le mostró Jehová a Jacob al permitirle volver a ver a José y vivir con él durante muchos años? De igual manera, a Jehová le interesan nuestros sentimientos. Entonces, ¿qué hay de lo que dijimos acerca de que nuestra salvación es secundaria en comparación con la vindicación de la soberanía de Jehová y la santificación de Su nombre?
¿Minimiza eso nuestra salvación? ¿Significa que no vale nada, que Jehová se puede olvidar de ella? ¿Que tal vez si Jehová tuviera que elegir entre la vindicación de Su soberanía y nuestro porvenir, ¿saldríamos perdiendo? Obviamente, eso no es a lo que nos referimos. Pero expliquémoslo un poco más. Jehová, en Su gran amor, decidió intervenir a fin de que la salvación eterna de los seres humanos fieles fuera parte de la vindicación de Su soberanía y la santificación de Su nombre.
Permítanme repetirlo, pues esta es la idea clave. Jehová decidió intervenir a fin de que la salvación de los seres humanos obedientes formara parte de la vindicación de Su soberanía. ¿En qué sentido? Vayamos a 2 Pedro capítulo 3. Hemos leído este pasaje en el estudio de la atalaya, pero ahora lo veremos desde un ángulo distinto.
2 Pedro 3.13 Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según Su promesa, y en estos la justicia habrá de morar. Aquí encontramos uno de los numerosos versículos bíblicos que graban en nuestra mente que la salvación de los seres humanos obedientes, sea en los nuevos cielos o en la nueva tierra, es una promesa de Jehová. No es algo que se dice solo por decir, es una promesa.
De modo que surge la pregunta, ¿se santificaría el nombre de Jehová si se le restara valor a la salvación y no se cumpliera esta promesa? ¿Santificaría eso el nombre de Jehová? ¿No sucedería más bien lo contrario? ¿No se daría la razón al diablo y se ensuciaría el nombre de Jehová al llamársele un mentiroso? ¿No daría argumentos a los opositores que dicen, ¿dónde está esa prometida presencia de él? Notan, ahí está el punto. Jehová decidió intervenir en los asuntos para que la salvación, sí, la salvación eterna de los seres humanos obedientes, fuera parte de la santificación de su nombre. Se podría decir que Jehová puso la salvación en un lugar muy seguro al hacerla parte de la santificación de su nombre y también forma parte de la vindicación de su soberanía.
¿De qué manera? La salvación es algo que le interesa mucho a Jehová. ¿Pero por qué le interesa tanto salvarnos? Porque nos ama mucho. Nadie nos ama como él.
Ni nuestros padres, ni nuestros amigos, ni nuestro cónyuge. Nadie nos ama como Jehová. Pero todo su amor, todo su tierno interés en cada uno de sus siervos, ese deseo que tiene de escuchar nuestras oraciones y de bendecirnos más allá de lo que jamás mereceríamos, todo ese amor de Jehová es parte de su soberanía, es parte de su manera de gobernar, es parte de la mismísima soberanía que está vindicando.
Aquí está la clave. La importancia de la soberanía de Jehová no hace que nuestra vida y nuestra salvación carezcan de importancia para Él. Claro, cuando decimos que nuestra salvación importa menos que otras cuestiones, no estamos diciendo que no importe.
Simplemente estamos viendo la soberanía divina y nuestra salvación en la debida perspectiva. Y así recordamos que la vindicación de la soberanía de Jehová es lo que realmente importa. Pasemos a la tercera pregunta.
¿Cómo podemos nosotros apoyar la soberanía de Jehová y defenderla? Ya mencionamos una manera, ¿verdad? Sí, siendo leales. Hablemos de una segunda manera. Sirviendo en Betel con alegría.
Es decir, manteniendo el gozo en toda forma de servicio sagrado. El Salmo 102 dice, Sirvan a Jehová con regocijo. Y Deuteronomio 12, 7 menciona, Tendrán que regocijarse en toda empresa de ustedes.
Neemías 8, 10 dice, El gozo de Jehová es su plaza fuerte. Pedro, Santiago, Pablo y Jesús mismo animaron a los cristianos a regocijarse hasta en circunstancias difíciles. ¿Pero por qué? ¿Por qué es tan importante el gozo? ¿Y qué tiene esto que ver con la trascendental cuestión de la soberanía de Jehová? Un hermano con muchos años en Betel suele ilustrarlo así.
