¡Bienvenidos a JW Broadcasting®!
Este mes, aprenderemos a vernos a nosotros mismos con el mismo amor con el que nos ve Jehová.
Buscaremos tesoros en el libro de Miqueas y aprenderemos lecciones sobre la honradez y la modestia.
Y veremos que hasta el acto de bondad más pequeño puede tener un gran impacto en otros.
Esto es JW Broadcasting.
Queridos amigos, ¿se han sentido alguna vez como esta hermana?
Ella escribió lo siguiente: “No importa cuánto ame a Jehová o cuánto me esfuerce por servirle, siempre creo que me quedo corta”.
Es triste que a veces, aunque nos esforcemos mucho por agradar a Jehová, nuestro corazón nos dice que no estamos haciendo lo suficiente.
O también puede pasarnos que, aunque sabemos que Jehová nos perdona, sigamos sintiéndonos culpables por cosas que hicimos o dijimos en el pasado.
Puede que haya errores o pecados que cometimos hace mucho tiempo a los que seguimos dándoles vueltas en nuestra mente y que nos hacen sentir tristes o deprimidos.
Es probable que muchos de nosotros nos hayamos sentido así alguna vez.
¿Por qué lo decimos?
Bueno, analicemos unas palabras que el apóstol Juan escribió por inspiración.
Están en 1 Juan 3:19, 20.
Este discurso está basado en esos versículos y se titula “Dios es más grande que nuestro corazón”.
1 Juan 3:19, 20 dice: Como ven, Juan dijo “nuestro corazón”, así que él se incluyó: “Haremos que nuestro corazón se sienta seguro” y “Nuestro corazón nos condena”.
Así que, con estas palabras, podemos ver que incluso él podía tener estos sentimientos negativos.
Pero Juan también nos da buenas razones para confiar en que Jehová nos ve de forma positiva.
Él dice que sabemos algo, sabemos “que provenimos de la verdad”.
¿Cómo empezó todo?
¿Cómo nos hicimos cristianos?
Escuchamos la verdad de la Biblia y la aceptamos.
Y aceptamos a Jesús y sus enseñanzas.
También rechazamos al mundo y sus mentiras.
Nos esforzamos por imitar a Cristo, por amar a nuestros hermanos y por no cometer pecados.
Así que “provenimos de la verdad”.
Es la verdad la que nos ha convertido en lo que somos.
Tener esto presente nos da la tranquilidad de saber que Jehová nos aprueba y nos acepta como parte de su familia.
Aun así, a veces nuestro corazón nos condena.
¿Pero por qué ocurre esto?
Tiene que ver con nuestra conciencia.
Casi siempre que la Biblia habla del corazón se refiere a lo que somos por dentro, a nuestra personalidad.
Miren lo que dijo una Atalaya.
El número del 1 de agosto de 1997 dijo que la Biblia “relaciona la conciencia con el corazón figurativo, en el que están implicados nuestros sentimientos y emociones”.
También se citaba Romanos 2:15.
Ahí Pablo explicó que, incluso a personas que no estaban bajo la Ley mosaica, les funcionaba la conciencia.
Vamos a leerlo.
Romanos 2:15 dice: Así que la conciencia que Dios nos ha dado puede acusarnos o disculparnos.
Puede advertirnos antes para no cometer un error, pero también puede empezar a molestarnos después de haber hecho algo malo.
Cuando David estaba huyendo del rey Saúl, le cortó un pedacito del borde de su túnica mientras estaban en una cueva.
Pero, según dice 1 Samuel 24:5, “después David sintió que su corazón lo condenaba”.
En la nota vemos que “corazón” se puede traducir como “conciencia”.
La conciencia de David le hizo ver que había sido irrespetuoso con el rey Saúl, que Jehová había nombrado.
Así que la conciencia nos permite mirarnos a nosotros mismos y juzgar nuestra conducta.
Una conciencia que nos molesta puede hacer que nos arrepintamos y hagamos cambios.
Sin embargo, una conciencia que es demasiado crítica puede hacernos sentir tan culpables que pensemos que Jehová no nos va a perdonar nunca por más arrepentidos que estemos.
También puede hacer que pensemos que tenemos que ser humanos perfectos para agradar a Dios.
Como se explica en Romanos 2:15, la conciencia es como un juez que decide si somos culpables o inocentes.
Vamos a poner un ejemplo.
Imagínate que estás en un juicio.
El juez, que es nuestra conciencia, escucha todas las pruebas y todos los hechos que han presentado nuestros testigos, nuestros pensamientos.
Para tomar una buena decisión, que sea justa, un buen juez escuchará ambas partes.
Pero ¿qué pasa si el juez que nos ha tocado solo escucha al abogado que nos acusa y a sus testigos?
Estos pensamientos que nos acusan exigen que se nos castigue.
Incluso le dicen al juez: “Nunca debe olvidar lo que ha hecho.
Debió haberlo pensado mejor.
Es débil y tiene malas intenciones.
Merece ir a la cárcel durante mucho tiempo”.
Así que este juez —que ha escuchado a todos los testigos que te acusan pero a ninguno de los que te defienden— toma la decisión: “¡Te declaro culpable!
Y te sentencio a prisión”.
De manera parecida, si no entrenamos bien nuestra conciencia, podría actuar como ese juez injusto que nos manda a la cárcel, es decir, nos provoca esos sentimientos de culpa que nos atrapan en un círculo de emociones negativas y que no nos dejan olvidar lo que pasó.
¿Qué clase de juez es tu conciencia?
