El comentario del texto de hoy —como habrán podido ver— habla del perdón, y más concretamente sobre cómo Jesús perdonó al apóstol Pedro.
Es fácil entender por qué Jesús escogió a Pedro para que fuera uno de los Doce.
Y es que él era decidido, humilde y de buen corazón.
Pedro era decidido; actuaba rápidamente, sin dudar.
Por ejemplo, cuando Jesús los invitó a él y a su hermano Andrés a ser sus discípulos, no necesitaron tiempo para pensarlo.
“Bueno, ya sabes que tenemos familia y otros asuntos…”.
La Biblia dice que “enseguida ellos dejaron las redes y lo siguieron”.
Más tarde, cuando Jesús caminó sobre el mar de Galilea, Pedro no se contentó con mirarlo asombrado.
No, él tenía que salir de la barca y probarlo.
Algunos de ustedes son igualitos al apóstol Pedro.
Les encanta probar cosas nuevas.
No son indecisos.
Disfrutan de la vida, y lo hacen al máximo.
“¿Esquí acuático?
Nunca lo he hecho.
Pero cuenta conmigo, me apunto”.
Así son algunos.
Los demás somos como los otros apóstoles, que se conformaban con mirar tranquilamente desde la barca.
Obviamente, el que Pedro estuviera dispuesto a probar cosas nuevas y fuera tan decidido lo ayudaría en el futuro a usar dos de “las llaves del Reino” que Jesús le daría, la segunda y la tercera.
¿Por qué lo decimos?
Porque eso implicaba algo nuevo: tendría que empezar a considerar a los samaritanos y a los gentiles como sus hermanos.
Claro, tú no le encargas a alguien muy conservador esta tarea, a alguien que te diga: “Mira, yo he sido judío toda mi vida.
No puedo hacerlo.
Mejor búscate a otro”.
La Biblia dice que Pedro obedeció sin poner ninguna excusa.
Pedro estaba preparado; estaba dispuesto a probar cosas nuevas.
Así que Jesús escogió al hombre adecuado, a alguien que se adaptaba rápidamente a los cambios.
Pedro también demostró que era una persona humilde en muchas ocasiones.
Por ejemplo, no se avergonzaba de hacer preguntas cuando no entendía algo.
Creo que a todos nos animan mucho las palabras de Jesús de que, si dejamos padre o madre, hermana, hermano, hogar, campos…, recibiremos “100 veces más”.
Pues bien, Jesús dijo estas palabras en respuesta a una pregunta que había hecho Pedro.
¿Y verdad que agradecemos que también le preguntara: “Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?
¿Hasta 7 veces?”?
Porque, gracias a la pregunta que hizo, Jesús nos ayudó a entender que no debemos llevar cuenta de las veces que nuestros hermanos pecan contra nosotros.
Y eso es muy animador porque nos asegura que ni Jesús ni su Padre llevan cuenta de todas las veces que nosotros pecamos contra ellos.
Por cierto, ¿qué le respondió Jesús a Pedro cuando le preguntó “si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?”?
Le dijo que tenía que perdonarlo, ¿hasta 77 veces o hasta 70 veces 7?
Hay una gran diferencia entre 77 y 70 veces 7, que son 490.
¿Y por qué lo preguntamos?
Porque otras traducciones de la Biblia dicen que lo que Jesús respondió fue: “Debes perdonar a tu hermano hasta 70 veces 7”.
La expresión griega se puede traducir de las dos maneras.
Se puede traducir como 77 veces o como 70 veces 7.
Así que los traductores tienen que escoger.
Años atrás —a finales de los años cuarenta, cuando se hizo la Traducción del Nuevo Mundo— el comité tuvo que tomar una decisión.
¿Cuál fue?
¿70 veces 7 o 77?
Veamos qué tuvieron en cuenta.
Ellos se fijaron en el sentido con el que Pedro utilizó la expresión “7 veces”.
Él no estaba repasando sus conocimientos de matemáticas.
Con la pregunta “¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano?”, lo que Pedro quería decir es: “¿En cuántas ocasiones debo perdonar a mi hermano?”.