Imagínese que Jehová le dice a Satanás, refiriéndose a usted o a otro de sus siervos fieles, Aquí está mi siervo, quien se mantuvo fiel hasta el final. Entonces Satanás dice, Es verdad, lo hizo, pero no lo disfrutó ni un minuto de su vida. Se sentía desdichado todo el tiempo.
¿Qué diría esto de la soberanía de Jehová que indicaría sobre su manera de gobernar? Es cierto que, como ya hemos dicho, todos pasamos por periodos en los que servimos a Jehová con lágrimas. Pero eso no se debe a su forma de gobernar, sino a que vivimos en el mundo del diablo. Así que, aunque le sirvamos con lágrimas, seguimos obedeciéndole, seguimos siendo fieles y Jehová nos ama por ello.
Él atesora nuestra lealtad y guarda nuestras lágrimas en su odre. ¿Quién no pasa por malos momentos? Pero en resumidas cuentas, la mejor manera de apoyar la soberanía divina es sirviendo con gozo. Pero no solo con la alegría que produce una sana autoestima o el hecho de superar las adversidades, sino con gozo piadoso, el gozo de Jehová, que proviene de saber que contamos con su aprobación y que le servimos plenamente.
Aquí estamos hablando de toda forma de servicio sagrado, pero como la mayoría de los presentes somos miembros de la familia Betel, regulares o temporales, contestemos la pregunta ¿Cómo podemos mantenernos felices mientras servimos en Betel, a pesar de los desafíos? De seguro quienes nunca han servido en Betel moverán la cabeza ante esta pregunta y dirán ¿Cómo pudiera alguien que sirve en un lugar como Betel no sentirse feliz todo el tiempo? Y los que servimos aquí lo sabemos. Es un lugar agradable donde sentirse feliz, no hay duda. Sin embargo, nuestro gozo puede ponerse a prueba de varias maneras.
Y no solo lo entendemos nosotros, también lo comprenden aquellos que sirvieron en Betel en el pasado. Seguramente alguna vez nos hemos sentado a conversar sobre Betel con alguien, un hermano, una hermana o una pareja que servía aquí. Y cualquiera de ellos nos entiende perfectamente.
Se acuerdan de todo, no lo han olvidado. Si les contamos que solicitamos una habitación y que por error invertimos los números y ganamos el peor cuarto de la lista, ellos sentirán nuestro dolor. Si les decimos que logramos sacar un par de hamburguesas la semana pasada, ellos sabrán lo que tuvimos que hacer, que arriesgamos la vida por una comida.
Sí, ellos lo entenderán. Recuerdo que hace muchos años un betelita me dijo que en algunos aspectos vivir en Betel le era más difícil que haber sido prisionero muchos años en la Alemania nazi. Bueno, ¿qué quiso decir con eso? Él lo explicó así.
Como prisionero siempre tenías muy claro lo que Jehová esperaba de ti. A veces era difícil hacer lo correcto, pero era muy fácil ver qué era lo correcto. O era blanco o era negro.
No necesitabas pensarlo. Pero en Betel, te enfrentas a cosas como ¿qué quiere Jehová que haga? ¿Cómo espera que equilibre mi asignación de trabajo con la predicación, mis demás actividades de congregación, mi estudio personal, mi matrimonio y el tiempo para descansar? Sin importar cuántos intentos haga por atenderlo todo, siempre me quedo con la sensación de que he descuidado alguna actividad espiritual. Bueno, todo esto fue para mostrarles que la vida en Betel tiene sus desafíos.
Y, por supuesto, la mayoría de las pruebas que enfrentamos son más serias y dolorosas que los ejemplos que acabamos de mencionar. Algunas pruebas son muy grandes. Otras son más pequeñas, pero significativas.
Algunas las enfrentan todas las personas. Otras son exclusivas de quienes viven en Betel. Lo cierto es que hay que ser de inclinación espiritual para tener éxito en Betel y mantenerse feliz con todo y las pruebas.
Bueno, todo esto nos lleva a la pregunta ¿cómo conservar la alegría en Betel a pesar de los desafíos? Vayamos a Romanos capítulo 11. Estas palabras inspiradas que escribió Pablo en Romanos 11.13 dicen Ahora les hablo a ustedes los que son gente de las naciones. Por cuanto soy en realidad apóstol a las naciones, glorifico mi ministerio.
