El comentario de La Atalaya para el texto de hoy menciona la historia de José, el hijo de Jacob.
Una de las lecciones que nos enseña este relato bíblico tiene que ver con el arrepentimiento.
Y sobre este tema vamos a contestar dos preguntas: qué es el verdadero arrepentimiento y si Jehová recompensa a quienes lo demuestran.
Quien está verdaderamente arrepentido da dos pasos.
Primero, reconoce el mal que ha cometido.
Y, segundo, demuestra claramente que ha dejado atrás esa conducta.
En el relato de José se pueden apreciar ambos pasos.
Así que examinemos en detalle algunas partes de la historia.
Jacob amaba profundamente a su hijo José.
¿Pero qué sentían los hermanos de José por él?
En tres versículos del capítulo 37 de Génesis leemos que sus hermanos sentían odio por él.
Un día en el que José y sus hermanos estaban solos, lejos de casa y lejos de su padre, sus hermanos aprovecharon la oportunidad para hacerle daño a José y lo arrojaron en una cisterna que encontraron allí.
Más tarde, Judá les propuso a sus hermanos que lo vendieran como esclavo.
Y, en ese entonces, José tan solo tenía 17 años.
Como sabemos, después de ser esclavo y prisionero, José terminó gobernando Egipto.
Y nos vamos a centrar en algo que sucedió mientras gobernaba.
En aquel entonces, en Canaán, Jacob y su familia estaban pasando por un periodo de hambre.
Así que Jacob decide enviar a sus hijos a Egipto para obtener alimentos y sobrevivir.
La primera vez que José ve a sus hermanos, él los reconoce, pero sus hermanos no lo reconocen.
La segunda y la tercera vez que los hermanos de José se presentan ante él, pasa exactamente lo mismo.
Cada uno de esos encuentros fue muy doloroso para José.
¿Cuál fue su reacción cuando los vio por primera vez?
“José se apartó y se echó a llorar”.
¿Y cuál fue la reacción la segunda vez que se encontraron?
“Entró a un cuarto privado y rompió a llorar”.
Y la tercera vez, ¿cómo reaccionó?
De nuevo “rompió a llorar tan fuerte que lo oyeron los egipcios”.
¿Qué necesidad tenía José de pasar por todo este sufrimiento?
Bueno, él quería ver si sus hermanos estaban arrepentidos.
Porque, como ya dijimos, para arrepentirse de verdad hay que dar dos pasos, y el primero es reconocer el error.
¿Y dieron ellos este primer paso?
Sí lo hicieron.
Sus palabras quedaron registradas en Génesis 42:21.
Allí dice: “Y se pusieron a decirse: ‘De seguro estamos pagando por lo que le hicimos a nuestro hermano [es decir, a José].
Vimos su angustia cuando nos suplicaba que le tuviéramos compasión, pero no le hicimos caso.
Por eso ahora nosotros estamos sufriendo esta angustia’”.
Es obvio que lamentaban lo que hicieron.
Sus palabras demostraban que habían dado el primer paso hacia el arrepentimiento: habían reconocido su pecado.
¿Pero habían dado los hermanos de José el segundo paso del verdadero arrepentimiento, dejar atrás la mala conducta?
¿Cómo iba a saber José si sus hermanos de veras habían cambiado?
Pues José los puso a prueba, y tenía muy bien pensado todo lo que iba a hacer a continuación.
Quería recrear exactamente las circunstancias de lo que había sucedido entre él y sus hermanos hacía más de 20 años, y para lograrlo no tendría que viajar al pasado.
Entonces, ¿qué decidió hacer José?
Su plan consistía en poner a sus hermanos en un grave aprieto, y la única manera de salir de ese aprieto y volver a casa de su padre sería dejar a uno de sus hermanos en Egipto como esclavo de José.
Y, para que las circunstancias fueran lo más parecidas posible a lo que había sucedido hacía más de 20 años, el hermano que tendría que quedarse como esclavo en Egipto tenía que ser el menor de todos los hermanos, Benjamín.
