Jonathan Smith: Seamos fieles hasta en lo mínimo (Luc. 16:10) [10:19]


Lo que dice el texto de hoy y el comentario de La Atalaya nos enseña que sobrevivir a la gran tribulación podría tener mucho que ver con obedecer hasta en lo más mínimo.


Examinemos otros comentarios que se han hecho en La Atalaya a lo largo de los años.


Comencemos con la de diciembre de 2007: “Conforme nos acercamos a la gran tribulación, es muy posible que recibamos algunas instrucciones concretas.


Solo tendremos un viaje seguro a través de esos días de angustia si avanzamos al mismo paso que los demás siervos leales de Jehová”.


Y ahora la de abril de 2012: “Durante la gran tribulación […], los cristianos tendremos que seguir las indicaciones que Dios nos haya dado a través de su Palabra y su organización”.


Y ahora noten: “Nuestra liberación dependerá de que obedezcamos”.


Marzo 2022: “Es posible que, a veces, el esclavo nos dé instrucciones que no comprendemos por completo.


Por ejemplo, tal vez recibamos instrucciones muy concretas para sobrevivir a un desastre natural que pensamos que no es probable que ocurra en nuestra zona”.


La Atalaya de octubre de 2023: “Pensemos en […] la pandemia del COVID-19.


Se nos pidió que dejáramos de reunirnos en los Salones del Reino y que no fuéramos a predicar de casa en casa.


[…] ¿Se le hizo difícil obedecer?


Sea como sea, su obediencia le sirvió de protección, lo mantuvo unido a sus hermanos y alegró a Jehová.


Ahora estamos todos más preparados para obedecer cualquier instrucción que nos llegue durante la gran tribulación”.


Finalmente, La Atalaya de febrero de 2024: “Puede que a veces nos resulte difícil seguir la guía de Jehová, sobre todo cuando nos llega a través de hombres imperfectos.


¿Por qué?


Quizás lo que nos digan no sea lo que queremos oír.


O tal vez pensemos que sus consejos son poco prácticos o desacertados, y que por tanto no pueden venir de Jehová”.


Como hemos visto, en años recientes La Atalaya nos ha recordado la importancia de obedecer, incluso cuando, como dice el texto de hoy, las instrucciones nos puedan parecer extrañas, poco prácticas o ilógicas.


¿Por qué?


Las cosas que pasaron en Egipto cuando Jehová liberó a los israelitas pueden ayudarnos a entender por qué hay que obedecer.


¿Recuerdan que a los israelitas se les dieran instrucciones que pudieran haber parecido extrañas, poco prácticas o ilógicas?


La primera fue cuando Jehová les ordenó a Moisés y a Aarón que le dijeran al faraón que dejara ir al pueblo.


Y ¿qué pasó?


Ahora los israelitas tenían que ir a buscar su propia paja y tenían que seguir haciendo la misma cantidad de ladrillos que antes.


O sea, que las cosas no mejoraron, ¡empeoraron!


Después vino la primera plaga: el Nilo se convierte en sangre.


Sin embargo, el faraón ve que sus sacerdotes —que también practicaban magia— son capaces de hacer lo mismo.


Así que su corazón se hace duro.


Luego vienen las ranas, y otra vez los sacerdotes logran replicar el milagro.


Para este momento, Moisés y Aarón quizás estaban pensando: “Jehová, esto no está funcionando.


Mala idea”.


Pero entonces vienen más plagas, y ninguno de aquellos sacerdotes que practicaban magia logran replicarlas.


De hecho, hasta dicen: “¡Es el dedo de Dios!”.


Antes de la décima plaga, los israelitas tenían que matar un cordero de un año de edad, asarlo —no hervirlo— y no romperle ni un hueso.


Tampoco podían guardar nada; tenían que quemar todo lo que sobrara.


Además, había que comerlo con el cinturón atado, las sandalias puestas y el bastón en la mano, y comerlo rápidamente.


Son muchas instrucciones.


¿Habrán entendido los israelitas por qué había que hacer todo eso?


Quizás dirían: “¿Y por qué no le podemos quebrar ningún hueso al cordero?”.