La pregunta es ¿qué ministerio? Sí, ¿qué ministerio glorificó Pablo? ¿A qué se refería? ¿Al ministerio en general? ¿A la obra de predicar y enseñar por todo el mundo? No. Según el contexto, Pablo se refería específicamente a su asignación, no al servicio en general. Él era apóstol a las naciones y valoraba mucho su asignación.
Para él era algo grande, cómoda entender una nota en la versión en inglés. La consideraba un gran honor. Eso no significa que pensara que su asignación lo hacía superior a los demás cristianos o que los considerara inferiores.
Pablo no se glorificó a sí mismo. Glorificó su ministerio y no se disculpó por ello. No consideró que ser apóstol a las naciones fuera menos honorable que, digamos, predicar exclusivamente a los judíos, lo que pudo haber hecho muy bien en vista de sus antecedentes de fariseo.
Tampoco pensó que su apostolado era menos importante que organizar la obra mundial con los apóstoles y otros ancianos desde Jerusalén. Más bien, consideró que su asignación era un gran honor. Aprendió a llevarla a cabo con destreza y benefició a otros.
Pablo tenía su asignación en muy alta estima. Y así debemos ver nuestra asignación en Betel. Tal como Pablo glorificó su ministerio, nosotros tenemos que atesorar el nuestro.
Nuestra asignación en Betel es una muy especial. Atesorémosla. Veámosla como algo grande.
Nunca la minimicemos, ni siquiera en la mente, pues perderíamos la alegría. Y perderíamos la perspectiva correcta si empezáramos a sentir que Betel es, en cierto modo, menos honorable, menos importante, o de naturaleza, menos espiritual que otras facetas del servicio de tiempo completo. Por supuesto, sabemos que todos debemos participar en la predicación y en otras actividades espirituales esenciales, y deseamos hacerlo.
Nos encantan dichas cosas, y eso es lo que se espera de nosotros. Lo cierto es que con el motivo correcto, nuestro trabajo en Betel es servicio sagrado de tiempo completo. Sea cual sea nuestra asignación en Betel, contribuye directamente a que se prediquen las buenas nuevas en toda la tierra.
El punto es, el servicio de Betel cuenta. Eso no significa que podamos anotar en nuestro informe las horas trabajadas en Betel. Ya leí la nueva edición de Libros Organizados y no dice eso.
Pero nunca olvidar que servir en Betel es un honor, y considerarlo siempre así es la clave, tanto para seguir siendo felices a pesar de los desafíos, como para seguir apoyando con alegría la soberanía de Jehová. Ahora bien, algunos dicen inquietos, ¿Cómo puedo sentir gozo en mi asignación en Betel? ¿Y por qué debería considerarla tan importante si prácticamente en cualquier momento podría recibir un cambio, o bien dentro o bien fuera de Betel? Y puede pasar. Pero en este discurso, hemos analizado cómo trató Jehová con Abraham, Sarah y Jacob.
Y hemos visto que Jehová no siempre les dio todos los detalles. Se conformaron con lo que Él quiso revelarles y les sirvieron con la confianza de que Él los cuidaría, a pesar de que no conocían su futuro. Bien, esa es la forma en que Jehová actúa.
Hasta en el caso de Adan y Eva, que eran perfectos, Jehová no les reveló todo lo que tenía en mente para ellos o para la tierra. Básicamente les dijo, esta es su asignación por ahora. Y lo mismo sucede en nuestro caso.
Jehová no nos lo dice todo. ¿Es cierto? Revela el final desde el principio, cuando se trata de su propósito. Pero Él no nos dice lo que estaremos haciendo o cómo le estaremos sirviendo el año próximo o el siguiente o un año más tarde.
Jehová no actúa de esa manera. No es así como espera que sintamos felicidad y paz. Entonces, ¿cómo lo hace? Bueno, en vez de que hagamos que nuestro gozo dependa de cierta asignación o privilegio, Jehová desea que le pidamos a Él que nos ayude a ser felices en nuestra asignación actual a medida que le servimos un día a la vez.
El Salmo 37.4 dice, Deléitate exquisitamente en Jehová. La nota de la versión en inglés anima a que nuestra mayor causa de alegría sea servir a Jehová. Es así como Él quiere que hallemos la felicidad.
