Bienvenidos a todos.
La última parte de la asamblea regional “Poderosos gracias a la fe” va a empezar.
Mientras ven el siguiente video musical, piensen en cómo nos ayuda tener una fe fuerte a vencer cualquier prueba.
Disfruten del video.
Hemos llegado a la parte final de esta asamblea regional.
En esta sesión, veremos cómo las profecías bíblicas fortalecen nuestra fe, y se hablará de los emocionantes acontecimientos que nos esperan.
Antes, cantemos una canción que expresa nuestra decisión de demostrar fe.
Es la canción 126, Siempre fuertes, fieles y firmes. Repito, la canción 126.
Ya vimos que el profeta Daniel demostró tener fe cuando era joven.
Pero ¿qué pruebas le esperaban, y cómo lo fortalecería Jehová?
Veámoslo ahora, en la segunda parte de la historia Daniel, un hombre de fe. ¡Aquí están!
¡Por Nebo! ¡Istar! ¡Y Marduk, el más grande de los dioses!
¡Sí! ¡Sí!
Llamen a los sabios.
¡Llamen a los sabios!
No sé lo que es eso.
—El rey...— —No parece que sea un presagio.— No hay nada de esto en los libros, ¿verdad?
¿Están aquí todos los sabios?
Los mejores del reino.
Necesito hablar con el rey, por favor.
Mi señor, su madre está aquí.
Oh, rey, vive eternamente.
En tu reino hay un hombre que tiene el espíritu de dioses santos.
Él te dirá la interpretación.
¿Y quién es?
Daniel.
¿Daniel?
¿Quién es Daniel?
¿Eres tú Daniel?
Sí, mi señor.
He oído que tú eres capaz de dar interpretaciones.
Pues bien, si eres capaz de leer la escritura y revelarme su interpretación, haré que te vistan de púrpura, que te pongan un collar de oro en el cuello y que seas el tercer gobernante en el reino.
Quédate con tus regalos.
Dales tus premios a otros.
Aun así, le leeré la escritura al rey.
El Dios Altísimo le dio a Nabucodonosor el reino, la grandeza, la honra y la majestad.
Pero, cuando su corazón se volvió arrogante, se le quitó el trono de su reino y se le quitó su dignidad.
Pero tú, Belsasar, no humillaste tu corazón aunque sabías todo esto.
Al contrario, desafiaste al Señor de los cielos.
Hiciste que te trajeran los recipientes de su casa.
Y luego tú y tus nobles, tus concubinas y tus otras esposas bebieron vino de ellos.
Y alabaste a dioses de plata y oro, dioses que no ven nada ni oyen nada ni saben nada.
Pero no le diste gloria al Dios que tiene tu aliento en sus manos, y todos tus caminos.
La mano la ha enviado él.
Esta es la interpretación de las palabras: MENÉ: Dios ha numerado los días de tu reino y le ha puesto final.
TEQUEL: tú fuiste pesado en la balanza y eres deficiente.
PERÉS: se dividió tu reino y se le dio a los medos y a los persas.
Rey Darío, este es Daniel, un judío cautivo de los babilonios.
¿Interpretaste tú la escritura de los dioses?
No.
No fui yo, oh, rey.
Fue mi Dios, el Dios de Israel.
Nos convendría tener un sátrapa que comprenda a los cautivos.
Reconozco que ser sátrapa no es una posición tan alta como la que Belsasar te dio.
Mi señor, Daniel rechazó los regalos y honores que Belsasar le ofreció.
Un hombre que no se deja comprar.
No serás uno de los sátrapas, serás su supervisor.
Tura, anuncia su nombramiento en todo el reino.
Quiero que los que están robando del tesoro sepan que tendrán que rendir cuentas.
Daniel, vas a hacer un buen trabajo.
Solo con la ayuda de Jehová.
¿Por qué cobran tantos impuestos por las tierras?
¿Otra revuelta?
Esta vez es mucho peor.
Vengo de cobrarle los impuestos a un administrador.
¿Te pagó?
