La mayoría de los países hoy tienen una constitución, que es el conjunto de leyes o normas fundamentales que rigen a una nación, un estado o un gobierno; aunque muchas constituciones se centran en los derechos de los ciudadanos.
Si alguien nos preguntara cuál es la constitución del Reino de Dios, ¿qué responderíamos?
Bueno, diríamos “amar a Dios y amar al prójimo”, resumiéndolo mucho.
Pues el texto de hoy se centra en el amor al prójimo.
Leámoslo.
Santiago 2:8, veamos lo que nos dice: “Por eso, si ustedes cumplen la ley real [o, como dice la nota, la ley “del rey”] según el pasaje […] que dice ‘Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo’, hacen muy bien”.
“Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”.
¿Cuántos países incluyen la palabra “amor” en su constitución?
Pocos, o ninguno.
Pero Santiago describe el amor al prójimo como la ley “del rey”.
Jehová y Jesús —como reyes— tienen el derecho de dictar leyes sobre cómo tratarnos unos a otros.
Y la ley de amar al prójimo tiene mucho sentido.
¿Por qué?
Porque contribuye a la paz y a la unidad de todos los ciudadanos de un gobierno.
Y no esperaríamos menos del Reino de Dios con Jesús como Rey.
La verdad es que, si todos los ciudadanos mostraran más amor, no habría que estar hablando tanto de los derechos de cada uno.
Si todos pensáramos en los demás, no tendríamos que defender nuestros derechos.
¿Y cómo podemos demostrar con hechos que amamos de verdad al prójimo?
Veamos un ejemplo.
Fíjense en lo que le pasó a David.
2 Samuel, capítulo 17.
El rey David está huyendo, y miles de sus siervos leales van con él.
David está huyendo de su hijo Absalón, que quería matarlo y quedarse con el trono.
David huyó al norte.
Atravesó el río Jordán y llegó a Mahanaim, que probablemente era una ciudad fortificada en un lugar estratégico.
¿Y qué hay de los habitantes de esta ciudad, Mahanaim?
¿Estaban preparados para recibir a los miles de viajeros exhaustos que huían de Absalón?
¿Cuidarían de ellos?
¿Cubrirían sus necesidades?
¿Quiénes demostrarían tener amor al prójimo?
Veámoslo en el versículo 27.
2 Samuel 17:27: “David llegó a Mahanaim, y enseguida Sobí hijo de Nahás, de Rabá de los ammonitas, junto con Makir hijo de Amiel, de Lo-Debar, y Barzilái el galaadita, de Roguelim, trajeron camas, recipientes, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, semillas tostadas, miel, mantequilla, ovejas y queso.
Todo esto se lo trajeron a David y a la gente que estaba con él para que comieran, pues decían: ‘Esta gente que está en el desierto tiene hambre y sed, y está cansada’”.
Vieron una necesidad, y fueron a ayudar.
¡Qué detalle!
Demostraron que tenían amor al prójimo.
Pero ¿de dónde eran Sobí, Makir y Barzilái?
De Rabá, Lo-Debar y Roguelim, y todos se juntaron en Mahanaim.
Estas ciudades estaban a más de 30 kilómetros (20 millas) de distancia.
Llegar a Mahanaim no fue fácil; tuvieron que ir por caminos difíciles para mostrarles hospitalidad a todos, amor al prójimo.
¿Y qué les llevaron?
Cosas muy útiles, necesarias: camas, recipientes, vasijas… Mucha comida: cereales, carne, queso...
Seguro que estas cosas les vinieron muy bien a David y a su gente.
¿Y cómo las transportaron?
No tenían trenes ni tampoco camiones.
Quizás usaron carretas o llevaron la carga en burros.
Y recordemos que estaban en medio de una guerra civil; Absalón tenía espías por todo el país.
Esa caravana de suministros llamaría mucho la atención.
Para mostrar amor, Sobí, Makir y Barzilái tuvieron que ser muy valientes.
Pudieron haber pensado “Mahanaim está muy lejos”.
Pero no fue así.
Hicieron un gran esfuerzo para mostrarles amor a David y a los suyos.
Se arriesgaron mucho.
¿Por qué?
¿Fue porque se querían ganar el favor de David?
Seguro que no fue así.
Recordemos que luego Barzilái rechazó la invitación de David de servir en su corte.