Y en cualquier faceta del servicio sagrado, esa es la única forma de mantenerse contento. ¿Claro? También necesitamos hacer lo que dice el Salmo 73.26, a saber, que la roca de nuestro corazón sea a Jehová la fuente de nuestra estabilidad emocional. Es natural que nos preocupe el futuro, y en especial ahora que hay tantos cambios.
No creo que haya alguien que pueda evitarlo. Pero si nos preocupamos de más, no solo sufriremos emocional y hasta físicamente, sino que, más importante aún, desperdiciaremos la oportunidad de hacer de Jehová nuestro refugio y plaza fuerte. Y no podemos darnos ese lujo.
¿Por qué no? ¿Por qué necesitamos aprovechar toda oportunidad de mostrar plena confianza en Jehová? Porque en algún momento, todos los que somos de las otras ovejas estaremos o al umbral del armagedón o en la tumba. Y sea cual sea el caso, solo Jehová podrá salvarnos. Y lo hará.
Pero necesitamos aprovechar ahora toda oportunidad para demostrar que confiamos en que Él nos protegerá y nos salvará. Necesitamos hacer que nuestra relación con Jehová sea más fuerte que cualquier otra cosa. El punto es, atesoremos nuestro servicio en Bethel.
Disfrutemos de nuestra asignación actual, pero refugiándonos en Jehová, apoyándonos en Él e imitando al apóstol Pablo, seremos capaces de dar el máximo, de cumplir dignamente con cualquier asignación. Bueno, ya he hablado mucho. ¿Cómo resumiría en este discurso? No hace falta que sea en una sola palabra.
Bueno... ¿Podríamos resumirlo en una oración? ¿Una larga? ¿Qué tal esto? Siempre que nos preguntemos por qué permite Jehová que suframos, algo importante que recordar es que debemos ver los asuntos en el contexto del propósito de Jehová, a saber, vindicar su soberanía, y apoyamos su propósito siendo leales y sirviéndole con alegría. Ahora, ¿qué podemos decir en conclusión? No olvidemos que Jehová permite el sufrimiento sólo temporalmente y que recompensará de manera abundante a quienes apoyen su soberanía. Reflexionar en la recompensa nos ayuda a permanecer fieles y a mantener el gozo.
Cuando predicamos, a la gente le cuesta creer en un nuevo mundo. Para ellos parece demasiado bueno para ser verdad. Es sólo una fantasía con la que no vale la pena soñar.
Pero para quienes conocemos la verdad, no es así. Más bien, lo que nos cuesta creer es lo que pasa en este viejo mundo. Lo creemos porque lo vemos.
¿Cómo negarlo? Lo negarlo es real, pero imagínense que en el paraíso está tratando de explicarle a alguien que nació allá cómo era este viejo mundo. ¿Qué le diría esa persona? ¿Estás seguro de que no estás exagerando? ¿Era tan malo como lo describes? ¿Cómo aguantaste tanto tiempo en esas circunstancias? Sí, es posible que dijera eso porque este es el mundo en el que cuesta trabajo creer. El nuevo mundo que Jehová promete será sencillamente normal.
De verdad, todo lo que habrá allí, vida eterna, salud perfecta, lindas amistades, una relación totalmente abierta con Jehová, todo eso será lo común. Esa es la clase de vida para la que fuimos diseñados y esa es la vida que Jehová promete a quienes apoyan su soberanía. Pero Satanás afirma que puede ofrecernos algo mejor.
Dice, vivan bajo mi soberanía. Los dejaré que inventen su propio código moral. Serán más felices.
¿En serio? Incluso si Satanás pudiera ofrecer algo que, obvio, ni siquiera se acercaría a lo que Jehová hará. Pero digamos que pudiera hacerlo. Si pudiera igualar la oferta, darnos un mundo sin dolor, sin enfermedades y sin muerte, seguiría siendo un mundo sin Jehová.
Y para quienes amamos a Dios, eso sería inaceptable. No queremos un mundo así. Deseamos que Jehová nos gobierne.
Valoramos su soberanía y lo demostramos sirviéndole con lealtad y alegría. Por eso, nunca jamás olvidemos esto. Ahora es el tiempo de apoyar la cuestión más importante, la soberanía de Jehová.