Sí, pero se niega a pagarnos “nuestra parte”.
Yo tuve el mismo problema.
Dicen que lo que estamos haciendo es extorsión.
¿Qué ha cambiado?
Daniel.
¿Le han ofrecido algo, para que sea más razonable?
No acepta ni un siclo de plata.
Daniel dice que lo que ya le pagan es suficiente.
No sean tan ingenuos.
Es una fachada para ganarse al rey.
No le durará.
Darío se va a cansar de él muy pronto.
Mi señor, parece que hay una discrepancia en las cuentas del tesoro.
Tienes que ser valiente para decir eso aquí.
Sé que son malas noticias.
Lo analizaremos bien.
Daniel, el tiempo que llevas aquí te ha hecho muy sabio.
¿Cuántos años han pasado?
Más de 70 años.
Cuéntame más.
Háblame de los sueños que le interpretaste a Nabucodonosor.
Las interpretaciones vienen de mi Dios, Jehová.
Él fue el que me reveló los sueños.
¿De verdad llevo más de 70 años en Babilonia?
¡La profecía de Jeremías!
“Cuando se hayan cumplido 70 años, les pediré cuentas al rey de Babilonia y a esa nación por su error”.
¿Qué significará esto para el pueblo de Dios?
“Cuando se cumplan 70 años en Babilonia, yo dirigiré mi atención a ustedes y [entonces] cumpliré mi promesa trayéndolos de vuelta a este lugar”.
¡Judá!
Tengo que orar a Jehová y confesar el pecado de mi pueblo.
Oh, Jehová, escucha.
Oh, Jehová, perdona.
¡Oh, Jehová, presta atención y actúa!
No tardes, oh, Dios mío, por causa de ti mismo.
Daniel, he venido a ayudarte a comprender y entender.
Cuando empezaste a suplicar, se emitió un mensaje y he venido a informártelo.
Sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa se han fijado 70 semanas para poner fin a la ofensa, para acabar con el pecado.
Daniel, Azarel y Ana están aquí.
Hola, Daniel.
¡Cuánto me alegro de verlos!
Éfer, ven, siéntate conmigo.
Tengo buenas noticias.
¿Qué noticias?
Jehová nos dijo hace mucho que volveríamos a Judá.
Volví a leer la profecía de Jeremías.
Esto es lo que dice Jehová: “Cuando se cumplan 70 años en Babilonia, yo [...] cumpliré mi promesa trayéndolos de vuelta a este lugar”.
Setenta años.
Eso quiere decir que el pueblo regresará pronto.
¿Cómo estás tan seguro?
Jehová envió a un ángel que me lo dijo.
¿Un ángel?
Me dijo que la ciudad y el templo serán reconstruidos.
Y por fin vendrá el Mesías.
Tú vas a ver el templo reconstruido.
¿Y no será peligroso?
Jehová está deseando darle a su pueblo cosas buenas.
Él le dijo a Isaías que no tendremos hijos para que sufran, porque son la descendencia compuesta por los que Jehová ha bendecido.
—Y si Jehová lo dice...— —Se hará realidad.— Pero la tierra está desolada.
Nos harán falta constructores buenos para la reconstrucción.
Entonces, ¿vas a regresar a Judá?
Espero que sí.
Sería bueno que se les diera mantenimiento a los caminos.
Si no, la situación empeorará cuando llegue la temporada de lluvias.
Tura, encárgate de eso.
¿Cómo es que sabes tantas cosas?
Yo no tengo el mérito de eso, señor.
Yo no...
Tenemos muchos hombres importantes que nos dan la información que necesitamos.
Daniel, ¿qué pasa con el sátrapa de Susa?
¿Hay que reemplazarlo?
Mis hombres lo han estado investigando.
Ese sátrapa ha estado robando dinero del palacio.
—Eso... ¡es imposible!— —¿No es tu sobrino, Otanes?— Lo es.
Y te garantizo que es un hombre honrado.
Debe haber un error.
¿Cómo puede Daniel conocerlo mejor que yo?
Hablaré con él y resolveré esto.
