El título de este discurso es: “Jehová es el único que es sabio”.
Por favor, busquemos juntos Romanos 16 y leamos el texto temático de este discurso.
Romanos 16:27 dice: “A Dios, el único que es sabio, vaya la gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén”.
Claro, este versículo nos enseña que Jehová es el único que es sabio en sentido completo, en sentido absoluto.
No hay nada que escape a su comprensión; lo entiende todo.
Él es la única persona del universo que tiene todo el conocimiento, entendimiento y sabiduría.
Otras personas pueden ser sabias, pero en sentido relativo.
Mientras más imite una persona la forma de pensar de Jehová, más profunda llegará a ser su sabiduría.
Y cualquier supuesta sabiduría es absurda si contradice la sabiduría de Jehová.
Eso es lo que leemos en 1 Corintios 3:19.
Ahí dice que “para Dios la sabiduría de este mundo es absurda”.
A continuación, analizaremos dos ejemplos que demuestran que la sabiduría de Jehová es superior a la supuesta sabiduría de este mundo.
Bueno, el primer ejemplo lo encontramos en el texto de hoy, Mateo 18:16.
Dice “que todo asunto pueda confirmarse con el testimonio de dos o tres testigos”.
Este principio tan sabio que Jesús menciona aquí en realidad ya aparecía en la Ley de Moisés.
Busquemos, por favor, Deuteronomio 19 y vamos a fijarnos en el mandato que Jehová le dio a su pueblo.
Deuteronomio 19:15: “Un solo testigo no puede condenar a nadie, sin importar el error o pecado que la persona haya cometido”.
El versículo añade: “El asunto debe confirmarse con el testimonio de dos o tres testigos”.
Hablando de este principio tan sabio que vimos aquí, La Atalaya explicó hace algunos años que hacen falta “al menos dos testigos para probar la acusación” de que se ha cometido un pecado.
Y añadió: “Si la persona lo niega y solo se cuenta con nuestro testimonio, se deja el caso en manos de Jehová.
Se actúa así sabiendo que todas las cosas están ‘abiertamente expuestas’ a Jehová y que si la persona es culpable, con el tiempo sus pecados la ‘alcanzarán’”.
Pero una pregunta: ¿sigue el mundo de Satanás este principio que viene de Jehová, “el único que es sabio”?
Por supuesto que no.
De hecho, a muchas personas se las declara culpables por el testimonio de un solo testigo, o a veces sin testigos y sin tener pruebas claras.
Es interesante que un autor escribió hace poco un artículo en un periódico muy conocido sobre este asunto.
Notemos lo que dijo: “Es demasiado fácil condenar a una persona inocente.
Se calcula que en Estados Unidos entre el 2 y el 10 % de las personas encarceladas son inocentes.
Parece una cifra baja, pero, si se tiene en cuenta que hay unos 2.300.000 personas encarceladas, la cifra es en realidad impactante.
¿De verdad es posible que haya entre 46.000 y 230.000 personas encarceladas injustamente?
Los que luchamos por la libertad de los inocentes creemos firmemente que sí”.
Y entonces continúa explicando las razones de este problema, como por ejemplo que no haya testigos o que, lamentablemente, un testigo no diga la verdad.
Gracias a la ley tan sabia de Jehová sobre los dos testigos, muy pocos inocentes serían declarados culpables en el antiguo Israel.
Y seguir este principio hoy día minimiza el riesgo de que se cometan errores en la congregación.
Claro, no estamos diciendo que sea imposible que dos testigos se pongan de acuerdo y mientan; pero eso casi nunca pasa.
Y tampoco estamos diciendo que, si solo hay un testigo y el acusado niega la acusación, ese testigo se lo está inventando.
No, no es eso.
Pero Jehová dice que lo dejemos en sus manos, y él se encargará del asunto tarde o temprano.
Y eso es lo que dice 1 Timoteo 5:24: “Los pecados de algunos hombres son conocidos públicamente y los llevan de inmediato a ser juzgados, pero los de otros hombres salen a la luz más tarde”.
Y también es importante que recordemos que los dos testigos no tienen por qué ser testigos de justo el mismo suceso, aunque es verdad que eso sería lo mejor.
Los dos testigos pueden haber visto situaciones similares, en momentos diferentes.
Por ejemplo, vieron a alguien que se emborrachó.
Veamos ahora juntos un segundo punto, un segundo ejemplo de la sabiduría de Jehová, “el único que es sabio”.
Lo encontramos en Hebreos 13:17.
Dice: “Sean obedientes y sumisos a los que los dirigen”.