Así que había que traerlo a Egipto.
¿Y por qué Benjamín?
Porque Jacob amaba profundamente a su hijo Benjamín, tal como había amado profundamente a su hijo José.
En este plan que José había trazado con tanto detalle, Benjamín serviría de sustituto de José.
José quería observar cómo sus hermanos iban a tratar a Benjamín esta vez.
De esta forma se daría cuenta de si ellos se habían arrepentido de lo que habían hecho.
Finalmente Benjamín se presenta ante José con el resto de sus hermanos.
Pero, antes de que regresen a Canaán, José hace que escondan su copa de plata en la bolsa de Benjamín.
Cuando ya estaban de camino a su casa, el oficial de José llega para revisar el equipaje de todos los hermanos.
Nos podemos imaginar lo asustados que estaban cuando se encontró la copa en la bolsa de Benjamín.
Ahora tenían que presentarse de nuevo ante el gobernante egipcio, ¿y qué explicación le iban a dar?
Antes de seguir con la historia recordemos que, 20 años atrás, había sido Judá el que propuso vender a José como esclavo.
Y ahora fue también Judá quien convenció a Jacob para que enviara a Benjamín a Egipto.
¿Y qué hizo Judá en este momento tan crucial?
Pues leemos que él aceptó la responsabilidad de hablar con José a favor de sus hermanos.
Acompáñenme a Génesis 44:16 para ver lo que dijo: “¿Qué podemos decirle a mi amo?
¿Qué explicación podemos dar?
¿Cómo podemos demostrar nuestra inocencia?
El Dios verdadero ha descubierto el error que cometieron tus esclavos.
¡Ahora todos, tanto nosotros como el que tenía la copa, seremos esclavos de mi amo!”.
Con estas palabras, Judá le propuso a José que los 11 hermanos le servirían como esclavos.
Pero eso no encajaba con el plan que tenía José.
Por eso, en Génesis 44:17, José le dice esto a Judá: “¡Yo nunca haría algo semejante!
El hombre que tenía la copa es el que será mi esclavo.
[Declara José] Los demás pueden ir en paz y regresar con su padre”.
Vemos que José les dio a Judá y a sus nueve hermanos la oportunidad de regresar a casa en libertad siempre y cuando estuvieran dispuestos a dejar a Benjamín como esclavo en Egipto.
Justo en ese momento Judá se llena de valor y sale en defensa de su hermano.
Le hace una súplica a José.
El pasaje que contiene esta súplica es el más largo de Génesis en el que solo habla una persona.
A partir del versículo 33 del capítulo 44 de Génesis, vemos cómo Judá concluye su súplica: “Así que, por favor, mi señor, permite que sea yo y no el muchacho el que se quede como esclavo tuyo, para que él pueda regresar con sus hermanos.
¿Cómo podría regresar yo adonde está mi padre sin llevar al muchacho?
¡No soportaría ver a mi padre sufrir esa desgracia!”.
Así es, Judá se ofreció a tomar el lugar de su hermano Benjamín y convertirse en esclavo de José.
De este modo demostró que ya no era el mismo Judá de hacía 22 años: había cambiado, estaba genuinamente arrepentido.
En ese momento la prueba llega a su fin y José revela su verdadera identidad.
¿Qué aprendemos de este emocionante y conmovedor relato?
Al principio de este discurso hicimos una pregunta: ¿recompensa Jehová a quienes se arrepienten?
Sí, en el caso de Judá, Jehová le concedió el gran honor de convertirse en antepasado del Mesías.
¡Qué maravillosa recompensa recibió por haberse arrepentido!
¿Y qué hay de nosotros?
Todos cometemos errores y todos necesitamos que Jehová nos perdone.
¡Cuánto nos consuela que Jehová esté dispuesto a perdonarnos con generosidad si de veras nos arrepentimos, reconociendo nuestros errores y esforzándonos por dejarlos atrás y cambiar!
Cuando llegaron, él y su esposa, Yelena, recibieron una cariñosa bienvenida.
