Gage Fleegle: “Los gritos del necesitado” (Prov. 21:13) [9:32]

“El que tapa sus oídos a los gritos del necesitado no recibirá respuesta cuando él mismo llame”.


Examinemos algunas palabras de este versículo y veamos qué lecciones podemos aprender.


¿Quién es el “necesitado”?


La palabra original en hebreo puede referirse a alguien que es pobre en sentido material.


Pero, según la Concordancia Exhaustiva de Strong, puede significar “flaco”, “desvalido” o “débil”.


Por eso, aquí podría estar hablándose de alguien que necesita algo que no es material.


Puede ser alguien que esté desanimado, enfermo o de duelo, alguien que pasa por una prueba o que esté llevando una carga emocional pesada.


Incluso aquí en Betel encontramos hermanos así.


Por eso, Proverbios 21:13 es aplicable a todos.


Hablemos ahora de esos “gritos del necesitado”.


Quien necesita ayuda no siempre grita; a veces pide ayuda sin abrir la boca.


Y no todas las personas expresan sus necesidades de la misma manera.


Noten la pregunta que hizo en el 2020 el periódico The New York Times: “¿Lloran los bebés en distintos idiomas?”.


Decía que, cuando los bebés lloran, imitan la forma de hablar de su madre.


Los investigadores examinaron la entonación y el ritmo del llanto de bebés de distintos países.


La entonación de los bebés de Alemania cuando lloran va decreciendo, igual que la forma de hablar de las madres alemanas; en cambio, la entonación del llanto va ascendiendo en el caso de los bebés franceses.


¿Cuál es la lección?


¿Adónde queremos llegar con esto?


No es que el necesitado sea como un bebé llorón, sino que, cuando en Betel o en la congregación alguien necesita ayuda, hay que recordar que todos nos expresamos de diferentes maneras.


Pongamos algunos ejemplos.


Hay quienes, que debido a su crianza o su cultura, no tienen ningún problema en contarte por lo que están pasando.


Y hay a quienes hay que sacarles las palabras poco a poco para saber qué es lo que sienten.


Proverbios 20:5 dice: “Los pensamientos del corazón del hombre son como aguas profundas, pero el hombre discernidor sabe sacarlos”.


Por eso hay que conocer bien a los hermanos.


Así será más fácil entender los pensamientos y las emociones que hay detrás de sus palabras.


¿Es que están buscando a alguien que los escuche sin juzgarlos, o hay en realidad algún problema con el que necesitan ayuda?


Ahora, ¿cómo puede alguien tapar “sus oídos a los gritos del necesitado”?


Tal vez pensamos en esto al leer esta frase, unos tapones para los oídos.


Imagínense que están hablando con alguien y esta persona les abre por completo su corazón (digamos que es su cónyuge).


Pero ahora, mientras la persona está hablando, sacan un par de estos y se tapan los oídos.


Su cónyuge no estaría muy feliz; tampoco estaría contento Jehová, nuestro Padre celestial.


Si queremos que Jehová nos bendiga, tenemos que saber mostrar consideración en el matrimonio, en Betel y también en la congregación.


¿Hay ejemplos de esto en la Biblia?


Bueno, uno de ellos es el escritor de este versículo.


Fue el rey Salomón quien escribió estas palabras por inspiración, pero ¿las puso en práctica?


Pues parece que al principio de su largo reinado sí lo hizo.


Repasemos este relato de 1 Reyes 3.


Aquí, en el capítulo 3, veamos lo que dice el versículo 16: “En aquel tiempo, dos prostitutas fueron y se presentaron ante el rey”.


Así que Salomón, en su papel de juez, estaba dispuesto a escuchar los gritos de los necesitados.


Luego, en los siguientes versículos, la primera mujer presenta su caso.


Pero ¿dicta sentencia Salomón sin escuchar la otra parte de la historia?


No, antes escucha la versión de la segunda mujer.


Pero ni siquiera así quedó claro cuál de las dos decía la verdad.


¿Qué haría Salomón entonces?


¿Cómo se daría cuenta Salomón?


¿Cómo sabría él cuál de las dos estaba clamando por justicia?


