Michael Banks: ¿Cómo debemos orar? (Luc. 11:1-4) [10:31]


Amor, confianza, respeto… Cuando le oramos a Dios le demostramos lo que sentimos por él y cuánto dependemos de él.


La oración es un regalo maravilloso, un regalo inmerecido que nunca deberíamos dar por sentado.


Por eso hoy vamos a responder la siguiente pregunta: ¿cómo debemos orar?


La respuesta puede parecer muy obvia, sobre todo porque muchos de nosotros llevamos muchos años orando, y algunos, décadas.


Pero es interesante que Jesús hablara sobre este tema con uno de sus discípulos.


Abramos la Biblia en Lucas, capítulo 11.


Para ponernos en contexto, es el año 32 de nuestra era y a Jesús le quedan unos seis meses para terminar su ministerio en la Tierra.


Está cerca de Judea, y uno de sus discípulos le hace una pregunta sobre un tema muy importante.


Veamos lo que pasó aquí en Lucas 11:1: “Una vez, él estaba orando en cierto lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le pidió: ‘Señor, enséñanos a orar, así como Juan les enseñó a sus discípulos’”.


“Señor, enséñanos a orar”.


Eso fue lo que le pidió.


Y la verdad es que este hombre fue muy humilde al preguntar algo así, sobre todo teniendo en cuenta sus antecedentes.


Él era judío, y para un judío orar era algo muy normal; era parte de su adoración.


En aquella época, en el siglo primero, en las sinagogas había copias de las Escrituras Hebreas, y estos rollos se leían normalmente todos los sábados.


Así que este hombre seguro que conocía el relato de Ana y de cómo le abrió su corazón a Jehová.


Seguro que también había leído la oración que le hizo Daniel a Jehová pidiéndole que ayudara a su pueblo y cómo Daniel tuvo que esperar “21 días” a que el ángel le respondiera.


Y también habría leído la oración que hizo Jonás desde el vientre del pez.


Sin duda conocía bien las Escrituras.


Además, en aquella época los judíos tenían la costumbre de orar todas las mañanas alrededor de las nueve y todas las tardes alrededor de las tres, que era cuando se ofrecían los sacrificios quemados en el templo.


Si un judío no estaba cerca del patio del templo de Jerusalén para orar allí o si tampoco estaba cerca de una sinagoga, podía orar por su cuenta, él solo.


Y es que la oración era parte de la vida de cualquier judío.


Y este discípulo, que no sabemos quién era, seguro que tenía la costumbre de orar.


Entonces, ¿por qué le pide a Jesús con tanta humildad que lo enseñe a orar?


Bueno, no le está preguntando cómo se hace una oración: lo que él quería era acercarse más a Dios, quería que Jesús lo ayudara a mejorar las oraciones que le hacía a su Padre, Jehová.


¿Y vieron a quién le preguntó?


A la persona adecuada, a la autoridad en la materia: al Hijo de Dios, al “primogénito de toda la creación”.


Nadie conocía al Padre mejor que Jesús.


Podemos estar seguros de que a Jehová y a Jesús les conmovió mucho la pregunta que hizo este discípulo.


En cierto sentido, somos como este discípulo.


Nosotros también sabemos cómo orar.


De hecho, la oración es parte de nuestra vida.


Por ejemplo, en la adoración matutina hacemos dos oraciones: una al principio y otra al final.


Cuando vamos a las reuniones de congregación, oramos.


Cuando los ancianos se reúnen para atender asuntos importantes, oran.


Cuando vamos a predicar, oramos.


Cuando dirigimos un curso de la Biblia, oramos.


En la adoración en familia, oramos.


Todos tenemos la costumbre de orar; es algo importante.


Y la verdad es que todos deseamos lo mismo que este discípulo.


¿A qué me refiero?


Pues a que deseamos parecernos más a Cristo y deseamos que nuestro amor por Jehová siga creciendo.


Y lo cierto es que cada día tenemos la oportunidad de acercarnos más y más a Jehová, y la tendremos por toda la eternidad.


Y eso es algo que logramos gracias a la oración.


Pero veamos qué le respondió Jesús a este discípulo en Lucas, capítulo 11, a partir del versículo 2: “Entonces, él les dijo: ‘Cuando oren, digan: “Padre, que tu nombre sea santificado.


Que venga tu Reino.


Danos nuestro pan cada día según nuestras necesidades diarias.


Perdónanos nuestros pecados, porque nosotros mismos también perdonamos a todo el que está en deuda con nosotros.


Y no nos dejes caer en la tentación”’”.


Bueno, ¿qué es lo que aprendemos de la respuesta que le dio Jesús?


Su respuesta fue muy sencilla, no se complicó.


De hecho, repitió algunas de las expresiones que ya había dicho en el Sermón del Monte unos 18 meses antes.


En pocas palabras, Jesús dijo que nos centráramos en el nombre de Jehová —eso es lo importante— y también en el cumplimiento de su propósito, y que luego podíamos contarle nuestras preocupaciones y pedirle que nos ayude a seguir siendo leales.


Así que las cosas de Jehová van primero y después, las nuestras.


Lo que dijo fue sencillo, práctico y profundo.


Y nosotros también deberíamos tenerlo en cuenta cuando oremos.


Hoy en día, Jesús sigue ayudando a las personas humildes a fortalecer su relación con Jehová.