Recuerda, si nuestra conciencia está bien entrenada, puede excusarnos cuando aparecen pensamientos demasiado críticos.
Y, para que la conciencia nos juzgue de forma justa, tenemos que entrenarla.
No solo hay que conocer las leyes de Jehová, sino también al que las hizo, el Juez Supremo.
Fíjense en esta cita de un artículo de La Atalaya del 15 de enero de 1977.
Se titulaba “Entrenando nuestra conciencia para que haga más por nosotros”: Esa es la clave: la personalidad de Dios.
La Biblia explica que Jehová ama la justicia, pero que, cuando aplica sus leyes, es razonable.
Demuestra misericordia y amor leal.
Todo lo que hace está motivado por amor.
Cuanto más conozcamos a Jehová, mejor funcionará nuestra conciencia, y entonces nos juzgará de forma justa.
No será tan permisiva que justifique la mala conducta; pero, al mismo tiempo, tampoco nos juzgará de forma injusta o severa.
Volviendo al ejemplo de que la conciencia es como un juez, si conoce bien a Jehová, también escuchará a los testigos de la defensa.
Estos pensamientos dirán: “Espere, señoría, los errores del pasado no definen a una persona.
Es momento de perdonar y de borrar su historial.
Ya pagó por su error; ya ha cargado esa culpa lo suficiente.
Está arrepentido.
No puede cambiar el pasado, pero sus hechos demuestran que ha cambiado.
Ahora es una persona diferente”.
Conocer a Jehová y saber que él nos conoce nos da la confianza de que nos perdona “incluso si nuestro corazón nos condena, porque Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo”.
¡Cuánto nos consuela esto!
Jehová conoce nuestro corazón, la persona que somos por dentro.
Él ve nuestros errores, pero también ve nuestros motivos, nuestros sentimientos, el deseo que tenemos de hacer lo correcto y nuestro potencial.
Él ve las circunstancias que nos impulsan a actuar de cierta forma, incluso aquello que no podemos controlar, como nuestra genética o la imperfección.
La obra Perspicacia, en la entrada “Misericordia”, dice lo siguiente: “Obviamente, la incapacidad fundamental y mayor de la humanidad viene del pecado heredado de su antepasado Adán.
Por lo tanto, todos se hallan en extrema necesidad, en una condición lastimosa.
Jehová Dios ha sido misericordioso con la humanidad al dotarla de los medios para librarse de esta gran incapacidad”.
Para Jehová, en cierto sentido es como si tuviéramos una discapacidad, y por eso nos trata con misericordia.
Veamos un ejemplo de cómo Jehová demostró que era más grande que el corazón de uno de sus siervos.
Se trata de Pedro.
La peor noche de su vida negó a Jesús no una, sino tres veces, diciendo que ni siquiera lo conocía.
Aquella noche, Jesús se giró y miró a Pedro, y sus ojos se encontraron.
¿Crees que Pedro habrá olvidado esa noche alguna vez en su vida?
¿Pudiera ser que, cada vez que Pedro escuchara cantar un gallo, recordara ese momento?
¿O que no dejara de darle vueltas a lo que pasó aquella noche?
Quizás se escuchaba diciendo: “¡No lo conozco!
¡No lo conozco!”.
Es posible.
No lo sabemos.
Pero lo que sí sabemos es cómo ayudó Jesús a Pedro a no sentirse tan culpable.
El mismo día que Jesús resucitó, se le apareció en privado y le dio la oportunidad de expresarle lo arrepentido que estaba.
Claro, no sabemos lo que Jesús le dijo a Pedro, pero es muy probable que él jamás olvidara aquella conversación.
Después, según explica el Evangelio de Juan, capítulo 21, delante de los discípulos Jesús dejó que Pedro le dijera tres veces cuánto lo amaba.
Además, también delante de los apóstoles, le dio una responsabilidad muy importante.
Así que ahora, en vez de revivir en su mente el “No lo conozco, no lo conozco”, había creado un nuevo recuerdo, un momento hermoso que podía recordar una y otra vez.
Mediante Jesucristo, Jehová le demostró a Pedro que él era más grande que su corazón imperfecto.
En resumen, ¿qué hemos aprendido?
Que una buena conciencia no es permisiva, pero tampoco demasiado crítica.
También, que debemos vernos como nos ve Jehová.
Él valora todos los esfuerzos que hacemos por servirle y no nos juzga con dureza.
Sí, no hay ninguna duda: Dios es más grande que nuestro corazón.
Y esto nos da la confianza de que nos ama y quiere que le sirvamos con alegría y con una conciencia tranquila.
Veamos cómo algunos hermanos han aprendido esta lección y han luchado contra sus sentimientos de baja autoestima.
Es muy difícil luchar contra algo si simplemente no ves la salida, algo que no puedes ver, solo sentir.
Éramos de verdad muy felices.
Teníamos dos hijas.
Él era anciano; yo era precursora.
Pero un día, de súbito, sin aviso, mi esposo falleció.
De repente, me convertí en una viuda.
Odiaba esa palabra.
Me hacía sentir vulnerable, incapaz, débil.
Y me preguntaba: “¿Y ahora quién soy?
No soy nadie”.
Crecí con un hombre que no cumplió con su tarea de criarme con amor.
De niño, era el blanco de sus acusaciones.
Me hacía sentir que no servía para nada, que era un incompetente, un inútil… Y, ahora que soy adulto, todos esos sentimientos todavía me siguen afectando.
Cuando tenía 22 años, descubrí que tenía el trastorno obsesivo-compulsivo.
Le dicen el trastorno de la duda porque dudas de todo.