Los medos y los persas no somos tan intolerantes como... estos judíos.
Lo solucionaremos.
Muy bien.
Háganlo pronto.
Eso es todo.
Señor, siento interrumpirle.
Tiene visita.
Lo único que hacen los judíos es orar.
No podría servir al rey como lo hago sin la ayuda de Dios.
¿Servir al rey?
¿Intimidando a los sátrapas?
Hice lo que tenía que hacer.
Un extranjero no tiene derecho a decirnos lo que tenemos que hacer.
Hago lo que hago por el rey.
Ya oímos lo que hiciste por el rey Nabucodonosor.
Hiciste que se volviera loco.
—Eso fue un mensaje de Jehová.— —Llámalo como quieras,— pero... no te metas en nuestros asuntos.
Si piensas que es fácil quitar a un sátrapa, imagínate lo fácil que es deshacerse de un viejo judío como tú.
Es un honor estar ante ti.
¿Saben por qué los mandé llamar?
No, mi señor.
El sátrapa que Daniel sugirió reemplazar, ¿qué pasó con él?
Sí, nosotros investigamos bien el asunto.
¿Fue negligente?
No.
¿Incumplió sus deberes?
No, señor.
¿Envió al tesoro todos los impuestos que cobró?
No falta ni un solo siclo de oro ni un solo litro de cerveza.
Eso no es lo que dijo Daniel.
Daniel sirvió a los reyes de Babilonia bien, pero...
Es muy viejo.
Otanes quiere decir que es muy mayor para confiar en su criterio.
Sus ideas están anticuadas.
Además, es un judío.
Somos tolerantes con todos los pueblos.
Por supuesto.
—Claro que lo somos.— —Daniel, estábamos hablando de ti.— Tenías razón.
Hubo una revuelta en Susa.
Quieren un nuevo sátrapa.
Uno que no les robe.
—Pero señor, seguro...— —¡Basta!— Yo envié a mis propios inspectores, en los que confío.
Daniel, tú destacas sobre estos hombres.
Imagina lo que lograría si fueras mi primer ministro.
Quizás podamos hablar con el rey.
No servirá de nada.
Daniel lo está manipulando.
Necesitamos acusar a Daniel de algo que Darío no pueda pasar por alto.
Pero nadie ha podido acusarlo de nada.
Por ahora.
Reúne un equipo que investigue nuestras leyes, seguro que ha violado alguna.
Tú, pregunta a los mercaderes, inspectores, funcionarios..., a cualquiera que pueda acusarle de algo.
Háganle saber al que lo acuse que recibirá una buena recompensa.
Tenemos los registros babilonios Busquemos algún escándalo en el que Daniel pueda estar implicado.
No hay nada en los registros.
¿Encontraste algo?
No falta ni un siclo de plata.
De hecho, cuando Daniel investiga un asunto, la corrupción desaparece.
Sigue investigando.
Nadie habla mal de él.
Todo el mundo lo quiere.
El rey confía en él.
Normalmente, nadie les hace caso a los comerciantes extranjeros cuando les roban.
Pero Daniel los defiende, investiga lo que pasa y obliga a los ladrones a devolverles lo que les robaron.
Hasta sus amigos están limpios.
Nabucodonosor prohibió que se hablara en contra de su Dios.
Supuestamente, ese Jehová los salvó del horno cuando se negaron a adorar un dios babilonio.
¿Los judíos no adoran a otros dioses?
Eso parece.
Acabas de solucionar el problema.
Katu, Otanes, ¿qué es lo que quieren?
Oh, rey Darío, vive eternamente.
Esta Babilonia de la que tú eres rey es poderosa, pero su gente es muy variada.
Hay babilonios, egipcios, griegos y otros.
Sí, Otanes, ya lo sé.
Eres el rey legítimo, pero un extranjero recién llegado.
La gente debe adaptarse, si no, el reino podría volverse inestable.
¿Qué sugieren?
Todos los funcionarios reales, prefectos, sátrapas, altos funcionarios y gobernadores se han puesto de acuerdo en que se emita un decreto real y una prohibición.