¿Qué sugerencias nos ha dado la organización en los últimos años?


Aquí va una: buscar un lugar tranquilo.


En Marcos 1:35 dice: “Temprano por la mañana, mientras todavía estaba oscuro, [Jesús] se levantó y salió; se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar”.


¿Cuándo y dónde puedes estar tranquilo?


¿Por la mañana?


¿Quizá en tu dormitorio?


Queremos buscar un lugar donde podamos estar tranquilos para poder hablar a solas con Jehová.


Julie, una hermana casada, dice: “Todos los días voy al parque a dar un paseo.


Allí puedo estar sola, concentrarme y hablar a gusto con Jehová”.


Segunda sugerencia: tomarnos nuestro tiempo.


Antes de elegir a sus discípulos, Jesús pasó toda la noche orándole a Dios (Lucas 6:12).


Así que, en vez de orar a toda prisa como si fuera una tarea más que hay que cumplir, debemos tomarnos nuestro tiempo, orar con calma, con tranquilidad.


Muchas veces dos amigos se quedan hablando hasta tarde por la noche aunque luego tengan que madrugar para ir a trabajar.


Lo hacen porque les gusta estar juntos.


Pues nosotros queremos hacer lo mismo que esos dos amigos cuando oramos a Jehová.


Ahora, la tercera sugerencia: oremos siempre que nos surja la oportunidad, y no solo en los momentos que ya tenemos establecidos.


Los buenos amigos se mandan mensajes todo el tiempo, se llaman por teléfono e incluso pasan a saludarse aunque no hayan quedado en verse.


¿Por qué?


Pues porque piensan el uno en el otro.


Pues queremos hacer lo mismo con Jehová.


Queremos pensar en él a lo largo del día y queremos estar en contacto con él.


Eso es lo que hizo Jesús.


Cuando sus discípulos le contaron unas experiencias muy emocionantes de la predicación, Jesús oró: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido cuidadosamente estas cosas de los intelectuales y sabios, y se las has revelado a los niños pequeños”.


Hablemos ahora de la cuarta sugerencia.


¿Te ha pasado que acabas repitiendo siempre lo mismo?


¿Sientes que tus oraciones se han vuelto un poco rutinarias o superficiales?


Si eso te está pasando, quizás puedas hacer lo siguiente: antes de orar, piensa por un momento en qué cosas quieres decir.


Por ejemplo, piensa en lo que Jesús mencionó en su oración modelo.


Puedes pedirle a Jehová que te ayude a cumplir mejor con su voluntad, también que te ayude a ser más eficiente en tu trabajo en Betel… ¿Y qué tal pedirle a Jehová que nos ayude a ofrecer más cursos de la Biblia?


Podemos orarle a Dios por nuestros pecados y pedirle que nos ayude a perdonar a los demás.


Si pensamos en todos estos temas antes de orar, nuestras oraciones serán menos rutinarias.


Y la quinta sugerencia es que, al orar, debemos expresar nuestros sentimientos.


A nuestros amigos normalmente les decimos cómo nos sentimos.


Y queremos hacer lo mismo con Jehová.


Eso es lo que hemos visto en el libro de los Salmos, que hemos estado leyendo en los últimos meses.


Por ejemplo, Salmo 13:1, 2: “¿Hasta cuándo, oh, Jehová, me dejarás en el olvido?


¿Para siempre?


¿Hasta cuándo me darás la espalda?


¿Hasta cuándo tendré ansiedad y preocupaciones, tristeza en mi corazón día tras día?”.


En los Salmos podemos ver tanto la tristeza como la alegría, sentimientos que se expresaron a Jehová.


Así que, si queremos ser amigos de Jehová, tenemos que contarle cómo nos sentimos.


En resumen, nuestras oraciones son como un puente que nos acerca a Jehová.


Y todos los puentes necesitan reparaciones, ajustes, mejoras… para mantenerse en buenas condiciones.


Por eso, si nos seguimos esforzando por mejorar la calidad de nuestras oraciones, podremos tener una amistad fuerte con nuestro Padre y amigo, Jehová.


Fri, 17 Apr 2026 12:44:56 +0000





Tal vez te interesen estas entradas

Entrada destacada

Michael Banks: ¿Cómo debemos orar? (Luc. 11:1-4) [10:31]

Amor, confianza, respeto… Cuando le oramos a Dios le demostramos lo que sentimos por él y cuánto d…

Entradas Populares

El mejor regalo que te dio Jehová

El mejor regalo que te dio Jehová

Jo jo jo  Hey mmm  Sí mmm  Uy. Toma, se te cayó. Gracias. …

JW Broadcasting: Abril de 2026 [1:00:18]

JW Broadcasting: Abril de 2026 [1:00:18]

¡Bienvenidos a JW Broadcasting®! Este mes, aprenderemos …

JW Broadcasting: Abril de 2025

JW Broadcasting: Abril de 2025

¡Bienvenidos a JW Broadcasting®! Los testigos de Jehová vem…

Izak Marais: Cómo ser un verdadero amigo (Prov. 17:17)

Izak Marais: Cómo ser un verdadero amigo (Prov. 17:17)

El texto para hoy dice que “el verdadero amigo ama en todo …

¿Es necesario pertenecer a una religión para adorar a Dios?

¿Es necesario pertenecer a una religión para adorar a Dios?

Hoy día muchas personas creen en Dios, y están interesadas …