Una pregunta: en este mundo ¿diríamos que la mayoría de la gente sigue este principio divino?
¿Hacen todo lo posible por no solo obedecer, sino también ser sumisos?
Es decir, ¿obedecen de buena gana a los padres, a los profesores, a los jefes, a los policías o a los gobernantes políticos?
¡Todo lo contrario!
La realidad es que muchos de ellos protestan, organizan manifestaciones o revueltas contra cualquier cosa con la que no estén de acuerdo.
Todo esto ha hecho que el mundo esté tan dividido como lo vemos ahora.
Sobre este asunto, Jesús dijo en Mateo 12:25 que “ninguna ciudad o familia dividida internamente se mantendrá en pie”.
Pero el pueblo de Jehová de verdad se esfuerza por seguir ese principio divino.
Y, gracias a eso, disfrutamos de tanta unidad en nuestras familias, en nuestras congregaciones y en nuestra organización por toda la Tierra.
Y algo muy importante es que sigamos esforzándonos por ser más obedientes y sumisos a los esposos, también a los padres, a los ancianos y al “esclavo fiel y prudente”.
Pero tenemos una razón más para mejorar, para esforzarnos por ser más obedientes y sumisos; y es que dentro de muy poco Jehová dará instrucciones seguramente a través de quienes hoy dirigen la obra.
Los que las obedezcan podrán salvar sus vidas.
Por ejemplo, instrucciones relacionadas con el anuncio de “¡Paz y seguridad!”.
O instrucciones sobre el mensaje que es como granizo; o instrucciones sobre entrar en los “cuartos interiores” “hasta que la furia haya pasado”, como dice Isaías 26:20.
Estos son solo algunos ejemplos.
Y, si tenemos la costumbre de obedecer siempre, será más fácil que seamos obedientes y sumisos aunque no entendamos bien, aunque parezca que las instrucciones no son lógicas desde un punto de vista humano.
Seguiremos siendo obedientes en esas situaciones y recordaremos que muchas veces Jehová hace cosas sorprendentes.
En muchas ocasiones le pide a su pueblo que haga algo que no parece lógico.
En particular cuando salva a sus siervos o castiga a los malvados, Jehová suele actuar de formas impactantes, ¿verdad?
Así que, si ahora somos obedientes, lo seremos en el futuro.
Veamos un ejemplo.
¿Recuerdan cuando Jehová le dijo a Jehosafat que saliera a enfrentarse con un ejército enemigo muy poderoso?
Y Jehosafat les dijo a los cantores levitas que se pusieran delante del ejército de Israel.
Desde un punto de vista humano, esa estrategia era peligrosa, era suicida, ¿no creen?
¿Pero cuál fue el resultado de obedecer?
Cuando se encontraron con los soldados enemigos, ¡estaban muertos!
Jehová se había encargado de confundirlos y de que se mataran unos a otros.
O recordemos las instrucciones que Jehová les dio a los israelitas al salir de Egipto.
¿Qué les dijo?
¿Adónde les mandó ir?
Al mar Rojo, aunque el faraón los estaba persiguiendo.
También parecía una estrategia suicida: los israelitas quedarían atrapados entre el mar Rojo y el faraón y su ejército.
¿Pero cuál fue el resultado de su obediencia?
Los israelitas atravesaron a salvo el mar Rojo cuando Jehová lo dividió.
Y, cuando los egipcios trataron de perseguirlos, Jehová cerró las aguas y todos se ahogaron atrapados como ratas.
Así que nuestra obediencia a las instrucciones que nos da la organización de Jehová no debería depender de si las entendemos o si estamos de acuerdo: obedecemos porque nos sale del corazón.
Hemos analizado dos ejemplos de verdadera sabiduría que vienen del “único que es sabio”.
Podríamos haber analizado cientos de ejemplos, pero vimos lo que dice Mateo 18:16: “Que todo asunto pueda confirmarse con el testimonio de dos o tres testigos”.
Y también vimos Hebreos 13:17: “Sean obedientes y sumisos a los que los dirigen”.
Como dijimos antes, hay muchísimos, muchísimos ejemplos que podríamos analizar, porque las instrucciones de Jehová son perfectas, sabias.
Podemos confiar en ellas porque Jehová es “el único que es sabio”.
Así que, si escuchamos a Jehová y obedecemos sus instrucciones, seremos sabios en sentido relativo y no tendremos que aprender de la peor manera, por medio de nuestros errores.
Las palabras de Salmo 19:7 se cumplirán en todos nosotros: “La ley de Jehová es perfecta” y hace sabio al inexperto.