Tienes pensamientos obsesivos todo el día y siempre crees que has hecho algo malo.
Hay quien hasta llama a la policía para entregarse.
Es totalmente agotador, porque no tiene fin.
Todo el tiempo estoy luchando contra esos sentimientos negativos.
Esto no es algo que yo ya haya superado.
Yo quería decirles a las personas que ya estaba bien, que no pasaba nada.
Pero no podía.
Puede ser abrumador, y hasta paralizante, si no fuera por Jehová y por su pueblo.
Tengo un amigo que tiene el mismo trastorno que yo.
Cuando supe que los dos teníamos lo mismo, las mismas obsesiones y los mismos temores, guau, eso me ayudó un montón.
Es como si Jehová hubiera puesto a ese hermano en mi vida.
Cuando mandas un mensaje de “Me siento mal” y te preguntan “¿Qué necesitas?”, a veces lo que quieres es quejarte y que te digan: “Pues aquí estoy para escucharte”.
A veces, cuando recibo una responsabilidad, siento que no soy la persona más adecuada o preparada, y seguro que no lo soy.
Pero yo sé que Jehová ve mis esfuerzos; sé que los valora.
Y yo, por mi parte, voy a darlo todo.
Voy a hacer todo lo que pueda porque, como dice Apocalipsis 4:11, él se merece “la gloria, la honra y el poder”.
Sé que, aunque uno se sienta como una basura, si le damos lo mejor a Jehová, él va a estar feliz.
Tienes que ir al Salón del Reino y adorar a Jehová con tus amigos, aunque sepas que te vas a pasar la reunión llorando o te vas a poner a llorar en las canciones.
Está bien.
¿Qué tiene de malo que te vean así?
Lo que va a pasar es que vas a estar más unida a tus hermanos y te vas a sentir más cerca de Jehová.
Todos los días tengo que esforzarme por verme como Jehová me ve.
Pero la oración me ayuda, y recordar que Jehová sabe por lo que estoy pasando es un gran alivio.
A veces entro en pánico, pero en ese momento le oro a Jehová para que me ayude a calmarme, a despejar la mente.
Y algo más que me ayuda mucho es ver cómo Jehová responde mis oraciones.
Eso sí que me hace llorar.
Porque, cuando le pides algo a Jehová que necesitas desesperadamente y, aunque no se lo digas a nadie, ves que Jehová te lo da, te queda clarísimo.
Jehová está de mi lado.
Me hace mucho bien ver a Jehová como un Padre, como Jesús nos enseñó.
Por ejemplo, en Juan 17 veo cómo Jesús le habló a Jehová antes de morir.
La relación tan íntima que tienen Jehová y Jesús y que se puede ver en ese capítulo, esa es la clase de relación que yo quiero tener con Jehová.
Leer los relatos que muestran cómo ve Jehová a las viudas también me ayudó.
Con el tiempo me di cuenta de que como Jehová ve a las viudas es muy distinto a como las ve el mundo.
Jehová le dio al pueblo de Israel leyes y normas sobre cómo tratar a las viudas.
Y lo que esto me enseñó fue que Jehová es quien me cuida.
Por eso, ahora ya no odio la palabra viuda.
Me recuerda que tengo una relación especial con Jehová.
Jehová nos valora mucho más de lo que jamás podríamos valorarnos a nosotros mismos.
Él nos llena de pensamientos positivos, y su amor nos ayuda a sentirnos contentos.
Los pensamientos de Jehová están por encima de los nuestros.
Él conoce nuestros sentimientos, preocupaciones, nuestro dolor y cada momento alegre de nuestra vida.
Recuerda que Jehová te ama.
Jehová nos consuela mediante la oración y amigos que nos quieren.
Como la hermana Wood, tú también puedes tener “una relación especial con Jehová”.
En una entrevista que se publicará más adelante durante este mes, podremos aprender más lecciones sobre lo que esta hermana ha vivido.
Cuando alguien nos trata con bondad, nos sentimos impulsados a hacer lo mismo con los demás.
En este episodio de “El hierro afila el hierro” veremos cómo podemos imitar la bondad de Jehová.
Hola, soy Jonathan, y esto es “El hierro afila el hierro”.
Hoy hablaremos de una cualidad que hizo que los pecadores, los enfermos y los niños se acercaran a Jesús.
¿Cuál es?
La bondad.
Como Jehová, Jesús les mostró bondad a los buenos y a los malos.
Él les mostró bondad incluso a quienes no se la mostraron a él y hasta a quienes no lo querían.
Así es, Jesús siempre mostró bondad.
Él entendía cómo hacía sentir a los demás esa cualidad y sabía que con eso alababa a Jehová.
¿Y qué hay de nosotros?
¿A quiénes podríamos mostrarles bondad, y cuándo?
Disculpen, pero el horario de visitas ya se terminó.
Tienen que irse.
Ay, lo sentimos.
Pensaba que teníamos un ratito más.
Nos quedan cinco minutos.
No pasa nada.
Bueno, nos vamos.
Pero no te preocupes, que vamos a volver.
Lo que hizo nuestra hermana fue muy maduro: estuvo dispuesta a irse aunque aún les quedaban unos minutos.
Pero ¿podría haber hecho algo más?
Esto nos lleva al primer paso para ser bondadosos: mostrar empatía.
Pregúntese: “¿Qué le preocupa a esta persona?
¿Necesita algo?
¿Está bien?”.
Y entonces demuéstrele su interés escuchándola con atención.
Chicas, ya voy.
Quiero hablar con ella un momento.
—Hola.
