Izak Marais: Jehová nos da tanto el deseo como las fuerzas para actuar (Filip. 2:13) [10:12]

El texto que analizamos esta mañana es uno de los que más puede ayudar a alguien que se siente desanimado.


Dice así: “Porque Dios es el que, tal como a él le agrada, los llena de energías dándoles tanto el deseo como las fuerzas para actuar”.


De este versículo aprendemos dos cosas.


Primero, que Jehová quiere ayudarnos.


Es “tal como a él le agrada”.


Y la segunda es que Dios nos dará poder.


Y ese poder viene del espíritu santo, que es la fuerza más poderosa del universo.


Todos sabemos que Jehová es nuestro amigo y que lo va a ser para siempre, y nos esforzamos mucho por proteger esa amistad y fortalecerla.


Pero también sabemos que Satanás quiere romper esa relación que tenemos con Jehová, y para romper esa amistad trata de hacer que nos desanimemos con pruebas y problemas.


Pablo habló de esto en 1 Tesalonicenses, capítulo 3; vamos a leer a partir del versículo 2: “Les enviamos a Timoteo, nuestro hermano y ministro de Dios que predica las buenas noticias acerca del Cristo.


Lo enviamos para que los hiciera firmes y los consolara para el bien de su fe, a fin de que nadie se tambalee debido a estas dificultades.


Porque ustedes saben que no podemos evitar estos sufrimientos.


De hecho, cuando estábamos con ustedes, solíamos avisarles que sufriríamos dificultades, y, como ya saben, así ha sucedido”.


Como acabamos de leer, el objetivo de Satanás es hacernos tambalear.


¿Y qué significa eso?


Él intenta hacernos dudar, que nuestra confianza en Jehová se vaya debilitando.


Lo que hace es atacarnos apuntando a nuestras emociones.


Trata de rompernos el corazón.


Y a veces logra que nos sintamos muy desanimados.


Quiere que pensemos que Jehová es quien nos causa los problemas que tenemos, el responsable de lo que nos pasa.


Y así nos planta semillas de duda en la mente, y comenzamos a pensar: “¿Por qué permite Jehová que me pase todo esto a mí?


¿Qué hice mal?


No lo entiendo.


¿Por qué será que Jehová está tan enojado conmigo?


¿Ha dejado de amarme?”.


Y, cuando las pruebas duran y duran, quizá nos sentimos tan mal que queramos rendirnos.


Y nos sentimos como Elías, cuando estaba desanimado porque Jezabel lo estaba persiguiendo y se fue al desierto.


Él estaba muy triste, tirado debajo de un árbol, y le dijo a Jehová: “Quítame la vida”.


Solo quería acurrucarse y morir.


Entonces Jehová le mandó un ángel.


Después de comer y beber algo, aunque seguía débil, se levantó y caminó unos 500 kilómetros (o 300 millas).


Fueron 40 días y 40 noches sin comer ni beber nada, hasta que llegó al monte Horeb.


Y, en la montaña, Jehová fortaleció a Elías.


Allí le dio una comisión, lo consoló y le dijo que lo quería muchísimo.


Y con eso Elías pudo seguir sirviendo a Jehová.


¿Y qué hace por nosotros?


Jehová sabe muy bien por lo que estamos pasando y cómo nos sentimos.


Quiere que vivamos para siempre.


¿Recuerdan?


Él pagó un precio muy caro al dar la vida de su Hijo para que todos nosotros podamos vivir.


Entonces, ¿cómo deberíamos afrontar las pruebas?


En Filipenses, capítulo 2, el apóstol Pablo nos habló del ejemplo de Jesús, de cómo afrontó él las pruebas.


Y su ejemplo nos puede ayudar mucho a nosotros.


Busquemos Filipenses, capítulo 2, desde el versículo 5.


Dice lo siguiente: “Mantengan esta misma actitud mental que tuvo Cristo Jesús, a quien, aunque existía en la forma de Dios”… “en la forma de Dios”… y saltamos al 7, “dejó todo lo que tenía y tomó la forma de un esclavo y se convirtió en un ser humano”.


Dejó su lugar en el cielo.


Lo “dejó todo”, renunció a todo su poder para ser un bebé.


Luego creció y se acabó convirtiendo en un hombre.


Pero aún era frágil, débil en comparación con quien él era antes; él era “Miguel, uno de los príncipes más importantes” del cielo.


Y ahora fíjense en el 8: “Es más [porque no solo se convirtió en ser humano], cuando vino como hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, así es, una muerte en un madero de tormento”.


¡A qué prueba tan grande se enfrentó Jesús!


Fue muy difícil.


Vamos a leer cómo se expresó él cuando llegó este momento.


Leamos Lucas 22:42.


Dice lo siguiente; son sus palabras: “Padre, si quieres, quítame esta copa.


Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.


¡Qué actitud tan bonita!


“Entonces se le apareció un ángel del cielo y lo fortaleció.


Con todo”, continúa el 44, “su agonía era tan grande que continuó orando todavía con más intensidad, y su sudor se volvió como gotas de sangre que caían al suelo”.


¿Pueden imaginar la agonía que estaba sintiendo?


“Cuando se levantó después de orar, fue adonde estaban los discípulos”.


Y, como leemos en el versículo 46, les hizo esta pregunta: “¿Por qué están durmiendo?


Levántense y oren todo el tiempo para que no caigan en la tentación”.


Jehová lo había fortalecido.


Por eso pudo hacer lo correcto e incluso animar a los demás a hacer lo mismo.


Volvamos a Filipenses, capítulo 2, y leamos el versículo 9.


Veremos cómo respondió Jehová a la fidelidad de Jesús.


Dice: “Por esta razón, Dios lo elevó a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo otro nombre”.


¿Ven cómo Jehová fortaleció a Jesús y le dio poder?


Le dio poder en el cielo y lo hizo inmortal.


Piénsenlo: ahora tiene más poder que nunca, destruirá a Satanás y acabará con todo su sistema, hará posible que haya un nuevo mundo, resucitará a millones de personas y les dará la vida eterna.


Eso sí que es poder, que viene del espíritu santo.


¿Y nosotros?


¿Qué tenemos que hacer?


¿Qué espera Jehová de sus siervos?


Leámoslo en Filipenses 2:12.


Fijémonos en lo que dice la segunda parte del versículo: “Sigan esforzándose para alcanzar su salvación con temor y temblor”.


Es algo que cada uno debe esforzarse por hacer.


Pero fíjense que dice “con temor y temblor”.


Si pudiéramos solos, no diría “con temor y temblor”.


Necesitamos apoyarnos en Jehová.


Él sabe que somos imperfectos y débiles, pero podemos confiar en que él nos dará “tanto el deseo como las fuerzas”.


Imitemos a Jesús en estas dos cosas: hizo la voluntad de Jehová y también oró “todavía con más intensidad”.


¿Qué aprendimos hoy?


Primer punto, Jehová quiere que nos vaya bien, es “tal como a él le agrada”.


Segundo punto, nos da su espíritu santo, la fuerza más poderosa del universo.


Tercer punto, nos da el deseo de hacer su voluntad.


Y, cuarto punto, también nos da las fuerzas para hacerla.


Como dijo Pablo en Filipenses 4:13: “Tengo fuerzas para todo gracias a aquel que me da poder”.








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