En el versículo 25 está el juicio del rey: “Corten al niño vivo en dos”.


¿Y entonces qué sucede?


¿Cómo reaccionan las mujeres?


Pues el amor de la verdadera madre la motiva a defender al niño y dice: “¡Que le den a ella el niño vivo!


¡Por lo que más quieras, que no lo maten!”.


Salomón enseguida reconoce el grito de la verdadera madre, lo que había detrás de sus palabras, sus sentimientos.


Y en el versículo 27 da la sentencia.


Allí dice: “¡Denle el niño vivo a la primera mujer!


No lo maten; ella es su madre”.


¡Cuánta sabiduría!


¡Cuánto entendimiento!


Salomón no tapó sus oídos ante los gritos del necesitado.


Fue compasivo y misericordioso con esta mujer.


¿Pero qué hizo al final de su reinado?


Si todavía están ahí, en el libro de los Reyes, acompáñenme al capítulo 12.


1 Reyes 12.


Aunque ahora el rey es Rehoboam, el hijo de Salomón, noten lo que dice el versículo 3.


1 Reyes 12:3: “Él [Jeroboán] y toda la congregación de Israel fueron a ver a Rehoboam y le dijeron: ‘Tu padre hizo que nuestro yugo fuera duro.


Pero, si tú aligeras el duro servicio y el pesado yugo que nos impuso tu padre, nosotros te serviremos’”.


Jeroboán y los israelitas, los necesitados, estaban gritando por ayuda.


Porque Salomón, el padre de Rehoboam, había sido duro con ellos.


Recordemos lo que le sucedió a Salomón: sus esposas extranjeras lo habían apartado de la adoración pura.


Hasta había tratado de matar a Jeroboán, que tuvo que huir a Egipto.


El artículo de La Atalaya de donde está tomado el comentario para hoy dice lo siguiente: “Juzgar a los demás con dureza es una señal de mala salud espiritual”.


“Juzgar a los demás con dureza es una señal de mala salud espiritual”.


¿Y qué clase de ejemplo le dio Salomón a su hijo Rehoboam?


Pues, según el relato, Rehoboam le contestó a la gente con dureza, a pesar de haber tenido tres días para pensarlo.


¿Qué lecciones aprendemos nosotros?


Que, si desarrollamos la buena costumbre de escuchar con atención y de tratar con compasión a los necesitados, hay que luchar por no perderla, como la perdió Salomón durante sus últimos años.


También podemos pensar en lo que les estamos enseñando a futuros superintendentes mediante nuestro ejemplo.


¿Les estamos enseñando a escuchar con atención, a ser razonables, pacientes y tener empatía?


Examinemos un último detalle acerca del texto de hoy.


¿Por qué es tan importante escuchar al necesitado y ser compasivos y considerados?


Porque, según el versículo, si no lo hacemos, nadie nos escuchará a nosotros.


Y, claro, nosotros queremos que nuestro Padre celestial nos escuche; esa es la razón que da el versículo.


Pero esa no debe ser nuestra única motivación.


También queremos imitar el ejemplo que nos pone Jehová.


Nunca lo haremos a la perfección, pero seguimos intentándolo.


¿Y qué clase de ejemplo nos da él?


La Biblia nos enseña que él “inclina su oído” para escucharnos.


Hasta les presta atención a los “lamentos no expresados”.


También entiende perfectamente los sentimientos que hay tras lo que decimos.


¡Qué cariñoso es Jehová, nuestro Padre!


Hagamos un resumen.


Vimos que la ayuda que pide el necesitado no siempre va a ser material.


También que tenemos que entender lo que hay detrás del grito del necesitado, aunque su forma de expresarse sea distinta.


Finalmente, que hay que imitar a Jehová al mostrar misericordia y compasión a todos.


Además, recordemos que por escuchar al necesitado obtenemos un beneficio.


Notemos que en el Salmo 41:1 se presenta el lado positivo del texto de hoy.


Ahí dice: “Feliz el que trata al desfavorecido con consideración; Jehová lo rescatará en el día de la calamidad”.


Que Jehová nos siga bendiciendo con felicidad por ayudar a los demás.


Fri, 23 Jan 2026 14:19:33 +0000





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