—Hola.
Solo quería darte las gracias por cuidar tan bien a mi amiga.
De nada.
Disculpa si soné brusca antes, lo que pasa es que hay poco personal y estamos bajo mucha presión.
¿No es increíble lo que puede lograr un simple “gracias”?
La enfermera lo necesitaba.
Cuando una persona nos cuente cómo se siente, debemos esforzarnos por hablarle con amabilidad y respeto.
Ese es el segundo paso.
Cuando sentimos verdadera compasión, se nota en nuestra forma de hablar.
Elijamos bien nuestras palabras y el tono que usamos, y no digamos cosas que pudieran ofender.
Es que hay poco personal y estamos bajo mucha presión.
No hace falta que te disculpes.
Seguro que ser enfermera es un trabajo muy bonito, pero debe haber días duros.
Hoy es uno de esos días.
Por lo menos te estás tomando un té muy rico.
Estaba.
Se me cayó, y no he tenido tiempo de ir a hacerme otro.
Guau, pues sí que has tenido un mal día, la verdad.
Me llamo Amanda.
Mucho gusto.
Yo me llamo Mary.
Bueno, no te interrumpo más.
¿Verdad que lo hizo bien?
La hizo sentir un poco mejor.
Pero, ahora que ya conoció a la enfermera, ¿puede ayudarla?
Este es el tercer paso.
La bondad es más que pensar en la persona y decirle cosas bonitas.
También hay que actuar.
Debemos buscar oportunidades para ayudar a los demás.
Seguro que tendremos que invertir tiempo, energía y recursos.
Aun así, si lo hacemos, valdrá la pena.
Toma.
Creo que te lo mereces.
Oh, no era necesario.
Ya lo sé.
Pero quise hacerlo.
De verdad, muchas gracias.
Disculpa, ¿te puedo hacer una pregunta?
Claro.
¿Quién es esa amiga a la que estaban visitando?
Es que han venido muchas personas a verla.
Es una muy buena amiga; casi familia.
Somos testigos de Jehová.
Ah, ustedes son gente muy amable.
Gracias.
Lo cierto es que mi amiga me ha ayudado mucho.
Nuestra bondad debe nacer de un interés sincero hacia otras personas, así que mostrarles bondad no significa siempre llevarlas a la Biblia.
Eso sí, la gente estará más dispuesta a escuchar el mensaje si ven que les mostramos interés.
Bueno, en resumen, ¿qué tres pasos puede seguir para tratar a otros con bondad?
1) Muestre empatía.
Piense en lo que le preocupa a la persona, en lo que necesita.
Y, si le expresa cómo se siente, escúchela.
2) Hable con amabilidad y respeto.
La gente puede percibir nuestra compasión por nuestro tono de voz y lo que decimos.
Y 3) Ofrezca su ayuda.
Busque formas de ayudar a la persona; quizá eso le abra la puerta para hablarle del Reino.
Pero recuerde, más importante que cualquier paso a seguir, hay que imitar a Jesús y amar a las personas, porque, como dice la Biblia: “El amor es […] bondadoso”.
Cuando dejamos que la Biblia nos moldee, nos sentimos impulsados a mostrar interés sincero por los demás.
Pero, para que influya en nosotros, debemos analizar muy bien sus versículos y meditar en ellos.
Veamos cómo hacer eso con el libro de Miqueas.
Entonces, antes de investigar, ¿tú qué pensabas del libro de Miqueas?
Bueno, sabía que Miqueas 6:8 es el texto favorito de mamá, pero no sabía cómo encaja en el tema general de la Biblia.
Yo tampoco.
¿Entonces qué hiciste para estudiarlo?
Pues lo primero que hice fue ver el contexto para entender el cuadro completo.
Ay, ¡pero qué buena idea!
El contexto es la base.
¿Cómo encontraste esa información?
Empecé con las referencias a otros versículos.
Eso me llevó a 2 Crónicas, capítulos 27-29.
Así llegué al periodo de tiempo en el que Miqueas profetizó.
Miqueas fue profeta durante el reinado de tres reyes: Jotán, Acaz y Ezequías.
Cuando reinó Acaz las cosas en Judá no estaban muy bien.
Sí, es verdad.
Él era malísimo.
¡Hasta sacrificó a sus hijos!
Y la gente no era mucho mejor.
La Biblia dice que, incluso cuando reinó un rey bueno como Jotán, “el pueblo seguía actuando muy mal”.
Uf, y la tarea de Miqueas era denunciar todo eso.
Tenía que profetizar la destrucción de Samaria y Jerusalén.
Pero, con Jehová, siempre hay esperanza.
¡Por supuesto!
Jehová es superpaciente, pero su paciencia tiene un límite.
Mmm...
Él es justo y quiere proteger a los inocentes, así que tuvo que actuar y disciplinar a Israel.
Pero, incluso entonces, no los dio por perdidos.
Las profecías de restauración del libro de Miqueas nos muestran lo mucho que Jehová quería que la gente cambiara.
¡Es verdad!
Imagínate a Miqueas, tan obediente, anunciando ese mensaje fuerte que Jehová le encargó, y que era muy parecido al que dio Isaías.
Por ejemplo, me di cuenta de que Miqueas 4:1-3 es prácticamente lo mismo que Isaías 2:2-4.
Interesante, ¿no?
¡Sí, me encanta!
Me gustó cómo comparaste y relacionaste los dos relatos.
Creo que voy a hacer eso con otros libros de la Biblia.
Isaías fue el primero que profetizó.