Para el 16 de marzo, había 280 hermanos y hermanas por todo el mundo encarcelados por su fe.
Entre ellos, los 181 de Rusia.
Por lo menos 35 de ellos tienen alguna discapacidad o problemas serios de salud.
Seguimos orando por estos siervos fieles de Jehová, por sus familias y sus congregaciones.
El regalo de la vida nos lo dio Jehová, y él quiere que mostremos agradecimiento y respeto por ese regalo.
Una manera en la que demostramos respeto por la vida es obedeciendo sus mandatos sobre el tema de la sangre.
Jehová les dio a Noé y a sus descendientes un mandato que nunca cambiará: Y a los cristianos les mandó que se abstuvieran de animales estrangulados y de sangre.
Por eso los testigos de Jehová obedecemos fielmente este mandato.
Y esto también influye en las decisiones que tomamos sobre los tratamientos médicos en los que se usa sangre.
Además, al tomar este tipo de decisiones, durante años nos hemos guiado por lo que decía la Ley mosaica y que aparece en Levítico 17:13: Ahora bien, ¿debemos obedecer este mandato los cristianos?
Dicho sencillamente: no.
Para empezar, los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica.
Es como dijo el apóstol Pablo en Colosenses 2:13, 14: Por lo tanto, los cristianos no tenemos que obedecer el mandato de derramar la sangre y cubrirla con polvo.
Además, la Biblia no dice nada sobre el uso de la sangre de la propia persona al recibir atención médica y quirúrgica.
En la revista La Atalaya del 15 de octubre del año 2000, ya se explicaba cuál era nuestra postura sobre el uso de la sangre de la propia persona.
Ahí dice: Por eso, muchos cristianos aceptan procedimientos sencillos, como los análisis de sangre, y procedimientos más complejos en los que también se usa su propia sangre, como los que utilizan una máquina de circulación extracorpórea o la de recuperación de sangre y tratamientos de diálisis renal.
Y la verdad es que cada vez hay más tratamientos disponibles.
En vista de todo esto, después de orar mucho y analizar lo que dice la Biblia, el Cuerpo Gobernante ha decidido anunciar un cambio en nuestra postura sobre el uso de la sangre del propio paciente al recibir atención médica y quirúrgica.
El cambio o aclaración es que cada cristiano debe decidir cómo se usará su propia sangre en cualquier tratamiento o procedimiento médico y quirúrgico.
Esto incluye si uno permite o no que se le extraiga sangre, que se almacene y luego se la vuelvan a introducir.
¿Esto qué significa?
Que algunos cristianos quizás decidan dejar que se almacene su sangre y luego se la vuelvan a introducir.
Pero otros decidirán que no.
Cada cristiano debe tomar su propia decisión en cualquier asunto que implique el uso de su propia sangre al recibir atención médica o quirúrgica.
En resumen, los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica, pero sí seguimos el mandato del libro de Hechos de abstenernos de sangre.
Y, como vimos, la Biblia no dice nada sobre el uso de nuestra propia sangre al recibir atención médica y quirúrgica.
Por lo tanto, igual que con otras decisiones sobre el cuidado de la salud, cada cristiano debe tomar su decisión sobre cómo se usará su propia sangre en cualquier tratamiento o procedimiento médico y quirúrgico.
En este informe hemos visto algunas noticias positivas sobre el proyecto de construcción de la sucursal de Italia y sobre nuestros hermanos de Rusia.
También vimos cómo ayuda Jehová a su pueblo cuando hay desastres naturales.
¿Y verdad que agradecemos mucho la aclaración sobre el uso de nuestra propia sangre al recibir atención médica o quirúrgica?
Todo esto nos confirma que Jehová está cuidando de sus siervos, ya sea a través de su organización o dándoles las fuerzas que necesitan para aguantar las pruebas.
Durante la época de la Conmemoración, sigamos acercándonos a Jehová y recordemos que nuestro Dios nunca se olvida de los que le son leales.
¡Los queremos mucho a todos!
Desde la central mundial de los testigos de Jehová, esto es JW Broadcasting®.
