En La Atalaya en inglés del 1 de abril de 1935, se hizo una invitación que despertó mucha curiosidad.
Bajo el título “Asamblea”, decía algo muy interesante.
Fíjense en lo que se les recordaba a los lectores: “Se celebrará una asamblea de los testigos de Jehová y Jonadabs en Washington, D.C., comenzando el 30 de mayo y terminando el 3 de junio de 1935.
Se espera que a muchos del resto y de los Jonadabs les sea conveniente asistir a la asamblea.
Hasta ahora no muchos Jonadabs han tenido el privilegio de asistir a una asamblea, y la asamblea en Washington quizás sea un verdadero consuelo y beneficio para ellos”.
Una invitación interesante y muy curiosa.
Hace surgir algunas preguntas.
¿Quiénes eran los Jonadabs (o Jehonadabs, como diríamos ahora)?
¿Y cómo los consolaría y beneficiaría esta asamblea?
Y, por último, ¿cómo nos ayuda lo que pasó en aquella asamblea de hace más de 85 años a entender las palabras del texto de hoy en Apocalipsis 7?
Bueno, veamos.
En 1935, el pueblo de Jehová creía que había tres grupos de personas que alcanzarían la salvación.
El primer grupo eran los 144.000 de los que se habla en Apocalipsis 7:1-8.
Estos 144.000 son ungidos con espíritu santo y gobernarán en el cielo con Cristo.
El segundo grupo estaba formado por personas que tenían la esperanza de vivir para siempre en la Tierra.
En 1932, se publicó un artículo en La Atalaya en inglés que comparaba a este grupo de personas con Jehonadab, el compañero de Jehú, porque Jehonadab apoyó a Jehú, que era el ungido de Jehová.
Así que, desde 1932, se les empezó a llamar “los Jonadabs” o “la clase Jonadab”.
Pero, en el año 1934, un año antes de aquella asamblea en Washington D.C., los Jonadabs aprendieron algo muy importante.
Aprendieron en las páginas de una Atalaya que ellos también debían dedicarse a Jehová y hacer pública esa dedicación bautizándose.
Bueno, ya llevamos dos grupos: los 144.000 y los Jonadabs.
¿Y cuál era el tercer grupo?
El tercer grupo era la “gran muchedumbre” de la que se habla a partir del versículo 9 del capítulo 7 de Apocalipsis.
Y ahora miren la imagen que se mostrará en la pantalla mientras leo algunas de las cosas que escribió el apóstol Juan para describir a este grupo del que estamos hablando.
Él dijo: “Después de esto [es decir, después de ver a los 144.000] vi una gran muchedumbre que ningún hombre podía contar”.
Así que la gran muchedumbre y los 144.000 no son el mismo grupo.
No sabemos cuántas personas hay en la gran muchedumbre, pero son muchas.
Es un grupo muy variado, “de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas”.
¿Dónde están?
“De pie delante del trono y delante del Cordero”.
¿Y cómo están vestidos?
“Con túnicas largas blancas y llevaban hojas de palmera en las manos.
Y estaban gritando con voz fuerte: ‘¡La salvación se la debemos a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero!’”
.
¡Qué escena tan bonita!
Llevan túnicas blancas porque se han mantenido “sin mancha del mundo”.
Saben que se han salvado gracias a Jehová y al Cordero.
Son leales a Jesús, y las hojas de palmera que tienen indican que lo aceptan como el Rey que Jehová ha nombrado.
Muy bien, pues sigamos leyendo este relato desde Apocalipsis 7:13.
Busquémoslo juntos, por favor.
Apocalipsis 7:13: “Entonces, uno de los ancianos me preguntó: ‘¿Quiénes son los que van vestidos con túnicas largas blancas?
¿Y de dónde vinieron?’.
Así que enseguida le contesté: ‘Señor mío, tú eres el que lo sabe’.
Entonces él me dijo: ‘Ellos son los que salen de la gran tribulación [aquí están las palabras del texto de hoy]; han lavado sus túnicas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.
Por eso están delante del trono de Dios y le dan servicio sagrado día y noche en su templo.
Y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos’”.
Entonces la pregunta es: ¿quién forma parte de esta “gran muchedumbre”?