Y los dos fueron obedientes porque hicieron lo que Jehová les mandó aunque ese mensaje que anunciaban a la gente les sonaría, por decirlo así, algo repetitivo.
¿Entonces tú crees que la gente habría dicho algo así como “Miqueas, ¿otra vez con lo mismo que nos dijo Isaías?”?
Sí.
Y Miqueas pudo haber pensado: “Jehová tiene que querer mucho a esta gente, porque quiere que entiendan bien esto”.
Me quiero poner la meta de parecerme a Miqueas y seguir predicando aunque el mensaje a veces pudiera sonar repetitivo.
Pero tú, ¿qué tesoros encontraste?
Cuéntame.
Bueno, un versículo que me llamó la atención fue…, mejor lo leemos juntas.
Es Miqueas 3:5: ¿Ajá?
Un poquito raro, ¿verdad?
Pues sí.
Pero, cuando leo la Biblia, me gusta encontrarme estos versículos más complicaditos, porque me obligan a parar y pensar.
Cuando no tienen muchas referencias o no los entiendo del todo, trato de analizarlos por partes y me pregunto: “¿Qué es lo que quiere decir?”.
¡Ay, qué buena idea!
Déjame escribirlo: OK, la primera parte: Jehová está condenando a aquellos falsos profetas que proclamaban “¡Paz!”
cuando tenían “algo que masticar con los dientes”.
¿Te fijaste?
Ellos proclamaban paz cuando tenían “algo que masticar”.
Ajá, me gusta cómo estás analizando el versículo.
O sea, ¿que ellos solo hablaban de paz cuando la gente les daba comida?
¡Sí!
Cuando la gente les daba cosas buenas, como ricos alimentos, los profetas daban buenas noticias.
Pero, en cuanto dejaban de poner algo en su boca, esos mismos hombres hablaban de guerras.
O sea, que es como la típica actitud egoísta de “¿y yo qué gano con esto?”, ¿algo así?
Ajá, este versículo me recordó que a Jehová le importan mucho mis motivos y cómo trato a los demás.
A él no se le escapa nada.
Me pregunté: “¿Hago las cosas por los demás porque me importan, o porque estoy esperando algo a cambio?”.
Y, cuando se trata de la predicación, “¿Pienso solo en mí, o estoy dispuesta a dar de mi tiempo y energías para, por ejemplo, aprender un nuevo idioma o salir a predicar cuando es más fácil que encuentre a la gente?”.
¡Esos profetas falsos no harían algo así!
Ellos no valoraban el privilegio y la responsabilidad de servir a Jehová.
Por eso Dios los juzgó.
Dijo que eran falsos.
Esto me consuela y también me anima mucho.
Me enseña que Jehová está pendiente de su pueblo y que es un Dios justo.
Sí.
Y eso me recuerda el texto favorito de mamá, Miqueas 6:8: ¡Me encanta este texto!
Es como si Jehová me dijera: “No le des más vueltas.
Esto es lo que tienes que hacer con tu vida”.
Me gusta mucho lo que dices.
Y es que este texto tiene que ver con todo lo que hablamos.
Jehová mandó a Miqueas a denunciar la corrupción y el egoísmo porque la gente no seguía sus justas normas.
El profeta fue fiel porque él amaba la lealtad.
No buscaba reconocimiento ni hacerse famoso; era un hombre modesto.
¡Guau!
Con solo excavar un poquito, mira todos los tesoros que encontramos en el libro de Miqueas.
¡Totalmente!
Y lo logramos viendo el contexto, comparando y relacionando los relatos, parando para pensar y analizando los versículos por partes.
Lo hemos pasado bien, ¿verdad?
¿Tienes tiempo para un par de versículos más?
¡Claro que sí!
Vamos a buscar más tesoros en el libro de Miqueas.
Para descubrir en la Biblia lecciones prácticas, debemos meditar.
¿Qué tesoros descubrirás tú en el libro de Miqueas?
En la siguiente adoración matutina, el hermano Malenfant nos habla de cómo nos beneficia meditar en el amor de Jehová.
La Conmemoración de la muerte de Jesús nos recuerda el inmenso amor que Jehová y Jesús sienten por nosotros.
Y queremos corresponder a ese amor.
Queremos hacer algo para demostrar cuánto valoramos el amor de Jehová y de Jesús, y cuánto agradecemos el rescate, el sacrificio de Cristo.
Lo que dice 2 Corintios 5:14 es muy interesante y muy útil.
Búsquenlo conmigo, por favor, en su teléfono o en su tablet.
2 Corintios 5:14, 15.
Dice: “El amor del Cristo nos obliga, pues esta es la conclusión a la que hemos llegado: que un hombre murió por todos; de modo que todos ya habían muerto.
Y él murió por todos para que los que viven no vivan ya para sí mismos, sino para el que murió por ellos y fue resucitado”.
¿Verdad que es interesante lo que dice la primera parte del versículo?
Dice que “el amor del Cristo nos obliga” a que ya no vivamos para nosotros.
Esa expresión, “nos obliga”, no significa que alguien nos fuerce a no vivir para nosotros mismos, ni tampoco que hagamos la voluntad de Dios solo por obligación.
No, esto va mucho más allá.
Un diccionario explica que la palabra obligar significa, entre otras cosas, mover e impulsar a una persona a hacer o cumplir algo.
Pues ese es el efecto que el sacrificio de Jesús produce en nosotros.
Nos provoca profundos sentimientos de agradecimiento y nos impulsa o nos mueve a querer vivir el resto de nuestra vida para hacer la voluntad de Dios.
Así es como respondemos a lo que Jehová ha hecho por nosotros.
