Per Christensen: ¿Están preocupados? (graduación de la clase 159 de la Escuela de Galaad) [12:10]


Bueno, ¿están preocupados?


Quizás se preguntan por qué.


Pues por lo que se espera de todos ustedes.


Han asistido a Galaad, y pronto serán graduados de Galaad.


No es poca cosa.


Y creo que los ha cambiado, ha cambiado sus vidas y la forma en la que la organización de Jehová los va a utilizar.


Es una de esas situaciones en las que se les da mucho y también en las que se espera mucho de ustedes.


Y encima de eso puede que se les encargue una nueva labor, que se les dé una nueva responsabilidad o se les vaya a dar una en el futuro.


Esperamos mucho de ustedes.


¿Y ahora?


¿Ahora sí?


¿Están preocupados?


¿Sienten el peso?


Se parece mucho a la situación a la que se enfrentó Josué cuando Moisés murió.


En ese momento Josué tuvo que convertirse en el líder de la nación.


Él iba a tener que hacer que cruzaran el Jordán, que llegaran a la Tierra Prometida y que conquistaran toda aquella zona.


Seguro que estaba preocupado.


Era solo un hombre, un hombre a cargo de millones de personas que tenían que conquistar muchas naciones.


Sí, seguro que estaba preocupado.


Pero lo que Jehová le dijo debe de haberlo animado mucho.


Abran sus Biblias, por favor, en Josué, capítulo 1, desde el versículo 2.


Aquí Jehová le está hablando a Josué.


Le dijo: “Mi siervo Moisés está muerto.


Ahora prepárate, cruza el río Jordán, tú y todo este pueblo, y entra en la tierra que les voy a dar a ellos, al pueblo de Israel.


Voy a darles a ustedes cada lugar donde pongan el pie, tal como le prometí a Moisés.


Su territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano y hasta el gran río, el río Éufrates —por toda la tierra de los hititas—, y hasta el mar Grande, al oeste.


Nadie podrá hacerte frente mientras vivas.


Tal como estuve con Moisés, también estaré contigo.


No te dejaré ni te abandonaré.


Sé fuerte y valiente, porque eres tú quien hará que este pueblo herede la tierra que juré a sus antepasados que les daría”.


Fíjense de nuevo en lo que dice el 3: “Voy a darles a ustedes cada lugar donde pongan el pie”.


¡Imagínense!


O el versículo 5: “Nadie podrá hacerte frente mientras vivas.


[…] Estaré contigo.


No te dejaré ni te abandonaré”.


Debe haberse sentido bien, es decir, saber que Jehová estaba a su lado, que lo apoyaba… Tenía por delante una misión importante que cumplir, había que conquistar una zona muy extensa.


Iba a ser batalla tras batalla, ciudad tras ciudad, nación tras nación.


Era una gran responsabilidad.


¿Cómo lo preparó Jehová para lo que vendría?


¿Qué cosas le dijo que tenía que hacer para estar listo?


Leamos desde el 7: “Solo sé valiente y muy fuerte, y obedece cuidadosamente toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó.


No te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que actúes sabiamente vayas donde vayas.


Este libro de la Ley no debe apartarse de tu boca, y tienes que leerlo y meditar en él día y noche, a fin de que obedezcas cuidadosamente todo lo que está escrito en él; porque entonces te irá bien en tu camino y entonces actuarás con sabiduría.


¿Acaso no te he ordenado yo que seas fuerte y valiente?


No tengas miedo ni terror, porque Jehová tu Dios está contigo vayas donde vayas”.


Ah, en el versículo 8 se le dice a Josué que tiene que leer la Ley cada día y obedecerla, y entonces le iría bien y actuaría con sabiduría.


Claro, la primera reacción podría ser: “Eso está muy bien.


Pero, sinceramente, ¿no haría falta hacer algo más?”.


Si lo piensan, tendría que pelear muchas batallas, ser el líder de una nación y guiar al ejército en una guerra tras otra.


¿No sería lógico que además de leer la Ley Jehová también le hubiera dicho: “Cada día, dos horas al día, debes practicar con la espada, practicar nuevos movimientos con ella”?


¿Eh?


“Y también dos horas al día tienes que estudiar sobre la guerra, cómo liderar un ejército y también estrategias de combate”.


No, Jehová no le pidió nada de eso.


¿Y por qué no?


Porque sabía que él se iba a encargar de todo; Jehová iba a luchar por los israelitas.


Y la pregunta ahora sería: “¿Cómo te preparas para luchar siguiendo la estrategia de Jehová?”.


Pensemos en la primera ciudad que ellos conquistaron, la ciudad de Jericó.


¿Cuál fue su estrategia para conquistar esa ciudad?