Que durante 30 días el que le haga una petición a un dios o a un hombre en vez de a ti, oh, rey, debe ser arrojado al foso de los leones.
Tenemos que impedir que la gente se rebele.
Recuerda lo que pasó en Susa.
Ahora, oh, rey, emite el decreto y fírmalo para que no se pueda cambiar, de acuerdo con la ley de los medos y los persas.
Que no se puede anular.
Nuestro imperio está experimentando el mayor periodo de paz y prosperidad de su historia.
Los recientes actos de rebeldía ocurridos en Susa, así como otros actos similares llevados a cabo por grupos radicales, amenazan nuestro estilo de vida, un estilo de vida que no sacrificaremos bajo ningún concepto.
En honor a la gloriosa libertad que garantiza el imperio y como recordatorio de su soberanía, yo, Darío el medo, emito el siguiente decreto: Durante 30 días cualquiera que le haga una petición a un dios o a un hombre en vez de al rey, debe ser arrojado al foso de los leones.
¿No irás a casa a orar, verdad?
Azarel, ya me conocen, y mis enemigos también.
Oro con la ventana abierta tres veces al día, todos los días.
Si cediera, aunque fuera un poco, ¿qué pensarían?
Que dejaste de orar por completo.
O peor aún, que cambié mi adoración a Jehová por mi vida.
Conozco a Jehová y, si confío en él, me premiará.
No sé cómo lo hará, pero lo hará.
Pídanle a Jehová que yo no pierda la fe, que todos la mantengamos, sin importar lo que pase.
Tengo algo para ti.
La cena está lista.
“Jehová es mi luz y mi salvación.
¿A quién le tendré miedo?”.
“Óyeme, oh, Jehová, cuando grito por ayuda; concédeme tu favor y respóndeme. [...] Tu rostro, oh, Jehová, trataré de encontrar. [...] Tú eres quien me ayuda; no me abandones, no me dejes, mi Dios de salvación”.
Oh, rey, vive eternamente.
¿No es cierto que firmaste una prohibición que dice que durante 30 días cualquiera que le haga una petición a un dios o a un hombre...
En vez de a ti, oh, rey.
... será arrojado al foso de los leones?
Sí, así quedó establecido de acuerdo con la ley de los medos y los persas.
¿Cuál es el problema?
Daniel, uno de los desterrados de Judá, no te ha obedecido, oh, rey, ni tampoco ha obedecido la prohibición que firmaste.
Ora todos los días, tres veces.
¿Daniel?
No puede ser cierto.
¿Están seguros?
Ni siquiera lo ha negado.
¿Alguien lo vio?
Todos nosotros lo vimos, señor.
Somos testigos.
Pero ya es viejo.
¿Sabe lo que hace?
Es un alto funcionario.
Seguro que sabe lo que significa obedecer al rey.
Váyanse.
¿Arrestamos a Daniel?
Yo me encargaré de él.
Daniel debe ser castigado, para que sirva de ejemplo.
Lo quitaré de su cargo, y abandonará la ciudad mañana por la mañana.
Mi señor...
Todos sabrán que la ley hay que obedecerla.
Pero la ley dice claramente que el culpable debe ser echado al foso de los leones, mi señor.
Ya sé lo que pretenden.
¿Es que no tienen vergüenza?
La ley de los medos y los persas dice que no se puede cambiar ningún decreto o prohibición que el rey haya emitido.
Solo queremos que el rey reciba la honra que se merece.
Llévenlo al foso.
Tu Dios, a quien sirves con constancia, te rescatará.
¡Quiten la piedra!
¿Daniel?
Daniel.
Oh, rey, vive eternamente.
¡Está vivo!
¡Súbanlo!
Mi Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones, y no me hicieron ningún daño, pues se me ha considerado inocente ante él.
Y tampoco te he hecho nada malo a ti, oh, rey.
Armenia ahora es mía.
Daniel no supo aprovecharse de ella.
Sus caballos son perfectos para nuestra caballería.