El apóstol Pablo se sentía de esa manera.
Él no se retuvo de expresar sus profundos sentimientos por el sacrificio de Jesús y el tremendo efecto que había tenido en su vida.
Busquen conmigo en su Biblia Gálatas 2:20.
Con estas palabras Pablo expresó cómo se sentía por lo que Jesús había hecho por él.
Dice: “Estoy clavado al madero con Cristo.
Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo el que vive en unión conmigo.
Así es, la vida que ahora vivo en este cuerpo la vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó por mí”.
¡Qué palabras tan conmovedoras!
Se nota que Pablo veía el sacrificio de Jesús como algo personal, y nosotros deberíamos verlo también así.
Es algo que Jesús hizo por cada uno de nosotros: dar su vida para que no tengamos que morir por nuestros pecados.
Otra idea que debemos recordar es que el sacrificio de Jesús es la prueba más grande de la generosidad de Jehová; y esa es una idea preciosa, hermanos.
Así que vivimos “por la fe en el Hijo de Dios”.
Como sabemos, no hay nadie más generoso en el universo que Jehová.
Y él nos ha dado el regalo más maravilloso de todos.
Es muy interesante cómo se describe ese regalo en 2 Corintios 9:15.
Este versículo dice: “Le damos gracias a Dios por su indescriptible regalo”.
Esta frase es superinteresante: un regalo indescriptible.
Así que el rescate es tan maravilloso que somos incapaces de describir por completo todos los beneficios que se obtienen de él y todo lo que logra.
Fíjense en lo que dice La Atalaya del 2017, la edición para el público, el número 2, en la página 6, y me encanta lo que dice sobre el rescate.
Se lo voy a leer: “El sacrificio de Jesús es el mayor regalo de la historia pues nos lo dio el ser más importante del universo motivado por un amor insuperable.
Nadie ha sacrificado tanto por nosotros como Jehová Dios.
Y no hay otro regalo que satisfaga una necesidad tan urgente como la de librarnos del pecado y la muerte.
Sin lugar a dudas, el rescate es un regalo sin igual”, indescriptible.
¡Qué palabras tan acertadas!, ¿no les parece?
Gracias al rescate podemos obtener nuestra salvación.
Pero no solo eso.
Hay muchas otras bendiciones que se logran gracias al sacrificio de Cristo.
Por ejemplo, la curación de todas las enfermedades.
También la transformación de este planeta en un hermoso paraíso y, por supuesto, la esperanza más maravillosa de todas: la resurrección de los muertos.
No hay duda, lo que Jesús hizo por nosotros fue un regalo indescriptible.
El apóstol Pedro también habla sobre cómo deberíamos responder a este regalo, es decir, sobre lo que deberíamos hacer porque amamos y aceptamos el rescate.
1 Pedro, capítulo 1, y leeremos los versículos 8 y 9.
Pedro escribió, y me fascina la explicación que hace; dice: “Aunque ustedes nunca lo vieron [y es cierto: nunca hemos visto a Jesús], lo aman.
Aunque ahora no lo ven, demuestran fe en él y están alegrándose muchísimo con una felicidad indescriptible y gloriosa al alcanzar el objetivo de su fe: su salvación”.
Así es, sentimos una felicidad indescriptible cuando nos detenemos a meditar en todo lo que Jehová ha hecho por nosotros, cuando pensamos en lo que nos promete para nuestra vida en el futuro y también en todas las cosas buenas que nos da en este momento.
Por ejemplo, nos da su espíritu santo para que podamos servirle y honrarle y disfrutar de la vida incluso ahora.
Y es que esto es así.
Es normal que experimentemos profundos sentimientos de alegría y paz mental cuando bajamos la velocidad y nos ponemos a pensar en las cosas buenas que Dios ha hecho por nosotros y en las que pronto hará.
El espíritu santo de Jehová nos llena de una felicidad indescriptible, de gratitud y de confianza en nuestro gran Dios.
Y eso es lo que dice Romanos 15:13.
Leamos Romanos 15:13: “Que el Dios que da esperanza los llene de felicidad y paz por su confianza en él, para que tengan mucha esperanza por el poder del espíritu santo”.
¡Cuántas bendiciones nos da Jehová!
Son tantas las cosas maravillosas que Jehová y Jesús han hecho por nosotros que nos sentimos impulsados a hacer todo lo posible por glorificar el nombre de Jehová y a vivir nuestra vida para hacer su voluntad.
Lo que sentimos se describe muy bien en el libro de los Salmos.
Vamos al Salmo 116:12, 14.
El versículo 12 dice: “¿Cómo le pagaré a Jehová todo el bien que me ha hecho?”.
La respuesta del versículo 14 nos dice lo que nos toca hacer a nosotros: “Los votos que le hice a Jehová los cumpliré en presencia de todo su pueblo”.
¿Verdad que eso nos hace pensar en que estamos dedicados a Dios?
Así que ¿de qué manera respondemos la pregunta “¿Cómo le pagaré a Jehová?”?
Pues la respuesta es muy sencilla: lo mejor que podemos hacer es dedicar nuestra vida a honrar a Dios y a Cristo, y vivir para hacer solo la voluntad de Jehová.
“¿Cómo le pagaré a Jehová?”, esto es lo que siempre se preguntaban los hermanos Claude y Sandra Sauvageau.
Lo que hicieron por Jehová les permitió tener una vida llena de bendiciones.
Mis padres tuvieron mucho que ver con que a mí me guste la predicación.
Después de trabajar, una o dos veces por semana, mi padre volvía a casa, se cambiaba y nos íbamos a predicar.