Jehová no les dio ninguna razón.


Al final resultó ser una profecía, que se cumplió alrededor de 1.500 años más tarde.


Pero, en ese tiempo, ¿habrán pensado los israelitas: “Perdonen, ¿pero nos están diciendo cómo tenemos que cocinar nuestra comida?


Eso es algo personal”?


“A mí me gusta más la carne hervida, aunque tenga que romper algunos huesos para que quepa en la olla”.


O “¿Comer deprisa?


¡A mí eso me da indigestión!”.


Seguro que más de uno se quejó.


¿Pero obedecieron?


Pues sí, obedecieron.


En Éxodo 12:28 dice: “Los israelitas se pusieron a hacer exactamente lo que Jehová les había mandado a Moisés y a Aarón.


Lo hicieron tal como él había dicho”.


Pero entonces, después de la décima plaga, Jehová les da otras instrucciones que parecen un poco extrañas.


Debían pedirles a los egipcios que les dieran objetos de plata, objetos de oro y ropa.


Bueno, no sabemos si los israelitas se quejaron y dijeron: “Pero un momento.


Moisés, ¿crees que esto sea una buena idea?


Piensa que la nación entera, o sea, todas las familias de Egipto han perdido a su primogénito.


¿Y ahora les vamos a pedir que nos den su plata, su oro y su ropa?


¿No te parece algo cruel?”.


Pero recordemos una cosa: en realidad los egipcios simplemente los estaban compensando por haberlos esclavizado sin haber tenido ningún derecho a hacerlo.


Ellos habían traído a los israelitas como sus huéspedes, ¡no como sus esclavos!


Pues bien, ¿obedecieron los israelitas esta instrucción?


Sí la obedecieron.


La Biblia dice que “Jehová hizo que el pueblo tuviera el favor de los egipcios”, y los egipcios les dieron todo lo que pidieron.


Tiempo después, gran parte de esos materiales se usaron para el tabernáculo.


¿Y qué pasó después de que los israelitas salieron de Egipto?


Pues entonces Jehová les da una nueva orden: “Den la vuelta y acampen enfrente del mar Rojo”.


Parecía que estaban atrapados entre el mar y el ejército del faraón con sus carros de guerra.


¿Fue algo irracional, peligroso, o una genialidad?


Ustedes saben la respuesta.


Bien, hablemos de lo que aprendemos.


¿Qué vamos a hacer si la organización nos da instrucciones que no nos parecen las mejores?


Es posible que nos hagan la vida un poco más difícil, como cuando los israelitas tuvieron que conseguir paja para hacer ladrillos.


¿Y si parece que las instrucciones que nos dan se meten en asuntos que solo nos incumben a nosotros, asuntos de preferencia personal, como lo que comemos, la forma de cocinarlo o la forma de comerlo?


¿Y qué tal si nos dan instrucciones que no vamos a comprender sino hasta que pasen días, semanas, meses o años?


Tal vez hasta 1.500 años.


¿Y si parece que las instrucciones de la organización de Jehová nos van a poner en peligro, como cuando los israelitas se vieron atrapados frente al mar Rojo?


¿Qué nos ayudará a obedecer?


Pensemos en lo siguiente: con cada una de las plagas, Jehová les confirmó a los israelitas que Moisés y Aarón eran sus representantes.


¿Y no ha hecho hoy lo mismo?


En estos últimos días tan difíciles hemos tenido desastres, guerras, pandemias… Y vez tras vez hemos recibido instrucciones sabias de parte de la organización de Jehová, del “esclavo fiel y prudente”.


Por eso, ahora es el momento de aprender a confiar en Jehová, a confiar en sus representantes y a obedecer hasta en lo mínimo.


Así, estaremos preparados no solo para la gran tribulación, sino también para lo que vendrá después, para el Reinado de Mil Años de Cristo.


Recordemos lo que dice Salmo 45:16.


¿Vamos a ser siempre obedientes, aunque tengamos que hacer a un lado nuestras preferencias?


Todo va a depender de si aprendemos a obedecer ahora las instrucciones de Jehová.





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