Yo también me quedaré algunos.
Está bien, quédate tú con Armenia.
Yo me quedaré con Bactriana y sus piedras preciosas.
¿No es demasiado pronto para que se dividan el reino de Daniel?
¡Miren en el cuarto de atrás!
¿Qué significa todo esto?
¡Quedan arrestados por delitos contra el rey Darío!
A quien el rey mandó arrestar fue a Daniel, no a nosotros.
Daniel fue arrestado y echado al foso.
Y fue liberado esta mañana, sin un solo rasguño.
¡No puede ser!
Puede que los leones no tuvieran hambre.
O que estén enfermos.
¿Enfermos?
¿Sin hambre?
Échenlos al foso con sus familias, que prueben sus teorías.
¡Nooo!
—¡No hagas esto, yo te serví!— —¡Nooo!— —¡No, por favor!— —¡Nooo!— Doy la orden de que la gente de todo rincón de mi reino debe temblar de temor ante el Dios de Daniel.
Porque él es el Dios vivo y permanece para siempre.
Su reino nunca será destruido.
“Él rescata, salva y realiza milagros y cosas impresionantes en los cielos y en la tierra, porque ha rescatado a Daniel de las garras de los leones”.
¿Darío escribió eso?
Se lo ha enviado a todo el mundo.
Estábamos muy preocupados.
¿Te asustaste?
Tuve mucho miedo.
Pero Jehová nos ayuda cuando tenemos miedo.
A ellos les da miedo ir a Jerusalén.
¡Éfer!
No lo hemos decidido todavía.
¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?
El rey dice que todos podemos ir.
Me encantaría ir..., pero creo que ya es demasiado tarde para mí.
Entonces, yo tampoco quiero irme.
Oh, no, no, no llores.
Si te vas, verás una ciudad mucho mejor que la que yo dejé.
Verás cómo se cumplen las profecías.
Y podrás ver una ciudad llena de gente que adora a Jehová y un nuevo templo, el edificio más hermoso de toda la Tierra.
¿Viste al vecino de al lado?
No, no lo vi en todo el día.
El otro día vi a Elí.
Mantente cerca de Jehová.
Él te va a bendecir.
“Una cosa le he pedido a Jehová [...]: que pueda vivir en la casa de Jehová todos los días de mi vida para contemplar la bondad de Jehová y recrearme mirando su templo”.
Daniel, necesitas descansar.
Daniel, eres un hombre muy valioso.
He sido enviado a ti.
No tengas miedo, Daniel.
Tus palabras han sido oídas desde el primer día en que te decidiste de corazón a entender y a humillarte delante de tu Dios.
He venido a hacer que entiendas lo que le ocurrirá a tu pueblo en la parte final de los días.
No me queda aliento.
Y no tengo fuerzas.
No tengas miedo, hombre muy valioso.
Ten paz.
Sé fuerte.
Sé fuerte.
Habla, mi señor, porque me has fortalecido.
Te informaré de las cosas anotadas en los escritos de la verdad: “¡Mira! Surgirán tres reyes más en Persia, y el cuarto acumulará mayores riquezas que todos los demás”.
Mi señor, ¿cuál será el resultado de estas cosas?
Feliz el que se mantiene a la expectativa.
Sigue adelante hasta el fin.
Descansarás, pero al fin de los días te levantarás para recibir tu parte.
Si comemos eso, desobedeceremos a nuestro Dios.
¿Temes a tu Dios?
Le temo.
Las interpretaciones vienen de mi Dios, Jehová.
Yo sé que él me revelará tu sueño.
Jehová está deseando darle a su pueblo cosas buenas.
Conozco a Jehová y, si confío en él, me premiará.
No sé cómo lo hará, pero lo hará.
¡Qué historia tan animadora!
Igual que Daniel, nosotros le pedimos a Jehová que nos ayude y nos proteja.
La siguiente canción habla de nuestra confianza en Dios.
La canción se titula ¡Jehová será tu Salvador! Cantemos la canción 150.
Canción 150.