Yo acepté la verdad gracias a que mi mamá, Rita, la había aceptado.
Ella dejaba algunos libros repartidos por la casa, y yo empecé a leerlos.
Pensaba: “¡Guau!
Yo quiero esa vida.
¡Es increíble!
Quiero hacer todo eso”.
Estábamos recién casados.
No teníamos obligaciones y pensábamos que, sinceramente, pensábamos que podíamos hacer más por Jehová.
Y ese deseo que teníamos de hacer más nos motivó a llenar la solicitud para Galaad.
De allí nos mandaron a la República Centroafricana y aprendimos un nuevo idioma...
Teníamos lista de espera de gente que quería estudiar la Biblia...
¡Era algo extraordinario!
Y entonces me enfermé, y no había solución, así que el doctor me dijo que tenía que volver, volver a casa.
Irnos de allí fue difícil, diría que extremadamente difícil, porque nos encantaba ser misioneros y no sabíamos qué iba a ser de nuestra vida.
En una de las primeras asambleas de circuito a las que fuimos después de volver, estaba un superintendente de circuito que iba a dar un discurso y que me conocía desde que yo era una niña.
Creo que se dio cuenta de cómo me sentía, y vino a hablar conmigo.
Me dijo: “Has recibido capacitación.
Usa esa capacitación.
Sigue usándola.
No te centres en las cosas que ya no puedes hacer.
Mira hacia adelante y piensa en lo que sí puedes hacer”.
Y eso me cambió la vida.
Poco a poco, como mi salud fue mejorando, pudimos ir haciendo más y volvimos a ser precursores.
Y tiempo después nos tuvimos que mudar aquí, a Estados Unidos, por trabajo.
Y en nuestra zona había congregaciones en inglés, francés y español.
La congregación española se había formado hacía solo unos meses.
Así que Sandra y yo lo hablamos y pensamos: “¿Por qué no usamos en esa congregación la capacitación que hemos recibido?”.
Sandra tiene un don para los idiomas.
Ella aprendió español en solo unos meses.
Pero yo… soy un desastre.
Tuve que aprenderlo a base de esfuerzo, esfuerzo y más esfuerzo.
Ya llevamos 25 años en esa congregación, y nos encanta, porque ahora hablamos español, o algo que se le parece.
Y la verdad es que hemos tenido unas experiencias buenísimas.
Según vas sumando años, tienes otras preocupaciones.
Por ejemplo, te preocupa ir haciéndote mayor.
Pero Jehová siempre nos ha ayudado.
Él quiere que le demos lo que podemos, no lo que no podemos.
Y entonces Jehová nos abrió otra puerta.
Y decidimos entrar por ella.
Cuando teníamos más de 50 años y ya colaborábamos en la construcción de Salones, comenzó el proyecto de Warwick y un montón de hermanos y hermanas se apuntaron.
Ellos iban a trabajar allí y volvían supercontentos.
Pero también nos decían que era un trabajo duro físicamente, así que pensé: “Tengo que entrenar”.
Pero hay algo que no ha dicho.
Puso una escalerita en el comedor.
Era su entrenamiento.
Iba arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo.
Así que 15 minutos, para ver si aguantaba el ritmo.
Era muy divertido verla subir y bajar.
Pero, ¡mira!, le funcionó el entrenamiento.
Fue una buena idea.
Entre los dos, llevamos sirviendo a Jehová más de 100 años.
Hemos podido colaborar con el LDC, predicar en los puertos, en las cárceles… Y, la verdad, hemos visto que Jehová —por muy poquito que le puedas dar—, él siempre te da mucho más.
Nunca nos arrepentiremos de la vida que hemos tenido gracias a Jehová.
Nunca hemos perdido el entusiasmo.
Nos encanta contagiar a los que son más jóvenes de ese mismo espíritu al trabajar para Jehová.
Nosotros no nos jubilamos.
Seguimos sirviendo a nuestro Dios.
Lo mejor que podemos hacer en la vida es servirle, así que no hay por qué parar.
No queremos parar.
Este matrimonio nunca perdió el deseo de mostrarle agradecimiento a Jehová.
Y, hablando de esto, el siguiente video musical es una canción de agradecimiento a Jehová por su generosidad.
♪♪ No está nada pero nada mal sentir la brisa tropical aquí en la arena oyendo una canción y mientras ver ponerse el sol.
¿Y sabes qué?
Me encanta meditar, es refrescante como el agua del mar.
Mi corazón me pide agradecer al Creador por este atardecer.
¡Voy a cantarte, Jehová, por tu generosidad!
Voy a tratar de imitar tanta generosidad.
Te voy a demostrar toda mi gratitud, que todos sepan que no hay nadie como tú.
Voy a tratar de imitar tu generosidad.
¡Tu generosidad!
Yo sé que tu Palabra es como el mar, repleta de tesoros que encontrar.
Ofreces agua a quienes tienen sed, y yo la llevaré también.
Las olas nunca dejan de venir, y tu bondad tampoco tiene fin.
Voy a llegar adonde quieras tú, y así podré mostrarte mi gratitud, porque...
...
¡voy a cantarte, Jehová, por tu generosidad!
Voy a tratar de imitar tanta generosidad.
Te voy a demostrar toda mi gratitud, que todos sepan que no hay nadie como tú.
Voy a tratar de imitar tu generosidad.
¡Tu generosidad!
¡Tu generosidad!
¡Tu generosidad!
¡Voy a cantarte, Jehová, por tu generosidad!