Está claro que lo que los motivó a ayudar a David y a los suyos fue su interés sincero y el espíritu de Dios.
Tal vez pensaron en el ejemplo que David les había dado.
¿Qué tipo de persona había demostrado ser el rey David?
¿Era de puño cerrado y tacaño, o generoso y bueno?
Sabemos la respuesta.
Seguro que Makir conocía muy bien lo que había hecho David por Mefibóset.
¿Por qué lo decimos?
Bueno, Mefibóset vivía en la casa de Makir, en Lo-Debar, antes de que David lo invitara a Jerusalén para que comiera con él en la corte todos los días.
Veamos otro ejemplo de amor al prójimo del rey David.
Miren lo que hizo cuando se llevó el arca del pacto a Jerusalén. 2 Samuel 6:18, 19.
Dice: “Cuando David terminó de presentar las ofrendas quemadas y los sacrificios de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los ejércitos.
Además, le dio a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, a cada hombre y mujer, una rosca de pan, una torta de dátiles y una torta de pasas, y luego la gente se fue, cada uno a su casa”.
“A todo el pueblo, a toda la multitud”.
¿Cuántas roscas de pan y tortas de pasas se distribuyeron en esa ocasión?
David les dio a todos por igual este sencillo regalo.
El libro Perspicacia, en la entrada “Torta”, dice que “es posible que en la antigüedad [las tortas de pasas] a veces se prepararan con pasas y harina”.
Quizás fue la primera receta del pan dulce de pasas con canela.
En esa ocasión —fueran ricos o pobres—, todos recibieron su porción.
¿Y quiénes estaban ahí?
¿Será que Sobí, Makir y Barzilái estaban entre los presentes?
¿Será que eso que hizo David se quedó grabado en sus mentes y los impulsó a ayudarlo más tarde en Mahanaim?
No lo sabemos.
Pero lo que sí sabemos es que Jehová vio y valoró la generosidad de David al mostrar amor al prójimo.
¿Y qué aprendemos de todo esto?
Vayamos a 1 de Juan 3:17, 18.
Juan dijo: “Pero, si alguien tiene las posesiones de este mundo y ve que su hermano está pasando necesidad pero se niega a mostrarle compasión, ¿cómo puede el amor a Dios permanecer en él?
Hijitos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad”.
Y eso es justo lo que vemos en el pueblo de Dios.
El apóstol Juan explica algo interesante sobre nuestro amor al prójimo: lo relaciona con nuestro amor a Dios.
Cuando les mostramos amor a todos nuestros hermanos, le mostramos amor a Dios.
Así que, si amamos “con hechos” y no solo “de palabra”, Jehová también nos cuidará, como hizo con David.
De hecho, el rey David probablemente escribió el Salmo 41 cuando Absalón se rebeló y lo estaba persiguiendo.
El versículo 1 promete: “Feliz el que trata al desfavorecido con consideración; Jehová lo rescatará en el día de la calamidad”.
¡Qué promesa de Jehová tan bonita!
El pueblo de Jehová demuestra que apoya el Reino de Dios mostrando amor al prójimo.
Y ¿de qué maneras lo hace?
Como ya han comentado nuestros hermanos, en los últimos 15 meses ha habido muchos desastres naturales por todo el mundo.
En esos 15 meses, contando desde enero de 2023, nuestra organización gastó más de 11 millones de dólares en labores de socorro.
Por ejemplo, en un país donde hubo una gran sequía se usaron más de 500.000 dólares para comprar provisiones para los 13.500 hermanos que viven allí.
Cada uno recibió alimentos para cuatro meses: 25 kilos (55 libras) de maíz, 3 kilos (6,6 libras) de frijoles o alubias, 1 kilo (2,2 libras) de pescado seco y 2 litros (0,53 galones) de aceite para cocinar.
“Ama a tu prójimo como […] a ti mismo”; el pueblo de Dios por todo el mundo está imitando a Jehová.
¿Qué hemos aprendido?
Que respetamos la constitución del Reino de Dios cuando mostramos amor a todos nuestros hermanos y hermanas, que quizá tengamos que hacer esfuerzos para ayudar a otros y que Jehová no nos abandonará en el día de la calamidad y nos ayudará a seguir mostrando amor al prójimo.
