Piensa por un momento en alguien que para ti sea un buen amigo.
No me refiero a Jehová o a Jesús, o a tu pareja si estás casado.
Piensa en alguien más que también sea un buen amigo.
Por curiosidad, ¿qué hace que esa persona sea un buen amigo?
Quizás digas: “Bueno, porque puedo contar siempre con su ayuda”.
O “Es que siempre está pendiente de lo que necesito”.
O tal vez digas: “Sé que puedo confiar en él”.
O sea, podemos decir que un buen amigo es una persona en la que se puede confiar.
Por eso hoy vamos a hablar de la relación entre ser un buen amigo y ser confiables.
Durante los siguientes minutos vamos a responder a tres preguntas, pero quiero que sigas pensando en ese amigo.
La primera es: ¿por qué confías en tu amigo?
Después, ¿qué hace un amigo cuando le cuentas algo confidencial?
Y, por último, ¿qué aprendemos de lo que hizo el rey Ezequías?
Bueno, hablemos de la primera pregunta, ¿por qué confías en tu amigo?
Tú sabes que alguien puede ser confiable por las cosas que ha hecho en distintos momentos de tu vida, ¿verdad?
Y todas esas cosas pudieron haber ocurrido durante meses, años o incluso décadas.
Vamos a ver un ejemplo de esto.
Vayamos a Proverbios, capítulo 17.
Aquí en Proverbios 17:17, se describe lo que hace un amigo de confianza.
Leámoslo.
Proverbios 17:17: “El verdadero amigo ama en todo momento y es un hermano en tiempos de angustia”.
Piensa en un momento de tu vida en el que necesitaste ayuda y ese amigo estuvo ahí o cuando necesitaste que alguien te escuchara y él lo hizo.
Vayamos ahora a Proverbios, capítulo 27, para ver otra de las cosas que hace un buen amigo.
¿Recuerdas algún momento de tu vida en el que tu amigo te tuvo que dar un consejo que necesitabas escuchar, como se describe aquí en Proverbios 27:6?
Proverbios 27:6 dice: “Las heridas causadas por un amigo son fieles”.
Sí, tal vez te dolió cuando tu amigo vino y te dijo que había visto algo malo en ti y que tenías que cambiar, porque a nadie le gusta que lo corrijan.
Pero ¿verdad que al final agradeciste que fuera valiente y se atreviera a darte el consejo, aunque no fuera fácil?
Seguro que eso hizo que quisieras más a tu amigo.
Y sin duda recuerdas muchos otros momentos bonitos en tu vida que hicieron que la amistad entre ustedes dos sea tan linda como es ahora.
Un amigo así es una bendición.
Lo que hace alguien por los demás nos ayuda a ver qué clase de persona es.
Si hace cosas buenas, buscaremos su amistad, vamos a querer ser sus amigos.
Esto nos lleva a la segunda pregunta, y era: ¿qué hace un amigo cuando le cuentas un asunto confidencial?
Vayamos ahora a Proverbios, capítulo 11, y leamos juntos el pasaje que contiene el texto para el día de hoy.
Comenzaremos a leer desde el versículo anterior.
Proverbios 11:12, 13; ahí dice: “El hombre al que le falta sensatez trata con desprecio a su prójimo, pero el que tiene auténtico discernimiento se mantiene callado.
El calumniador anda por ahí revelando conversaciones confidenciales, pero la persona confiable sabe guardar una confidencia”.
Estos versículos nos muestran dos cosas que hace un buen amigo con los asuntos confidenciales.
Tratemos de ver cuáles son.
La primera la encontramos en el texto de hoy: “La persona confiable sabe guardar una confidencia”.
Si le contamos a un amigo algo que es confidencial y luego nos enteramos de que lo va contando por ahí, eso va a poner a prueba nuestra amistad.
Por ejemplo, tal vez le hayamos contado algo en confianza, como algún problema que nos preocupa o cómo nos sentimos, y ahora resulta que nos dimos cuenta de que se lo dijo a alguien.
Algo así puede echar a perder nuestra amistad.
Y, cuando eso te ocurre no una, sino varias veces, ¿verdad que ya no quieres ser amigo de esa persona?
Porque un buen amigo es alguien con quien uno puede contar, es una persona que a lo largo de su vida ha demostrado ser confiable, leal.
¿Y qué otra cosa hace un buen amigo?