Voy a tratar de imitar tanta generosidad.
Te voy a demostrar toda mi gratitud, que todos sepan que no hay nadie como tú.
Voy a tratar de imitar tu generosidad.
¡No hay nadie como tú!
¡Qué generosidad!
♪♪ ¡Cuánto queremos a nuestro Dios, Jehová, por todo lo que nos da!
Nos ha dado su Palabra, la Biblia, que está llena de lecciones valiosas.
También nos da oportunidades de ser buenos y compasivos con otras personas.
Y además nos recuerda lo valiosos que somos a sus ojos.
Y ahora les tenemos un regalito especial: es su invitación a la asamblea regional de este año, que se titula “Felices para siempre”.
Muchos creen que la felicidad depende de las cosas buenas de la vida.
Pero ¿qué ocurre cuando la vida da un giro inesperado?
¿Es posible ser feliz pase lo que pase?
Hace casi 2.000 años, Jesús enseñó que para ser verdaderamente felices tenemos que ser amigos de nuestro Creador.
“Felices los que reconocen sus necesidades espirituales […].
Felices los que son apacibles […].
Felices los que son misericordiosos […].
Felices los que tienen un corazón puro […].
Felices los que fomentan la paz”.
¿Siguen siendo ciertas esas palabras?
Descúbralo en la asamblea regional de los testigos de Jehová del 2026.
Se titula “Felices para siempre”.
En las conferencias bíblicas, entrevistas y videos que se presentarán verá que las enseñanzas de Jesús siguen ayudando a la gente a ser feliz.
Esta asamblea se celebrará en lugares de todo el mundo.
Encuentre el más cercano en jw.org.
La entrada es gratis.
Nos encantará recibirlo.
No olviden compartir esta invitación tan especial con sus familiares, amigos y vecinos.
También nos complace anunciarles que ya está disponible la canción para la asamblea del 2026; se titula “Ya puedo ver”.
Pueden descargar la letra y la música en JW Library® y en jw.org.
Les animamos a que la practiquen en casa, así en la asamblea podrán cantarla con el corazón.
Y, si la canción está disponible en su idioma, también la podrán cantar al final de la reunión de entre semana la semana del 20 de abril de este mismo año.
La videopostal de este mes nos llega del país más visitado del Caribe, la República Dominicana.
¿Sabían que ahí se puede visitar la montaña más alta del Caribe?
Y también pueden encontrar algo muy preciado: el ámbar azul.
Si tienen ganas de hacer una caminata entre sus montañas y cataratas, podrán ver animales que son poco comunes en otros lugares del mundo como la iguana rinoceronte, el almiquí o solenodonte dominicano y la cigua palmera, un conocido pájaro muy ruidoso.
Los dominicanos son gente muy cálida, alegre y hospitalaria.
Les gusta mucho juntarse entre amigos y, cuando lo hacen, suelen preparar sancocho, un tipo de sopa que le gusta a la mayoría.
La República Dominicana también es la cuna del merengue, un estilo de música y baile que forma parte de la vida de los dominicanos.
Su bandera nacional es la única que tiene la imagen de una Biblia.
Está abierta por Juan 8:32, que dice: “La verdad los hará libres”.
Tal y como enseñó Jesús con esas palabras, miles de personas de este país han aprendido la verdad de la Biblia y han sido liberadas del nacionalismo y de las mentiras de la religión falsa.
En abril de 1945 se empezó a predicar en la República Dominicana; fue con la llegada de los misioneros Lennart y Virginia Johnson.
Justo el mismo día que llegaron, comenzaron a estudiar la Biblia con algunas personas.
Con el tiempo llegaron más misioneros, y muchas personas asistían a las reuniones que se realizaban en la casa misional.
Tan solo tres años más tarde, ya había unos 110 publicadores.
Pero este crecimiento no les gustó a los enemigos de la verdad.
Así que, durante la dictadura de Rafael Trujillo, nuestros hermanos sufrieron mucha persecución.
Trujillo se hizo muy poderoso con la ayuda del Vaticano.
Por eso, se ordenó a las iglesias que colgaran un cartel que dijera: “Dios en el cielo, Trujillo en la Tierra”.
Pero los hermanos permanecieron leales.
El Gobierno prohibió nuestra obra en 1950 y lo volvió a hacer en 1957.
Durante ese tiempo, nuestros hermanos nunca dejaron de servir a Jehová; siguieron predicando con discreción e imprimiendo publicaciones en secreto, como pueden ver en esta escenificación.
A pesar de las prohibiciones, la obra en la República Dominicana siguió aumentando mucho.
La segunda prohibición terminó en 1960.
Hoy día hay más de 38.000 publicadores que dirigen más de 45.000 cursos de la Biblia todos los meses.
Y no solo se celebran reuniones en español, también las hay en criollo haitiano, lenguaje de señas, inglés, chino mandarín y ruso.
Terminemos esta videopostal viajando a las montañas, a 150 kilómetros (o 90 millas) de la capital.
Aquí se encuentra el pequeño pueblo de Constanza, donde está la congregación Los Laureles.
Está formada por 134 publicadores, 36 de los cuales son precursores regulares.
Los hermanos de esta congregación dirigen más de 170 cursos de la Biblia todos los meses.
El territorio de esta congregación es hermoso, no solo por los paisajes montañosos, sino también por las personas de buen corazón que quieren aprender sobre Jehová.
Los hermanos de la congregación Los Laureles–Constanza les mandan sus cariñosos saludos y su amor cristiano.
Desde la central mundial de los testigos de Jehová, esto es JW Broadcasting.
