David Splane: La fe sin obras está muerta (Sant. 2:17) [8:45]


El texto de hoy está tomado de la Carta de Santiago.


A Martín Lutero, uno de los líderes de la Reforma protestante, no le gustaba mucho la Carta de Santiago.


Él decía que no era más que “paja”; pensaba que era una carta que no tenía peso ni valor.


Tampoco le gustaban mucho la Carta a los Hebreos ni la de Judas, ni Ester ni el libro de Apocalipsis.


¿Y por qué?


Bueno, en el caso de Santiago tiene que ver con lo que dice el texto de hoy: la fe sin obras está muerta.


Pero Lutero no entendió a qué se estaba refiriendo Santiago.


Pensó equivocadamente que Santiago decía que la salvación se logra mediante obras.


Y Lutero estaba convencido de que para salvarse solo hace falta fe.


De hecho, llegó a decir que esa carta no era de Santiago ni de ningún otro escritor cristiano y que tal vez la escribió un judío que no sabía mucho del cristianismo.


Todo porque no entendió a qué se estaba refiriendo Santiago con esas palabras.


Lo que Santiago dijo es que la fe es importante.


Todos necesitamos tener fe.


Pero, como la fe no se ve, ¿cómo se sabe si alguien tiene fe?


¿La respuesta?


Por sus obras.


Las obras son la prueba visible de que alguien tiene fe.


Y es la fe en el sacrificio de Jesús lo que nos salva.


Aprendemos algo de esto: cuando nos encontramos con algo que no entendemos en la Biblia o en nuestras publicaciones, es mejor pensar que somos nosotros los que tenemos el problema, y no el escritor.


En esos casos, teniendo esto en cuenta, le pediremos a Jehová que nos ayude a entenderlo.


Hoy, como Lutero, muchas personas religiosas piensan que la fe es más importante que las obras.


Por eso en la predicación nos dicen: “Ustedes creen que ir de casa en casa va a hacer que se ganen la salvación”.


Claro, sabemos que no es así.


No tenemos duda de que es la sangre derramada de Cristo la que nos librará del pecado.


Pero salimos a predicar porque amamos a Jehová y amamos a las personas.


Se han dicho tantas mentiras sobre Jehová que queremos que el mayor número de personas conozca la verdad.


Porque eso es lo que hace un testigo: da testimonio de la verdad.


Me encantó lo que dijo el hermano Jake Rumph en su discurso en la reunión anual.


¿Lo recuerdan?


Él dijo que, cuando Jesús veía a la gente sufrir, hacía algo de inmediato, aunque fuera en sábado, porque no podía soportar ver a la gente sufrir.


No les decía: “Vuelva mañana” o “Voy a estar por el mar Muerto.


Búsquenme por ahí”.


Al contrario, los curaba enseguida aunque sabía que los fariseos le iban a dar problemas.


Y lo cierto es que, para Jesús, curar en sábado era algo muy peligroso.


Según la Ley de Moisés, había que matar a los que no respetaran el sábado.


Con razón los fariseos buscaban la oportunidad de acusar a Jesús de eso.


¿Pero qué lección quería destacar el hermano Rumph?


Pues que no queremos dejar de predicar pensando que Jehová ya decidirá qué hacer con la gente en la gran tribulación.


La gente sufre ahora.


Necesita alivio ahora.


Necesitan conocer a Jehová ahora.


Es ahora que necesitan una vida mejor, así como una esperanza para el futuro.


¿Y Jesús qué piensa?


¿Realmente le importan nuestras obras?


¿O está de acuerdo con los que creen que solo hay que tener fe?


Dejemos que él mismo responda.


Veamos lo que dijo en el libro de Apocalipsis, otro de esos libros que no le gustaban a Martín Lutero.


Vayamos a Apocalipsis, capítulo 2, y veamos qué opina Jesús sobre nuestras obras.


Apocalipsis, capítulo 2; leeremos primero el versículo 2 y luego el 5.


Jesús se dirige a la congregación de Éfeso.


Les dice: “Conozco tus hechos, tu duro trabajo [tus obras] y tu aguante”.


Eso dice el 2.


Y el 5 dice: “Por lo tanto, recuerda desde dónde has caído, arrepiéntete y haz las cosas que hacías al principio”.


Pasemos al versículo 19 y veamos lo que le dijo a la congregación de Tiatira.


Ahora lo que queremos notar es si de verdad Jesús se fija en cuánto hacemos en el servicio que le damos a Jehová.


Dice: “Conozco tus hechos, tu amor, tu fe, tu servicio y tu aguante.


[Y ahora fíjense:] Y sé que tus últimos hechos son más que los del principio”.


¿Qué aprendemos?


Jesús se fija en todo lo que hacemos: cuando nos quedamos un ratito más en la predicación el sábado, cuando nos tomamos el tiempo de darle un tratado o una tarjeta a alguien en la tienda o cuando volvemos a visitar a alguien después del trabajo porque esa es la mejor hora para esa persona.


Jesús toma nota de todos los sacrificios que hacemos, y los agradece.


Todo lo que hacen los hermanos en la predicación es asombroso.


Claro, Satanás —que siempre nos acusa— va a tratar de buscar algo negativo.


Tal vez diga: “Bueno, ahora que los publicadores no tienen que informar sus horas, seguro que se conforman con hacer el mínimo, tan solo lo que haga falta para poder marcar la casilla y decir que predicaron”.


Pero el entusiasmo con el que predican nuestros hermanos demuestra que no es así.


Aunque la congregación no pone una meta de horas, muchos hermanos se ponen metas razonables según sus circunstancias.


Y noten que dije “razonables”.


Lo que es razonable para alguien de 20 años con buena salud puede no serlo para alguien de 90 años enfermo, aunque hay hermanos de 90 años que hacen muchísimo.


Algunos lo que hacen es planificar el mes.


Al empezar el mes miran los fines de semana y se preguntan: “¿Qué cosas tengo que hacer?


Oh, la boda de mi hermana; ese fin de semana no estaremos.


Bueno, tengo libres los otros tres fines de semana”.


Y hay quienes le muestran su amor a Jehová de otra forma: al salir de su zona de confort.


Para algunos publicadores, salir de su zona de confort significa predicar de casa en casa.


Desde la pandemia del COVID, a muchos les cuesta empezar conversaciones.


Se habían acostumbrado a mandar mensajes de texto y correos.


Por eso prefieren predicar por carta y en los carritos.


Y está bien.


Pero se dan cuenta de que ni mediante los carritos ni las cartas llegamos a todos.


Y de que hay que ser imparciales.


Así que le piden a Jehová que les dé valor y salen a predicar de casa en casa.


Pueden estar seguros de que Jesús los ve y de que aprecia su valor y su espíritu dispuesto.


Otro ejemplo excelente son los hermanos que vienen aquí a Betel todas las semanas a ayudarnos.


Los que son precursores ya han completado sus horas en la tercera semana del mes.


Pero aun así vienen la cuarta.


Por amor a Jehová y a los hermanos, hacen un esfuerzo extra.


Y se lo agradecemos mucho, porque los necesitamos.


Jesús relacionó la fe con las obras.


En Juan 14:12, leemos algo que Jesús les dijo a sus discípulos la noche antes de morir: “De verdad les aseguro que el que demuestre fe en mí también hará las obras que yo hago”.


¿Y en qué obra se concentró Jesús?


En la obra de predicar.








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