Esta pregunta tuvo intrigados a nuestros hermanos durante muchos años.
Al final llegaron a la conclusión de que era otro grupo de personas que iría al cielo.
¿Por qué?
Porque “estaban de pie delante del trono [de Dios] y delante del Cordero”.
Pero están de pie, no sentados en tronos.
Así que se entendía que, mientras estaban en la Tierra, las personas de este grupo habían sido menos leales y obedientes a Jehová que los ungidos.
Y ¿tenían razón?
¿Lo habían entendido bien?
Bueno, la respuesta llegó en la asamblea de la que hablábamos antes, en Washington D.C.
El viernes por la tarde, 31 de mayo de 1935, el hermano Rutherford dio un discurso titulado “La grande muchedumbre”.
¿Y qué fue lo que explicó en aquel discurso?
Dijo quiénes serían las personas que formarían parte de esta gran muchedumbre.
Dejó claro que no había un segundo grupo de personas que iría al cielo.
Simplemente, ese grupo secundario no existía.
En realidad, los Jonadabs y la gran muchedumbre eran el mismo grupo.
¡Qué emocionante!
Y, además, estas personas tenían que ser tan leales como los cristianos ungidos, tenían que ser igual de obedientes que ellos.
Fue muy emocionante cuando el hermano Rutherford le preguntó al auditorio: “¿Quisieran, por favor, ponerse de pie todos los que tienen la esperanza de vivir para siempre en la Tierra?”.
Uno de los asistentes dijo que se pusieron de pie más de 10.000 personas.
¿Se imaginan?
Y entonces el hermano Rutherford anunció: “¡He aquí la grande muchedumbre!”.
Una hermana dijo: “Al principio se hizo un silencio, después vino un alegre clamor y una larga e intensa ovación”.
Hace muchos años de aquella asamblea, pero lo que se dijo allí sigue siendo muy importante.
¿Y qué pasó después de esa asamblea?
Fue el inicio de algo, de una búsqueda.
Una hermana dijo: “Con mucho entusiasmo y una espiritualidad renovada, volvimos a nuestros territorios a buscar a estas personas semejantes a ovejas que había que encontrar todavía”.
Y esta asamblea tuvo otro efecto: algunos que comían del pan y bebían del vino de la Conmemoración dejaron de hacerlo.
¿Por qué?
Porque entendieron que tenían la esperanza de vivir en la Tierra para siempre; y le agradecieron mucho a Jehová esa esperanza que él les había dado.
Y, por último, otro resultado de aquella asamblea.
Las publicaciones de los años anteriores se habían estado haciendo principalmente para los cristianos ungidos.
Pero, a partir de 1935, La Atalaya y las demás publicaciones se empezaron a hacer pensando no solo en los cristianos ungidos, sino también en la gran muchedumbre.
Y, en la actualidad, estos dos grupos están muy unidos.
Podemos ver claramente cómo se están cumpliendo las palabras que dijo Jesús en Juan 10:16.
Dijo: “Tengo otras ovejas, que no son de este redil [que no son de los ungidos]; a esas también las tengo que traer, y ellas escucharán mi voz.
Formarán un solo rebaño con un solo pastor”.
¡Qué honor!
Somos parte de la familia de Jehová y escuchamos la voz del Pastor excelente y la del “esclavo fiel y prudente”, a quien él ha nombrado.
El hermano Robert Simons estuvo en aquella asamblea de 1935 y comprendió que era parte del grupo que vemos en esta imagen.
Se puso muy contento cuando supo que era parte de la gran muchedumbre.
Él mismo explicó cómo se sintió aquel día.
Dijo: “Esa noche, al volver a mi hotel después de la asamblea, empecé a decirle a todo el que pasaba: ‘¡Soy de la gran muchedumbre!’”
.
Robert tenía motivos para estar tan feliz.
Y nosotros también, también tenemos motivos para estar felices y muy agradecidos a Jehová por la esperanza que nos ha dado.
Al preparar nuestros corazones para la Conmemoración, recordemos nuestra esperanza, tanto si somos ungidos como si somos parte de la gran muchedumbre que sale de la gran tribulación.