Le dijo a Josué que el ejército tenía que marchar alrededor de la ciudad seguido de siete sacerdotes —cada uno con un cuerno de carnero tocándolo continuamente— seguidos por los sacerdotes que llevaban el Arca y más soldados a la retaguardia.


Tenían que dar una vuelta a la ciudad cada día durante seis días.


Y el séptimo día tenían que hacerlo siete veces.


Y al final de la última vuelta, cuando escucharan el cuerno, tenían que dar todos un grito de guerra.


Y luego las murallas caerían y podrían entrar a conquistar la ciudad.


Esa fue la estrategia que les dio Jehová.


No creo que puedas encontrar algo así escrito en un libro de guerra; desde el punto de vista humano, no tiene ninguna lógica.


Pero así es como lucha Jehová.


O pensemos ahora en otras batallas.


Por ejemplo, aquella ocasión en la que Jehosafat tenía que enfrentarse a un poderoso ejército enemigo.


Jehová le dijo: “La batalla no es de ustedes, sino de Dios”.


En vez de pelear, tenían que poner cantantes al frente y cantarle alabanzas a Jehová.


Nunca tuvieron que pelear: Jehová peleó por ellos.


¿Y se acuerdan de Gedeón?


Trescientos hombres teniendo que luchar contra un ejército de 135.000.


Sí, otra vez fuera de toda lógica.


No encontrarás ninguna estrategia similar en ningún libro de guerra escrito por seres humanos.


Pero así es como lucha Jehová.


Y, claro, Jehová lo sabía, lo sabía cuando habló con Josué: sabía que lucharía por él.


Por eso, ¿qué es lo que le pidió que hiciera?


Veámoslo de nuevo en el libro de Josué; en el capítulo 1, versículo 8, Jehová le dijo: “Este libro de la Ley no debe apartarse de tu boca, y tienes que leerlo y meditar en él día y noche”.


Así que le dijo que leyera la Ley y que meditara en ella todos los días.


Pero ¿para qué?


¿Era para mantenerlo ocupado?


Porque Jehová iba a luchar por ellos.


Entonces, ¿era que Jehová le estaba diciendo: “Tú solo lee la Biblia”?


¿Era eso?


No.


Lo que Jehová le estaba pidiendo a Josué era algo muy importante.


Lo que le estaba pidiendo que hiciera era la clave para tener éxito en todo lo que tenía por delante durante los años siguientes.


Jehová le estaba pidiendo la única cosa que él no podía hacer por Josué.


¿Cómo?


¿De verdad hay algo que Dios no puede hacer por nosotros?


Sí, lo cierto es que sí.


Jehová le estaba pidiendo a Josué que le sirviera: “Protege tu corazón; haz lo correcto; obedece la Ley”.


Él no podía obligar a Josué a hacer estas cosas.


Era algo que solo él podía decidir.


Y, si no lo hacía, a la nación no le iba a ir nada bien, porque iban a necesitar la ayuda de su Dios.


Tendrían que luchar contra muchas naciones que, tal como dijo Jehová, eran “más grandes y más fuertes” que ellos.


Necesitaban que Jehová peleara por ellos.


Así que imagínense qué hubiera ocurrido si Josué se hubiera alejado de Jehová.


Pero no hace falta imaginar qué pasaba cuando eran infieles, porque sí les pasó.


Cuando fueron a la siguiente ciudad después de Jericó, a la ciudad de Hai, perdieron la batalla y murieron hombres; fue por culpa de lo que hizo Acán.


Y él solo era un soldado.


Imagínense qué hubiera pasado si hubiera sido Josué.


Josué era el líder de la nación.


¿Qué hubiera ocurrido si hubiera desobedecido a Jehová?


Sí, hubieran fracasado por completo.


Así que pedirle que leyera las Escrituras era muy importante, era algo que solo Josué podía hacer: proteger su corazón y mantenerse fiel a Jehová.


Solo así Jehová los bendeciría y tendrían éxito, porque su Dios lucharía por ellos aquellas batallas.


Creo que todos podemos sacar una lección de todo esto, y también ustedes, que pronto se van a graduar de Galaad.


Van a salir, van a recibir nuevas asignaciones...


Van a colaborar con la obra del Reino y van a luchar las batallas de Jehová.


Recuerden que no son sus batallas: son las batallas de Jehová.


Así que también necesitan su ayuda; necesitan su bendición para que puedan tener éxito.


Por eso, no olviden lo que le dijo a Josué.


Ustedes también van a ganar en “cada lugar donde pongan el pie”.


¿Y qué deben hacer?


“Este libro de la Ley no debe apartarse de tu boca”.


En otras palabras: lee la Biblia cada día, obedécela, protege tu corazón; y Jehová estará contigo, te bendecirá y te hará tener éxito.


Y así no tendrás que preocuparte de nada.





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