Y el comité concluyó que Jesús probablemente en su respuesta usó la palabra “veces” del mismo modo que Pedro.
Así que lo que Jesús dijo seguramente fue “hasta 77 veces”, y no 70 multiplicado por 7.
Eso nos hace confiar en la Traducción del Nuevo Mundo.
La humildad de Pedro también se ve por cómo reaccionaba cuando cometía errores.
Cuando Jesús lo corrigió delante de los demás apóstoles, Pedro no se ofendió.
No dijo: “No me gusta para nada cómo me has dado ese consejo”.
No dejó de ir a las reuniones.
Se portó como un hombre y siguió sirviendo a Jehová.
¿Se ha avergonzado usted alguna vez de su reacción cuando le han dado un consejo?
Entonces estará de acuerdo conmigo en que hace falta ser valiente y humilde.
¿Y por qué Jesús corrigió a Pedro delante de los demás apóstoles en vez de hacerlo en privado?
En nuestras publicaciones se ha mencionado una posible razón.
Porque, si se fijan, la Biblia dice que, cuando Jesús corrigió a Pedro, miró directamente a los otros apóstoles.
Lo que parece indicar, probablemente, que los apóstoles estaban de acuerdo con lo que Pedro estaba diciendo; por eso Jesús los miró a ellos.
Y en Antioquía, cuando Pablo corrigió a Pedro por cómo estaba tratando a los cristianos gentiles, Pedro no abusó de su autoridad y dijo: “Yo soy uno de los Doce.
Soy tu superintendente, Pablo.
¿Quién eres tú para corregirme?”.
Los que tenemos responsabilidades también tenemos defectos, y a veces los que trabajan con nosotros son los que más los ven y no pasa nada si con respeto nos dicen en qué podemos mejorar.
Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que tendría que sufrir mucho y morir, Pedro debió quedarse en shock.
“Pero eso no puede ser.
Tú eres el Mesías.
Te vas a sentar en el trono de tu padre David, y tu reinado no tendrá fin.
No te puedes morir”.
¿Qué fue lo que hizo Pedro?
Corrigió a Jesús.
¿Y qué nos enseña este relato sobre Jesús?
¿Qué piensan?
Pues que era tan bueno y que la gente se sentía tan cómoda con él que hasta Pedro por un momento se pasó de la raya y se olvidó de que estaba hablando con el Hijo de Dios.
¿Les ha pasado eso alguna vez?
Tal vez haya alguien a quien respetan mucho y al mismo tiempo le tienen mucha confianza.
¿Les ha pasado que por esa confianza le han hecho una pregunta demasiado entrometida?
Y dices: “¿Pero en qué estaba pensando?”.
A todos nos pasa.
Pues bien, por lo visto a Pedro se le olvidó que estaba hablando con el Hijo de Dios y que tenía una importante misión que cumplir.
Y, aunque lo hacía movido por la compasión y quizás porque tenía la idea equivocada sobre el papel del Mesías, desde luego no era el momento de intentar convencer a Jesús de que no hiciera lo que tenía que hacer.
Pedro tenía buen corazón.
Cuando Pablo se hizo cristiano y fue a Jerusalén, el único que lo hospedó fue Pedro.
Los demás cristianos no querían saber nada de él.
Pedro tenía buen corazón.
Bueno, es verdad que a veces hablamos de los errores que Pedro cometió, como hace el comentario del texto de hoy, que además se centra en lo dispuesto que está Cristo a perdonar.
¡Y qué maravillosa es esta cualidad, estar dispuesto a perdonar!
Y es que no juzgamos la vida de Pedro solo por sus errores.
Ninguno de nosotros queremos que se nos recuerde solo por los errores que cometemos.
Vemos a Pedro como un siervo de Jehová entusiasta y abnegado, que fue fiel hasta la muerte.
Y hoy en día es uno de nuestros superintendentes.
Si tú eres superintendente, ¿cómo te gustaría que te vieran los que trabajan contigo?
Hay muchísimas cosas buenas que todos podemos aprender de la vida del apóstol Pedro.