Tal vez se dieron cuenta de que en el versículo 12 dice que “se mantiene callado”.
Pero alguien podría preguntarse: “¿Estaría bien contarle algo que me han dicho en confianza a alguien en quien yo confío?”.
¡Por supuesto que no!
No debemos contarle cosas confidenciales ni siquiera a nuestro mejor amigo.
Todos podemos demostrar que somos confiables en distintos aspectos de nuestra vida.
Por ejemplo, muchos de nosotros tenemos acceso a información confidencial almacenada en las computadoras de nuestra organización.
En otras ocasiones escuchamos un anuncio, pero hay que mantenerlo confidencial.
Y hay veces que no podemos grabar un discurso ni compartir nuestras notas con otros hermanos.
En momentos como estos, nos mantenemos callados y no revelamos nada, ni a un buen amigo.
Esto nos lleva al último punto: ¿qué podemos aprender del caso del rey Ezequías?
Por favor, leamos juntos 2 Reyes 20:13.
Aprenderemos dos cosas de algo que hizo el rey Ezequías cuando el rey de Babilonia le envió a unos mensajeros.
2 Reyes, capítulo 20, y leeremos el versículo 13: “Ezequías recibió con gusto a los mensajeros y les mostró toda su casa del tesoro: la plata, el oro, el aceite balsámico y otros aceites muy valiosos, su arsenal y todo lo que había en las cámaras del tesoro.
No hubo nada que Ezequías no les mostrara en su propia casa y en todos sus dominios”.
Sabemos que a Jehová no le gustó lo que hizo Ezequías.
¿Pero qué lecciones podemos aprender de esta historia?
La primera: no siempre es fácil darse cuenta de qué cosas no deben revelarse.
Pero el discernimiento nos ayudará a saber qué cosas debemos mantener confidenciales.
Por ejemplo, tal vez notemos que un hermano tiene cierto defecto.
¿Lo mantendríamos confidencial?
¿Se lo diríamos a un amigo?
¿Es necesario que lo sepa?
¿Tiene derecho a saberlo?
Si de verdad somos leales a nuestros hermanos, jamás revelaremos nada que pudiera perjudicarlos.
Como les tenemos tanto cariño, no vamos a divulgar sus defectos si no es necesario.
¿Por qué no lo hacemos?
Porque esta es una forma de protegernos unos a otros, de proteger a nuestra organización.
Una persona que tenga discernimiento y sea confiable sabrá lo que debe hacer.
La segunda lección tiene que ver con los motivos por los que Ezequías les reveló a los mensajeros algo que debía permanecer secreto.
Es interesante que el libro Perspicacia explica que “tal vez Ezequías exhibiera toda aquella riqueza para impresionar al rey de Babilonia como posible aliado contra el rey de Asiria”.
Pensemos en lo que le ocurrió a Ezequías.
¿Nos podría pasar lo mismo?
Tal vez podríamos decirle a un amigo algo así como: “Yo conozco un secreto y te lo quiero contar a ti.
Quiero demostrarte que soy tu amigo y que confío en ti”.
Si le reveláramos a un amigo algo que es confidencial, tal vez creamos que es algo bueno, que estamos fortaleciendo nuestra amistad con él.
Pero, hermanos, una pregunta: cuando hablamos al principio de lo que es un buen amigo, ¿en qué cosas pensamos?
“Es que siempre me cuenta los secretos ajenos y las cosas confidenciales”.
No pensamos eso; todo lo contrario.
Hablamos de cosas como ser personas leales y confiables.
Todos sabemos que una de las cualidades que hace que una persona sea un buen amigo es que no revele los asuntos confidenciales.
¿Qué hemos aprendido de ser buenos amigos y ser confiables?
Primero, por lo general nos hacemos amigos de personas que han demostrado ser confiables por las cosas buenas que hacen por nosotros y por los demás.
También vimos que en una buena amistad ambas personas deben saber qué cosas tienen que permanecer confidenciales y respetarlas.
Y el ejemplo del rey Ezequías nos recordó que revelar asuntos confidenciales no es una forma de demostrar que somos buenos amigos.
Al contrario, podría hacer que los demás se alejen de nosotros.
En conclusión: no hay ninguna duda de que, tal como vimos en el texto de hoy, Jehová quiere amigos confiables, que no revelen asuntos confidenciales.
